Así que la eurocrisis vuelve a ser un riesgo. Y, en esta ocasión, se centra en España, lo que en cierta forma es bueno, porque ahora se exhibe plenamente la locura esencial del diagnóstico ortodoxo de la crisis de inspiración alemana.
Porque esto verdaderamente no tiene nada que ver con irresponsabilidad fiscal (sólo como recordatorio: en vísperas de la crisis España parecía un dechado fiscal). Lo que le pasó a España fue que estalló una burbuja inmobiliaria -alimentada, en grado importante, por los préstamos de los bancos alemanes-, arrastrando con ella a la economía. Ahora, el país tiene una tasa de desempleo del 24,4 por ciento (entre los jóvenes asciende al 52 por ciento).
La política de respuesta supuestamente debe ser aún más austeridad, con el Banco Central Europeo, desde luego, obsesionado con la inflación. Y las autoridades afirmando que el increíblemente ridículo incremento de la tasa del año pasado de hecho fue algo digno de enorgullecerse. Estoy empezando a pensar que nos estamos encaminando a un resquebrajamiento de todo el sistema.

