Marcelo Collusi, Argenpress
“La versión norteamericana de la colonia es la base militar”.
Chalmers Johnson
Lo que se consume hay que pagarlo. Verdad trivial, sin dudas, pero incuestionable. Si queremos decirlo de otra manera, quizá en términos económicos dando por supuesta una estructura monetaria: “nada es gratis”. O, en términos más coloquiales: nada viene del aire.
Estados Unidos, que durante todo el siglo XX marcó el ritmo de la economía mundial constituyéndose en la potencia dominante con la mayor cuota de poder que sociedad alguna haya tenido en toda la historia, fue construyendo un modelo cultural inviable, monstruoso, francamente descabellado: el hiper consumo. La apología del consumo se entronizó en su cotidianeidad pasando a ser, por lejos, la nueva deidad a cuyo alrededor se construyó toda la vida. Consumismo hedonista, consumismo por el puro placer de consumir: figura rayana en lo psicótico que no tiene perspectiva, que se cierra sola, que se termina autofagocitando. La actual catástrofe medioambiental es su consecuencia directa.





