Rasgo importante de nuestra cultura es la utilización del sistema decimal. De ella se deriva la costumbre, casi obsesiva, de dar realce a los acontecimientos ocurridos en fechas que recuerden ese sistema decimal: décadas, siglos o milenios, como si el hecho de que se cumplan 100 años de algún acontecimiento lo hiciera superior por sí mismo a que si cumpliera 13, 87 o 122.
Esta costumbre es tan autoritaria que no nos queda más remedio que acudir a ella como excusa para escribir un artículo. Si recordamos lo ocurrido hace 50 años podremos preguntarnos: ¿Qué vale la pena recordar? Hace 50 años los Beatles grabaron su primer single, José Revueltas publicó su Ensayo sobre un proletariado sin cabeza, Brasil ganó su segundo campeonato mundial de futbol, Fidel Castro emitió la Segunda declaración de La Habana y además, salió publicado en Estados Unidos un libro que estaría destinado a revolucionar nuestras visiones de la dinámica y la naturaleza misma de la ciencia: se trata de La estructura de las revoluciones científicas, de Thomas S. Kuhn (1922-1996), profesor de las universidades de Harvard y Berkeley. En opinión de muchos, esta es la obra más importante de la filosofía de la ciencia en el siglo XX.
