viernes, 17 de junio de 2011

¿Quien engañó a quien en la eurozona?

Santiago Niño Becerra, La Carta de la Bolsa

En esta disputa bizantina en la que nos hemos metido en relación a deuda griega (sí bizantina: semejante a aquella que llevó a los filósofos del antiguo Imperio de Oriente a estar discutiendo durante años cuál era el peso de los ángeles), pienso que quien tiene razón es Alemania: sin ningún lugar a género de dudas. Alemania, pienso ha hecho el siguiente razonamiento: ¿qué es menos malo: el 60% de algo o el 100% de nada?, y, con la practicidad que caracteriza a los teutones ha escogido lo primero.

Grecia no puede pagar lo que debe, no puede ahora ni podrá en el 2078. Grecia, pienso, no estuvo engañando a Eurostat y al mundo durante trece años: Eurostat y el resto del mundo, sigo pensando, se lo permitieron, porque si no Grecia no hubiese entrado en el euro. Goldman Sachs sólo se dedicó a poner en negro sobre blanco la casuística ‘del engaño’. Y cuando el volumen de la deuda superó el punto de no retorno: el nivel que ya es imposible devolver, se desataron las furias. Ya lo dijimos aquí: ¿de verdad puede creerse que los estadísticos griegos, por buenos que sean, pudieron estar engañando al planeta durante más de una década?, más, ¿de verdad es creíble que un banco como Goldman va a involucrarse en un sarao como ese sin tener muy claro que, pase lo que pase, nada le va a pasar?.

jueves, 16 de junio de 2011

La tragedia griega que tiene al euro al borde del abismo



La historia vuelve a repetirse. Con la diferencia de que si la primera vez fue en tono de comedia, hoy lo hace en tono de tragedia. Y de tragedia griega. ¿Cuánto estarían hoy dispuestos a pagar nuestros audaces inversionistas por las obras de Sófocles o Esquilo?. Daría gusto ver a Warren Buffett destinar parte de los dos millones de dólares que recibió por un almuerzo, por la gran gesta del drama griego. Y entendiendo que sólo hablamos de los dramas clásicos: de esos que tienen más de dos mil años. Porque del drama actual, ni el gobierno de Papandreu, ni la troika UE/BCE/FMI, tiene algo que decir.

La ortodoxia económica vigente tiene mucho más que ver con las causas de la crisis que con sus soluciones

Juan Tugores, La Vanguardia

Cuatro años después del inicio de la Gran Depresión, Keynes describía la perplejidad con que se encontraban quienes, insatisfechos con el sistema de “capitalismo internacional pero individualista” al que calificaba como ni inteligente ni justo, se preguntaban acerca de las alternativas. Transcurrido un tiempo similar desde el inicio de la Gran Recesión, esta cita del economista británico vuelve a estar de actualidad. La indignación de unos y la perplejidad de muchos tiene más claros los motivos de frustración y desencanto que los ingredientes para formular alternativas realmente operativas, que permitan construir algo que supere las causas profundas y las peores consecuencias de las dinámicas que nos condujeron a los problemas recientes. El resultado de facto de esa desorientación es un retorno a la creciente hegemonía de ortodoxias que tienen mucho más que ver con las causas de la crisis que con sus razonables soluciones.

Las lavanderías de Wall Street

Juan Gelman, Página 12

Se puede pasear por Queens y encontrar decenas y decenas de lavanderías sin un solo cliente en toda la jornada y en ninguna otra jornada. Suelen ser negocios modestos, atendidos por una sola persona que no frecuenta a los vecinos. Nada que ver con los imponentes edificios de los bancos de Wall Street, que tampoco lavan ropa: se dedican a otra clase de limpieza.

Es difícil calcular el volumen de dinero lavado que entra en el flujo financiero mundial. En 1996 el FMI afirmó que ascendería del 2 al 5 por ciento del total, pero hay estimaciones actuales que superan esa aproximación. El distinguido economista John Walker propone, con base en un modelo económico comparativo de bases de datos internacionales sobre el crimen organizado, que su monto anual es de unos 2,85 billones de dólares (www.economywatch.com, 14/6/11). De los cuales: un 46,3 por ciento se higieniza en el sistema bancario de EE.UU. y, mucho menos, en los de Italia (150.000 millones de dólares) y Rusia (147.000 millones), y a más distancia todavía en los de Alemania, Francia, Rumania, Canadá y otros países de Occidente y Asia. Como siempre, la gran potencia del Norte en primer lugar.

miércoles, 15 de junio de 2011

Lo que viene tras la quiebra de Grecia y el fin del euro


Grecia es el protagonista absoluto de las preocupaciones en Europa, y aunque la troika UE/BCE/FMI se afana en alcanzar acuerdos sobre el tipo de ayuda que requiere su socio, todo el mundo da por hecho que el default griego es inevitable, y algunos comienzan a plantearse cómo hacer rentable el fin de la moneda única, como el columnista de MarketWatch Matthew Lynn. Lynn es uno de los que asume que Grecia no podrá pagar sus deudas, apoyándose en varios datos, incluyendo la reciente rebaja en el rating de S&P, que ubicó la calificación de los bonos soberanos griegos en triple C, equivalente a Bonos basura.

La producción industrial griega descendió un 11% interanual en abril, mientras que el paro ha crecido un 40% en el último año. Cuando un país tiene cifras tan descomunalmente dolorosas, el debate no puede seguir siendo del tono de "si Grecia va a poder cumplir con sus compromisos", porque todo el mundo sabe que no podrá. El tema es simplemente cuándo se declara la bancarrota, cuánto va a costar, cuáles serán las condiciones para la salida del euro, quien y cómo paga la factura, y cómo la UE, el BCE y el FMI siguen adelante con su próxima víctima.

Cómo el sistema financiero creó la deuda y nos arrastró a donde estamos ahora



El colapso económico es inminente. Los países más industrializados del mundo enfrentan una gran crisis de deuda provocada por el quiebre del crédito del año 2008, tras la crisis de las hipotecas inmobliarias y la caída de Lehman Brothers. Estas crisis originadas por un colapso del crédito resultan ser mucho más prolongadas y profundas que las crisis desatadas por un estallido inflacionario. Gran parte del mundo se enfrenta a este tsunami de la deuda que los tiene al borde de la bancarrota, como Grecia, Irlanda y Portugal. Sin embargo, ¿puede hablarse de bancarrota cuando estos países poseen enormes riquezas en capital humano y recursos productivos? De acuerdo al actual sistema financiero sí. Y por eso que los Servicios Públicos están siendo recortados y los Bienes Públicos están siendo privatizados. A los gobiernos (y es cierto que hay muchos gobiernos irresponsables y corruptos, como los que financian guerras) se les suele cargar todo el peso del gasto excesivo. Y esto que deben asumir los gobiernos de turno, recala en todos los contribuyentes por igual. Nadie se escapa, haya o no disfrutado de la espiral de consumo o de la inflación de la burbuja de crédito. Por eso en este post intentaré describir cómo se creó la enorme espiral de deuda que hoy tiene al mundo en el pánico.

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Las divisiones en el Eurogrupo bloquean el rescate de Grecia

Daniel Basteiro, Público.es

Para que Grecia salga a flote de nuevo, hará falta un adelgazamiento del Estado, a través de privatizaciones masivas, y una nueva lluvia de millones en forma de préstamo de la UE y el FMI. Sin embargo, no son las reformas del futuro, sino los bonos de deuda actualmente en manos del BCE y entidades francesas o alemanas los que causaron un cisma en una reunión extraordinaria de ministros de la zona euro. Todos los ministros reconocieron, en ocasiones tras semanas desmintiéndolo, que los rescates impuestos a golpe de austeridad no bastan para sacar a Grecia del pozo del descrédito financiero. La estrategia ha demostrado ser insuficiente un año después de que la UE y el FMI comprometieran 110.000 millones de euros, de los que ya han desembolsado casi la mitad.

La reunión de urgencia para debatir el segundo paquete de ayudas para Atenas concluyó sin un acuerdo por la exigencia de un grupo de países, liderados por Alemania, que pretenden obligar a los bancos con deuda griega a esperar varios años más antes de recuperar lo invertido. Berlín insiste en que los inversores deben colaborar en un plan que suscita un gran rechazo social entre los alemanes.

martes, 14 de junio de 2011

¿Puede romperse la Eurozona?

Nouriel Roubini, El Economista

La crisis de la Eurozona no es un desequilibrio estable, sino más bien un desequilibrio inestable. O los Estados miembros se alejan de esta perturbación y se dirigen a una unión fiscal, económica y política más amplia que resuelva los problemas de divergencia en términos de competitividad o el sistema se dirigirá a una reestructuración desordenada de su deuda y quizás incluso a la salida de los miembros más débiles. En un horizonte a cinco años, las probabilidades de una ruptura son por lo menos de un tercio.

La Unión Monetaria y Económica no ha satisfecho nunca las condiciones de una óptima zona monetaria: una actividad económica y unos índices de crecimiento sincronizados; una alta movilidad de la mano de obra y de capital; un federalismo fiscal que permita compartir el riesgo fiscal de los impactos nacionales idiosincrásicos; y un destacado grado de unión política.

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