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domingo, 2 de agosto de 2026

El amargo final de la metafísica occidental: Heidegger sobre Nietzsche, tercera parte

Nietzsche, ciego ante el claro

Colin Cleary, Counter Currents

1. El nihilismo y la muerte de Dios

La entrega anterior ofreció al lector un esbozo de la interpretación que Heidegger hace de Nietzsche. Ahora es el momento de profundizar. Heidegger sostiene que existen «tres ejes» en la filosofía de Nietzsche: el eterno retorno, la voluntad de poder y la revalorización de todos los valores.1 Nuestro análisis se centrará en estos ejes, pero también abarcará otros aspectos importantes para comprender a Nietzsche. En última instancia, Heidegger demostrará que todos los diferentes «ejes» o aspectos de la filosofía de Nietzsche están interrelacionados, y que un análisis exhaustivo de cualquiera de ellos conduce necesariamente a los demás.

El objetivo de esta serie de artículos no es resumir a Nietzsche como un fin en sí mismo, ni tampoco simplemente resumir la interpretación que Heidegger hace de él. Heidegger sostiene que la metafísica occidental culmina con Nietzsche, quien sienta las bases para el resultado último de la tradición metafísica: la falta de sentido y la inhumanidad de la civilización tecnológica moderna. Por lo tanto, el propósito de esta serie es comprendernos a nosotros mismos y al mundo moderno.

Comenzaremos con dos de los elementos más famosos de la filosofía de Nietzsche: el nihilismo y la «muerte de Dios». Para Nietzsche, estos conceptos están estrechamente relacionados. Él cree que su filosofía supera el nihilismo, pero, como veremos, Heidegger argumenta que la metafísica misma es nihilista y que Nietzsche introduce una forma aún más virulenta de nihilismo. Nietzsche declara que «Dios ha muerto» primero en La gaya ciencia (1882) y luego nuevamente en Así habló Zaratustra (1883-1885). Sería un error tomar esta afirmación literalmente o interpretarla como una simple declaración de ateísmo.

La siguiente afirmación indica con bastante claridad lo que Heidegger habría pensado del “nuevo ateísmo” actual:
Nietzsche debe ser liberado de la dudosa compañía de esos ateos altivos que niegan a Dios cuando no lo encuentran en su matraz de laboratorio, aquellos que reemplazaron al Dios renunciado con su “Dios” del “Progreso”. No nos atrevemos a confundir a Nietzsche con esos “sin Dios” que en realidad ni siquiera pueden serlo, porque nunca se han esforzado por encontrar a un dios, ni podrán hacerlo jamás.2

domingo, 26 de julio de 2026

El amargo final de la metafísica occidental: Heidegger sobre Nietzsche, segunda parte


Collin Cleary, Counter-Currents

1. La metafísica de la presencia

En la entrega anterior, presentamos la afirmación de Heidegger de que la metafísica occidental llega a su fin con Nietzsche. Para Heidegger, la metafísica es la expresión de un antropocentrismo que culmina en la falta de sentido y la inhumanidad de la civilización tecnológica moderna. Con Nietzsche, la metafísica cierra el círculo y «invierte» el platonismo. Nietzsche prepara el terreno para el resultado definitivo de la metafísica, que en realidad no es una obra filosófica, sino la propia civilización tecnológica moderna.

También presentamos la afirmación de Heidegger de que la historia de la metafísica es la historia del «olvido del ser». Sin embargo, lo que Heidegger quiere decir con esto es el olvido del «claro» (Lichtung). El claro es lo que «da» el ser. Para que el ser de un objeto se haga presente, debe existir una especie de apertura previa, dentro de la cual el ser de algo se da a conocer. El claro es un «espacio» metafórico. Además del espacio físico y medible en el que experimento que habito, es como si también habitara un «espacio» de ser o de significado.

Pero, ¿cómo llegó a olvidarse el claro? ¿Y cómo puede este olvido explicar el declive de nuestra civilización? Ya he abordado estas cuestiones en varios ensayos, pero en el presente debemos volver a ellas. Debemos analizar cómo y por qué la metafísica olvida este claro y cómo este proceso llega a su conclusión con Nietzsche.

En primer lugar, hay que señalar que el claro es, en realidad, bastante fácil de olvidar, ya que Heidegger sostiene que está «intrínsecamente oculto». Para que las cosas se nos presenten en su ser, el claro debe estar ausente. Heidegger entiende el claro como algo que «se retira» para que los seres puedan manifestarse ante nosotros dentro de él. Como comentamos en el ensayo anterior, el claro no es un ser en sí mismo, sino aquello dentro de lo cual los seres se muestran en su ser.

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