miércoles, 8 de agosto de 2018

Límites de la recuperación económica en EEUU

Alejandro Nadal, La Jornada

La expansión de la economía estadounidense a partir de 2009 lleva ya acumulados 109 meses de crecimiento sin interrupción y se perfila para romper el récord de duración de una onda expansiva. Hoy esa marca corresponde a la del periodo 1991-2001. Pero todo esto no puede impedir la formulación de la pregunta clave: ¿cuánto durará la actual fase de expansión?

Donald Trump se jacta de haber sido el responsable de este buen desempeño de la economía. Pero sus engañosos discursos no mencionan que el ciclo de la recuperación comenzó antes de que llegara a la Casa Blanca. La fase ascendente del ciclo arrancó a finales de 2009 y se fortaleció con el estímulo fiscal puesto en marcha por la administración de Barack Obama. Ese paquete inyectó 720 mil millones de dólares en la economía al reducir impuestos, generar empleos directos y extender beneficios por desempleo en los sectores de salud y educación.

La política monetaria también tuvo impacto en la recuperación. Ya desde 2008 la Reserva Federal (Fed) redujo la tasa de interés de referencia a un nivel cercano a cero por ciento. Y en diciembre de 2008, después del colapso del banco de inversión Lehman Brothers, anunció el arranque de su programa de flexibilidad cuantitativa. Este programa de compra de activos emproblemados en manos de los bancos inyectó más de 4 billones (castellanos) de dólares en el sistema bancario y financiero. Aunque no se tradujo en inversiones productivas y mucho del paquete terminó inflando una enorme burbuja en la bolsa de valores, la expansión económica recibió una inyección de adrenalina con esa política heterodoxa de la Fed. Así es que la recuperación se debe menos a las fuerzas competitivas del mercado que a la intervención del Estado, tanto por el lado fiscal como por el monetario.

Pero como todas las recuperaciones económicas después de una recesión, la actual onda expansiva llegará a su fin. Quizás el freno en la actividad económica se haga sentir justo cuando arranque la campaña electoral en la que Trump buscará la relección. La realidad es que el estímulo fiscal que acompañó la reducción de impuestos a los estratos más ricos tendrá efectos temporales y hacia finales de 2019 el impulso macroeconómico derivado de estas medidas se habrá agotado. Además, la normalización de la política monetaria (con sus alzas en tasas de interés y la reducción de la hoja de balance de la Fed) será un freno adicional para la actividad económica. Finalmente, la guerra comercial que Trump ha iniciado con China, la Unión Europea, Canadá y México no está ayudando a fomentar nuevas inversiones.

Quizás el hecho más importante que comienza a dejar sentir sus efectos es la normalización de la política monetaria. Esta normalización consiste en primer lugar en alejarse más del territorio de tasas de interés cercanas a cero. Por eso los aumentos en la tasa de interés van a seguir su curso mientras prosiga la expansión y la tasa de inflación se mantenga cercana a la meta de 2 por ciento definida por la Fed.

En días recientes Trump ha acusado a la Fed de sabotear sus esfuerzos para mejorar la economía. Esas acusaciones no tienen precedente en la historia de la Reserva Federal, pero no alterarán el calendario de incrementos en la tasa de interés. Uno de los efectos de esos aumentos seguirá siendo el fortalecimiento del dólar estadounidense, lo que tendrá repercusiones negativas sobre el sector exportador. Y si a todo esto añadimos las consecuencias de la guerra comercial, el panorama se antoja más complicado de lo que creen los economistas del equipo de Trump. El gasto de los consumidores sigue siendo el principal motor del crecimiento en Estados Unidos y se verá afectado por el efecto combinado de todos estos factores y el hecho de que los salarios siguen estancados. Finalmente, los precios de crudo y de materiales como el acero y el aluminio (afectados por los nuevos aranceles aplicados por la Casa Blanca) también pesarán negativamente en el sector productivo.

El impacto de los aumentos en la tasa de interés no debe subestimarse. El rescate mediante la flexibilización cuantitativa de la política monetaria generó uno de los episodios más intensos de inflación en los precios de activos financieros en la historia del sistema financiero estadounidense. Por eso los aumentos en la tasa de interés tendrán repercusiones profundas, incluso para la economía mundial. Las empresas estadounidenses deberán refinanciar el equivalente a 4 billones de dólares en bonos emitidos en los años recientes, y deberán hacerlo con tasas de interés mayores. Cualquier sacudida en este proceso conducirá a un número importante de quiebras y muchos bancos no tendrán más remedio que recortar el crédito. La economía volverá a entrar en recesión, y ya veremos a quién le echa la culpa el actual ocupante de la Casa Blanca. Por lo pronto, las consecuencias para el resto del mundo no serán buenas noticias.

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