Claire Gatinois y Anne Michel. Le Monde.
La crisis de la Zona Euro, que moviliza e inquieta a dirigentes de todo el mundo, ha sacado a escena a los “mercados”. Una entidad etérea, aunque superpoderosa, a la que solo el humor controla cotidianamente. Si están “orientados al alza” no hay problema pero si caen y se ponen “nerviosos, inquietos e inestables”, cunde el pánico. Los responsables políticos acuden entonces, prestos, “a darles garantías, a calmarlos, a tranquilizarlos”. Definitivamente, han quedado atrás los tiempos en los que el General de Gaulle podía afirmar que “la política francesa no se teje en los parquets”.
Pero ¿quiénes son estos “mercados” que parecen estar decidiendo la suerte de nuestras economías y fragilizando a nuestros Estados, después de haber puesto en dificultades a los bancos? ¿Quién o quiénes están detrás de la famosa “mano invisible”, descrita por el economista liberal Adam Smith, en el siglo XVIII?
Múltiples intervinientes
Los mercados de capitales son, simplemente, el lugar donde se encuentran –y se ajustan- la oferta y la demanda de financiación. Por el lado de la demanda están empresas y Estados: las unas buscan crecer y los otros, financiar sus déficits y endeudamientos. Por el lado de la oferta hay inversores privados, bancos y empresas, deseosos de invertir su ahorro, sus propios fondos o su tesorería.
Dos grandes mecanismos hacen circular el dinero: las acciones –que son títulos de propiedad de parte del capital de una empresa determinada- y las obligaciones –que son títulos de deuda emitidos por un Estado o por una empresa. En ambos mercados confluyen diversos actores: intermediarios que invierten el dinero de los bancos; gerentes de compañías de seguros; gestores de fondos de inversión o de fondos de pensiones y por último, fondos especulativos: los famosos Hedge Founds.
Cada uno de ellos actúa por motivos diferentes, con perspectivas distintas: los unos buscan rendimientos a largo plazo mientras que, los otros, especulan a corto.
La clave en la financiación de la actividad económica
La época dorada de los mercados comenzó en el siglo XIX, coincidiendo con la construcción de ambiciosas obras públicas como el Canal de Suez o el de Panamá. “Para llevarlas a cabo se necesitó dinero de todo el mundo”, indica Paul Jorion, autor de L'Implosion. La finance contre l'économie (Fayard, 2008). El mercado de la deuda pública floreció, por su parte, en tiempos de guerra.
Poco a poco los mercados comenzaron a crecer, financiando un crecimiento mundial que los bancos nunca fueron capaces de sufragar solos. Actualmente juegan un papel fundamental en la economía, sobre todo en Estados Unidos, cuya economía está financiada en dos terceras partes por los mercados (frente a Europa, cuya economía está financiada por los mercados en solo una tercera parte).
En 2009, cuando el sector bancario estuvo al borde de la bancarrota y tuvo que cerrar el grifo del crédito, los mercados tomaron el relevo para financiar a las empresas, quienes se orientaron hacia el mercado de deuda para financiar sus inversiones. Las cantidades aportadas son colosales: más de 37.000 billones de dólares se movilizaron en las Bolsas del mundo entero en 2010 y 64.000 en el mercado de la deuda.
En Francia el mercado de la deuda se ha llegado a convertir en la única fuente de financiación del Estado. El Tesoro Público emite, cada mes, entre 15 y 20 billones de euros de deuda pública. Actualmente circulan por los mercados unos 1.189 billones de euros de deuda pública francesa.
Las reglas de prudencia han saltado por los aires
Si hacemos caso a la Teoría Económica, los mercados son virtuosos. La relación entre vendedores y compradores a través de un mecanismo de subastas, permitiría que en ellos se labre una especie de precio ideal. Pero la realidad es muy diferente puesto que la modernización de los mercados, acelerada –en Europa- a principios de la década de los 1990 y su subsiguiente sofisticación, provocaron una proliferación de productos derivados . Desde entonces, la legendaria “eficiencia” de los mercados se ha vuelto algo más que discutible.
Para Agustín Landier, profesor de la Escuela de Economía de Toulouse, las cosas empezaron a descontrolarse, un poco antes del año 2000. En ese momento se desarrolló el shadow banking system [sistema bancario en la sombra], una especie de sistema financiero fantasma. “Wall Street se convirtió entonces en una máquina de marketing” porque permitió a una empresa cualquiera, prosigue Landier, “desarrollar productos financieros cada vez más complejos, extraños e incomprensibles, pensados para escapar a cualquier control por parte de las autoridades reguladoras”.
Fue a partir de entonces, cuando los derivados se multiplicaron hasta el infinito. Aparecieron contratos potenciales que permiten especular sobre la subida o bajada de una acción determinada e incluso, sobre el precio de las materias primas: desde el trigo hasta las cortezas de cerdo.
Todas las normas de prudencia se hicieron añicos. Los endeudamientos bancarios, que forman parte de un balance, se convirtieron, de repente, en activos financieros. Los créditos hipotecarios –como las subprimes- se desperdigaron por los mercados de todo el mundo. Los endeudamientos, por último, vivieron su época dorada al poder ser reagrupados o troceados.
El mundo de las finanzas, opacado
Los mercados se convirtieron a partir de entonces en una maquinaria infernal sobre la que se abalanzaron especuladores, dispuestos a apostar al hundimiento de todo un sistema, como lo describe Michael Lewis en el libro de cabecera de esta crisis: The Big Short (Norton & Co.). El mundo de las finanzas se hizo opaco. Los productos, demasiado complejos, ya no podían ser analizados más que por especialistas. Poco a poco, las máquinas comenzaron a reemplazar a los seres humanos.
Algunos Hedge Funds, como Renaissance Technologies, creado por el multimillonario Jim Simons en Estados Unidos, funcionan casi exclusivamente a través de sistemas informáticos. “Actualmente, las finanzas devoran talentos. Los fondos especulativos buscan a los mejores expertos en informática como si fueran Google. Suele ser un quilombo porque se trata de formas de negocio, socialmente muy diferentes”, se lamenta Landier. “El sistema perdió el control. Algunos inversores siguen financiando la economía real pero la mayoría especula: ya no se compran títulos en función de perspectivas económicas sino de vaivenes coyunturales, susceptibles de generar rentabilidad inmediata”, se queja Franklin Pichard, director de Barclays Bolsa.
Lógica cortoplacista
¿Han descarrilado los mercados? Es lo que parecen insinuar los Gobiernos, cuando acusan a los especuladores de haber puesto en riesgo al sistema. Pese a ello, si se contemplan las cosas detenidamente, la especulación pura y dura supone una parte ínfima del volumen de capitales que son intercambiados a diario. Los verdaderos actores centrales son, de hecho, inversores institucionales y no los Hedge Funds.
Patrick Artus -responsable del área de investigación de Natixis- piensa que si los mercados se han convertido en un peligro es porque sus actores –empezando por los institucionales- han asumido una lógica cortoplacista porque están obligados a rendir cuentas trimestralmente a pesar de que, en teoría, sus inversiones son a largo.
Esa lógica les habría llevado a asumir comportamientos miméticos y zigzagueantes que habrían contribuido a inflar los precios. Artus propone que se favorezca a inversores orientados al largo plazo que no se vuelvan locos ante cualquier sobresalto anecdótico del mercado.
Claire Gatinois y Anne Michel, Le Monde. Traducido para Rebelión por Juan Aguiló
Una mirada no convencional al modelo económico neoliberal, las fallas del mercado y la geopolítica de la globalización
jueves, 27 de mayo de 2010
Los mercados y el fin de la prudencia
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Manifiesto por la libertad del pensamiento económico
Fondo Sylos Labini
1. La teoría dominante se encuentra en crisis
En la actualidad, después de años de atrofia, está haciéndose oír un nuevo espíritu, y a la ciencia económica le toca mostrar una respuesta a la altura. La crisis global que está teniendo lugar marca un punto de inflexión de capital importancia. Como han señalado ya gran número de personas, en la crisis actual están cayendo las teorías económicas dominantes y el fundamentalismo de laissez-faire (dejar hacer) que extraía su legitimidad y vitalidad de ellas; teorías que no habían comprendido la fragilidad del sistema de acumulación sin control. Estas teorías desempeñaron su función en la construcción del sistema, promoviendo la transición a una economía dominada por las finanzas, a la liberación de los mercados financieros, a la reducción de la defensa y el control de la mano de obra, con un drástico empeoramiento en la distribución de los ingresos y el agravamiento de los problemas de la demanda. Así, también desempeñaron su parte en la venida del estado de crisis y ahora es necesario restaurar la economía a los cimientos éticos que subyacían el pensamiento de los economistas clásicos.
2. Necesidad urgente de una nueva serie de debates en el debate económico
Es necesario volver a abrir de forma urgente el debate sobre los cimientos de los diversos enfoques teóricos en el campo de la economía. Es hora de abandonar la idea de que existe únicamente una verdad sin alternativa alguna en las ciencias económicas, independientemente de su conveniencia como justificación para los economistas y los comentaristas económicos mayoritarios. Realmente es hora de dejar algo de espacio a las teorías alternativas (keynesianas, clásicas, institucionalistas, evolucionistas e históricas), con la amplia diversidad de sus variantes, tanto en la enseñanza como en la investigación. Debemos adaptar nuestras herramientas al momento en que vivimos e incluir el análisis de género en nuestros estudios. También debemos prestar la atención que se merece cada nueva idea en el campo de la economía, en nombre de la libertad y del libre intercambio. Debemos oponernos con vigor a las concentraciones de poder (en las universidades, los centros de investigación nacionales e internacionales, las instituciones económicas nacionales e internacionales y los medios de comunicación) como las que han derivado en el reciente clima de aceptación sin cuestionamiento del neofundamentalismo del laissez-faire.
3. La economía al servicio de las personas
Las ciencias económicas deben concebirse en el sentido amplio del término, sin definiciones unilaterales ni prohibiciones contra el intercambio con las demás ciencias sociales. El objetivo de la investigación debe ser la comprensión de las realidades sociales que nos rodean, como condición previa para escoger las políticas que pretenden mejorar la calidad general de vida y estar a favor del bien común.
4. Un método que ya no sea un fin en sí mismo.
Con este fin, deben utilizarse las técnicas de que se dispone, desde los análisis historiográficos a econométricos, desde el análisis de las instituciones a la elaboración de modelos matemáticos, sin prohibición de ninguna técnica pero, al mismo tiempo, sin que el refinamiento de la técnica analítica se convierta en un objetivo autorreferenciado, una fuente de conformismo y de pala niveladora de la educación de las jóvenes generaciones de economistas. Con este fin, debe fomentarse la confrontación crítica entre estos diversos enfoques y análisis.
5. Un nuevo orden del día
Se sugieren cinco temas que creemos de especial importancia en la etapa en la que nos encontramos y que merecen la promoción de estudios y proyectos:
a. Mercado, estado y sociedad. Tras décadas de observación de cómo el mercado y su supuesta «mano invisible» invadían en gran medida diversas áreas de acción pública y relaciones sociales, es hora de contemplar nuevas maneras de integrar el mercado, el estado y la sociedad, prestando la atención debida a los problemas de democracia, justicia y ética, y en términos de sostenibilidad medioambiental en el desarrollo.
b. Globalización del rostro humano. Después de la globalización de los mercados, sin regular e impulsados por las finanzas, es hora de mirar hacia una integración internacional de los pueblos que tenga un gobierno democrático, que impulse los flujos de conocimiento y experiencia y, además, de personas, junto con los flujos de bienes, y promueva la cooperación social en lugar de la competencia mundial sin piedad.
c. Un nuevo humanismo del trabajo. Se necesita un nuevo modo de pensar sobre la función del trabajo en las sociedades modernas, como fuente de ingresos decentes o aceptables para todos, de conocimiento y de relaciones sociales, y como medio de desarrollo social y emancipación civil de los ciudadanos.
d. Reducción de la desigualdad. Las diferencias en ingresos y poder entre países y, dentro de éstos, entre los grupos sociales y las personas, han aumentado hasta un punto inaceptable y, por lo tanto, resulta necesario elaborar un modelo organizativo de relaciones diseñado de forma eficaz para reducir las desigualdades a nivel social y territorial, entre hombres y mujeres, y entre las diversas personas. También es esto una condición esencial para una salida creíble de la crisis, que clama por una revitalización del consumo colectivo e individual así como por inversiones públicas y por la estimulación de demanda nueva por parte de países y grupos que habían permanecido hasta el momento en las fronteras del desarrollo y del bienestar social. Sin tales cambios, existe un verdadero riesgo de restauración del régimen neo-laissez-faire de acumulación basado en la especulación financiera, abriendo con ello el camino para crisis posteriores incluso más graves que la actual.
e. Un mayor equilibrio en el desarrollo. Necesitamos avanzar desde un crecimiento ilimitado cuantitativo hacia un desarrollo más equilibrado basado en la calidad. Debe prestarse atención a la elaboración de índices alternativos al producto nacional bruto, que puede resultar equívoco, puesto que no representa el rango completo de actividades económicas, el coste en cuanto al medio ambiente y el bienestar real de las personas.
Associazione Paolo Sylos Labini. Traducción de Mar Rodríguez
Fondo Sylos Labini
1. La teoría dominante se encuentra en crisis
En la actualidad, después de años de atrofia, está haciéndose oír un nuevo espíritu, y a la ciencia económica le toca mostrar una respuesta a la altura. La crisis global que está teniendo lugar marca un punto de inflexión de capital importancia. Como han señalado ya gran número de personas, en la crisis actual están cayendo las teorías económicas dominantes y el fundamentalismo de laissez-faire (dejar hacer) que extraía su legitimidad y vitalidad de ellas; teorías que no habían comprendido la fragilidad del sistema de acumulación sin control. Estas teorías desempeñaron su función en la construcción del sistema, promoviendo la transición a una economía dominada por las finanzas, a la liberación de los mercados financieros, a la reducción de la defensa y el control de la mano de obra, con un drástico empeoramiento en la distribución de los ingresos y el agravamiento de los problemas de la demanda. Así, también desempeñaron su parte en la venida del estado de crisis y ahora es necesario restaurar la economía a los cimientos éticos que subyacían el pensamiento de los economistas clásicos.
2. Necesidad urgente de una nueva serie de debates en el debate económico
Es necesario volver a abrir de forma urgente el debate sobre los cimientos de los diversos enfoques teóricos en el campo de la economía. Es hora de abandonar la idea de que existe únicamente una verdad sin alternativa alguna en las ciencias económicas, independientemente de su conveniencia como justificación para los economistas y los comentaristas económicos mayoritarios. Realmente es hora de dejar algo de espacio a las teorías alternativas (keynesianas, clásicas, institucionalistas, evolucionistas e históricas), con la amplia diversidad de sus variantes, tanto en la enseñanza como en la investigación. Debemos adaptar nuestras herramientas al momento en que vivimos e incluir el análisis de género en nuestros estudios. También debemos prestar la atención que se merece cada nueva idea en el campo de la economía, en nombre de la libertad y del libre intercambio. Debemos oponernos con vigor a las concentraciones de poder (en las universidades, los centros de investigación nacionales e internacionales, las instituciones económicas nacionales e internacionales y los medios de comunicación) como las que han derivado en el reciente clima de aceptación sin cuestionamiento del neofundamentalismo del laissez-faire.
3. La economía al servicio de las personas
Las ciencias económicas deben concebirse en el sentido amplio del término, sin definiciones unilaterales ni prohibiciones contra el intercambio con las demás ciencias sociales. El objetivo de la investigación debe ser la comprensión de las realidades sociales que nos rodean, como condición previa para escoger las políticas que pretenden mejorar la calidad general de vida y estar a favor del bien común.
4. Un método que ya no sea un fin en sí mismo.
Con este fin, deben utilizarse las técnicas de que se dispone, desde los análisis historiográficos a econométricos, desde el análisis de las instituciones a la elaboración de modelos matemáticos, sin prohibición de ninguna técnica pero, al mismo tiempo, sin que el refinamiento de la técnica analítica se convierta en un objetivo autorreferenciado, una fuente de conformismo y de pala niveladora de la educación de las jóvenes generaciones de economistas. Con este fin, debe fomentarse la confrontación crítica entre estos diversos enfoques y análisis.
5. Un nuevo orden del día
Se sugieren cinco temas que creemos de especial importancia en la etapa en la que nos encontramos y que merecen la promoción de estudios y proyectos:
a. Mercado, estado y sociedad. Tras décadas de observación de cómo el mercado y su supuesta «mano invisible» invadían en gran medida diversas áreas de acción pública y relaciones sociales, es hora de contemplar nuevas maneras de integrar el mercado, el estado y la sociedad, prestando la atención debida a los problemas de democracia, justicia y ética, y en términos de sostenibilidad medioambiental en el desarrollo.
b. Globalización del rostro humano. Después de la globalización de los mercados, sin regular e impulsados por las finanzas, es hora de mirar hacia una integración internacional de los pueblos que tenga un gobierno democrático, que impulse los flujos de conocimiento y experiencia y, además, de personas, junto con los flujos de bienes, y promueva la cooperación social en lugar de la competencia mundial sin piedad.
c. Un nuevo humanismo del trabajo. Se necesita un nuevo modo de pensar sobre la función del trabajo en las sociedades modernas, como fuente de ingresos decentes o aceptables para todos, de conocimiento y de relaciones sociales, y como medio de desarrollo social y emancipación civil de los ciudadanos.
d. Reducción de la desigualdad. Las diferencias en ingresos y poder entre países y, dentro de éstos, entre los grupos sociales y las personas, han aumentado hasta un punto inaceptable y, por lo tanto, resulta necesario elaborar un modelo organizativo de relaciones diseñado de forma eficaz para reducir las desigualdades a nivel social y territorial, entre hombres y mujeres, y entre las diversas personas. También es esto una condición esencial para una salida creíble de la crisis, que clama por una revitalización del consumo colectivo e individual así como por inversiones públicas y por la estimulación de demanda nueva por parte de países y grupos que habían permanecido hasta el momento en las fronteras del desarrollo y del bienestar social. Sin tales cambios, existe un verdadero riesgo de restauración del régimen neo-laissez-faire de acumulación basado en la especulación financiera, abriendo con ello el camino para crisis posteriores incluso más graves que la actual.
e. Un mayor equilibrio en el desarrollo. Necesitamos avanzar desde un crecimiento ilimitado cuantitativo hacia un desarrollo más equilibrado basado en la calidad. Debe prestarse atención a la elaboración de índices alternativos al producto nacional bruto, que puede resultar equívoco, puesto que no representa el rango completo de actividades económicas, el coste en cuanto al medio ambiente y el bienestar real de las personas.
Associazione Paolo Sylos Labini. Traducción de Mar Rodríguez
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El Derrame petrolero, en vivo
scr
El desastre protagonizado en el Golfo de México por la plataforma petrolera British Petroleum está creando un enorme daño ecológico que a estas alturas puede ser irreversible. La gran mancha ocupa un área de 80 kilómetros cuadrados por 100 metros de espesor y continúa aumentando. La corriente amenaza con desplazar la marea negra hacia los cayos de Florida y toda la costa oriental. Y los dispersantes que está empleando BP son altamente tóxicos lo que compromete todo el ecosistema marino.
Los expertos calculan una fuga de 80.000 a 100.000 barriles diarios, es decir, veinte veces más que los 5.000 barriles declarados por la empresa petrolera. El actual derrame supera con creces los mayores desastres ecológicos de la historia, y puede prolongarse por otros seis meses. Como muestra el video en vivo del derrame: es como una llave abierta, pero al revés.
El desastre protagonizado en el Golfo de México por la plataforma petrolera British Petroleum está creando un enorme daño ecológico que a estas alturas puede ser irreversible. La gran mancha ocupa un área de 80 kilómetros cuadrados por 100 metros de espesor y continúa aumentando. La corriente amenaza con desplazar la marea negra hacia los cayos de Florida y toda la costa oriental. Y los dispersantes que está empleando BP son altamente tóxicos lo que compromete todo el ecosistema marino.
Los expertos calculan una fuga de 80.000 a 100.000 barriles diarios, es decir, veinte veces más que los 5.000 barriles declarados por la empresa petrolera. El actual derrame supera con creces los mayores desastres ecológicos de la historia, y puede prolongarse por otros seis meses. Como muestra el video en vivo del derrame: es como una llave abierta, pero al revés.
miércoles, 26 de mayo de 2010
Michael Hudson: Hoy Grecia, mañana Estados Unidos
Michael Hudson: Sin Permiso
Los "lobistas" financieros de Estados Unidos están tratando de utilizar la crisis griega como argumento para presionar a favor de un recorte del gasto público en la Seguridad Social y el programa Medicare. Es precisamente lo contrario de lo que están pidiendo los manifestantes griegos: que se suban los impuestos sobre el patrimonio y las actividades financieras y se reduzcan los que gravan la actividad laboral, y que se atiendan las reclamaciones de los trabajadores de dar prioridad financiera a las pensiones de jubilación sobre las peticiones de ayuda de los bancos de los cientos de miles de millones de dólares invertidos en préstamos basura que hoy no valen nada.
Llamemos al “rescate griego” por su nombre: un programa de rescate de activos en situación de riesgo de banqueros alemanes y de otros países europeos, así como de especuladores de todo el mundo. El dinero procede de otros Estados (principalmente del Tesoro alemán, con el consiguiente recorte del gasto interno en este país), los cuales han abierto una especie de cuenta corriente para que el Estado griego pueda pagar a los tenedores de bonos del país que los habían comprado a precios de saldo durante las últimas semanas. Éstos habrán hecho el negocio de su vida; y de igual modo se forrarán los compradores de cientos de miles de millones de dólares en títulos de cobertura por riesgos crediticios contra los bonos del Estado griego, así como los especuladores y los distintos jugadores del capitalismo de casino que hayan contratado seguros contra otros bonos europeos. (A su vez, quienes tengan que abonar estos seguros por riesgos crediticios van a necesitar que alguien les rescate, y así sucesivamente).
Los "lobistas" financieros de Estados Unidos están tratando de utilizar la crisis griega como argumento para presionar a favor de un recorte del gasto público en la Seguridad Social y el programa Medicare. Es precisamente lo contrario de lo que están pidiendo los manifestantes griegos: que se suban los impuestos sobre el patrimonio y las actividades financieras y se reduzcan los que gravan la actividad laboral, y que se atiendan las reclamaciones de los trabajadores de dar prioridad financiera a las pensiones de jubilación sobre las peticiones de ayuda de los bancos de los cientos de miles de millones de dólares invertidos en préstamos basura que hoy no valen nada.
Llamemos al “rescate griego” por su nombre: un programa de rescate de activos en situación de riesgo de banqueros alemanes y de otros países europeos, así como de especuladores de todo el mundo. El dinero procede de otros Estados (principalmente del Tesoro alemán, con el consiguiente recorte del gasto interno en este país), los cuales han abierto una especie de cuenta corriente para que el Estado griego pueda pagar a los tenedores de bonos del país que los habían comprado a precios de saldo durante las últimas semanas. Éstos habrán hecho el negocio de su vida; y de igual modo se forrarán los compradores de cientos de miles de millones de dólares en títulos de cobertura por riesgos crediticios contra los bonos del Estado griego, así como los especuladores y los distintos jugadores del capitalismo de casino que hayan contratado seguros contra otros bonos europeos. (A su vez, quienes tengan que abonar estos seguros por riesgos crediticios van a necesitar que alguien les rescate, y así sucesivamente).
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martes, 25 de mayo de 2010
Unión Europea enfrenta la madre de las deudas: 2,16 billones de euros

El sector financiero europeo se enfrenta a una gran deuda de 2,16 billones de euros (millones de milones), de acuerdo a una investigación realizada por economistas del Royal Bank of Scotland (RBS). Esta gran deuda fue emitida por instituciones del sector público y privado de Grecia, España y Portugal, y para que se detecten sus dimensiones hay que especificar que corresponde al 22 por ciento del producto interno bruto de toda la zona euro.
Esta cifra es mucho mayor a las estimaciones previas y profundizará los temores de impago, haciendo imposible las reestructuraciones de deuda en cualquiera de los tres países. España es la mayor preocupación dado el gran tamaño de su economía. Además, de los 2,16 billones, 1,49 billones corresponden a deuda española que está en instituciones extranjeras. Un leve impago de esta deuda puede provocar un fuerte impacto al sistema financiero mundial.
La estimación de € 2.160 millones se basa en datos compilados por el Banco de Pagos Internacionales (BPI), el Fondo Monetario Internacional (FMI), la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) y el Banco Mundial (BM). Se diferencia de las estimaciones anteriores, ya que incluye no sólo la exposición de los bancos extranjeros a la deuda de Grecia, Portugal y España, sino también la exposición de otras instituciones como compañías de seguros y fondos de pensiones.
El desgloce de esta deuda hasta fines del año pasado estiman la deuda griega en 338.000 millones de euros, equivalente al 142 por ciento del PIB griego. En el caso de España, la cifra es de 1.500 billones de euros, también 142 por ciento del PIB. Para Portugal, la cifra es de 333.000 millones, equivalente a dos veces su PIB. La cantidad combinada de estos tres países, a fines del año pasado, es € 2.171 millones. Pero los autores del informe señalan que la deuda se ha reducido levemente en los primeros cinco meses de este año.
El informe señala la necesidad de un esfuerzo combinado por parte de los países involucrados y las instituciones financieras internacionales para evitar un default. El problema es que las posibilidades de que los países restauren el orden en sus finanzas por medio de políticas de austeridad, tienden a hacer insostenible la gobernabilidad de los países. La misión urgente de las políticas internacionales es prever el daño potencial que se puede producir y tomar medidas para evitar que este daño se propague a todo el mundo.
Vía | Daily Mail , Financial Times
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Joseph Stiglitz: "La austeridad conduce al desastre"
En esta entrevista publicada en Le Monde, el economista Joseph Stiglitz y Premio Nobel 2001, señala que Europa, con sus planes de ajuste presupuestario, despidos y austeridad, va en la dirección equivocada:
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Para Stiglitz, el Fondo de Estabilidad se debió haber creado mucho antes para contar con recursos a los que echar mano en el período de las vacas flacas. Pero como nunca hubo una regulación decidida y consistente, sólo se confió en la omnipotencia de los mercados. El Fondo de Estabilización establecido hace apenas 15 días, implica que Europa ha detectado la necesidad de la solidaridad, de la empatía. Este principio de solidaridad es lo que ha marcado la diferencia entre Estados Unidos y Europa, según Stiglitz. Cuando un Estado se ve en dificultades, el gobierno central de Washington lo socorre. Europa no tiene un gobierno central y justamente esas disputas intestinas son las que bloquean los posibles avances.
Para Stiglitz, es la falta de solidaridad la que ha puesto en peligro el proyecto europeo, y de ahí que los países miembros de la Unión Europea requieran una mayor cohesión. Muchas autoridades basan sus juicios en los resultados del mercado, y según esa lógica, los países que salen mal han sido irresponsables y hay que dejar que se valgan por sí mismos. Sin embargo, los datos reales dicen otra cosa. Stiglitz señala:
Para Stiglitz, el riesgo del euro está al interior de Europa y no fuera. Y está en el alto desempleo juvenil que hay en Grecia (30%), España (44%) y Portugal (40%). Si las movilizaciones sociales consiguen su objetivo de desestabilizar a los gobiernos, puede llegar un momento en el cual los respectivos gobiernos se pregunten seriamente si vale la pena seguir el plan impuesto por el Fondo Monetario Internacional y Bruselas. Como es plenamente esperable, Stiglitz también se manifiesta contrario a la aplicación de políticas de esencia monetarista: no resuelven el problema de fondo que es el empleo.
Al adoptar la moneda única, los países miembros de la zona euro cedieron dos instrumentos de política que son fundamentales: el tipo de cambio y las tasas de interés. Por tanto no tienen cómo adaptarse a situaciones de crisis. Sobre todo porque Bruselas no ha ido lo suficientemente lejos en la regulación de los mercados. Y la Unión Europea no hizo planes en este sentido. Ahora, en cambio, quiere un plan coordinado de austeridad. Si este plan continúa, Europa va directo al desastre. Sabemos, a partir de la Gran Depresión de 1930, que esto es lo que no debe hacerse.
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Para Stiglitz, el Fondo de Estabilidad se debió haber creado mucho antes para contar con recursos a los que echar mano en el período de las vacas flacas. Pero como nunca hubo una regulación decidida y consistente, sólo se confió en la omnipotencia de los mercados. El Fondo de Estabilización establecido hace apenas 15 días, implica que Europa ha detectado la necesidad de la solidaridad, de la empatía. Este principio de solidaridad es lo que ha marcado la diferencia entre Estados Unidos y Europa, según Stiglitz. Cuando un Estado se ve en dificultades, el gobierno central de Washington lo socorre. Europa no tiene un gobierno central y justamente esas disputas intestinas son las que bloquean los posibles avances.
Para Stiglitz, es la falta de solidaridad la que ha puesto en peligro el proyecto europeo, y de ahí que los países miembros de la Unión Europea requieran una mayor cohesión. Muchas autoridades basan sus juicios en los resultados del mercado, y según esa lógica, los países que salen mal han sido irresponsables y hay que dejar que se valgan por sí mismos. Sin embargo, los datos reales dicen otra cosa. Stiglitz señala:
El déficit estructural del actual gobierno griego es menor al 4%. Porsupuesto que el gobierno anterior, ayudado por Goldman Sachs, creó una fosa mayor. Y ha sido la crisis global la que ha destapado esta situación.
España tenía excedentes antes de la crisis por tanto el gobierno no puede ser acusado de falta de disciplina. Es cierto que España debió ser más prudente y prevenir la formación de la burbuja inmobiliaria. Pero ahí estaban los euros que la permitieron, a tasas de interés bajísimas a las que España nunca hubiera tenido acceso sin la moneda única. Lo que se requiere hoy es crecimiento para impulsar la inversión, y no planes de freno a la economía.
Para Stiglitz, el riesgo del euro está al interior de Europa y no fuera. Y está en el alto desempleo juvenil que hay en Grecia (30%), España (44%) y Portugal (40%). Si las movilizaciones sociales consiguen su objetivo de desestabilizar a los gobiernos, puede llegar un momento en el cual los respectivos gobiernos se pregunten seriamente si vale la pena seguir el plan impuesto por el Fondo Monetario Internacional y Bruselas. Como es plenamente esperable, Stiglitz también se manifiesta contrario a la aplicación de políticas de esencia monetarista: no resuelven el problema de fondo que es el empleo.
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La nueva realidad de los mercados: caos y volatilidad
Después de vivir un período de repunte y euforia, los mercados bursátiles de todo el mundo han comenzado a caer estrepitosamente dando cuenta de la nueva realidad que invade el sistema: el caos y la volatilidad especulativa. Los problemas centrales que la economía mundial enfrenta, han caido en un círculo vicioso de repetición que los amplifica. Los gobiernos deben hacerse cargo de los mayores lastres que implican las quiebras de las instituciones financieras, y recurrir a fuertes recortes presupuestarios que debilitan aún más a la economía. Esa es la llamada política de shock. Un ajuste radical por la vía del "sálvese quien pueda".
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America Latina desafía la crisis financiera
De acuerdo al FMI, América Latina contribuirá a impulsar la recuperación económica mundial tras ser devastada por la crisis financiera: De acuerdo a las palabras de Nicolás Eyzaguirre y de Dominique Strauss-Kahn, la región está plena de energías para encarar el futuro y los países de la región se encuentran muy lejos de los altos niveles de endeudamiento que encaran los países industrializados. Ahora son esos países los que viven una fuerte crisis de endeudamiento, tal como América Latina vivió la suya en los años 80.
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