miércoles, 6 de marzo de 2019

Transformar la economía de EEUU: el Green New Deal


Alejandro Nadal, La Jornada

Una nueva propuesta de legisladores del Partido Demócrata busca rediseñar la economía de Estados Unidos. Ha recibido el nombre en inglés de Green New Deal, que se traduce como el Nuevo trato verde y renvía al paquete de política económica que introdujo Franklin Roosevelt en 1933 para enfrentar la Gran Depresión.

Esta propuesta ya genera un gran debate en Estados Unidos, polémica que ya hacía falta en un país que se ha inclinado tanto a la derecha que la palabra socialista se ha convertido en insulto. Por ese motivo el Partido Republicano no tardó en atacar la propuesta como un proyecto para llevar a Estados Unidos al socialismo. Y los dirigentes del Partido Demócrata, con Nancy Pelosi a la cabeza, han preferido adoptar una postura de precaución, sin apoyar abiertamente la propuesta del Green New Deal. No sorprende su cautela, pues esa jerarquía del Partido Demócrata ha estado desde Clinton cercana a los grandes intereses económicos que la nueva propuesta va a afectar.

El Nuevo Trato Verde (NTV) es un paquete de política macroeconómica y sectorial para responder a los retos económicos, sociales y ambientales del capitalismo estadounidense. Pretende alcanzar tres objetivos: enfrentar el cambio climático y otros problemas ambientales, reducir la desigualdad social y relanzar la economía por una senda de crecimiento sostenido. La referencia a Roosevelt recuerda que se necesitará una gran movilización de recursos para alcanzar los objetivos planteados.

El Nuevo Trato Verde incluye importantes programas de inversión en infraestructura y para la transición energética. Uno de los ejes medulares del NTV es la transición energética para reducir a cero las emisiones de gases de efecto invernadero y transitar hacia un perfil 100 por ciento dependiente de energías renovables. Otra vertiente del NTV consiste en proporcionar servicios de salud gratis a todos los miembros de la sociedad.

Desde luego, la principal objeción de la derecha a este paquete de políticas ha sido su pretendida falta de realismo. La pregunta que se utiliza para atacar la propuesta se disfraza de rigor económico: ¿de dónde va a salir todo el dinero para financiar este programa? Es una interrogante mal intencionada. Detrás de ella se esconde la hipocresía de quienes nunca cuestionaron el costo astronómico de los rescates para el sistema financiero. Es la misma pregunta que encubre la duplicidad de los que hace un año aprobaron la reforma fiscal de Trump, que condujo a un explosivo incremento del déficit fiscal.

Pero a pesar de ser utilizada como ariete para la ofensiva en contra de la propuesta, la pregunta es válida. Y los legisladores del Partido Demócrata han estado tratando de responder con una referencia a la teoría monetaria moderna, que ha sido promovida por importantes economistas heterodoxos como Randall Wray y Stephanie Kelton. Ésta ofrece una respuesta a la pregunta sobre el origen del dinero muy diferente a la que propone la teoría económica convencional. Esta última es absurda y sostiene que el dinero surge natural y espontáneamente en respuesta a las dificultades que enfrentan las transacciones por medio de trueques. Por el contrario, la teoría monetaria moderna sostiene que el dinero se origina por la acción deliberada del Estado, que al emitir la moneda con la que se pueden pagar impuestos crea el medio de pago generalizado.

La teoría monetaria moderna está siendo sometida a un fuerte debate académico, pero una de sus implicaciones es que el Estado posee un enorme poder de financiamiento y no tiene por qué preocuparse por su endeudamiento: al Estado soberano nunca se le acaba el dinero, pues siempre puede imprimir/emitir nuevos medios de pago. En última instancia, la teoría monetaria moderna sostiene que el dinero tiene valor porque el Estado así lo determina. Para los defensores del NTV, el atractivo de la teoría monetaria moderna es que permite hacer frente a las necesidades de financiamiento porque el endeudamiento público no sería un problema.

Esta postura no es la más adecuada, toda vez que la teoría monetaria moderna no acaba de afinar el análisis en varios puntos delicados que son objeto de debate. Uno de ellos tiene que ver con la inflación y otro con la relación entre ahorro e inversión. Este último tema requiere todavía un análisis más serio sobre el circuito monetario en el contexto del corto y largo plazos. Por esta razón los promotores del NTV cometerán un error si descansan exclusivamente en este planteamiento teórico como respuesta al tema del financiamiento. Hay otras fuentes de recursos, pero también siguen siendo temas tabú. Algunos precandidatos demócratas a la presidencia ya han manifestado la necesidad de incrementar los impuestos para los estratos de mayores ingresos, pero el recorte al gasto militar, que cada año es superior a 740 mil millones de dólares, sigue siendo un tema proscrito. Mientras la cara militar del imperialismo no sea objeto de una crítica profunda, no habrá nuevo trato.

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