Cuando en 1989 los agoreros del neoliberalismo anunciaban con júbilo el fin de la historia y el triunfo definitivo del capitalismo, jamás imaginaron que 19 años más tarde, el fantasma de Karl Marx recorrería el corazón de Wall Street y de los principales centros de reproducción de la usura mundial, invocado por ellos mismos. Hoy, con desesperación creciente, buscan en la obra del proscrito Marx, las claves para comprender la magnitud de la crisis actual del capitalismo, que desde 2008 sacude la economía global. Buscan una salida cosmética - que asegure los intereses del capital – en el contexto de una crisis multifacética que incluye los ámbitos económico, financiero, alimentario, energético y ambiental.
Una mirada no convencional al modelo económico neoliberal, las fallas del mercado y la geopolítica de la globalización
jueves, 13 de septiembre de 2012
La guerra de Wall Street contra las ciudades: por qué no se puede – ni se debe – pagar a los tenedores de bonos
Michael Hudson, Sin Permiso
El ritmo de la guerra de Wall Street contra el 99% se acelera, preparándose para entrar a matar. Tras haber demonizado a los empleados públicos por tener programado recibir una pensión por los servicios prestados durante toda una vida de trabajo, los tenedores de bonos insisten en quedarse, por el contrario, con el dinero. Es la misma filosofía de austeridad a la que se ha obligado a Grecia y España, y la misma que está induciendo al presidente Obama y a Mitt Romney a apremiar a la reducción de la Seguridad Social y Medicare.
A diferencia del gobierno federal, la mayoría de los estados y ciudades disponen de constituciones que les impiden mantener un déficit presupuestario. Esto significa que, cuando recortan los impuestos sobre la propiedad, tienen o bien que pedir prestado a los pudientes o recortar el empleo y los servicios públicos.
El ritmo de la guerra de Wall Street contra el 99% se acelera, preparándose para entrar a matar. Tras haber demonizado a los empleados públicos por tener programado recibir una pensión por los servicios prestados durante toda una vida de trabajo, los tenedores de bonos insisten en quedarse, por el contrario, con el dinero. Es la misma filosofía de austeridad a la que se ha obligado a Grecia y España, y la misma que está induciendo al presidente Obama y a Mitt Romney a apremiar a la reducción de la Seguridad Social y Medicare.
A diferencia del gobierno federal, la mayoría de los estados y ciudades disponen de constituciones que les impiden mantener un déficit presupuestario. Esto significa que, cuando recortan los impuestos sobre la propiedad, tienen o bien que pedir prestado a los pudientes o recortar el empleo y los servicios públicos.
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Cuatro años de crisis
Henri Wilno, Viento Sur
Cerca de cuatro años después de la quiebra del banco americano Lehman Brothers, la crisis está lejos de haber terminado. Además de Grecia, España o Italia, la zona euro muestra un crecimiento penoso. En el mundo, incluso China conoce una ralentización de su actividad.
Cerca de cuatro años después de la quiebra del banco americano Lehman Brothers, la crisis está lejos de haber terminado. Además de Grecia, España o Italia, la zona euro muestra un crecimiento penoso. En el mundo, incluso China conoce una ralentización de su actividad.
“Estamos ante una crisis de una gravedad excepcional, una crisis larga que dura desde hace ya más de cuatro años y ninguna de las grandes potencias económicas, incluyendo las emergentes, está ya a salvo”.Se puede por una vez estar de acuerdo con este diagnóstico de François Hollande en su discurso pronunciado en Châlons-en-Champagne el pasado 31 de agosto (lo que no quiere decir que se apoyen los remedios que propone). Nos acercamos al aniversario de la quiebra del banco americano Lehman Brothers, el 15 de septiembre de 2008, sin que se dibuje ninguna salida de la crisis.
El penoso crecimiento mundial
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miércoles, 12 de septiembre de 2012
Una salida realista de la crisis del euro: convertir la moneda única en un conjunto de Derechos Especiales de Giro
Steve Keen, Sin Permiso
El euro es la moneda nacional de un país que no existe. Aunque existe un continente europeo, como existe Norteamérica, nunca ha habido un país llamado Estados Unidos de Europa, y probablemente nunca lo habrá.
El euro no es, así pues, una moneda como el dólar norteamericano, y sin embargo se le obliga –de mala manera— a fingirlo con el Tratado de Maastricht, por el que los países europeos abandonaron el derecho a producir sus propias monedas nacionales.
Con el volumen del euro controlado por una autoridad supranacional (el BCE) y con estados miembros punible por quebrantar las reglas del gasto público (un déficit máximo del 3% y un máximo de un 60% de déficit acumulado), el euro, lejos de funcionar como una moneda, funciona más bien como un conjunto de Derechos Especiales de Giro (DEG), según fueron concebidos por Keynes en su plan para Bretton Woods. En su programa de un sistema monetario internacional para después de la II Guerra Mundial, Keynes propuso que se usara para el comercio internacional una moneda (el “Bancor”), reservando el uso de las monedas nacionales para el comercio interior. Las tasas de cambio entre las monedas nacionales y el Bancor estarían fijadas de modo tal, que los países con déficit comercial persistente se verían obligados a la austeridad y a la devaluación, mientras que los países persistentemente excedentarios tendrían gravámenes en Bancors y se les exigiría estimular sus economías para incrementar sus importaciones.
El euro es la moneda nacional de un país que no existe. Aunque existe un continente europeo, como existe Norteamérica, nunca ha habido un país llamado Estados Unidos de Europa, y probablemente nunca lo habrá.
El euro no es, así pues, una moneda como el dólar norteamericano, y sin embargo se le obliga –de mala manera— a fingirlo con el Tratado de Maastricht, por el que los países europeos abandonaron el derecho a producir sus propias monedas nacionales.
Con el volumen del euro controlado por una autoridad supranacional (el BCE) y con estados miembros punible por quebrantar las reglas del gasto público (un déficit máximo del 3% y un máximo de un 60% de déficit acumulado), el euro, lejos de funcionar como una moneda, funciona más bien como un conjunto de Derechos Especiales de Giro (DEG), según fueron concebidos por Keynes en su plan para Bretton Woods. En su programa de un sistema monetario internacional para después de la II Guerra Mundial, Keynes propuso que se usara para el comercio internacional una moneda (el “Bancor”), reservando el uso de las monedas nacionales para el comercio interior. Las tasas de cambio entre las monedas nacionales y el Bancor estarían fijadas de modo tal, que los países con déficit comercial persistente se verían obligados a la austeridad y a la devaluación, mientras que los países persistentemente excedentarios tendrían gravámenes en Bancors y se les exigiría estimular sus economías para incrementar sus importaciones.
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martes, 11 de septiembre de 2012
La teoría marxista de las crisis y la actual depresión económica
Esta es una conferencia dictada por Ernest Mandel en el seminario "Marxismo crítico", celebrado en Atenas en junio de 1983 y organizado por el Círculo político cultural PROTAGORA. Es un importante aporte que ayuda a comprender la estructura de las crisis capitalistas, de la cual hoy tenemos una auténtica versión global. Este texto ha sido publicado en www.ernestmandel.org
Marx no tuvo tiempo de elaborar en forma sistemática una teoría de las crisis. Había reservado esta elaboración para uno de los tomos no escritos de El Capital, el tomo dedicado al mercado mundial. Pero en el tomo 3 de El Capital, en las Teorías de la plusvalía, en diferentes contribuciones periodístico-descriptivas, así como en su correspondencia, Marx y Engels han incluído suficientes pasajes que tratan del ciclo industrial y de la crisis como para que se pueda hablar de una verdadera teoría marxista de las crisis, sin forzar los textos o falsificar su pensamiento.
La teoría marxista de las crisis rechaza toda concepción monocausal. Las crisis no se deben exclusivamente al exceso de capitales (sobreacumulación) o, lo que es equivalente, a la insuficiencia de la masa de plusvalía producida corrientemente. No se deben exclusivamente a la insuficiencia del poder de compra por parte de las masas. Tampoco se deben exclusivamente a la desproporción entre los dos departamentos fundamentales de la producción, el departamento de bienes de producción y el departamento de bienes de consumo. Todas estas causas desempeñan un papel en el desencadenamiento de las crisis y en su reproducción cíclica, pero ninguna de ellas determina, por sí sola, el estallido regular de las crisis.
Marx no tuvo tiempo de elaborar en forma sistemática una teoría de las crisis. Había reservado esta elaboración para uno de los tomos no escritos de El Capital, el tomo dedicado al mercado mundial. Pero en el tomo 3 de El Capital, en las Teorías de la plusvalía, en diferentes contribuciones periodístico-descriptivas, así como en su correspondencia, Marx y Engels han incluído suficientes pasajes que tratan del ciclo industrial y de la crisis como para que se pueda hablar de una verdadera teoría marxista de las crisis, sin forzar los textos o falsificar su pensamiento.
La explicación marxista de las crisis
La teoría marxista de las crisis rechaza toda concepción monocausal. Las crisis no se deben exclusivamente al exceso de capitales (sobreacumulación) o, lo que es equivalente, a la insuficiencia de la masa de plusvalía producida corrientemente. No se deben exclusivamente a la insuficiencia del poder de compra por parte de las masas. Tampoco se deben exclusivamente a la desproporción entre los dos departamentos fundamentales de la producción, el departamento de bienes de producción y el departamento de bienes de consumo. Todas estas causas desempeñan un papel en el desencadenamiento de las crisis y en su reproducción cíclica, pero ninguna de ellas determina, por sí sola, el estallido regular de las crisis.
lunes, 10 de septiembre de 2012
El mito del modelo de la India
Suranjana Nabar-Bhaduri *, Página 12
India es presentada como ejemplo de una estrategia alternativa de desarrollo donde el crecimiento económico en las primeras etapas está conducido por el sector de servicios antes que impulsado por la actividad manufacturera. La prensa internacional ha destacado el ejemplar desempeño económico, proyectando al país como una de las economías de mercado emergentes que se apoderarán de la economía mundial. Como es esperable en un proceso de desarrollo, el peso del sector agrícola en el PIB disminuyó a lo largo del tiempo. Sin embargo, el sector industrial no ha evidenciado un alza significativa en su participación. Por el contrario, los servicios emergieron como el factor que más contribuyó al crecimiento económico de India, especialmente desde los años ’90. La evidencia sugiere que, entre 1993 y 2007, más del 60 por ciento del crecimiento del PIB indio estuvo impulsado por el sector servicios. El creciente peso de esas actividades es parcialmente el resultado de un aumento meteórico de la exportación de servicios, fundamentalmente software y la tercerización de servicios de información y servicio técnico. Este desempeño estuvo directamente asociado con el proceso de relocalización productiva en el mundo desarrollado y la capacidad de India para suministrar trabajadores de habla inglesa a salarios relativamente bajos. La balanza comercial y la cuenta corriente india muestran déficit persistentes y depende de las divisas provenientes de las exportaciones de servicios, las remesas y el ingreso de capitales financieros para sostener esa situación.
India es presentada como ejemplo de una estrategia alternativa de desarrollo donde el crecimiento económico en las primeras etapas está conducido por el sector de servicios antes que impulsado por la actividad manufacturera. La prensa internacional ha destacado el ejemplar desempeño económico, proyectando al país como una de las economías de mercado emergentes que se apoderarán de la economía mundial. Como es esperable en un proceso de desarrollo, el peso del sector agrícola en el PIB disminuyó a lo largo del tiempo. Sin embargo, el sector industrial no ha evidenciado un alza significativa en su participación. Por el contrario, los servicios emergieron como el factor que más contribuyó al crecimiento económico de India, especialmente desde los años ’90. La evidencia sugiere que, entre 1993 y 2007, más del 60 por ciento del crecimiento del PIB indio estuvo impulsado por el sector servicios. El creciente peso de esas actividades es parcialmente el resultado de un aumento meteórico de la exportación de servicios, fundamentalmente software y la tercerización de servicios de información y servicio técnico. Este desempeño estuvo directamente asociado con el proceso de relocalización productiva en el mundo desarrollado y la capacidad de India para suministrar trabajadores de habla inglesa a salarios relativamente bajos. La balanza comercial y la cuenta corriente india muestran déficit persistentes y depende de las divisas provenientes de las exportaciones de servicios, las remesas y el ingreso de capitales financieros para sostener esa situación.
Teoría económica: las preguntas son la respuesta
Alejandro Nadal, Sin Permiso
Mi generación de economistas se formó en un período en el que la economía vulgar alcanzó los niveles más bajos de vulgaridad. Se impone una aclaración. Estoy citando a la señora Joan Robinson, la maestra en Cambridge que afirmó lo anterior en su “Carta abierta de una Keynesiana a un Marxista”. Es un texto dirigido a su colega Ronald Meek en 1953, pero la frase se aplica a nuestra experiencia en la academia, además de caer como anillo al dedo en los tiempos que corren.
A lo largo del siglo XX la teoría neoclásica dominó la vida académica y el mundo de la política económica. Cuando se presentaron posiciones críticas, fueron recuperadas y, como hoy se dice, ‘refuncionalizadas’. Es lo que sucedió con Keynes. Cuando eso no fue posible, por ejemplo con los marxistas, la crítica fue marginada y castigada con el destierro. Lo importante era mantener sin contrincantes el espacio académico. Y cuando surgían controversias en las que se demostraban los errores de la teoría neoclásica en sus planteamientos medulares, como en la controversia sobre la teoría del capital de los años 1953-1970, la ortodoxia rápidamente los enterró y esperó a que los problemas fueran devorados por el olvido. La práctica docente hizo lo que tenía que hacer, barriendo debajo de la alfombra los problemas. De esa forma la teoría neoclásica pudo seguir triunfando en un torneo imaginario, luchando con su sombra y dando la apariencia de estar envuelta en una justa en la que sobresale el mejor modelo teórico. Sólo así pudo levantar sus extrañas catedrales con altares repletos de falsas deidades. La vulgaridad invadió sus templos hasta quitarle todo vestigio de pensamiento científico.
Mi generación de economistas se formó en un período en el que la economía vulgar alcanzó los niveles más bajos de vulgaridad. Se impone una aclaración. Estoy citando a la señora Joan Robinson, la maestra en Cambridge que afirmó lo anterior en su “Carta abierta de una Keynesiana a un Marxista”. Es un texto dirigido a su colega Ronald Meek en 1953, pero la frase se aplica a nuestra experiencia en la academia, además de caer como anillo al dedo en los tiempos que corren.
A lo largo del siglo XX la teoría neoclásica dominó la vida académica y el mundo de la política económica. Cuando se presentaron posiciones críticas, fueron recuperadas y, como hoy se dice, ‘refuncionalizadas’. Es lo que sucedió con Keynes. Cuando eso no fue posible, por ejemplo con los marxistas, la crítica fue marginada y castigada con el destierro. Lo importante era mantener sin contrincantes el espacio académico. Y cuando surgían controversias en las que se demostraban los errores de la teoría neoclásica en sus planteamientos medulares, como en la controversia sobre la teoría del capital de los años 1953-1970, la ortodoxia rápidamente los enterró y esperó a que los problemas fueran devorados por el olvido. La práctica docente hizo lo que tenía que hacer, barriendo debajo de la alfombra los problemas. De esa forma la teoría neoclásica pudo seguir triunfando en un torneo imaginario, luchando con su sombra y dando la apariencia de estar envuelta en una justa en la que sobresale el mejor modelo teórico. Sólo así pudo levantar sus extrañas catedrales con altares repletos de falsas deidades. La vulgaridad invadió sus templos hasta quitarle todo vestigio de pensamiento científico.
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domingo, 9 de septiembre de 2012
George Soros: La tragedia de la Unión Europea
George Soros, El País
Yo he sido un ferviente partidario de la Unión Europea como encarnación de una sociedad abierta: una asociación voluntaria de Estados iguales que cedieron parte de su soberanía por el bien común. La crisis del euro está convirtiendo ahora a la Unión Europea en algo fundamentalmente diferente. Los países miembros están divididos en dos clases –acreedores y deudores– y los acreedores son los que mandan: Alemania, el principal de ellos. Conforme a las políticas actuales, los países deudores pagan primas de riesgo cuantiosas para financiar su deuda estatal, lo que se refleja en el costo de su financiación en general, los ha llevado a la depresión y los ha colocado en una gran desventaja competitiva que amenaza con volverse permanente.
No es el resultado de un plan deliberado, sino de una serie de errores en la formulación de políticas que comenzaron cuando se introdujo el euro. Todo el mundo sabía que el euro era una moneda incompleta: tenía un banco central, pero no un tesoro público. Pero los países miembros no advirtieron que, al renunciar al derecho a imprimir su propia moneda, se exponían al riesgo de suspensión de pagos. Los mercados financieros no lo comprendieron hasta el comienzo de la crisis griega. Las autoridades financieras no entendieron el problema y menos aún vieron una solución. Así, pues, intentaron ganar tiempo, pero, en lugar de mejorar, la situación se deterioró. Se debió enteramente a la falta de comprensión y de unidad.
Yo he sido un ferviente partidario de la Unión Europea como encarnación de una sociedad abierta: una asociación voluntaria de Estados iguales que cedieron parte de su soberanía por el bien común. La crisis del euro está convirtiendo ahora a la Unión Europea en algo fundamentalmente diferente. Los países miembros están divididos en dos clases –acreedores y deudores– y los acreedores son los que mandan: Alemania, el principal de ellos. Conforme a las políticas actuales, los países deudores pagan primas de riesgo cuantiosas para financiar su deuda estatal, lo que se refleja en el costo de su financiación en general, los ha llevado a la depresión y los ha colocado en una gran desventaja competitiva que amenaza con volverse permanente.
No es el resultado de un plan deliberado, sino de una serie de errores en la formulación de políticas que comenzaron cuando se introdujo el euro. Todo el mundo sabía que el euro era una moneda incompleta: tenía un banco central, pero no un tesoro público. Pero los países miembros no advirtieron que, al renunciar al derecho a imprimir su propia moneda, se exponían al riesgo de suspensión de pagos. Los mercados financieros no lo comprendieron hasta el comienzo de la crisis griega. Las autoridades financieras no entendieron el problema y menos aún vieron una solución. Así, pues, intentaron ganar tiempo, pero, en lugar de mejorar, la situación se deterioró. Se debió enteramente a la falta de comprensión y de unidad.
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