La selección mexicana de futbol inaugurará el Mundial de Sudáfrica el próximo 11 de junio del 2010 ante el país anfitrión Sudáfrica.
Fue el capitán del capitán de Rugby de la Selección de Sudáfrica, John Smith quien sacó del bombo dos el nombre de México luego de que previamente se habían definido las posiciones de la cabeza de serie.
Posteriormente tras salir el nombre de México, David Beckham eligió la posición que definió que el conjunto de Javier Aguirre debe estrenar el Mundial que se transmitirá en 200 países.
A continuación la lista de los grupos:
Grupo A
Sudáfrica
México
Uruguay
Francia
Grupo B
Argentina
Nigeria
Corea del Sur
Grecia
Grupo C
Inglaterra
Estados Unidos
Argelia
Eslovenia
Grupo D
Alemania
Australia
Ghana
Serbia
Grupo E
Holanda
Japón
Camerún
Dinamarca
Grupo F
Italia
Nueva Zelanda
Paraguay
Eslovaquia
Grupo G
Brasil
Corea del Norte
Costa de Marfil
Portugal
Grupo H
España
Honduras
Chile
Suiza
Una mirada no convencional al modelo económico neoliberal, las fallas del mercado y la geopolítica de la globalización
viernes, 4 de diciembre de 2009
Ha-Joon Chang: "TLC no han generado crecimiento ni bienestar"
El economista coreano Ha-Joon Chang, autor de La patada a la escalera, se encuentra en México para dictar una serie de conferencias. En este artículo publicado hoy en el diario La Jornada, señala que los Tratados de Libre Comercio no han resuelto los problemas principales de la economía dado que no han generado ni crecimiento ni bienestar social.
La Jornada, México.
La decisión política de integrar la economía mexicana con la de Estados Unidos y Canadá en una zona de libre comercio fue fallida en términos de generar crecimiento económico y bienestar social. Ahora mismo, cuando la crisis causó en el país la mayor contracción productiva del continente, se aprecia precisamente una falta de decisión política para buscar alternativas al bajo crecimiento, sostuvo el académico de la Universidad de Cambridge, Ha-Joon Chang, especialista en temas de desarrollo.
Ha-Joon Chang se dedica al estudio de las políticas que llevaron a los países del este de Asia a mantener el crecimiento sostenido, que les ha permitido revertir el subdesarrollo en que vivían hace cuatro décadas. Asesor en temas de desarrollo económico del gobierno de Vietnam (va a participar en el diseño de un plan para la política de crecimiento de la próxima década), del de su propio país, Corea del Sur, y del Partido Comunista Chino, asegura que en México hace falta una discusión, una definición de políticas económicas que reviertan dos décadas de bajo crecimiento.
En el contexto de su visita a México, en la que dará conferencias en la Facultad de Economía de la UNAM, en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal y en la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, dijo en entrevista con La Jornada que el país ha perdido décadas en materia de desarrollo económico, “y si no se pone a pensar seriamente en el tema, si no lo discute, menos podrá generar soluciones
Seguir leyendo en La Jornada
En los últimos 20 años el planteamiento del incremento de la productividad y el desarrollo se ha olvidado. Lo único que ha importado a políticos y teóricos son los derechos de propiedad, hacer dinero, los equilibrios macroeconómicos y todo lo demás dejarlo a los mercados. Pero se ha demostrado que los mercados sólo pueden hacer cambios marginales; que los cambios estructurales importantes siempre requieren intervención pública. Es el caso de la actual crisis de la industria automotriz en Estados Unidos. Al final de cuentas, para que pueda ser competitiva va a haber intervención pública para hacer los cambios importantes que el mercado por sí mismo no puede”, expuso el catedrático de la Universidad de Cambridge, en el Reino Unido.
A lo mucho que ha llegado la teoría económica en estos últimos 20 ó 30 años es a decir que los mercados no resuelven la pobreza, y para ello se se crean políticas asistencialistas como el programa Oportunidades, que simple y sencillamente mantienen a la pobreza tal cual, pero no resuelven el problema, destacó.
Es en este sentido que puntualiza la relevancia de las decisiones políticas. El desarrollo, dice, siempre ha estado relacionado con una determinación del Estado. Por ejemplo, menciona, la producción de automóviles en Japón. Ese país no tiene territorio para todos los autos que produce, pero se decidieron a hacer, y asumieron pérdidas durante décadas, porque sabían que de esa manera obtendrían ganancias del mercado internacional. O en el caso de los teléfonos celulares. Gobierno y empresarios se pusieron de acuerdo y sobrellevaron 17 años de pérdidas antes de que la industria fuera exitosa en el mundo.
El de México es el ejemplo a la negativa: el país se abrió en el Tratado de Libre Comercio de América del Norte pensando que vendrían empresas a invertir y eso generaría desarrollo. Pero tal cosa no ha pasado. Lo que se requiere es una voluntad política para que efectivamente pueda haber desarrollo, y si esas decisiones no se toman, simplemente no habrá crecimiento.
El académico destaca la baja inversión en México en ciencia y tecnología, menos de medio punto del PIB al año, como uno de los lastres al desarrollo, sobre todo cuando naciones con las que compite en los mercados internacionales, como Corea o China invierten 3 y 1.5 por ciento de su PIB, respectivamente.
–¿De qué manera un país golpeado por crisis y con carencias presupuestales como México puede lograr una competencia exitosa con otras naciones?
–No debemos subestimar lo que ha hecho México. Es un país donde se han desarrollado muchas capacidades. El problema es que todo está aislado, no tiene un objetivo estratégico ni una estrategia para efectivamente unir estos esfuerzos y dirigirlos a un objetivo definido de largo plazo.
Se debe entender, plantea, que el motor de la economía debe estar adentro de los países, que la actividad exportadora es un complemento del mercado interno. Y también es necesario aumentar la inversión en infraestructura, en educación, en lo que se llaman activos sociales.
–Hay algunos países de América Latina que precisamente buscan hacer crecer su mercado interno. ¿Qué pasa con México?
–Es muy importante darse cuenta de que, a diferencia de México, en otras naciones de América Latina hace al menos una década se inició un proceso de cambio, en términos de cómo se entiende la política y el desarrollo económico. La mentalidad de los dirigentes de países como Argentina, Uruguay, Brasil, Ecuador ha cambiado y se piensa más en la necesidad de desarrollar motores internos.
Desgraciadamente en México la decisión tomada a principios de los 90 de ingresar al TLCAN alejó al país de América Latina, y por lo tanto de los cambios que se están dando en la región. Pero hay que entender que la clave de los cambios en América Latina es la dinámica política interna en esos países y que en México no se ha dado una dinámica que permita elegir gobiernos con una visión política distinta.
–En México el gobierno, empresarios y algunos partidos políticos piensan que una forma de modernizar la economía es, por ejemplo, flexibilizar leyes laborales y liberalizar más la economía. ¿Usted qué piensa?
–Simplemente veamos la historia económica. Países como Alemania y Suecia tienen más reglamentos en sus mercados laborales y siguen siendo de primer mundo. Comparado con esas dos naciones, el mercado laboral de México es muy libre. Ese no es el problema. Se está equivocando el debate: si un paciente está muy enfermo, como la economía mexicana, presentará diversos malestares, le dolerá la cabeza y una pierna, pero si está malo del corazón el debate no es cómo curar la cabeza o la pierna, sino el corazón.
La Jornada, México.
La decisión política de integrar la economía mexicana con la de Estados Unidos y Canadá en una zona de libre comercio fue fallida en términos de generar crecimiento económico y bienestar social. Ahora mismo, cuando la crisis causó en el país la mayor contracción productiva del continente, se aprecia precisamente una falta de decisión política para buscar alternativas al bajo crecimiento, sostuvo el académico de la Universidad de Cambridge, Ha-Joon Chang, especialista en temas de desarrollo.
Ha-Joon Chang se dedica al estudio de las políticas que llevaron a los países del este de Asia a mantener el crecimiento sostenido, que les ha permitido revertir el subdesarrollo en que vivían hace cuatro décadas. Asesor en temas de desarrollo económico del gobierno de Vietnam (va a participar en el diseño de un plan para la política de crecimiento de la próxima década), del de su propio país, Corea del Sur, y del Partido Comunista Chino, asegura que en México hace falta una discusión, una definición de políticas económicas que reviertan dos décadas de bajo crecimiento.
En el contexto de su visita a México, en la que dará conferencias en la Facultad de Economía de la UNAM, en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal y en la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, dijo en entrevista con La Jornada que el país ha perdido décadas en materia de desarrollo económico, “y si no se pone a pensar seriamente en el tema, si no lo discute, menos podrá generar soluciones
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En los últimos 20 años el planteamiento del incremento de la productividad y el desarrollo se ha olvidado. Lo único que ha importado a políticos y teóricos son los derechos de propiedad, hacer dinero, los equilibrios macroeconómicos y todo lo demás dejarlo a los mercados. Pero se ha demostrado que los mercados sólo pueden hacer cambios marginales; que los cambios estructurales importantes siempre requieren intervención pública. Es el caso de la actual crisis de la industria automotriz en Estados Unidos. Al final de cuentas, para que pueda ser competitiva va a haber intervención pública para hacer los cambios importantes que el mercado por sí mismo no puede”, expuso el catedrático de la Universidad de Cambridge, en el Reino Unido.
A lo mucho que ha llegado la teoría económica en estos últimos 20 ó 30 años es a decir que los mercados no resuelven la pobreza, y para ello se se crean políticas asistencialistas como el programa Oportunidades, que simple y sencillamente mantienen a la pobreza tal cual, pero no resuelven el problema, destacó.
Es en este sentido que puntualiza la relevancia de las decisiones políticas. El desarrollo, dice, siempre ha estado relacionado con una determinación del Estado. Por ejemplo, menciona, la producción de automóviles en Japón. Ese país no tiene territorio para todos los autos que produce, pero se decidieron a hacer, y asumieron pérdidas durante décadas, porque sabían que de esa manera obtendrían ganancias del mercado internacional. O en el caso de los teléfonos celulares. Gobierno y empresarios se pusieron de acuerdo y sobrellevaron 17 años de pérdidas antes de que la industria fuera exitosa en el mundo.
El de México es el ejemplo a la negativa: el país se abrió en el Tratado de Libre Comercio de América del Norte pensando que vendrían empresas a invertir y eso generaría desarrollo. Pero tal cosa no ha pasado. Lo que se requiere es una voluntad política para que efectivamente pueda haber desarrollo, y si esas decisiones no se toman, simplemente no habrá crecimiento.
El académico destaca la baja inversión en México en ciencia y tecnología, menos de medio punto del PIB al año, como uno de los lastres al desarrollo, sobre todo cuando naciones con las que compite en los mercados internacionales, como Corea o China invierten 3 y 1.5 por ciento de su PIB, respectivamente.
–¿De qué manera un país golpeado por crisis y con carencias presupuestales como México puede lograr una competencia exitosa con otras naciones?
–No debemos subestimar lo que ha hecho México. Es un país donde se han desarrollado muchas capacidades. El problema es que todo está aislado, no tiene un objetivo estratégico ni una estrategia para efectivamente unir estos esfuerzos y dirigirlos a un objetivo definido de largo plazo.
Se debe entender, plantea, que el motor de la economía debe estar adentro de los países, que la actividad exportadora es un complemento del mercado interno. Y también es necesario aumentar la inversión en infraestructura, en educación, en lo que se llaman activos sociales.
–Hay algunos países de América Latina que precisamente buscan hacer crecer su mercado interno. ¿Qué pasa con México?
–Es muy importante darse cuenta de que, a diferencia de México, en otras naciones de América Latina hace al menos una década se inició un proceso de cambio, en términos de cómo se entiende la política y el desarrollo económico. La mentalidad de los dirigentes de países como Argentina, Uruguay, Brasil, Ecuador ha cambiado y se piensa más en la necesidad de desarrollar motores internos.
Desgraciadamente en México la decisión tomada a principios de los 90 de ingresar al TLCAN alejó al país de América Latina, y por lo tanto de los cambios que se están dando en la región. Pero hay que entender que la clave de los cambios en América Latina es la dinámica política interna en esos países y que en México no se ha dado una dinámica que permita elegir gobiernos con una visión política distinta.
–En México el gobierno, empresarios y algunos partidos políticos piensan que una forma de modernizar la economía es, por ejemplo, flexibilizar leyes laborales y liberalizar más la economía. ¿Usted qué piensa?
–Simplemente veamos la historia económica. Países como Alemania y Suecia tienen más reglamentos en sus mercados laborales y siguen siendo de primer mundo. Comparado con esas dos naciones, el mercado laboral de México es muy libre. Ese no es el problema. Se está equivocando el debate: si un paciente está muy enfermo, como la economía mexicana, presentará diversos malestares, le dolerá la cabeza y una pierna, pero si está malo del corazón el debate no es cómo curar la cabeza o la pierna, sino el corazón.
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12:17 p.m.
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IPC de noviembre registró caída de -0,5%

Una nueva caída mensual experimentaron los precios en noviembre, dando cuenta de la tendencia deflacionaria global que vive la economía. Según el Instituto Nacional de Estadísticas (INE), el IPC del undécimo mes del año fue de -0,5%, lo que implica la séptima caída en el año. Cabe recordar que en octubre la inflación no mostró variaciones y en septiembre subió 1% (ver gráfica).
Con este resultado, la inflación acumula una caída de 1,1% en lo que va del año y -2,3% en doce meses, continuando la tendencia decreciente iniciada en noviembre del año pasado. La cifra fue inferior a la media de las proyecciones que incluso anticipaban una variación positiva. Este hecho demuestra las nefastas políticas del Banco Central desde fines de 2007 cuando elevó la tasa de interés en 350 puntos.
Según el INE, la variación de noviembre se explica por la baja registrada en las divisiones Alojamiento, Agua, Electricidad, Gas y Otros Combustibles (-1,7%) y Prendas de Vestir y Calzado (-2,8%). En particular, la división electricidad anotó una fuerte caída de 10,3%.
Acceso al Informe del INE
Ven en este blog: Banco Central, Inflación
“Hay que crear demanda para reactivar”
Entrevista al economista Anwar Shaikh, por Tomás Lukin. Página 12
Anwar Shaikh es uno de los economistas marxistas más reconocidos del mundo. El profesor de la New School for Social Research de Nueva York, señala que "Los mercados son dinámicamente bastante eficientes. Pero es necesario comprender que las crisis son uno de los mecanismos de su eficiencia", apunta al criticar la visión ortodoxa que predomina en las universidades de todo el mundo, la política y los medios. En esta entrevista, remarca que la crisis no finalizó y advierte la posibilidad de que exista el estallido de una nueva burbuja.
–¿Terminó la crisis?
–No lo creo. Las medidas adoptadas para evitar el colapso del sector financiero son sólo acciones de mantenimiento. En última instancia el sector financiero depende del real, y en éste hay mucho exceso de capacidad, el desempleo está en ascenso, la demanda se desploma y se retraen las exportaciones e importaciones reflejando una contracción a escala global. No veo ninguna razón para decir que la economía se recuperó. De hecho creo que la crisis volverá a golpear. Esta hipótesis la sostienen desde distintos espectros ideológicos. Hay que crear demanda, el problema es encontrar una fuente.
–¿Qué alternativas considera?
–Una posibilidad es que el Estado cree puestos de trabajo directamente. Hasta ahora inyectó grandes sumas de dinero en el sector financiero para que impulse la actividad privada. Pero los bancos no prestan porque las empresas no tienen demanda. Entonces se les dio dinero directamente a las compañías. Pero los subsidios para las automotrices tampoco llegan hasta abajo. Al no haber demanda no emplean más gente. La gente que está diseñando estas medidas es la misma que nos condujo a la crisis.
–¿Por qué si la creación de puestos de trabajo fue un tema central durante la campaña de Obama y estuvo presente en las discusiones del G-20 no se ha podido avanzar?
–Para que el Estado cree activamente nuevos puestos de trabajo se necesita un cambio político que no veo posible. Los gobiernos que están en el poder ahora son esencialmente conservadores. Son campeones mundiales del libre mercado sin visión para atacar la principal preocupación económica que es el desempleo. Políticamente el empleo está al fondo de la lista, antes están el capital financiero y el industrial. Si se puede debilitar al trabajador es mejor para los otros dos. Excepto por el pequeño problema de que no hay demanda. Además el FMI, el BM y la OMC siguen teniendo poder para castigar a los países que no siguen sus modelos, aunque éstos estén claramente errados. Se siguen comportando igual, dicen algo y hacen lo opuesto. Están pegados a un modelo económico muy conservador que se basa en una teoría totalmente fallida. Lo que hacen va a generar más problemas.
–Durante la Gran Depresión el gobierno de Estados Unidos impulsó planes de empleo como el que usted propone.
–En la década del ’30, Roosevelt tuvo un poder muy grande que le permitió avanzar inclusive contra los deseos de los sectores económicos capitalistas más poderosos. De hecho, en 1937 estos capitalistas le dijeron a Roosevelt que el gasto que estaba realizando debía parar porque estaba creando un fuerte déficit. Pero la verdadera razón era asegurarse de que los trabajadores fueran más “explotables”. Ese año el gobierno detuvo el gasto. Inmediatamente se detuvo el crecimiento y se disparó el desempleo. Esa situación se revirtió a partir de la guerra cuando volvió a crecer el gasto. Ahí los capitalistas no decían que no se vaya a la guerra, que no se gaste, al contrario, querían ir a fondo. El déficit ya no era un asunto para preocuparse. Ya no se trataba de mantener el empleo sino de expandir sus mercados.
–¿Y ahora?
–Ahora no hay ninguna guerra que pueda hacer esto.
–Estados Unidos está involucrado activamente en dos guerras.
–Que no tienen impacto en el empleo y son muy impopulares. A diferencia de la Segunda Guerra Mundial, la propaganda no ha sido exitosa. El impacto inmediato de las medidas que están lanzando profundizan la crisis hasta que los sobrevivientes aparezcan. Estamos frente a un proceso de concentración y centralización a nivel internacional que no se desacelera. Muchos bancos pequeños se están cayendo, los están dejando caer. Sólo los grandes sobreviven, e inclusive algunos cayeron.
–¿El segundo impacto sobre quiénes recaerá? ¿Los mismos bancos que tambalearon el año pasado?
–Tranquilamente puede venir desde los activos tóxicos. Estados Unidos, Japón y muchos países en Europa todavía tienen problemas. La crisis reveló que sus activos son ficticios. Pero siguen siéndolo, sólo que ahora los compró o rescató el gobierno. Esos activos estaban basados sobre proyecciones de ganancias que no existen. La pregunta es: qué pasaría si esos bancos le pusieran el valor de mercado de esos activos. Tendrían una crisis inmensa. Se convierten en “bancos zombie”, son muertos que caminan.
–¿Cómo impacta este proceso sobre la distribución del ingreso en las economías centrales?
–La desigualdad creció significativamente. Estados Unidos está más cerca de India y China que de Suecia o Dinamarca. A partir de Reagan la desigualdad comenzó a crecer dramáticamente. A medida que caían los salarios, el consumo privado se mantuvo con el crédito. Se incrementó el endeudamiento gracias a la baja en las tasas. Caía el costo del financiamiento y la duración del vencimiento del préstamo era más larga. Pero eventualmente, esto se volvió insostenible. Es como una persona teniendo un ataque cardíaco, se puede ver que viene pero no sabés cuándo. Ahora dicen que se necesita que la gente gaste más. Pero cómo van a hacerlo si están altamente endeudados. Si mañana se condonan las deudas como se hizo con los bancos, el consumo va a recuperarse.
–¿Por qué la crisis impactó más en las economías centrales que en las periféricas?
–Eso es interesante porque también sucedió durante la Gran Depresión en los ‘30. En este caso algunos países han logrado desvincularse del libre mercado. Esto lo digo en el sentido de que toman decisiones de política para prevenir el colapso financiero. Entender que el sistema opera mediante auges y crisis. No todos lo logran. Canadá sí, Argentina y Brasil también. Están haciendo más para protegerse, tranquilamente podrían haber hecho lo mismo que antes, lo mismo que los condujo a sus crisis.
–¿Por qué es tan difícil ir contra las recetas neoliberales?
–Las universidades tienen gran parte de la culpa. Formaron cuatro generaciones de economistas, empresarios, políticos y periodistas bajo la noción de que el mercado es algo que no se debe intervenir y que encontrará su camino hacia un resultado ideal. Esto es completamente errado. Las universidades tienen que cambiar, va a suceder pero va a demorar. Esa ideología no es sostenible. La vida académica cambia muy lentamente y se neutraliza fácilmente. Pero estoy convencido de que se verán cambios que vendrán por fuera de la academia, desde el sur.
–¿El dólar puede perder su rol dominante?
–No creo que esto suceda. Pero eso no significa que no pueda producirse una corrida sobre el dólar. Lo que sí podemos decir es que el euro tendrá un papel más importante como reserva de valor. Los europeos pueden no desearlo por el impacto que genera en sus balances comerciales, sin embargo también existen beneficios. El yuan no se puede convertir en reserva de valor, más allá de algunas declaraciones, ellos tampoco quieren eso. Le falta mucho para llegar a eso. Hay otros fenómenos culturales, políticos e históricos que inciden en este punto.
_______________________________
*Anwar Shaikh actualmente es profesor de Economía del Departamento de Economía de Graduate Faculty of Political and Social Science de The New School for Social Research of New York de la New School University.
Fuente: Página 12
Anwar Shaikh es uno de los economistas marxistas más reconocidos del mundo. El profesor de la New School for Social Research de Nueva York, señala que "Los mercados son dinámicamente bastante eficientes. Pero es necesario comprender que las crisis son uno de los mecanismos de su eficiencia", apunta al criticar la visión ortodoxa que predomina en las universidades de todo el mundo, la política y los medios. En esta entrevista, remarca que la crisis no finalizó y advierte la posibilidad de que exista el estallido de una nueva burbuja.
–¿Terminó la crisis?
–No lo creo. Las medidas adoptadas para evitar el colapso del sector financiero son sólo acciones de mantenimiento. En última instancia el sector financiero depende del real, y en éste hay mucho exceso de capacidad, el desempleo está en ascenso, la demanda se desploma y se retraen las exportaciones e importaciones reflejando una contracción a escala global. No veo ninguna razón para decir que la economía se recuperó. De hecho creo que la crisis volverá a golpear. Esta hipótesis la sostienen desde distintos espectros ideológicos. Hay que crear demanda, el problema es encontrar una fuente.
–¿Qué alternativas considera?
–Una posibilidad es que el Estado cree puestos de trabajo directamente. Hasta ahora inyectó grandes sumas de dinero en el sector financiero para que impulse la actividad privada. Pero los bancos no prestan porque las empresas no tienen demanda. Entonces se les dio dinero directamente a las compañías. Pero los subsidios para las automotrices tampoco llegan hasta abajo. Al no haber demanda no emplean más gente. La gente que está diseñando estas medidas es la misma que nos condujo a la crisis.
–¿Por qué si la creación de puestos de trabajo fue un tema central durante la campaña de Obama y estuvo presente en las discusiones del G-20 no se ha podido avanzar?
–Para que el Estado cree activamente nuevos puestos de trabajo se necesita un cambio político que no veo posible. Los gobiernos que están en el poder ahora son esencialmente conservadores. Son campeones mundiales del libre mercado sin visión para atacar la principal preocupación económica que es el desempleo. Políticamente el empleo está al fondo de la lista, antes están el capital financiero y el industrial. Si se puede debilitar al trabajador es mejor para los otros dos. Excepto por el pequeño problema de que no hay demanda. Además el FMI, el BM y la OMC siguen teniendo poder para castigar a los países que no siguen sus modelos, aunque éstos estén claramente errados. Se siguen comportando igual, dicen algo y hacen lo opuesto. Están pegados a un modelo económico muy conservador que se basa en una teoría totalmente fallida. Lo que hacen va a generar más problemas.
–Durante la Gran Depresión el gobierno de Estados Unidos impulsó planes de empleo como el que usted propone.
–En la década del ’30, Roosevelt tuvo un poder muy grande que le permitió avanzar inclusive contra los deseos de los sectores económicos capitalistas más poderosos. De hecho, en 1937 estos capitalistas le dijeron a Roosevelt que el gasto que estaba realizando debía parar porque estaba creando un fuerte déficit. Pero la verdadera razón era asegurarse de que los trabajadores fueran más “explotables”. Ese año el gobierno detuvo el gasto. Inmediatamente se detuvo el crecimiento y se disparó el desempleo. Esa situación se revirtió a partir de la guerra cuando volvió a crecer el gasto. Ahí los capitalistas no decían que no se vaya a la guerra, que no se gaste, al contrario, querían ir a fondo. El déficit ya no era un asunto para preocuparse. Ya no se trataba de mantener el empleo sino de expandir sus mercados.
–¿Y ahora?
–Ahora no hay ninguna guerra que pueda hacer esto.
–Estados Unidos está involucrado activamente en dos guerras.
–Que no tienen impacto en el empleo y son muy impopulares. A diferencia de la Segunda Guerra Mundial, la propaganda no ha sido exitosa. El impacto inmediato de las medidas que están lanzando profundizan la crisis hasta que los sobrevivientes aparezcan. Estamos frente a un proceso de concentración y centralización a nivel internacional que no se desacelera. Muchos bancos pequeños se están cayendo, los están dejando caer. Sólo los grandes sobreviven, e inclusive algunos cayeron.
–¿El segundo impacto sobre quiénes recaerá? ¿Los mismos bancos que tambalearon el año pasado?
–Tranquilamente puede venir desde los activos tóxicos. Estados Unidos, Japón y muchos países en Europa todavía tienen problemas. La crisis reveló que sus activos son ficticios. Pero siguen siéndolo, sólo que ahora los compró o rescató el gobierno. Esos activos estaban basados sobre proyecciones de ganancias que no existen. La pregunta es: qué pasaría si esos bancos le pusieran el valor de mercado de esos activos. Tendrían una crisis inmensa. Se convierten en “bancos zombie”, son muertos que caminan.
–¿Cómo impacta este proceso sobre la distribución del ingreso en las economías centrales?
–La desigualdad creció significativamente. Estados Unidos está más cerca de India y China que de Suecia o Dinamarca. A partir de Reagan la desigualdad comenzó a crecer dramáticamente. A medida que caían los salarios, el consumo privado se mantuvo con el crédito. Se incrementó el endeudamiento gracias a la baja en las tasas. Caía el costo del financiamiento y la duración del vencimiento del préstamo era más larga. Pero eventualmente, esto se volvió insostenible. Es como una persona teniendo un ataque cardíaco, se puede ver que viene pero no sabés cuándo. Ahora dicen que se necesita que la gente gaste más. Pero cómo van a hacerlo si están altamente endeudados. Si mañana se condonan las deudas como se hizo con los bancos, el consumo va a recuperarse.
–¿Por qué la crisis impactó más en las economías centrales que en las periféricas?
–Eso es interesante porque también sucedió durante la Gran Depresión en los ‘30. En este caso algunos países han logrado desvincularse del libre mercado. Esto lo digo en el sentido de que toman decisiones de política para prevenir el colapso financiero. Entender que el sistema opera mediante auges y crisis. No todos lo logran. Canadá sí, Argentina y Brasil también. Están haciendo más para protegerse, tranquilamente podrían haber hecho lo mismo que antes, lo mismo que los condujo a sus crisis.
–¿Por qué es tan difícil ir contra las recetas neoliberales?
–Las universidades tienen gran parte de la culpa. Formaron cuatro generaciones de economistas, empresarios, políticos y periodistas bajo la noción de que el mercado es algo que no se debe intervenir y que encontrará su camino hacia un resultado ideal. Esto es completamente errado. Las universidades tienen que cambiar, va a suceder pero va a demorar. Esa ideología no es sostenible. La vida académica cambia muy lentamente y se neutraliza fácilmente. Pero estoy convencido de que se verán cambios que vendrán por fuera de la academia, desde el sur.
–¿El dólar puede perder su rol dominante?
–No creo que esto suceda. Pero eso no significa que no pueda producirse una corrida sobre el dólar. Lo que sí podemos decir es que el euro tendrá un papel más importante como reserva de valor. Los europeos pueden no desearlo por el impacto que genera en sus balances comerciales, sin embargo también existen beneficios. El yuan no se puede convertir en reserva de valor, más allá de algunas declaraciones, ellos tampoco quieren eso. Le falta mucho para llegar a eso. Hay otros fenómenos culturales, políticos e históricos que inciden en este punto.
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*Anwar Shaikh actualmente es profesor de Economía del Departamento de Economía de Graduate Faculty of Political and Social Science de The New School for Social Research of New York de la New School University.
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Robots atacan Uruguay
El director uruguayo Federico Alvarez subió a internet su talentoso cortometraje "Ataque de Pánico" realizado sólo con ¡150 mil pesos! (US$ 500). Este corto de ciencia ficción dura menos de 5 minutos y mezcla con acierto la actuación y la animación 3D. La breve historia de unos robots que atacan Montevideo, ha sido noticia incluso en Hollywood. Sam Raimi, director de "El Hombre Araña" ha contratado a Fede Alvarez para que realice su primera película por ¡40 millones de dólares! Lo de Fede, es un logro para aplaudir.
jueves, 3 de diciembre de 2009
La falsa ilusión de competencia en la acción política
Esta es la primera parte del documental The Fall of the Republic, que muestra el duopolio de la política y la total vulneración de los intereses ciudadanos: "Hay un maestro de ceremonias que controla la izquierda, y ese mismo maestro de ceremonias controla la derecha", dice el economista George Humphrey sobre el indeterminismo de la política, que Barack Obama ejemplifica muy bien. Obama ha sido un fiel continuador de las políticas de su predecesor, George Bush, y las últimas medidas sobre la guerra de Afganistan así lo demuestran.
Y no se trata de una dicotomía entre izquierda y derecha. Como señala Robert Bowman: "los gobiernos están para servir al pueblo y ese debe ser su principal mandato". Sin embargo, la política se ha hecho corporativa y tal como en las empresas lo que hay son duopolios que proyectan una ilusión de competencia que no existe. Izquierda-Derecha es lo mismo que Coca Cola vs. Pepsi, o McDonalds vs. Burger King.
Esta falsa ilusión de competencia en la política y su engaño constante a la masas, es lo que está provocando una ampliación cada vez mayor de la brecha entre ricos y pobres, situación que nos instala en las puertas de un colapso social tarde o temprano.
The Fall of the Republic es un documento creado por Alex Jones que alerta sobre esta pérdida de principios y cómo la identidad social ha sido suplantada por la identidad de las corporaciones. Dado que las corporaciones financian las elecciones y luego a los gobiernos, el ciudadano de a pie está en tierra de nadie, abandonado a su suerte, despojado del bienestar y de su auténtica aspiración a una calidad de vida más digna.
Puede seguir viendo The Fall of the Republic, aquí
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6:55 p.m.
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Costos de la guerra en Afganistán impide crear más empleo en Estados Unidos

El anuncio del presidente Obama de que enviará 30.000 soldados más a Afganistán ha despertado una serie de críticas. Muchos señalan que lo más urgente es generar fuentes de trabajo al interior de los Estados Unidos y destacan que los costos de esta guerra (US$ 30.000 millones anuales), son demasiado altos para un país que tiene su déficit presupuestario en niveles récord.
Mientras los más críticos se preguntan si se justifica que el país financie una guerra ya perdida, a los demócratas más progresistas les preocupa que el gasto de la guerra limite su agenda doméstica. Obama ha tratado de asegurarle a su partido que no escatimará recursos para los desafíos internos: "La nación que estoy más interesado en construir es la nuestra", dijo el mandatario estadounidense. Sin embargo la realidad es claramente otra. Obama una vez más sorprende con este tipo de medidas y con la continuación de una guerra con Afganistán que oculta oscuros intereses.
La preocupación más apremiante de Obama debe ser recuperar la actividad económica y lograr que baje la tasa de desempleo del 10,2% actual, que es lo que definirá su presidencia. El del empleo ha pasado a ser el tema político más relevante en estos momentos no sòlo en Estados Unidos, sino también en varios países de la Uniòn Europea (España, Grecia, Letonia) y sólo el control de esta variable puede definir la prolongación o rechazo de los actuales gobiernos.
Para Estados Unidos, la situación es claramente mucho peor de lo que el presidente esperaba cuando asumió el cargo en enero pasado. La nueva administración estimaba que la tasa de desempleo alcanzaría su techo en 8%, y oficialmente se encuentra en el 10,2%%, aunque la tasa real es del 17,5%. Mayor razón para recortar todos los gastos que tengan por objetivo la destrucción.
Además que el margen de maniobra fiscal del gobierno es cada vez más limitado. Estados Unidos tiene un déficit de presupuesto récord y la Casa Blanca reconoció que deberá recortar el gasto o aumentar la recaudación triobutaria para que el déficit caiga a un más manejable 3% del PIB en el mediano plazo.
En este contexto, cualquier gasto adicional, como la decisión de enviar otros 30.000 soldados a Afganistán a un costo anual de alrededor de US$ 30.000 millones, resulta problemático. Más aún cuando una encuesta de Gallup arrojó que sólo el 35% aprueba la gestión de Afganistán, mientras el 55% la rechaza.
Imagen | Allan McDonald
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