martes, 18 de agosto de 2026

Zelensky tiene un problema


Nahia Sanzo, Slavyangrad

Zelensky tiene un problema, proclama esta semana Politico, “nadie quiere el trabajo más duro en Washington”. El presidente ucraniano, continúa el medio, “está teniendo dificultades para encontrar a alguien de suficiente influencia para representar a Kiev en la administración Trump y algunos candidatos potenciales están mostrándose reacios a aceptar el difícil encargo en un momento crítico de la guerra”. “Actuar de enlace entre Trump y Zelenski es el camino más directo hacia el manicomio que uno pueda imaginar”, comentaba en las redes sociales el periodista opositor ruso Leonid Ragozin en referencia al texto de Politico, que se publica en un momento en el que Zelensky ha anunciado a sus embajadores de todo el mundo que su principal misión es lograr más apoyo para Ucrania.

“Armas para Ucrania, ya”, promulgó Zelensky en un discurso frente al grueso del cuerpo diplomático ucraniano hace unas semanas, cuando precisó que “la calidad del trabajo de una embajada debe medirse por la cantidad de armas que recibe Ucrania, la financiación que se destina a apoyar a Ucrania y las decisiones políticas y medidas concretas que ejercen presión sobre Rusia. Ese es el marco claro”. En ese contexto en el que el trabajo diplomático se limita a conseguir más armas para la guerra, cada “embajador ucraniano debe saber cuántos misiles de defensa aérea hay disponibles en el país en el que presta servicio y cómo garantizar que esos misiles no se queden almacenados en algún lugar, sino que se carguen en nuestros lanzadores aquí, en Ucrania. Misiles para los sistemas Patriot, NASAMS, IRIS-T, SAMP/T y Hawk; armamento para nuestros aviones de combate; todo lo que necesitan nuestros drones: esa es vuestra labor diaria y la nuestra”.

Por si no había quedado suficientemente claro, Zelensky sentenció que “cada embajador debe traer armas a Ucrania”. Las palabras de Zelensky llevan implícita la obligación moral de todos los países con los que Ucrania tiene relaciones diplomáticas de apoyar militarmente a Kiev en su guerra contra Rusia, algo que depende directamente de la labor de los embajadores. En esta visión del mundo, apoyo implica siempre asistencia militar y diplomacia equivale a ejercer de mediador en el suministro de esas armas. En esa tarea, algunos diplomáticos “pueden actuar de forma más pública, mientras que otros quizá lo hagan con mayor discreción. Depende del país en el que presten servicio y de la tarea específica. Algunos pueden trabajar a través de canales oficiales, mientras que en otros lugares solo son eficaces los canales informales. En algunos casos, el apoyo de la sociedad civil y de los medios de comunicación es indispensable; en otros, las acciones públicas innecesarias solo suponen un obstáculo. Pero deben traer armas y ayudar a todos los que lo hagan”, continuó Zelensky, para quien las delegaciones diplomáticas son solo la punta de lanza de un esfuerzo común en el que han de presionar a todos los países también otros sectores sociales, incluida la prensa.

Esta misma semana, un editorial de Financial Times, uno de los medios con acceso más directo al Gobierno ucraniano, presentaba una visión de la guerra en la que olvidaba los impactos diarios que sufre Ucrania en su industria, infraestructuras, cadenas de suministros y puntos logísticos, para presentar únicamente los éxitos ucranianos, exactamente el discurso mediático que Kiev desea escuchar. Como en la narrativa ucraniana, Financial Times mezcla el triunfalismo de la victoria y el temor a la derrota para exigir lo mismo que busca Kiev. Recordando que Rusia ha aumentado significativamente sus capacidades de producción de misiles, el medio insiste en que “este debería ser el momento para que Ucrania aproveche su ventaja, con la ayuda de sus aliados occidentales, y lleve a Putin a la mesa de negociaciones. Sin embargo, las últimas semanas han puesto de manifiesto la propia vulnerabilidad de Ucrania ante los ataques balísticos rusos, debido en parte a que sus aliados no han hecho lo suficiente para ayudarla en materia de defensa aérea”. La receta que plantea Financial Times es sencilla: que países como España y Grecia, que cuentan con “reservas sustanciales” de misiles para los sistemas Patriot, “donen más de ellos a Ucrania”; que Francia o Italia “aceleren las entregas de sus SAMP/T NG” y que Estados Unidos otorgue a Kiev licencia para producir los ansiados PAC-3 para los sistemas antiaéreos.

Estados Unidos, con un arsenal muy superior incluso a pesar del descenso que ha supuesto la guerra contra Irán, es el país clave, algo que comprende a la perfección Volodymyr Zelensky, que trató de convencer a Yulia Sviridenko de aceptar el puesto de embajadora en Washington durante la última crisis de Gobierno. Sviridenko fue cesada como primera ministra en la fase final de la eliminación de aquellos oficiales cercanos a Ermak, algo utilizado por Zelensky para intentar presentar los cambios como algo general y no solo dirigido a cesar al ministro de Defensa Mijailo Fedorov. Pocos días después de que se anunciara su cese como embajadora de Ucrania en Estados Unidos, puesto en el que no había logrado ningún gran éxito, Olha Stefanshina regresó a Ucrania para enfrentarse a varias acusaciones de corrupción que probablemente fueran un factor clave en su despido. El rechazo de Sviridenko a asumir al puesto dejó al presidente ucraniano sin un nombre claro que proponer como sucesor. La exprimera ministra partía con ventaja al haber sabido navegar las aguas del trumpismo con la negociación del acuerdo de minerales. Esa experiencia hacía pensar a Zelensky que Sviridenko era la mejor interlocutora con la que contar en Washington para la dura tarea de ejercer de lobby ucraniano en busca de unas cantidades de munición para la defensa aérea que simplemente no existen. Aun así, Zelensky sigue buscándolas y para ello necesita en Washington una embajada liderada por “una persona del nivel de un viceprimer ministro, un ministro o un primer ministro”.

“«Plantearlo como si nadie quisiera el puesto sería una simplificación excesiva», afirmó un exdiplomático ucraniano al que se le ha concedido el anonimato para que pueda hablar con libertad. «Por supuesto que hay gente que quiere el puesto, pero no hay nadie que esté realmente a la altura. A Zelensky le está costando mucho cubrir el puesto»”, escribe Politico en un artículo en el que todas las fuentes son cercanas al partido de Poroshenko, cuya labor es presentar a Zelensky como un líder autoritario incapaz de gestionar el país y tan paranoico que solo puede encontrar oficiales dentro de su propio círculo, algo que no solo define a Zelensky, sino también a Poroshenko.

En el peor momento posible, cuando la relación con Estados Unidos es más importante que nunca, Zelensky ha actuado de forma brusca y ha alienando a parte del establishment político y a sectores vinculados a Occidente cuya capacidad de incidir en la política nacional y en las relaciones internacionales es más que relevante. El cese fulminante de Fedorov, claro representante de esos sectores y el resto de cambios realizados por Zelensky en ese momento han abierto una brecha interna que ahora implica una pérdida de confianza en el presidente, un empeoramiento en las encuestas y ciertas reticencias a aceptar puestos aparentemente relevantes por parte de personas que, en otro momento, habrían aceptado sin dudarlo cargos como el de la embajada en Washington.

Como le ocurriera a Poroshenko en la fase final de su única legislatura, cuando a la desesperada tomó medidas como intentar forzar la ley marcial que impidiera la celebración de unas elecciones en las que la derrota era inevitable, los errores de Zelensky están marcando políticamente este momento tan crítico para Ucrania. Hace un año, el presidente ucraniano trató de poner bajo su control las instituciones anticorrupción creadas por y para Occidente, todo ello con el objetivo de salvar de una causa de corrupción a su mano derecha, Andriy Ermak, y a parte de su círculo de amistades. Seis meses después, el presidente ucraniano fracasó en su intento de salvar a Ermak y quedó políticamente debilitado ante una oposición que, por primera vez desde 2019, tenía una vía por la que adquirir apoyos en el extranjero en vistas a unas futuras elecciones. La caótica crisis de Gobierno y las dificultades de Zelensky para conseguir una persona candidata a un puesto que habitualmente habría sido apetecible ha sido un paso más en el largo traspiés político del actual Gobierno, cuyo crédito se mide únicamente en resultados militares, para lo que necesita un interlocutor en Estados Unidos que no logra encontrar. Esa debilidad interna y no tanto la ausencia de una persona al frente de la embajada en Washington -al fin y al cabo, es Rustem Umerov quien se encarga de la relación con Whitkoff y Kushner- es el motivo de artículos como el de Politico, un tipo de contenido buscado por el sector de Poroshenko, necesitado de publicidad y convencido de que este es el momento para minar aún más el margen político con el que cuenta Zelensky.



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