sábado, 12 de octubre de 2013

Estados Unidos y la crisis global

Carlos Angulo Rivas, ArgenPress

Hace 25 años la dupla Ronald Reagan-Margaret Thatcher dio inicio al neoliberalismo y la globalización, dando plena libertad a los mercados para que decidieran autónomamente sobre el destino de la economía. Instauraron, de esta manera, un sistema económico global que dejó en manos de las empresas multinacionales, de las corporaciones monopólicas y de los organismos financieros, principalmente del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, el verdadero gobierno del mundo. Además, con ello quedó establecido un fiero intercambio especulativo a manera de sistema económico. Entonces, la enorme crisis capitalista actual no es una simple casualidad sino el resultado de este experimento fundado en el mercantilismo voraz sin contemplaciones, donde los pobres serán cada vez más pobres y los ricos más ricos.

En todos estos años la aplicación práctica del neoliberalismo y el libre comercio, a velocidad de proyectil disparado, también cambió de raíz el endeble significado de la democracia representativa y de los gobiernos en todo el mundo, ya que la globalización es un mantón irónico para encubrir un sistema político vertical y totalitario, subordinado al poder económico. Debe observarse que la autoridad efectiva no está en los gobiernos sino en la decisión final del conglomerado de la banca privada y las empresas multinacionales, pues las elecciones y los elegidos sirven sólo para cambiar una administración nunca para alterar el poder económico o cuando menos para modificarlo; así las democracias formales, presentadas como ejemplares, viven de la apariencia y son apenas una quimera en nombre de la libertad. Libertad donde el ciudadano ha perdido su carácter determinante para convertirse en mero consumidor precario. De esta suerte, el país líder del sistema económico transferido a todos, Estados Unidos, está hoy en graves problemas; y no sólo porque este mes de octubre tuvo que mandar a sus hogares, con vacaciones anticipadas, a cerca de un millón de trabajadores estatales sino porque el presupuesto del año fiscal presenta un déficit de enormes proporciones, por cuarta vez consecutiva, sin tenerse en perspectiva una recuperación posible.

Estados Unidos tuvo la habilidad inapelable de cambiar el patrón oro por las divisas o sea por el dólar norteamericano durante el gobierno de Richard Nixon; y desde esa época con papel impreso se hizo dueño absoluto de la economía mundial siendo, hoy en día, el país más endeudado del orbe, aunque basándose en su poderío económico, militar y político, no pague sus deudas y nadie se atreve a cobrárselas. El problema financiero de esta primera potencia mundial del capitalismo, convierte a Estados Unidos en un país técnicamente quebrado que recurre al auxilio de otras potencias económicas para sostenerse y a la Reserva Federal para la impresión de 85.000 millones de dólares todos los meses, única fórmula encontrada para salvar su economía que es el núcleo central de la crisis global. La emisión inorgánica de dólares inunda el mercado mundial, fomentando un nuevo ciclo explosivo o burbuja financiera para perjuicio de los trabajadores y los más pobres en Estados Unidos y en el mundo.

El problema presente en el gobierno de Barack Obama se produce al haberse sobrepasado la capacidad de endeudamiento interno a pesar de un déficit fiscal anual de 1,500 millones de dólares y una deuda nacional de 16,700 millones de dólares, de ahí la necesidad de una autorización del Congreso y la paralización de la administración pública mientras tanto. Obama confía en esta autorización y, por supuesto, en que todos los demás países seguirán confiando en las divisas y en las determinaciones del Tesoro de los Estados Unidos. Hablamos aquí de un presupuesto nacional y un endeudamiento interno o deuda pública, sin considerar la cuantiosa deuda externa que ni siquiera se menciona para no asustar a los acreedores, en su mayoría devotos del papel hegemónico de Estados Unidos y de su capacidad para transferir la crisis al sistema globalizado; además, seguidores de las agresiones militares, las invasiones, la dominación política y el sostenimiento de decenas de bases militares. A Estados Unidos no se le cobra la deuda porque las otras potencias industrializadas están de acuerdo en el financiamiento de un terrorismo de estado globalizado, el mismo que les permite la apropiación de los recursos naturales de los llamados países en vías de desarrollo o sea de las “economías emergentes.”

En las actuales circunstancias la crisis económica global no tiene salida, en tanto y en cuanto la consolidación de los capitales especulativos en los mercados financieros nunca podrá constituirse en un sistema económico de desarrollo, crecimiento y bienestar en el mundo. Y esta crisis, inclusive de crecimiento, ya ha sido detectada por el Fondo Monetario Internacional (FMI) que esta semana anunció la reducción en tres décimas, fijando en 2,9% su previsión de crecimiento de la economía mundial para 2013, tal como lo indica el reciente informe Perspectivas de la Economía Mundial. De acuerdo con FMI, las grandes economías industrializadas exhibirán en 2013 un crecimiento del 1,2% anticipado ya en el verano. Y en el año 2014 la tasa de crecimiento podría llegar como máximo al 2%.

En cuanto a las economías emergentes, llamadas de esta manera sarcástica por ser primario exportadoras, ellas crecerán este año un 4,5 %, medio punto menos de lo previsto en julio pasado. El próximo 2014 el crecimiento llegaría a 5,1 %, cuatro décimas menos de lo esperado. En general, el crecimiento de las “economías emergentes y en vías de desarrollo” se mantendrá en un alto nivel del 4,5-5% en 2013-2014, según el informe del FMI. Por sobreentendido está que ese nivel “alto” se alcanzará siempre y cuando los países de la pobreza extrema sigan aceptando a los inversionistas multinacionales que llegan con el afán desmedido de apropiarse de los recursos naturales, y donde la mayor de las veces las inversiones no respetan el cuidado del medio ambiente ni a los habitantes víctimas de la usurpación de sus tierras, valles, ríos y montañas.

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