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viernes, 28 de agosto de 2026

Cerimedo y la cara sucia del tecnofascismo sudamericano

El tecnofascismo y la manipulación de las elecciones que instala en los gobiernos a los títeres de Washington. Ya no necesitan crear golpes de Estado. Basta con las granjas de bots. El siniestro plan de la ultraderecha

Aram Aharonian, Rebelión

Hasta hace unos años, Fernando Cerimedo no existía ni como actor de reparto entre las primeras líneas del mundo político: quizá fue Javier Milei quien lo mandó al estrellato (o viceversa). Quien acabaría siendo un gurú de las derechas radicales latinoamericanas no destacaba en las redes sociales en Argentina, ni siquiera en momentos en que Twitter, plataforma que, al crecer en audiencias, convertía temas de conversación en asuntos de agenda pública, en movilizaciones masivas y terremotos políticos.

Por decisión del Juez boliviano Wilson Espada, se aplicó la pena máxima de detención preventiva, de 180 días, a Fernando Cerimedo a quien se acusa del intento de homicidio de su expareja Nadia Beller. A las denuncias de la víctima se sumaron el secuestro de mensajes de chat del acusado que lo comprometen: Uno de ellos que fue dirigido a un tal ECK dice: “Nos vendió Nadia. O la eliminamos o estamos jodidos. ¿Conocés a alguien que pueda hacer ese trabajo?”. Según el expresidente Evo Morales, ECK es Erik Correa Gonzalez, Jefe de Inteligencia del gobierno de Rodrigo Paz, presidente de Bolivia.

La celeridad con que actuó la policía que detuvo a Cerimedo cuando trataba de abordar un avión con destino a Buenos Aires, y la decisión del juez de allanar inmediatamente su domicilio donde se encontró una granja de bots, y mucho dinero en efectivo, concurdan con el rápido posicionamiento del vicepresidente de Bolivia, Edman Lara, abogado y exoficial de la policía, en conflicto con el presidente Paz.

sábado, 9 de mayo de 2026

La cadena criminal de Palantir se enfrenta a la IA China

El manifiesto sobre la IA de Alex Karp pone al descubierto un imperio que intenta convertir la guerra algorítmica en doctrina, justo cuando el mundo multipolar aprende a responder con su propio código
Alex Karp, director ejecutivo de Palantir

Anis Raiss, The Cradle

En el cuento de Hans Christian Andersen, el emperador desfila desnudo por la ciudad hasta que un niño dice lo que todos los demás temen admitir. El 18 de abril de 2026, el director ejecutivo de Palantir, Alex Karp, organizó su propio desfile. Palantir publicó su manifiesto de 22 puntos en X, y en cuestión de días alcanzó los 32 millones de visualizaciones. Los expertos lo denominaron tecnofascismo.

Fuera del aula de seminarios atlantistas, el veredicto fue más sencillo. La doctrina de la Inteligencia Artificial (IA) del imperio había quedado al descubierto.

El manifiesto surgió como un error del sistema derivado de un orden que se desmoronaba, vendiendo la dominación algorítmica justo cuando el mundo multipolar demostraba que ya no podía ser dirigido desde Washington, Silicon Valley o Tel Aviv.

Bajo esa arrogancia se escondía un temor más simple. Las máquinas del Imperio ya no son las únicas en funcionamiento. El pánico reside en la pulida certeza del documento, en su creencia de que el código puede restaurar la disciplina que las flotas, las sanciones y las campañas de bombardeo ya no imponen.

Lo que sigue es lo que el manifiesto ya admite.

El fascismo en el lenguaje de los productos

Los 22 puntos no fueron casualidad. Resumían el libro de Karp de 2025, "La República Tecnológica", escrito en coautoría con el jefe de asuntos corporativos de Palantir, Nicholas Zamiska, y publicado por Crown Currency.

miércoles, 29 de abril de 2026

Peter Thiel, el profeta apocalíptico del tecnofascismo

Un pope "libertario" que ve en Greta Thunberg al Anticristo. Sus sistemas de IA señalaron blancos en Irán y confundieron una escuela de niñas con un cuartel matando a doscientas

Julián Varsavsky, La Haine

Peter Thiel mira la geopolítica, la tecnología, los negocios y las relaciones sociales a partir de una figura que lo obsesiona: el anticristo. A partir de allí, construye una teoría político-corporativa que derivó en sus tesis conspirativas, proponiendo una suerte de tecnofascismo donde el poder estatal tiende a desaparecer, en paralelo a que es transferido a las grandes tecnológicas de Silicon Valley que nos salvarán del Armagedón.

El personaje rompe la norma del entreperneur high-tech de California. No estudió ciencias exactas: se graduó en derecho y filosofía en la Universidad de Stanford. Su especialidad es juntar fondos para invertirlos en empresas tecnológicas, comenzando con PayPal en 1998 junto a Elon Musk. Su otra apuesta ganada fue al aportar el 10 por ciento de la inversión externa que apuntaló a Facebook en su origen. Hoy es dueño de Founders Fund y de Palantir Technologies, la empresa de análisis de 'big data' que las fuerzas armadas de EEUU e Israel usan para la selección automática de blancos a bombardear en Irán, incluyendo el caso donde un dato erróneo hizo confundir a una escuela con un cuartel, matando a 200 niñas.

"Anarco" por conveniencia

En su libro El fin de la realidad (Universidad Nacional de Avellaneda, 2024) el académico Jonatan Taplin analiza los claroscuros de Thiel. Cuenta que ha sido un personaje de la extrema derecha desde los 16 años. Cree que nada debe interponerse en el camino del progreso tecnológico y que este proviene de los "monopolios creativos". Tiene una influencia política desmesurada en el Partido Republicano -vía aportes millonarios-- que le permite incidir en legislación y políticas gubernamentales.

En 2015 Thiel dijo: "Una de las cosas que me gustan de la tecnología es que cuando no está regulada, puedes cambiar el mundo sin necesidad de obtener la aprobación de otras personas. En el mejor de los casos, no está sujeta al control democrático ni a las mayorías, que creo que a menudo son hostiles al cambio".

lunes, 27 de abril de 2026

Cuidado con Palantir: el ascenso del tecnofascismo en la época actual

En las calles de Nueva York, una mano anónima escribió sobre un afiche callejero: Beware Palantir! (¡Cuidado con Palantir!). La alerta no es ociosa.

José Ernesto Nováez Guerrero, Al Mayadeen

Lejos de los focos, Palantir ha ido creciendo hasta convertirse en una de las mayores y más poderosas empresas de IA del mundo contemporáneo. Sus estrechos vínculos con el poder económico y militar tuvieron una reciente expresión simbólica en la promoción de uno de sus ejecutivos a teniente coronel del ejército de Estados Unidos, como parte de una nueva unidad formada por altos ejecutivos de empresas tecnológicas.

El poderoso software de Palantir procesa masivas cantidades de datos para encontrar patrones de otra forma imperceptibles. Y esos patrones se convierten en objetivos militares o diseñan políticas de ingeniería social para garantizar el sostenimiento de la hegemonía del capital. Este 18 de abril, la cuenta en X de la empresa publicó 22 puntos que han sido considerados por muchos como un Manifiesto y que han generado un importante debate sobre la naturaleza y límites de estas grandes tecnológicas. Particularmente sobre Palantir, quizás la más poderosa e influyente de todas las empresas en el sector actualmente.

Varoufakis acuñó el término "tecnofeudalismo" para referirse al proceso económico de estas grandes tecnológicas y cómo modifican la propia dinámica del sistema capitalista. En esencia el término se refiere a hemos dejado atrás el capitalismo y entrado en un nuevo orden económico donde las grandes empresas tecnológicas (Google, Amazon, Meta o Palantir) actúan como "señores feudales" modernos, controlando la infraestructura digital y cobrando "rentas" a usuarios y otras empresas. En este modelo, la acumulación de capital no proviene del mercado, sino de la explotación de datos y el dominio de plataformas cerradas.

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