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El desastre protagonizado en el Golfo de México por la plataforma petrolera British Petroleum está creando un enorme daño ecológico que a estas alturas puede ser irreversible. La gran mancha ocupa un área de 80 kilómetros cuadrados por 100 metros de espesor y continúa aumentando. La corriente amenaza con desplazar la marea negra hacia los cayos de Florida y toda la costa oriental. Y los dispersantes que está empleando BP son altamente tóxicos lo que compromete todo el ecosistema marino.
Los expertos calculan una fuga de 80.000 a 100.000 barriles diarios, es decir, veinte veces más que los 5.000 barriles declarados por la empresa petrolera. El actual derrame supera con creces los mayores desastres ecológicos de la historia, y puede prolongarse por otros seis meses. Como muestra el video en vivo del derrame: es como una llave abierta, pero al revés.
Una mirada no convencional al modelo económico neoliberal, las fallas del mercado y la geopolítica de la globalización
jueves, 27 de mayo de 2010
El Derrame petrolero, en vivo
martes, 25 de mayo de 2010
Unión Europea enfrenta la madre de las deudas: 2,16 billones de euros

El sector financiero europeo se enfrenta a una gran deuda de 2,16 billones de euros (millones de milones), de acuerdo a una investigación realizada por economistas del Royal Bank of Scotland (RBS). Esta gran deuda fue emitida por instituciones del sector público y privado de Grecia, España y Portugal, y para que se detecten sus dimensiones hay que especificar que corresponde al 22 por ciento del producto interno bruto de toda la zona euro.
Esta cifra es mucho mayor a las estimaciones previas y profundizará los temores de impago, haciendo imposible las reestructuraciones de deuda en cualquiera de los tres países. España es la mayor preocupación dado el gran tamaño de su economía. Además, de los 2,16 billones, 1,49 billones corresponden a deuda española que está en instituciones extranjeras. Un leve impago de esta deuda puede provocar un fuerte impacto al sistema financiero mundial.
La estimación de € 2.160 millones se basa en datos compilados por el Banco de Pagos Internacionales (BPI), el Fondo Monetario Internacional (FMI), la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) y el Banco Mundial (BM). Se diferencia de las estimaciones anteriores, ya que incluye no sólo la exposición de los bancos extranjeros a la deuda de Grecia, Portugal y España, sino también la exposición de otras instituciones como compañías de seguros y fondos de pensiones.
El desgloce de esta deuda hasta fines del año pasado estiman la deuda griega en 338.000 millones de euros, equivalente al 142 por ciento del PIB griego. En el caso de España, la cifra es de 1.500 billones de euros, también 142 por ciento del PIB. Para Portugal, la cifra es de 333.000 millones, equivalente a dos veces su PIB. La cantidad combinada de estos tres países, a fines del año pasado, es € 2.171 millones. Pero los autores del informe señalan que la deuda se ha reducido levemente en los primeros cinco meses de este año.
El informe señala la necesidad de un esfuerzo combinado por parte de los países involucrados y las instituciones financieras internacionales para evitar un default. El problema es que las posibilidades de que los países restauren el orden en sus finanzas por medio de políticas de austeridad, tienden a hacer insostenible la gobernabilidad de los países. La misión urgente de las políticas internacionales es prever el daño potencial que se puede producir y tomar medidas para evitar que este daño se propague a todo el mundo.
Vía | Daily Mail , Financial Times
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Joseph Stiglitz: "La austeridad conduce al desastre"
En esta entrevista publicada en Le Monde, el economista Joseph Stiglitz y Premio Nobel 2001, señala que Europa, con sus planes de ajuste presupuestario, despidos y austeridad, va en la dirección equivocada:
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Para Stiglitz, el Fondo de Estabilidad se debió haber creado mucho antes para contar con recursos a los que echar mano en el período de las vacas flacas. Pero como nunca hubo una regulación decidida y consistente, sólo se confió en la omnipotencia de los mercados. El Fondo de Estabilización establecido hace apenas 15 días, implica que Europa ha detectado la necesidad de la solidaridad, de la empatía. Este principio de solidaridad es lo que ha marcado la diferencia entre Estados Unidos y Europa, según Stiglitz. Cuando un Estado se ve en dificultades, el gobierno central de Washington lo socorre. Europa no tiene un gobierno central y justamente esas disputas intestinas son las que bloquean los posibles avances.
Para Stiglitz, es la falta de solidaridad la que ha puesto en peligro el proyecto europeo, y de ahí que los países miembros de la Unión Europea requieran una mayor cohesión. Muchas autoridades basan sus juicios en los resultados del mercado, y según esa lógica, los países que salen mal han sido irresponsables y hay que dejar que se valgan por sí mismos. Sin embargo, los datos reales dicen otra cosa. Stiglitz señala:
Para Stiglitz, el riesgo del euro está al interior de Europa y no fuera. Y está en el alto desempleo juvenil que hay en Grecia (30%), España (44%) y Portugal (40%). Si las movilizaciones sociales consiguen su objetivo de desestabilizar a los gobiernos, puede llegar un momento en el cual los respectivos gobiernos se pregunten seriamente si vale la pena seguir el plan impuesto por el Fondo Monetario Internacional y Bruselas. Como es plenamente esperable, Stiglitz también se manifiesta contrario a la aplicación de políticas de esencia monetarista: no resuelven el problema de fondo que es el empleo.
Al adoptar la moneda única, los países miembros de la zona euro cedieron dos instrumentos de política que son fundamentales: el tipo de cambio y las tasas de interés. Por tanto no tienen cómo adaptarse a situaciones de crisis. Sobre todo porque Bruselas no ha ido lo suficientemente lejos en la regulación de los mercados. Y la Unión Europea no hizo planes en este sentido. Ahora, en cambio, quiere un plan coordinado de austeridad. Si este plan continúa, Europa va directo al desastre. Sabemos, a partir de la Gran Depresión de 1930, que esto es lo que no debe hacerse.
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Para Stiglitz, el Fondo de Estabilidad se debió haber creado mucho antes para contar con recursos a los que echar mano en el período de las vacas flacas. Pero como nunca hubo una regulación decidida y consistente, sólo se confió en la omnipotencia de los mercados. El Fondo de Estabilización establecido hace apenas 15 días, implica que Europa ha detectado la necesidad de la solidaridad, de la empatía. Este principio de solidaridad es lo que ha marcado la diferencia entre Estados Unidos y Europa, según Stiglitz. Cuando un Estado se ve en dificultades, el gobierno central de Washington lo socorre. Europa no tiene un gobierno central y justamente esas disputas intestinas son las que bloquean los posibles avances.
Para Stiglitz, es la falta de solidaridad la que ha puesto en peligro el proyecto europeo, y de ahí que los países miembros de la Unión Europea requieran una mayor cohesión. Muchas autoridades basan sus juicios en los resultados del mercado, y según esa lógica, los países que salen mal han sido irresponsables y hay que dejar que se valgan por sí mismos. Sin embargo, los datos reales dicen otra cosa. Stiglitz señala:
El déficit estructural del actual gobierno griego es menor al 4%. Porsupuesto que el gobierno anterior, ayudado por Goldman Sachs, creó una fosa mayor. Y ha sido la crisis global la que ha destapado esta situación.
España tenía excedentes antes de la crisis por tanto el gobierno no puede ser acusado de falta de disciplina. Es cierto que España debió ser más prudente y prevenir la formación de la burbuja inmobiliaria. Pero ahí estaban los euros que la permitieron, a tasas de interés bajísimas a las que España nunca hubiera tenido acceso sin la moneda única. Lo que se requiere hoy es crecimiento para impulsar la inversión, y no planes de freno a la economía.
Para Stiglitz, el riesgo del euro está al interior de Europa y no fuera. Y está en el alto desempleo juvenil que hay en Grecia (30%), España (44%) y Portugal (40%). Si las movilizaciones sociales consiguen su objetivo de desestabilizar a los gobiernos, puede llegar un momento en el cual los respectivos gobiernos se pregunten seriamente si vale la pena seguir el plan impuesto por el Fondo Monetario Internacional y Bruselas. Como es plenamente esperable, Stiglitz también se manifiesta contrario a la aplicación de políticas de esencia monetarista: no resuelven el problema de fondo que es el empleo.
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La nueva realidad de los mercados: caos y volatilidad
Después de vivir un período de repunte y euforia, los mercados bursátiles de todo el mundo han comenzado a caer estrepitosamente dando cuenta de la nueva realidad que invade el sistema: el caos y la volatilidad especulativa. Los problemas centrales que la economía mundial enfrenta, han caido en un círculo vicioso de repetición que los amplifica. Los gobiernos deben hacerse cargo de los mayores lastres que implican las quiebras de las instituciones financieras, y recurrir a fuertes recortes presupuestarios que debilitan aún más a la economía. Esa es la llamada política de shock. Un ajuste radical por la vía del "sálvese quien pueda".
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America Latina desafía la crisis financiera
De acuerdo al FMI, América Latina contribuirá a impulsar la recuperación económica mundial tras ser devastada por la crisis financiera: De acuerdo a las palabras de Nicolás Eyzaguirre y de Dominique Strauss-Kahn, la región está plena de energías para encarar el futuro y los países de la región se encuentran muy lejos de los altos niveles de endeudamiento que encaran los países industrializados. Ahora son esos países los que viven una fuerte crisis de endeudamiento, tal como América Latina vivió la suya en los años 80.
Lea: La caída de un avión en llamas
lunes, 24 de mayo de 2010
Las causas de fondo de las recurrentes crisis financieras globales
Henry C.K.Liu
Graves crisis financieras globales se han venido sucediendo década tras década: el desplome de 1987, la crisis financiera asiática de 1997 y la crisis crediticia de 2007. Esa recurrente pauta ha sido generada por la total desregulación financiera a escala planetaria. Pero las causas de fondo han sido la hegemonía del dólar y el Consenso de Washington.
El caso de Grecia
Siguiendo un malhadado asesoramiento neoliberal y fundamentalista de mercado, Grecia abandonó su moneda nacional, el dracma, a favor del euro en 2002. Este paso, críticamente cargado de consecuencias, permitió al Gobierno griego beneficiarse de la fortaleza del euro –no derivada, huelga decirlo, de la fortaleza de la economía griega, sino de la fortaleza de las economías más fuertes de la eurozona— para contratar préstamos a tasas de interés más bajas, respaldadas con el colateral de activos griegos denominados en euros. Con nuevo crédito disponible, Grecia se emborrachó con el gasto financiado por la deuda, con proyectos de elevado perfil, como las Olimpíadas de Atenas 2004, que dejaron a la nación griega con una enorme deuda soberana no denominada en su moneda nacional. Estos empréstitos públicos en tiempos de auge significaban una manifiesta distorsión de las políticas económicas keynesianas de financiación del déficit, consistentes en enfrentarse a las recesiones cíclicas respaldándose en los excedentes acumulados en los ciclos de auge. Lo que hizo Grecia, al revés, fue acumular masivamente deuda mientras se hinchaba su burbuja económica inducida por la deuda.
La trampa del euro
Al adoptar el euro, una moneda gestionada por la política monetaria del supranacional Banco Central Europeo (BCE), Grecia abdicó voluntariamente de su soberanía en materia de política monetaria nacional, y eso en la confianza, falsamente confortable, de que una política monetaria supranacional diseñada para las economías más robustas de la eurozona funcionaría también para una Grecia endeudada hasta las cejas. Como Estado miembro de la eurozona, Grecia puede ingresar y tomar prestados euros sin verse afectada por tasas de cambio, pero no puede emitir euros aun a costa de inflación. La incapacidad de emitir euros expone a Grecia al riesgo de quiebra de la deuda soberana en caso de déficit fiscal prolongado, y la deja sin las opciones abiertas a una solución monetaria nacional independiente, como la devaluación de la moneda nacional.
A despecho de la verborrea sobre el euro como incipiente alternativa al dólar como moneda de reserva, el euro no es en realidad sino otra moneda derivada del dólar. A pesar de que el PIB de la Unión Europea es mayor que el de los EE.UU., el dólar sigue dominando los mercados financieros en todo el mundo como moneda de referencia a causa de la hegemonía política del dólar, que exige la denominación en dólares de todas las mercancías básicas. El petróleo puede comprarse con euros, pero aprecios sujetos al valor de cambio del euro en relación con el dólar. Ocurre, simplemente, que la Unión Europea, no posee el poder geopolítico que los EEUU vienen teniendo desde el final de la II Guerra Mundial.
La hegemonía del dólar y el Consenso de Washington
El crecimiento económico bajo la hegemonía política del dólar exige que las naciones que participan en los mercados sigan las reglas del Consenso de Washington, un término acuñado en 1990 por un economista del Institute of International Economics, John Williamson, para resumir la sincronizada ideología de los economistas del establishment radicados en Washington, una ideología que reverberó a escala planetaria durante un cuarto de siglo como evangelio de las reformas económicas indispensables para el crecimiento en una economía de mercado globalizada. Esa ideología ha metido a buena parte del globo en crisis financieras recurrentes.
Inicialmente aplicado a América Latina, y finalmente a todas las economías en vías de desarrollo, el Consenso de Washington ha terminado por ser sinónimo de la doctrina del neoliberalismo globalizado o fundamentalismo de mercado y a describir, en un angosto marco de limitaciones ideológicas, un conjunto de prescripciones políticas universales fundadas en principios de libre mercado y disciplina monetaria. Promueve para todas las economías control macroeconómico, apertura comercial, medidas microeconómicas favorables al mercado, privatización y desregulación en beneficio de una fe ideológicamente dogmática en la capacidad del mercado para resolver más eficientemente cualquier problema socioeconómico. Con el oscurantismo dogmático va también la resuelta negativa a admitir la obvia contradicción entre la pretendida eficiencia teórica del mercado y la empírica incapacidad para erradicar la pobreza o las crecientes desigualdades de ingresos y riqueza.
Vuelve la pugna entre el capital y los salarios
El crecimiento del capital financiero ha de lograrse a expensas del crecimiento del capital humano. El equilibrio monetario sin perturbaciones inflacionarias ha de lograrse manteniendo los salarios bajos a través del desempleo estructural. Las bolsas de pobreza en la periferia se consideran en el precio necesario para la prosperidad del centro. Dogmas de ese jaez confieren al desempleo y a la pobreza, verdadera catástrofe económica, una inmerecida aura de respetabilidad conceptual. La intervención del Estado ha sido traída a colación sobre todo para reducir el poder de los trabajadores en el mercado a favor del capital y favorecer mecanismos de mercado descaradamente predatorios.
El conjunto de reformas prescritas por el Consenso de Washington se compone de 10 directrices: 1) disciplina fiscal; 2) reorientación del gasto público hacia áreas que ofrezcan rendimientos económicos elevados; 3) reformas fiscales para bajar los tipos marginales y ensanchar la base fiscal; 4) liberalización de los tipos de interés; 5) tasas de cambio competitivas; 6) liberalización del comercio; 7) liberalización de la inversión exterior directa (IED); 8) privatización; 9) desregulación; y 10) afianzamiento de los derechos de propiedad privada.
Los Estados abdican de sus responsabilidades
Esas directrices vienen a sumarse por doquiera a una reducción generalizada del papel central del Estado en la economía, de su primaria obligación de proteger a los débiles frente a los fuertes, de fuera y de dentro. El desempleo y la pobreza se ven entonces como fenómenos temporales, morralla transitoriamente caída en el proceso de selección natural de los mercados, efectos inevitables de una evolución económica que, a largo plazo, generará una economía más robusta.
Los economistas neoliberales arguyen que el desempleo y la pobreza, plagas económicas letales en el corto plazo, pueden traer consigo beneficios macroeconómicos en el plazo largo. Hay gente para todo: también algunos historiadores arguyen perversamente que la Peste Negra (1348) tuvo consecuencias beneficiosas a largo plazo para la sociedad europea.
La resultante escasez de fuerza de trabajo empujó, a corto plazo, al alza los salarios a mediados del siglo XIV, y el súbito incremento de la mortalidad trajo consigo una sobreabundancia de bienes, lo que hizo que se desplomaran los precios. Esas dos tendencias provocaron causalmente un incremento del nivel de vida de los supervivientes. Sin embargo, la escasez de mano de obra causada por la Peste Negra forzó a los terratenientes a frenar el proceso de liberación de los siervos y a extraer más trabajo de ellos. En reacción a eso, los campesinos se sirvieron en muchos frentes de su acrecido poder de mercado para exigir un tratamiento más equitativo o para aligerar las cargas soportadas. Frustrados, los gremios se rebelaron en las ciudades y los campesinos se rebelaron en el campo. La Jacquerie francesa de 1358, la Revuelta Campesina en la Inglaterra de 1381, la Rebelión Catalana de 1395, así como muchas revueltas en Alemania, muestran hasta qué punto llegó la mortalidad a quebrantar las relaciones económicas y sociales tradicionales.
El neoliberalismo ha generado en el último cuarto de siglo una situación que se traduce en violentas protestas políticas en todo el globo, siendo la forma más extremista de las mismas el terrorismo. Pero al menos la plaga bubónica fue desencadenada por la naturaleza, no por una idea fija ideológica humana. Y el neoliberalismo mantiene a los trabajadores en el desempleo, pero vivos, con ayudas de subsistencia, al tiempo que conserva una perpetua reserva de trabajo excedente para evitar que los salarios suban a causa de escasez de fuerza de trabajo, lo que monta tanto como eliminar hasta los crueles beneficios a largo plazo de la Peste Negra.
Encogimiento del Estado
El Consenso de Washington se ha venido caracterizando como un “encogimiento del Estado” (Informe anual de la las Naciones Unidas, 1998) y un “nuevo imperialismo” (M. Shahid Alam, “Does Sovereignty Matter for Economic Growth?”, 1999). Pero el daño real provocado por ese Consenso dista aún mucho de reconocerse comúnmente: en lo que realmente consiste es en un conjunto de prescripciones para generar Estados fracasados entre las economías en vías de desarrollo que participan en los mercados financieros globalizados. Incluso en las economías desarrolladas, el neoliberalismo genera un síndrome, tan peligroso como generalmente inadvertido, de Estado fallido. [1]
NOTA: [1] Véase mi artículo del 3 de febrero de 2005: World Order, Failed States and Terrorism, señaladamente la primera parte (de 10): The Failed State Cancer. El presente artículo resume un trabajo extenso publicado en Asia Times.
Henry C.K. Liu es un reconocido analista económico y político que escribe regularmente en Asia Times. Es consejero del Roosevelt Institute norteamericano, y forma parte del equipo rector de la revista New Deal 2.0.
Traducción para www.sinpermiso.info: Casiopea Altisench
Fuente: www.sinpermiso.info
Graves crisis financieras globales se han venido sucediendo década tras década: el desplome de 1987, la crisis financiera asiática de 1997 y la crisis crediticia de 2007. Esa recurrente pauta ha sido generada por la total desregulación financiera a escala planetaria. Pero las causas de fondo han sido la hegemonía del dólar y el Consenso de Washington.
El caso de Grecia
Siguiendo un malhadado asesoramiento neoliberal y fundamentalista de mercado, Grecia abandonó su moneda nacional, el dracma, a favor del euro en 2002. Este paso, críticamente cargado de consecuencias, permitió al Gobierno griego beneficiarse de la fortaleza del euro –no derivada, huelga decirlo, de la fortaleza de la economía griega, sino de la fortaleza de las economías más fuertes de la eurozona— para contratar préstamos a tasas de interés más bajas, respaldadas con el colateral de activos griegos denominados en euros. Con nuevo crédito disponible, Grecia se emborrachó con el gasto financiado por la deuda, con proyectos de elevado perfil, como las Olimpíadas de Atenas 2004, que dejaron a la nación griega con una enorme deuda soberana no denominada en su moneda nacional. Estos empréstitos públicos en tiempos de auge significaban una manifiesta distorsión de las políticas económicas keynesianas de financiación del déficit, consistentes en enfrentarse a las recesiones cíclicas respaldándose en los excedentes acumulados en los ciclos de auge. Lo que hizo Grecia, al revés, fue acumular masivamente deuda mientras se hinchaba su burbuja económica inducida por la deuda.
La trampa del euro
Al adoptar el euro, una moneda gestionada por la política monetaria del supranacional Banco Central Europeo (BCE), Grecia abdicó voluntariamente de su soberanía en materia de política monetaria nacional, y eso en la confianza, falsamente confortable, de que una política monetaria supranacional diseñada para las economías más robustas de la eurozona funcionaría también para una Grecia endeudada hasta las cejas. Como Estado miembro de la eurozona, Grecia puede ingresar y tomar prestados euros sin verse afectada por tasas de cambio, pero no puede emitir euros aun a costa de inflación. La incapacidad de emitir euros expone a Grecia al riesgo de quiebra de la deuda soberana en caso de déficit fiscal prolongado, y la deja sin las opciones abiertas a una solución monetaria nacional independiente, como la devaluación de la moneda nacional.
A despecho de la verborrea sobre el euro como incipiente alternativa al dólar como moneda de reserva, el euro no es en realidad sino otra moneda derivada del dólar. A pesar de que el PIB de la Unión Europea es mayor que el de los EE.UU., el dólar sigue dominando los mercados financieros en todo el mundo como moneda de referencia a causa de la hegemonía política del dólar, que exige la denominación en dólares de todas las mercancías básicas. El petróleo puede comprarse con euros, pero aprecios sujetos al valor de cambio del euro en relación con el dólar. Ocurre, simplemente, que la Unión Europea, no posee el poder geopolítico que los EEUU vienen teniendo desde el final de la II Guerra Mundial.
La hegemonía del dólar y el Consenso de Washington
El crecimiento económico bajo la hegemonía política del dólar exige que las naciones que participan en los mercados sigan las reglas del Consenso de Washington, un término acuñado en 1990 por un economista del Institute of International Economics, John Williamson, para resumir la sincronizada ideología de los economistas del establishment radicados en Washington, una ideología que reverberó a escala planetaria durante un cuarto de siglo como evangelio de las reformas económicas indispensables para el crecimiento en una economía de mercado globalizada. Esa ideología ha metido a buena parte del globo en crisis financieras recurrentes.
Inicialmente aplicado a América Latina, y finalmente a todas las economías en vías de desarrollo, el Consenso de Washington ha terminado por ser sinónimo de la doctrina del neoliberalismo globalizado o fundamentalismo de mercado y a describir, en un angosto marco de limitaciones ideológicas, un conjunto de prescripciones políticas universales fundadas en principios de libre mercado y disciplina monetaria. Promueve para todas las economías control macroeconómico, apertura comercial, medidas microeconómicas favorables al mercado, privatización y desregulación en beneficio de una fe ideológicamente dogmática en la capacidad del mercado para resolver más eficientemente cualquier problema socioeconómico. Con el oscurantismo dogmático va también la resuelta negativa a admitir la obvia contradicción entre la pretendida eficiencia teórica del mercado y la empírica incapacidad para erradicar la pobreza o las crecientes desigualdades de ingresos y riqueza.
Vuelve la pugna entre el capital y los salarios
El crecimiento del capital financiero ha de lograrse a expensas del crecimiento del capital humano. El equilibrio monetario sin perturbaciones inflacionarias ha de lograrse manteniendo los salarios bajos a través del desempleo estructural. Las bolsas de pobreza en la periferia se consideran en el precio necesario para la prosperidad del centro. Dogmas de ese jaez confieren al desempleo y a la pobreza, verdadera catástrofe económica, una inmerecida aura de respetabilidad conceptual. La intervención del Estado ha sido traída a colación sobre todo para reducir el poder de los trabajadores en el mercado a favor del capital y favorecer mecanismos de mercado descaradamente predatorios.
El conjunto de reformas prescritas por el Consenso de Washington se compone de 10 directrices: 1) disciplina fiscal; 2) reorientación del gasto público hacia áreas que ofrezcan rendimientos económicos elevados; 3) reformas fiscales para bajar los tipos marginales y ensanchar la base fiscal; 4) liberalización de los tipos de interés; 5) tasas de cambio competitivas; 6) liberalización del comercio; 7) liberalización de la inversión exterior directa (IED); 8) privatización; 9) desregulación; y 10) afianzamiento de los derechos de propiedad privada.
Los Estados abdican de sus responsabilidades
Esas directrices vienen a sumarse por doquiera a una reducción generalizada del papel central del Estado en la economía, de su primaria obligación de proteger a los débiles frente a los fuertes, de fuera y de dentro. El desempleo y la pobreza se ven entonces como fenómenos temporales, morralla transitoriamente caída en el proceso de selección natural de los mercados, efectos inevitables de una evolución económica que, a largo plazo, generará una economía más robusta.
Los economistas neoliberales arguyen que el desempleo y la pobreza, plagas económicas letales en el corto plazo, pueden traer consigo beneficios macroeconómicos en el plazo largo. Hay gente para todo: también algunos historiadores arguyen perversamente que la Peste Negra (1348) tuvo consecuencias beneficiosas a largo plazo para la sociedad europea.
La resultante escasez de fuerza de trabajo empujó, a corto plazo, al alza los salarios a mediados del siglo XIV, y el súbito incremento de la mortalidad trajo consigo una sobreabundancia de bienes, lo que hizo que se desplomaran los precios. Esas dos tendencias provocaron causalmente un incremento del nivel de vida de los supervivientes. Sin embargo, la escasez de mano de obra causada por la Peste Negra forzó a los terratenientes a frenar el proceso de liberación de los siervos y a extraer más trabajo de ellos. En reacción a eso, los campesinos se sirvieron en muchos frentes de su acrecido poder de mercado para exigir un tratamiento más equitativo o para aligerar las cargas soportadas. Frustrados, los gremios se rebelaron en las ciudades y los campesinos se rebelaron en el campo. La Jacquerie francesa de 1358, la Revuelta Campesina en la Inglaterra de 1381, la Rebelión Catalana de 1395, así como muchas revueltas en Alemania, muestran hasta qué punto llegó la mortalidad a quebrantar las relaciones económicas y sociales tradicionales.
El neoliberalismo ha generado en el último cuarto de siglo una situación que se traduce en violentas protestas políticas en todo el globo, siendo la forma más extremista de las mismas el terrorismo. Pero al menos la plaga bubónica fue desencadenada por la naturaleza, no por una idea fija ideológica humana. Y el neoliberalismo mantiene a los trabajadores en el desempleo, pero vivos, con ayudas de subsistencia, al tiempo que conserva una perpetua reserva de trabajo excedente para evitar que los salarios suban a causa de escasez de fuerza de trabajo, lo que monta tanto como eliminar hasta los crueles beneficios a largo plazo de la Peste Negra.
Encogimiento del Estado
El Consenso de Washington se ha venido caracterizando como un “encogimiento del Estado” (Informe anual de la las Naciones Unidas, 1998) y un “nuevo imperialismo” (M. Shahid Alam, “Does Sovereignty Matter for Economic Growth?”, 1999). Pero el daño real provocado por ese Consenso dista aún mucho de reconocerse comúnmente: en lo que realmente consiste es en un conjunto de prescripciones para generar Estados fracasados entre las economías en vías de desarrollo que participan en los mercados financieros globalizados. Incluso en las economías desarrolladas, el neoliberalismo genera un síndrome, tan peligroso como generalmente inadvertido, de Estado fallido. [1]
NOTA: [1] Véase mi artículo del 3 de febrero de 2005: World Order, Failed States and Terrorism, señaladamente la primera parte (de 10): The Failed State Cancer. El presente artículo resume un trabajo extenso publicado en Asia Times.
Henry C.K. Liu es un reconocido analista económico y político que escribe regularmente en Asia Times. Es consejero del Roosevelt Institute norteamericano, y forma parte del equipo rector de la revista New Deal 2.0.
Traducción para www.sinpermiso.info: Casiopea Altisench
Fuente: www.sinpermiso.info
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Jeremy Irons en campaña contra el hambre
Ingrese a la página www.1billionhungry.org, e inscríbase. No podemos tolerar que mil millones de personas pasen hambre en el mundo, mientras el 1% de la población controla el 40% de la riqueza.
En Estados Unidos el 1% de la población controla el 42% de la riqueza del país

Una verdadera medida de la vitalidad de una economía se mide por su riqueza. Podemos mirar los ingresos y otras medidas de productividad, pero la verdadera riqueza se mide por el patrimonio neto. Ahora bien: si la riqueza es un elemento central de la economía, mucho más importante es cómo se distribuye esta riqueza entre los agentes que concurren a su formación. Y en esta ámbito hay profundas fallas. Detectar estas fallas ha sido el objetivo central de mi investigación como economista. De ahí los post sobre la desigualdad económica o la distribución del ingreso. Por eso destaco este artículo publicado en www.mybudget360.com. ¿Quién controla la riqueza en los EE.UU.?
Según un estudio del Centro Conjunto para Estudios de la Vivienda el 25% de los hogares de EE.UU. controlan el 87% de toda la riqueza del país. Eso número entrega la bonita suma de $ 54.200.000.000.000. Pero si se mira más cerca en la distribución del ingreso, encontramos que el 1% por ciento de la población estadounidense controla el 42 por ciento de toda la riqueza financiera del país. Por ello que adquirir un pedazo de la riqueza financiera fue el sello distintivo de la clase media entre los años 50 y 80.
Hoy se tiene a una sociedad mayoritariamente endeudada por las tarjetas de crédito, los préstamos para automóviles, los préstamos estudiantiles, o la inmensa deuda hipotecaria. Si el valor neto se mide tomando los activos y restando los pasivos, la gran mayoría de los estadounidenses tiene un patrimonio neto negativo.
Siga leyendo esta información en www.mybudget360.com
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domingo, 23 de mayo de 2010
Alemania toma las riendas del euro

Algunas lecturas recomendadas para hoy:
- Alemania toma las riendas del euro, Andreu Missé. El País
- El perfil internacional de España se pone a prueba, Cristina Galindo. El País
- La Crisis de España, Portugal y Grecia, versus la crisis Argentina, Domingo Cavallo. Artículos Claves
- La insolidaridad británica, Soledad Gallego-Diaz. El País
- Presidente Zapatero: en 20 años España será más competitiva, El Economista
- El acoso fiscal de Zapatero, Juan José Garrido. Artículos Claves
- El fin del Carry Trade, los problemas para USA y el fin del euro II, Rankia
- La reforma financiera de EEUU puede costarle cara a Wall Street, El Economista
- Tailandia v a una guerra civil, José Reinoso. El País
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No falta dinero: sobran ladrones
Me han enviado esta presentación y he considerado útil compartirla. Como siempre, todos los comentarios serán bienvenidos:
m25 huelga
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Presidente Obama ofrece nuevo "orden mundial"
El presidente Obama se comprometió ayer sábado a dar forma a un nuevo "orden internacional" como parte de una estrategia de seguridad nacional que enfatiza su creencia en las instituciones mundiales y el papel de Estados Unidos en promover los valores democráticos en todo el mundo.
En un discurso de graduación ante en la Academia Militar de West Point, el Presidente Obama expuso su salida de lo que Bush había llamado a un "internacionalismo distintivamente estadounidense". En su lugar, Obama se comprometió a dar forma a un nuevo "orden internacional" basado en la diplomacia y el compromiso.
Obama ha hablado con frecuencia sobre la creación de nuevas alianzas, y de intentos de reparar la imagen de EE.UU. en el extranjero después de una década en la que fue visto el enfoque de Bush con desconfianza en muchos sectores. A diferencia de Bush, quien viajó a West Point a raíz de los atentados del 11 de septiembre 2001 para anunciar su enfoque estadounidense centrado en la seguridad, Obama subrayó ayer su creencia en el poder de las alianzas.
Sin embargo, Obama ha intensificado la guerra de EE.UU. en Afganistán. Y su gobierno ha enfrentado en varias ocasiones los peligros del terrorismo islámico en territorio de EE.UU., incluyendo los intentos fallidos de derribar un avión con destino a Detroit y hacer explotar un coche bomba en Times Square, el centro de Nueva York.
Fuente | The Washington Post
En un discurso de graduación ante en la Academia Militar de West Point, el Presidente Obama expuso su salida de lo que Bush había llamado a un "internacionalismo distintivamente estadounidense". En su lugar, Obama se comprometió a dar forma a un nuevo "orden internacional" basado en la diplomacia y el compromiso.
"El orden internacional que buscamos es algo que puede resolver los desafíos de nuestro tiempo. Estos son luchar contra el extremismo violento y la insurgencia; detener la propagación de armas nucleares y asegurar los materiales radioactivos; también luchar contra el cambios climáticos y el mantenimiento del crecimiento mundial; ayudar a los países a alimentarse y cuidar a sus enfermos, la prevención de conflictos y la curación de sus heridas."
Obama ha hablado con frecuencia sobre la creación de nuevas alianzas, y de intentos de reparar la imagen de EE.UU. en el extranjero después de una década en la que fue visto el enfoque de Bush con desconfianza en muchos sectores. A diferencia de Bush, quien viajó a West Point a raíz de los atentados del 11 de septiembre 2001 para anunciar su enfoque estadounidense centrado en la seguridad, Obama subrayó ayer su creencia en el poder de las alianzas.
"Sí, estamos con los ojos abiertos ante las deficiencias de nuestro sistema internacional. Pero Estados Unidos no ha tenido éxito dando un paso fuera de las corrientes de la cooperación internacional. Hemos tenido éxito por la dirección de esas corrientes en la dirección de la libertad y la justicia, para que las naciones prosperen por el cumplimiento de sus responsabilidades"
Sin embargo, Obama ha intensificado la guerra de EE.UU. en Afganistán. Y su gobierno ha enfrentado en varias ocasiones los peligros del terrorismo islámico en territorio de EE.UU., incluyendo los intentos fallidos de derribar un avión con destino a Detroit y hacer explotar un coche bomba en Times Square, el centro de Nueva York.
Fuente | The Washington Post
Publicado por
mamvas
en
9:11 a.m.
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Crisis Mundial,
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