Desde los orígenes cibernéticos del materialismo gótico hasta el comunismo ácido de Mark Fisher: pensar más allá del vitalismo oscuro del capitalismo para reavivar el deseo colectivo.
Matteo Moca, Il Tascabile
Para muchos, el pensamiento de Mark Fisher ha sido un antídoto contra la desesperación. En su famoso blog, k-punk —definido por Simon Reynolds como «una especie de canal de negociación entre la cultura popular y la teoría» y descrito por el propio Fisher como «mi manera de concebir la teoría, principalmente a través de la cultura popular»— era fácil encontrar reflexiones que representaban, y en cierto modo aún lo hacen en sus libros, un punto de apoyo ante el colapso no solo de las ideas contemporáneas, sino del universo entero que las produjo. En una era en la que las guerras se globalizan cada vez más, la pobreza se extiende y las perspectivas generales parecen sombrías, encontrar una voz como la de Mark Fisher, capaz no tanto de ofrecer una solución como de abordar el problema con valentía e inteligencia, representa una oportunidad única para imaginar un mundo diferente.
Si Margaret Thatcher afirmaba que no había alternativas para el futuro, la obra de Mark Fisher, quien sin duda debe mucho, a pesar de sí mismo, a las políticas de la primera ministra británica, presenta la cristalización de un pensamiento que se mueve en distintas coordenadas y abarca diversos campos del conocimiento y el arte. En muchas de sus obras, Fisher escribe sobre una profunda melancolía hacia un futuro imaginado y perdido, refiriéndose no tanto a algo que existió y ya no existe, sino más bien a una realidad potencial que, sin embargo, no ha tenido oportunidad de materializarse. Un ejemplo de ello son los escritos que componen Ghosts of My Life (2014), en los que los análisis de los autores y las obras que han refinado su mirada ofrecen, con sutileza, un discurso fundamental sobre la relación entre pasado, presente y futuro.
