Dominique Plihon vio el desastre antes de tiempo. Este economista francés, presidente del comité científico de Attact y especialista de los sistemas financieros, sintetizó en un libro de anticipación económica la catástrofe que capturó a la economía mundial y que derivó en las dos crisis del siglo XXI: la de 2008 y la de 2009/2010, con su epicentro en Europa. Su libro El nuevo capitalismo ofreció hace casi diez años un retrato sintético de las transformaciones que estaban en curso en el seno del capitalismo, al tiempo que esbozó el rumbo que esas transformaciones le harían tomar: la dominación de las finanzas y la especulación por encima de los Estados, la pérdida del poder político frente al financiero, la degradación consiguiente de la democracia, el aumento de los déficit, la deuda y la pobreza. Reeditado el año pasado y reactualizado con nuevos análisis, el libro de Dominique Plihon sigue siendo una biblia pertinente y detallada sobre los estragos de un sistema financiero donde impera la impunidad y el apetito de dominación. Las finanzas terminaron fagocitando todos los campos: el conocimiento, el político, el social.
Las mutaciones tecnológicas –las nuevas tecnologías– y la globalización financiera son los dos signos concretos de las nuevas formas de dominación del capitalismo. Sin embargo, la crisis profunda que lo afecta vino a romper el consenso con el que esa forma del capitalismo había crecido hasta ahora. Este especialista en economía financiera, profesor en la Universidad de París XII y autor de varios libros sobre los mecanismos y los operadores del capitalismo, analiza en este entrevista con Página/12 la fractura del sistema y la necesidad de regularlo. Dominique Plihon, que estuvo en la Argentina durante la crisis de 2001, ve en la respuesta que la sociedad argentina dio a esa crisis formas originales que pueden servir para la crisis global de hoy.
–¿Cómo poner término a esta hecatombe del sistema financiero, que es a su vez un síntoma de su locura?
–Estamos en presencia de una crisis global del capitalismo. El principal detonante de esta crisis radica en el hecho de que el régimen de crecimiento que se instauró con la globalización está en crisis. Hoy estamos en la parte financiera de la crisis, estamos viviendo una crisis de la deuda, una crisis de la deuda privada de las empresas y de la gente, y una crisis de la deuda pública, de los Estados. En Estados Unidos, o en países de Europa como España, Italia, Francia, Grecia o Gran Bretaña, esta crisis se explica por el estancamiento del poder adquisitivo dentro del nuevo reparto de las riquezas. La gente más pobre tuvo que endeudarse masivamente para seguir viviendo. Y, a través de una serie de mecanismos complejos, la crisis financiera se extendió por la ausencia de control. Las autoridades no hicieron lo suficiente para regular las finanzas y ello derivó en una crisis profunda de las finanzas, de los bancos y de los actores financieros. El aumento brutal de la deuda pública se explica en gran parte por el hecho de que los gobiernos tuvieron que sustituirse a los actores privados para asumir sus deudas. La crisis de la deuda obliga a los gobiernos a llevar a cabo políticas duras, en particular en Europa, donde tenemos una crisis muy peligrosa y muy profunda. El gran error que están cometiendo hoy los gobiernos europeos consiste en llevar a cabo de manera conjunta y sin coordinación políticas presupuestarias y fiscales muy restrictivas. Esto conducirá a Europa a la deflación y, por consiguiente, a la agravación de los desequilibrios. Habrá que contar por lo menos con 10 años de crisis. La crisis es tanto más profunda cuanto que el capitalismo es víctima de sus contradicciones internas. El capitalismo no puede seguir funcionando así, se ha vuelto insostenible. Es preciso encontrar nuevas formas de regulación que necesitarán tiempo.
–Usted describe un capitalismo agotado. No obstante, hay hoy una característica inaudita: el capitalismo inauguró la era del crimen sin castigo. Los grandes responsables de la crisis están libres, con ganancias alucinantes. En suma, los operadores de la ruptura gozan de más privilegios que antes.
–Efectivamente. Por eso también estamos atravesando una crisis de la política, una crisis de la democracia. Hoy quienes deciden y toman las decisiones son los grandes actores financieros, los lobbies financieros. Los grandes bancos, los grandes actores, detentan un poder tal, tienen una potencia financiera y política de tales dimensiones que impiden que los gobiernos lleven a cabo auténticas reformas. Los gobiernos están capturados por los lobbies financieros. Esto es válido en los Estados Unidos, en Europa, en la Argentina o en Japón.
–Paralelamente a esta realidad, la gestión de la crisis por parte del poder político es totalmente oral, es decir, televisiva. Grandes declaraciones, megacumbres como las del G-20, pero, en realidad, ninguna medida se llega a plasmar contra esos lobbies financieros. ¿Cómo regular entonces en un sistema semejante?
–Hay que desarmar los mercados, es decir, recuperar el poder que está en manos de las finanzas para dar vuelta la corriente. La economía y la sociedad están hoy al servicio de las finanzas y del capitalismo financiero. Es preciso que ocurra todo lo contrario: las finanzas deben estar al servicio de los ciudadanos y de la sociedad. Debemos establecer nuevas formas de control del sistema financiero. Controlar quiere decir varias cosas: en primer lugar, tomar el control de la gestión de los bancos, de las decisiones. Para ello es preciso socializar el sistema bancario y prohibir que determinados actores realicen determinadas operaciones. Por ejemplo, habría que prohibir los hedge funds, suprimir los paraísos fiscales e implementar nuevos instrumentos, como la idea de aplicar tasas globales sobre las transacciones financieras. Ello permitiría luchar contra la especulación y, al mismo tiempo, recabar recursos para llevar a la práctica nuevas políticas.
–¿Cómo realizar un proyecto semejante cuando sabemos que, por ejemplo, la primera plaza financiera mundial offshore no son las Islas Caimán sino Londres, o sea, el corazón del sistema financiero internacional? En Londres se gestiona el 70 por ciento de los fondos especulativos europeos.
–Es un verdadero problema. Como los gobiernos están capturados por los medios financieros, es preciso pactar una alianza. Hace falta instaurar una nueva relación de fuerzas mediante una alianza entre los movimientos sociales, la sociedad civil, las organizaciones sindicales, las organizaciones de defensa de los consumidores y ciertas fuerzas políticas de izquierda que están dispuestas a luchar y cortar ese sistema. No habrá cambios si no se instaura una mínima relación de fuerzas políticas. Y esto debe hacerse a nivel internacional. Hay que coordinar los movimientos sociales de los distintos continentes. Ese es el único medio para obligar a los gobiernos y a los medios financieros a que cambien. De lo contrario todo seguirá igual.
–Usted se opone a la idea de-sarrollada por Toni Negri según la cual la economía inmaterial, es decir, Internet y todos sus derivados, puede convertirse en un aliado de ese contrapoder social internacional que usted describe.
–Tengo una postura crítica ante la tesis de Toni Negri. El cree que gracias a las nuevas tecnologías vamos a crear un nuevo mundo y salir del capitalismo. No creo en ello. Yo digo en mi libro que las nuevas tecnologías permiten nuevas formas de organización, empezando por la comunicación a través de la red, de todos los actores de la mundialización. Puede entonces ser utilizada como un medio de hacer circular la información y de organizarse para ganar nuevos espacios democráticos de debate, y coordinar las acciones contra esos adversarios que son los actores financieros, los políticos y los gobiernos aliados con esos actores. Ahí hay una posibilidad, pero no es suficiente.
–Con todo, ¿acaso podemos esperar que esa crisis abra nuevos métodos de acción?
–Sí. La crisis puede ser una oportunidad, una ocasión de dar vuelta la relación de fuerzas. La opinión pública, los gobiernos, son muy críticos ante el mundo de las finanzas. La gente está dispuesta a apoyar medidas radicales y es preciso articular una nueva forma de organización a fin de hacer el lazo entre las opiniones públicas. Ese es el trabajo que tenemos por delante, pero es una tarea difícil porque debe llevarse a cabo a nivel internacional, en el marco de la globalización. Esa es el único camino para salir de esto.
–Usted estuvo en la Argentina en el momento de la crisis de 2001. Sé que encontró, en la manera en que la sociedad argentina enfrentó esa crisis, respuestas adecuadas para la hecatombe actual. ¿Cuáles son?
–Entre las muchas cosas que vi en la Argentina en esa época hay dos que me parecen interesantes. La primera es el control de las empresas por parte de los asalariados: el hecho de que los empleados e incluso los habitantes de los barrios fueron capaces de asumirse para intentar reorganizar la producción y el funcionamiento de los barrios. Esos embriones de autogestión y de control popular son importantes y están llamados a desarrollarse en períodos de crisis. Lo segundo que encontré interesante atañe a la moneda. Me resultaron muy importantes las nuevas formas de organización monetaria, las monedas paralelas, que se pusieron en circulación para reemplazar la moneda nacional, que atravesaba por un momento de gran dificultad, con un sistema bancario que se había hundido. La experiencia argentina fue interesante por lo que ocurrió con la moneda y con las monedas como forma de organización social alternativa. Esa experiencia puede contribuir a reactivar lo que en Francia se llama la relocalización. Para luchar contra la globalización hay que relocalizar la actividad, hay que recrear la democracia a nivel local y regenerar la vida.
Fuente: Página 12
Una mirada no convencional al modelo económico neoliberal, las fallas del mercado y la geopolítica de la globalización
viernes, 28 de mayo de 2010
Dominique Plihon: “Este capitalismo se volvió insostenible"
Dominique Plihon es uno de los principales economistas de la linea heterodoxa, una corriente económica critica del neoliberalismo y de la exacerbada desregulación de los mercados causantes de la actual crisis. Plihon dice que detrás de esta crisis está la dominación de las finanzas y la especulación por encima de los Estados, la pérdida del poder político frente al poder financiero, la degradación consiguiente de la democracia, los déficit y la pobreza. En suma, la dominación del poder financiero por sobre el poder de los propios gobiernos. La siguiente entrevista fue realizada en París por Eduardo Febbro, para el diario argentino Página 12
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En China, hasta el ajo se convierte en objeto de especulación masiva
Ya el año pasado lo advertía en estos dos post: ¿Puede el ajo ser la próxima burbuja? y Olvídese del oro y el petróleo, invierta en ajo. Ahora, Le Monde, confirma que en China hasta el ajo se convierte en objeto de especulación masiva:
China es actualmente el escenario de una pasión por el ajo que no tiene nada que envidiar a la manía de los tulipanes, la famosa burbuja del siglo XVII que dio origen a un excesivo aumento en el precio de los tulipanes en los Países Bajos.
El año 2009 el ajo fue la mejor inversión: su valor de las acciones aumentaron un 560%. El jengibre y las judías verdes también sufrieron alarmantes brotes alcistas. Todo lo que puede favorecer a la inversión, ya sea de alimentos o productos financieros, puede dar lugar a burbujas.
La dinámica de la oferta influye fuertemente en la evolución de los precios. El costo de la carne de cerdo, el ingrediente básico de la alimentación en China, había subido considerablemente desde finales de 2007 como resultado de la tala inmoderada de los animales. Beijing decidió intervenir para frenar los efectos de esta subida de precios, que llevó la inflación al 8%. Un fenómeno similar se vive con el ajo. Algo que es muy preocupante si recordamos que China es responsable de la producción de las tres cuartas partes de la producción mundial.
Los rumores de que el ajo ayuda a la curación de la gripe swine-flu (H1N1), por otra parte, estimulan su consumo. Sin embargo, los efectos beneficiosos del consumo de ajo no pueden justificar un aumento de esta magnitud. Se le debe mucho al exceso de liquidez en circulación. El aumento del 30% en el volumen de los préstamos bancarios en 2009 ha apoyado a la economía, pero algunos de estos fondos fueron colocados en todo tipo de activos. Durante el mismo año, las acciones subieron 80%, mientras que el mercado inmobiliario se incrementó en un 25%. Los pequeños mercados, que comercializan el ajo y las habas, han sido objetos de gran tentación para los especuladores.
Los compradores de ajo, sin embargo, no han escapado a las políticas del gobierno. La vigilancia del gobierno ha bajado el precio en un 35%. El Departamento de Desarrollo Nacional y Reformas vio con malos ojos el meteórico ascenso en el precio de los granos, el ajo y otros productos, y abrió una investigación. La fuerte corrección que ocurre con las acciones en otros mercados también ha exacerbado el apetito de los especuladores de riesgo. La comisión anunció que el precio de estos productos seguirá disminuyendo en los próximos meses.
Pero así como es difícil eliminar el olor del ajo, así de dificil puede resultar apagar un frenesí especulativo alimentado por la abundancia de liquidez. Al igual que la burbuja de los tulipanes, el curso del precio del ajo puede medir la abundancia de capital.
_________
Vía Le Monde
Lecturas:
- ¿Puede el ajo ser la próxima burbuja?
- Olvídese del oro y el petróleo, invierta en ajo
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jueves, 27 de mayo de 2010
Los mercados y el fin de la prudencia
Claire Gatinois y Anne Michel. Le Monde.
La crisis de la Zona Euro, que moviliza e inquieta a dirigentes de todo el mundo, ha sacado a escena a los “mercados”. Una entidad etérea, aunque superpoderosa, a la que solo el humor controla cotidianamente. Si están “orientados al alza” no hay problema pero si caen y se ponen “nerviosos, inquietos e inestables”, cunde el pánico. Los responsables políticos acuden entonces, prestos, “a darles garantías, a calmarlos, a tranquilizarlos”. Definitivamente, han quedado atrás los tiempos en los que el General de Gaulle podía afirmar que “la política francesa no se teje en los parquets”.
Pero ¿quiénes son estos “mercados” que parecen estar decidiendo la suerte de nuestras economías y fragilizando a nuestros Estados, después de haber puesto en dificultades a los bancos? ¿Quién o quiénes están detrás de la famosa “mano invisible”, descrita por el economista liberal Adam Smith, en el siglo XVIII?
Múltiples intervinientes
Los mercados de capitales son, simplemente, el lugar donde se encuentran –y se ajustan- la oferta y la demanda de financiación. Por el lado de la demanda están empresas y Estados: las unas buscan crecer y los otros, financiar sus déficits y endeudamientos. Por el lado de la oferta hay inversores privados, bancos y empresas, deseosos de invertir su ahorro, sus propios fondos o su tesorería.
Dos grandes mecanismos hacen circular el dinero: las acciones –que son títulos de propiedad de parte del capital de una empresa determinada- y las obligaciones –que son títulos de deuda emitidos por un Estado o por una empresa. En ambos mercados confluyen diversos actores: intermediarios que invierten el dinero de los bancos; gerentes de compañías de seguros; gestores de fondos de inversión o de fondos de pensiones y por último, fondos especulativos: los famosos Hedge Founds.
Cada uno de ellos actúa por motivos diferentes, con perspectivas distintas: los unos buscan rendimientos a largo plazo mientras que, los otros, especulan a corto.
La clave en la financiación de la actividad económica
La época dorada de los mercados comenzó en el siglo XIX, coincidiendo con la construcción de ambiciosas obras públicas como el Canal de Suez o el de Panamá. “Para llevarlas a cabo se necesitó dinero de todo el mundo”, indica Paul Jorion, autor de L'Implosion. La finance contre l'économie (Fayard, 2008). El mercado de la deuda pública floreció, por su parte, en tiempos de guerra.
Poco a poco los mercados comenzaron a crecer, financiando un crecimiento mundial que los bancos nunca fueron capaces de sufragar solos. Actualmente juegan un papel fundamental en la economía, sobre todo en Estados Unidos, cuya economía está financiada en dos terceras partes por los mercados (frente a Europa, cuya economía está financiada por los mercados en solo una tercera parte).
En 2009, cuando el sector bancario estuvo al borde de la bancarrota y tuvo que cerrar el grifo del crédito, los mercados tomaron el relevo para financiar a las empresas, quienes se orientaron hacia el mercado de deuda para financiar sus inversiones. Las cantidades aportadas son colosales: más de 37.000 billones de dólares se movilizaron en las Bolsas del mundo entero en 2010 y 64.000 en el mercado de la deuda.
En Francia el mercado de la deuda se ha llegado a convertir en la única fuente de financiación del Estado. El Tesoro Público emite, cada mes, entre 15 y 20 billones de euros de deuda pública. Actualmente circulan por los mercados unos 1.189 billones de euros de deuda pública francesa.
Las reglas de prudencia han saltado por los aires
Si hacemos caso a la Teoría Económica, los mercados son virtuosos. La relación entre vendedores y compradores a través de un mecanismo de subastas, permitiría que en ellos se labre una especie de precio ideal. Pero la realidad es muy diferente puesto que la modernización de los mercados, acelerada –en Europa- a principios de la década de los 1990 y su subsiguiente sofisticación, provocaron una proliferación de productos derivados . Desde entonces, la legendaria “eficiencia” de los mercados se ha vuelto algo más que discutible.
Para Agustín Landier, profesor de la Escuela de Economía de Toulouse, las cosas empezaron a descontrolarse, un poco antes del año 2000. En ese momento se desarrolló el shadow banking system [sistema bancario en la sombra], una especie de sistema financiero fantasma. “Wall Street se convirtió entonces en una máquina de marketing” porque permitió a una empresa cualquiera, prosigue Landier, “desarrollar productos financieros cada vez más complejos, extraños e incomprensibles, pensados para escapar a cualquier control por parte de las autoridades reguladoras”.
Fue a partir de entonces, cuando los derivados se multiplicaron hasta el infinito. Aparecieron contratos potenciales que permiten especular sobre la subida o bajada de una acción determinada e incluso, sobre el precio de las materias primas: desde el trigo hasta las cortezas de cerdo.
Todas las normas de prudencia se hicieron añicos. Los endeudamientos bancarios, que forman parte de un balance, se convirtieron, de repente, en activos financieros. Los créditos hipotecarios –como las subprimes- se desperdigaron por los mercados de todo el mundo. Los endeudamientos, por último, vivieron su época dorada al poder ser reagrupados o troceados.
El mundo de las finanzas, opacado
Los mercados se convirtieron a partir de entonces en una maquinaria infernal sobre la que se abalanzaron especuladores, dispuestos a apostar al hundimiento de todo un sistema, como lo describe Michael Lewis en el libro de cabecera de esta crisis: The Big Short (Norton & Co.). El mundo de las finanzas se hizo opaco. Los productos, demasiado complejos, ya no podían ser analizados más que por especialistas. Poco a poco, las máquinas comenzaron a reemplazar a los seres humanos.
Algunos Hedge Funds, como Renaissance Technologies, creado por el multimillonario Jim Simons en Estados Unidos, funcionan casi exclusivamente a través de sistemas informáticos. “Actualmente, las finanzas devoran talentos. Los fondos especulativos buscan a los mejores expertos en informática como si fueran Google. Suele ser un quilombo porque se trata de formas de negocio, socialmente muy diferentes”, se lamenta Landier. “El sistema perdió el control. Algunos inversores siguen financiando la economía real pero la mayoría especula: ya no se compran títulos en función de perspectivas económicas sino de vaivenes coyunturales, susceptibles de generar rentabilidad inmediata”, se queja Franklin Pichard, director de Barclays Bolsa.
Lógica cortoplacista
¿Han descarrilado los mercados? Es lo que parecen insinuar los Gobiernos, cuando acusan a los especuladores de haber puesto en riesgo al sistema. Pese a ello, si se contemplan las cosas detenidamente, la especulación pura y dura supone una parte ínfima del volumen de capitales que son intercambiados a diario. Los verdaderos actores centrales son, de hecho, inversores institucionales y no los Hedge Funds.
Patrick Artus -responsable del área de investigación de Natixis- piensa que si los mercados se han convertido en un peligro es porque sus actores –empezando por los institucionales- han asumido una lógica cortoplacista porque están obligados a rendir cuentas trimestralmente a pesar de que, en teoría, sus inversiones son a largo.
Esa lógica les habría llevado a asumir comportamientos miméticos y zigzagueantes que habrían contribuido a inflar los precios. Artus propone que se favorezca a inversores orientados al largo plazo que no se vuelvan locos ante cualquier sobresalto anecdótico del mercado.
Claire Gatinois y Anne Michel, Le Monde. Traducido para Rebelión por Juan Aguiló
La crisis de la Zona Euro, que moviliza e inquieta a dirigentes de todo el mundo, ha sacado a escena a los “mercados”. Una entidad etérea, aunque superpoderosa, a la que solo el humor controla cotidianamente. Si están “orientados al alza” no hay problema pero si caen y se ponen “nerviosos, inquietos e inestables”, cunde el pánico. Los responsables políticos acuden entonces, prestos, “a darles garantías, a calmarlos, a tranquilizarlos”. Definitivamente, han quedado atrás los tiempos en los que el General de Gaulle podía afirmar que “la política francesa no se teje en los parquets”.
Pero ¿quiénes son estos “mercados” que parecen estar decidiendo la suerte de nuestras economías y fragilizando a nuestros Estados, después de haber puesto en dificultades a los bancos? ¿Quién o quiénes están detrás de la famosa “mano invisible”, descrita por el economista liberal Adam Smith, en el siglo XVIII?
Múltiples intervinientes
Los mercados de capitales son, simplemente, el lugar donde se encuentran –y se ajustan- la oferta y la demanda de financiación. Por el lado de la demanda están empresas y Estados: las unas buscan crecer y los otros, financiar sus déficits y endeudamientos. Por el lado de la oferta hay inversores privados, bancos y empresas, deseosos de invertir su ahorro, sus propios fondos o su tesorería.
Dos grandes mecanismos hacen circular el dinero: las acciones –que son títulos de propiedad de parte del capital de una empresa determinada- y las obligaciones –que son títulos de deuda emitidos por un Estado o por una empresa. En ambos mercados confluyen diversos actores: intermediarios que invierten el dinero de los bancos; gerentes de compañías de seguros; gestores de fondos de inversión o de fondos de pensiones y por último, fondos especulativos: los famosos Hedge Founds.
Cada uno de ellos actúa por motivos diferentes, con perspectivas distintas: los unos buscan rendimientos a largo plazo mientras que, los otros, especulan a corto.
La clave en la financiación de la actividad económica
La época dorada de los mercados comenzó en el siglo XIX, coincidiendo con la construcción de ambiciosas obras públicas como el Canal de Suez o el de Panamá. “Para llevarlas a cabo se necesitó dinero de todo el mundo”, indica Paul Jorion, autor de L'Implosion. La finance contre l'économie (Fayard, 2008). El mercado de la deuda pública floreció, por su parte, en tiempos de guerra.
Poco a poco los mercados comenzaron a crecer, financiando un crecimiento mundial que los bancos nunca fueron capaces de sufragar solos. Actualmente juegan un papel fundamental en la economía, sobre todo en Estados Unidos, cuya economía está financiada en dos terceras partes por los mercados (frente a Europa, cuya economía está financiada por los mercados en solo una tercera parte).
En 2009, cuando el sector bancario estuvo al borde de la bancarrota y tuvo que cerrar el grifo del crédito, los mercados tomaron el relevo para financiar a las empresas, quienes se orientaron hacia el mercado de deuda para financiar sus inversiones. Las cantidades aportadas son colosales: más de 37.000 billones de dólares se movilizaron en las Bolsas del mundo entero en 2010 y 64.000 en el mercado de la deuda.
En Francia el mercado de la deuda se ha llegado a convertir en la única fuente de financiación del Estado. El Tesoro Público emite, cada mes, entre 15 y 20 billones de euros de deuda pública. Actualmente circulan por los mercados unos 1.189 billones de euros de deuda pública francesa.
Las reglas de prudencia han saltado por los aires
Si hacemos caso a la Teoría Económica, los mercados son virtuosos. La relación entre vendedores y compradores a través de un mecanismo de subastas, permitiría que en ellos se labre una especie de precio ideal. Pero la realidad es muy diferente puesto que la modernización de los mercados, acelerada –en Europa- a principios de la década de los 1990 y su subsiguiente sofisticación, provocaron una proliferación de productos derivados . Desde entonces, la legendaria “eficiencia” de los mercados se ha vuelto algo más que discutible.
Para Agustín Landier, profesor de la Escuela de Economía de Toulouse, las cosas empezaron a descontrolarse, un poco antes del año 2000. En ese momento se desarrolló el shadow banking system [sistema bancario en la sombra], una especie de sistema financiero fantasma. “Wall Street se convirtió entonces en una máquina de marketing” porque permitió a una empresa cualquiera, prosigue Landier, “desarrollar productos financieros cada vez más complejos, extraños e incomprensibles, pensados para escapar a cualquier control por parte de las autoridades reguladoras”.
Fue a partir de entonces, cuando los derivados se multiplicaron hasta el infinito. Aparecieron contratos potenciales que permiten especular sobre la subida o bajada de una acción determinada e incluso, sobre el precio de las materias primas: desde el trigo hasta las cortezas de cerdo.
Todas las normas de prudencia se hicieron añicos. Los endeudamientos bancarios, que forman parte de un balance, se convirtieron, de repente, en activos financieros. Los créditos hipotecarios –como las subprimes- se desperdigaron por los mercados de todo el mundo. Los endeudamientos, por último, vivieron su época dorada al poder ser reagrupados o troceados.
El mundo de las finanzas, opacado
Los mercados se convirtieron a partir de entonces en una maquinaria infernal sobre la que se abalanzaron especuladores, dispuestos a apostar al hundimiento de todo un sistema, como lo describe Michael Lewis en el libro de cabecera de esta crisis: The Big Short (Norton & Co.). El mundo de las finanzas se hizo opaco. Los productos, demasiado complejos, ya no podían ser analizados más que por especialistas. Poco a poco, las máquinas comenzaron a reemplazar a los seres humanos.
Algunos Hedge Funds, como Renaissance Technologies, creado por el multimillonario Jim Simons en Estados Unidos, funcionan casi exclusivamente a través de sistemas informáticos. “Actualmente, las finanzas devoran talentos. Los fondos especulativos buscan a los mejores expertos en informática como si fueran Google. Suele ser un quilombo porque se trata de formas de negocio, socialmente muy diferentes”, se lamenta Landier. “El sistema perdió el control. Algunos inversores siguen financiando la economía real pero la mayoría especula: ya no se compran títulos en función de perspectivas económicas sino de vaivenes coyunturales, susceptibles de generar rentabilidad inmediata”, se queja Franklin Pichard, director de Barclays Bolsa.
Lógica cortoplacista
¿Han descarrilado los mercados? Es lo que parecen insinuar los Gobiernos, cuando acusan a los especuladores de haber puesto en riesgo al sistema. Pese a ello, si se contemplan las cosas detenidamente, la especulación pura y dura supone una parte ínfima del volumen de capitales que son intercambiados a diario. Los verdaderos actores centrales son, de hecho, inversores institucionales y no los Hedge Funds.
Patrick Artus -responsable del área de investigación de Natixis- piensa que si los mercados se han convertido en un peligro es porque sus actores –empezando por los institucionales- han asumido una lógica cortoplacista porque están obligados a rendir cuentas trimestralmente a pesar de que, en teoría, sus inversiones son a largo.
Esa lógica les habría llevado a asumir comportamientos miméticos y zigzagueantes que habrían contribuido a inflar los precios. Artus propone que se favorezca a inversores orientados al largo plazo que no se vuelvan locos ante cualquier sobresalto anecdótico del mercado.
Claire Gatinois y Anne Michel, Le Monde. Traducido para Rebelión por Juan Aguiló
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Manifiesto por la libertad del pensamiento económico
Fondo Sylos Labini
1. La teoría dominante se encuentra en crisis
En la actualidad, después de años de atrofia, está haciéndose oír un nuevo espíritu, y a la ciencia económica le toca mostrar una respuesta a la altura. La crisis global que está teniendo lugar marca un punto de inflexión de capital importancia. Como han señalado ya gran número de personas, en la crisis actual están cayendo las teorías económicas dominantes y el fundamentalismo de laissez-faire (dejar hacer) que extraía su legitimidad y vitalidad de ellas; teorías que no habían comprendido la fragilidad del sistema de acumulación sin control. Estas teorías desempeñaron su función en la construcción del sistema, promoviendo la transición a una economía dominada por las finanzas, a la liberación de los mercados financieros, a la reducción de la defensa y el control de la mano de obra, con un drástico empeoramiento en la distribución de los ingresos y el agravamiento de los problemas de la demanda. Así, también desempeñaron su parte en la venida del estado de crisis y ahora es necesario restaurar la economía a los cimientos éticos que subyacían el pensamiento de los economistas clásicos.
2. Necesidad urgente de una nueva serie de debates en el debate económico
Es necesario volver a abrir de forma urgente el debate sobre los cimientos de los diversos enfoques teóricos en el campo de la economía. Es hora de abandonar la idea de que existe únicamente una verdad sin alternativa alguna en las ciencias económicas, independientemente de su conveniencia como justificación para los economistas y los comentaristas económicos mayoritarios. Realmente es hora de dejar algo de espacio a las teorías alternativas (keynesianas, clásicas, institucionalistas, evolucionistas e históricas), con la amplia diversidad de sus variantes, tanto en la enseñanza como en la investigación. Debemos adaptar nuestras herramientas al momento en que vivimos e incluir el análisis de género en nuestros estudios. También debemos prestar la atención que se merece cada nueva idea en el campo de la economía, en nombre de la libertad y del libre intercambio. Debemos oponernos con vigor a las concentraciones de poder (en las universidades, los centros de investigación nacionales e internacionales, las instituciones económicas nacionales e internacionales y los medios de comunicación) como las que han derivado en el reciente clima de aceptación sin cuestionamiento del neofundamentalismo del laissez-faire.
3. La economía al servicio de las personas
Las ciencias económicas deben concebirse en el sentido amplio del término, sin definiciones unilaterales ni prohibiciones contra el intercambio con las demás ciencias sociales. El objetivo de la investigación debe ser la comprensión de las realidades sociales que nos rodean, como condición previa para escoger las políticas que pretenden mejorar la calidad general de vida y estar a favor del bien común.
4. Un método que ya no sea un fin en sí mismo.
Con este fin, deben utilizarse las técnicas de que se dispone, desde los análisis historiográficos a econométricos, desde el análisis de las instituciones a la elaboración de modelos matemáticos, sin prohibición de ninguna técnica pero, al mismo tiempo, sin que el refinamiento de la técnica analítica se convierta en un objetivo autorreferenciado, una fuente de conformismo y de pala niveladora de la educación de las jóvenes generaciones de economistas. Con este fin, debe fomentarse la confrontación crítica entre estos diversos enfoques y análisis.
5. Un nuevo orden del día
Se sugieren cinco temas que creemos de especial importancia en la etapa en la que nos encontramos y que merecen la promoción de estudios y proyectos:
a. Mercado, estado y sociedad. Tras décadas de observación de cómo el mercado y su supuesta «mano invisible» invadían en gran medida diversas áreas de acción pública y relaciones sociales, es hora de contemplar nuevas maneras de integrar el mercado, el estado y la sociedad, prestando la atención debida a los problemas de democracia, justicia y ética, y en términos de sostenibilidad medioambiental en el desarrollo.
b. Globalización del rostro humano. Después de la globalización de los mercados, sin regular e impulsados por las finanzas, es hora de mirar hacia una integración internacional de los pueblos que tenga un gobierno democrático, que impulse los flujos de conocimiento y experiencia y, además, de personas, junto con los flujos de bienes, y promueva la cooperación social en lugar de la competencia mundial sin piedad.
c. Un nuevo humanismo del trabajo. Se necesita un nuevo modo de pensar sobre la función del trabajo en las sociedades modernas, como fuente de ingresos decentes o aceptables para todos, de conocimiento y de relaciones sociales, y como medio de desarrollo social y emancipación civil de los ciudadanos.
d. Reducción de la desigualdad. Las diferencias en ingresos y poder entre países y, dentro de éstos, entre los grupos sociales y las personas, han aumentado hasta un punto inaceptable y, por lo tanto, resulta necesario elaborar un modelo organizativo de relaciones diseñado de forma eficaz para reducir las desigualdades a nivel social y territorial, entre hombres y mujeres, y entre las diversas personas. También es esto una condición esencial para una salida creíble de la crisis, que clama por una revitalización del consumo colectivo e individual así como por inversiones públicas y por la estimulación de demanda nueva por parte de países y grupos que habían permanecido hasta el momento en las fronteras del desarrollo y del bienestar social. Sin tales cambios, existe un verdadero riesgo de restauración del régimen neo-laissez-faire de acumulación basado en la especulación financiera, abriendo con ello el camino para crisis posteriores incluso más graves que la actual.
e. Un mayor equilibrio en el desarrollo. Necesitamos avanzar desde un crecimiento ilimitado cuantitativo hacia un desarrollo más equilibrado basado en la calidad. Debe prestarse atención a la elaboración de índices alternativos al producto nacional bruto, que puede resultar equívoco, puesto que no representa el rango completo de actividades económicas, el coste en cuanto al medio ambiente y el bienestar real de las personas.
Associazione Paolo Sylos Labini. Traducción de Mar Rodríguez
Fondo Sylos Labini
1. La teoría dominante se encuentra en crisis
En la actualidad, después de años de atrofia, está haciéndose oír un nuevo espíritu, y a la ciencia económica le toca mostrar una respuesta a la altura. La crisis global que está teniendo lugar marca un punto de inflexión de capital importancia. Como han señalado ya gran número de personas, en la crisis actual están cayendo las teorías económicas dominantes y el fundamentalismo de laissez-faire (dejar hacer) que extraía su legitimidad y vitalidad de ellas; teorías que no habían comprendido la fragilidad del sistema de acumulación sin control. Estas teorías desempeñaron su función en la construcción del sistema, promoviendo la transición a una economía dominada por las finanzas, a la liberación de los mercados financieros, a la reducción de la defensa y el control de la mano de obra, con un drástico empeoramiento en la distribución de los ingresos y el agravamiento de los problemas de la demanda. Así, también desempeñaron su parte en la venida del estado de crisis y ahora es necesario restaurar la economía a los cimientos éticos que subyacían el pensamiento de los economistas clásicos.
2. Necesidad urgente de una nueva serie de debates en el debate económico
Es necesario volver a abrir de forma urgente el debate sobre los cimientos de los diversos enfoques teóricos en el campo de la economía. Es hora de abandonar la idea de que existe únicamente una verdad sin alternativa alguna en las ciencias económicas, independientemente de su conveniencia como justificación para los economistas y los comentaristas económicos mayoritarios. Realmente es hora de dejar algo de espacio a las teorías alternativas (keynesianas, clásicas, institucionalistas, evolucionistas e históricas), con la amplia diversidad de sus variantes, tanto en la enseñanza como en la investigación. Debemos adaptar nuestras herramientas al momento en que vivimos e incluir el análisis de género en nuestros estudios. También debemos prestar la atención que se merece cada nueva idea en el campo de la economía, en nombre de la libertad y del libre intercambio. Debemos oponernos con vigor a las concentraciones de poder (en las universidades, los centros de investigación nacionales e internacionales, las instituciones económicas nacionales e internacionales y los medios de comunicación) como las que han derivado en el reciente clima de aceptación sin cuestionamiento del neofundamentalismo del laissez-faire.
3. La economía al servicio de las personas
Las ciencias económicas deben concebirse en el sentido amplio del término, sin definiciones unilaterales ni prohibiciones contra el intercambio con las demás ciencias sociales. El objetivo de la investigación debe ser la comprensión de las realidades sociales que nos rodean, como condición previa para escoger las políticas que pretenden mejorar la calidad general de vida y estar a favor del bien común.
4. Un método que ya no sea un fin en sí mismo.
Con este fin, deben utilizarse las técnicas de que se dispone, desde los análisis historiográficos a econométricos, desde el análisis de las instituciones a la elaboración de modelos matemáticos, sin prohibición de ninguna técnica pero, al mismo tiempo, sin que el refinamiento de la técnica analítica se convierta en un objetivo autorreferenciado, una fuente de conformismo y de pala niveladora de la educación de las jóvenes generaciones de economistas. Con este fin, debe fomentarse la confrontación crítica entre estos diversos enfoques y análisis.
5. Un nuevo orden del día
Se sugieren cinco temas que creemos de especial importancia en la etapa en la que nos encontramos y que merecen la promoción de estudios y proyectos:
a. Mercado, estado y sociedad. Tras décadas de observación de cómo el mercado y su supuesta «mano invisible» invadían en gran medida diversas áreas de acción pública y relaciones sociales, es hora de contemplar nuevas maneras de integrar el mercado, el estado y la sociedad, prestando la atención debida a los problemas de democracia, justicia y ética, y en términos de sostenibilidad medioambiental en el desarrollo.
b. Globalización del rostro humano. Después de la globalización de los mercados, sin regular e impulsados por las finanzas, es hora de mirar hacia una integración internacional de los pueblos que tenga un gobierno democrático, que impulse los flujos de conocimiento y experiencia y, además, de personas, junto con los flujos de bienes, y promueva la cooperación social en lugar de la competencia mundial sin piedad.
c. Un nuevo humanismo del trabajo. Se necesita un nuevo modo de pensar sobre la función del trabajo en las sociedades modernas, como fuente de ingresos decentes o aceptables para todos, de conocimiento y de relaciones sociales, y como medio de desarrollo social y emancipación civil de los ciudadanos.
d. Reducción de la desigualdad. Las diferencias en ingresos y poder entre países y, dentro de éstos, entre los grupos sociales y las personas, han aumentado hasta un punto inaceptable y, por lo tanto, resulta necesario elaborar un modelo organizativo de relaciones diseñado de forma eficaz para reducir las desigualdades a nivel social y territorial, entre hombres y mujeres, y entre las diversas personas. También es esto una condición esencial para una salida creíble de la crisis, que clama por una revitalización del consumo colectivo e individual así como por inversiones públicas y por la estimulación de demanda nueva por parte de países y grupos que habían permanecido hasta el momento en las fronteras del desarrollo y del bienestar social. Sin tales cambios, existe un verdadero riesgo de restauración del régimen neo-laissez-faire de acumulación basado en la especulación financiera, abriendo con ello el camino para crisis posteriores incluso más graves que la actual.
e. Un mayor equilibrio en el desarrollo. Necesitamos avanzar desde un crecimiento ilimitado cuantitativo hacia un desarrollo más equilibrado basado en la calidad. Debe prestarse atención a la elaboración de índices alternativos al producto nacional bruto, que puede resultar equívoco, puesto que no representa el rango completo de actividades económicas, el coste en cuanto al medio ambiente y el bienestar real de las personas.
Associazione Paolo Sylos Labini. Traducción de Mar Rodríguez
Fondo Sylos Labini
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El Derrame petrolero, en vivo
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El desastre protagonizado en el Golfo de México por la plataforma petrolera British Petroleum está creando un enorme daño ecológico que a estas alturas puede ser irreversible. La gran mancha ocupa un área de 80 kilómetros cuadrados por 100 metros de espesor y continúa aumentando. La corriente amenaza con desplazar la marea negra hacia los cayos de Florida y toda la costa oriental. Y los dispersantes que está empleando BP son altamente tóxicos lo que compromete todo el ecosistema marino.
Los expertos calculan una fuga de 80.000 a 100.000 barriles diarios, es decir, veinte veces más que los 5.000 barriles declarados por la empresa petrolera. El actual derrame supera con creces los mayores desastres ecológicos de la historia, y puede prolongarse por otros seis meses. Como muestra el video en vivo del derrame: es como una llave abierta, pero al revés.
El desastre protagonizado en el Golfo de México por la plataforma petrolera British Petroleum está creando un enorme daño ecológico que a estas alturas puede ser irreversible. La gran mancha ocupa un área de 80 kilómetros cuadrados por 100 metros de espesor y continúa aumentando. La corriente amenaza con desplazar la marea negra hacia los cayos de Florida y toda la costa oriental. Y los dispersantes que está empleando BP son altamente tóxicos lo que compromete todo el ecosistema marino.
Los expertos calculan una fuga de 80.000 a 100.000 barriles diarios, es decir, veinte veces más que los 5.000 barriles declarados por la empresa petrolera. El actual derrame supera con creces los mayores desastres ecológicos de la historia, y puede prolongarse por otros seis meses. Como muestra el video en vivo del derrame: es como una llave abierta, pero al revés.
miércoles, 26 de mayo de 2010
Michael Hudson: Hoy Grecia, mañana Estados Unidos
Michael Hudson: Sin Permiso
Los "lobistas" financieros de Estados Unidos están tratando de utilizar la crisis griega como argumento para presionar a favor de un recorte del gasto público en la Seguridad Social y el programa Medicare. Es precisamente lo contrario de lo que están pidiendo los manifestantes griegos: que se suban los impuestos sobre el patrimonio y las actividades financieras y se reduzcan los que gravan la actividad laboral, y que se atiendan las reclamaciones de los trabajadores de dar prioridad financiera a las pensiones de jubilación sobre las peticiones de ayuda de los bancos de los cientos de miles de millones de dólares invertidos en préstamos basura que hoy no valen nada.
Llamemos al “rescate griego” por su nombre: un programa de rescate de activos en situación de riesgo de banqueros alemanes y de otros países europeos, así como de especuladores de todo el mundo. El dinero procede de otros Estados (principalmente del Tesoro alemán, con el consiguiente recorte del gasto interno en este país), los cuales han abierto una especie de cuenta corriente para que el Estado griego pueda pagar a los tenedores de bonos del país que los habían comprado a precios de saldo durante las últimas semanas. Éstos habrán hecho el negocio de su vida; y de igual modo se forrarán los compradores de cientos de miles de millones de dólares en títulos de cobertura por riesgos crediticios contra los bonos del Estado griego, así como los especuladores y los distintos jugadores del capitalismo de casino que hayan contratado seguros contra otros bonos europeos. (A su vez, quienes tengan que abonar estos seguros por riesgos crediticios van a necesitar que alguien les rescate, y así sucesivamente).
Los "lobistas" financieros de Estados Unidos están tratando de utilizar la crisis griega como argumento para presionar a favor de un recorte del gasto público en la Seguridad Social y el programa Medicare. Es precisamente lo contrario de lo que están pidiendo los manifestantes griegos: que se suban los impuestos sobre el patrimonio y las actividades financieras y se reduzcan los que gravan la actividad laboral, y que se atiendan las reclamaciones de los trabajadores de dar prioridad financiera a las pensiones de jubilación sobre las peticiones de ayuda de los bancos de los cientos de miles de millones de dólares invertidos en préstamos basura que hoy no valen nada.
Llamemos al “rescate griego” por su nombre: un programa de rescate de activos en situación de riesgo de banqueros alemanes y de otros países europeos, así como de especuladores de todo el mundo. El dinero procede de otros Estados (principalmente del Tesoro alemán, con el consiguiente recorte del gasto interno en este país), los cuales han abierto una especie de cuenta corriente para que el Estado griego pueda pagar a los tenedores de bonos del país que los habían comprado a precios de saldo durante las últimas semanas. Éstos habrán hecho el negocio de su vida; y de igual modo se forrarán los compradores de cientos de miles de millones de dólares en títulos de cobertura por riesgos crediticios contra los bonos del Estado griego, así como los especuladores y los distintos jugadores del capitalismo de casino que hayan contratado seguros contra otros bonos europeos. (A su vez, quienes tengan que abonar estos seguros por riesgos crediticios van a necesitar que alguien les rescate, y así sucesivamente).
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martes, 25 de mayo de 2010
Unión Europea enfrenta la madre de las deudas: 2,16 billones de euros

El sector financiero europeo se enfrenta a una gran deuda de 2,16 billones de euros (millones de milones), de acuerdo a una investigación realizada por economistas del Royal Bank of Scotland (RBS). Esta gran deuda fue emitida por instituciones del sector público y privado de Grecia, España y Portugal, y para que se detecten sus dimensiones hay que especificar que corresponde al 22 por ciento del producto interno bruto de toda la zona euro.
Esta cifra es mucho mayor a las estimaciones previas y profundizará los temores de impago, haciendo imposible las reestructuraciones de deuda en cualquiera de los tres países. España es la mayor preocupación dado el gran tamaño de su economía. Además, de los 2,16 billones, 1,49 billones corresponden a deuda española que está en instituciones extranjeras. Un leve impago de esta deuda puede provocar un fuerte impacto al sistema financiero mundial.
La estimación de € 2.160 millones se basa en datos compilados por el Banco de Pagos Internacionales (BPI), el Fondo Monetario Internacional (FMI), la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) y el Banco Mundial (BM). Se diferencia de las estimaciones anteriores, ya que incluye no sólo la exposición de los bancos extranjeros a la deuda de Grecia, Portugal y España, sino también la exposición de otras instituciones como compañías de seguros y fondos de pensiones.
El desgloce de esta deuda hasta fines del año pasado estiman la deuda griega en 338.000 millones de euros, equivalente al 142 por ciento del PIB griego. En el caso de España, la cifra es de 1.500 billones de euros, también 142 por ciento del PIB. Para Portugal, la cifra es de 333.000 millones, equivalente a dos veces su PIB. La cantidad combinada de estos tres países, a fines del año pasado, es € 2.171 millones. Pero los autores del informe señalan que la deuda se ha reducido levemente en los primeros cinco meses de este año.
El informe señala la necesidad de un esfuerzo combinado por parte de los países involucrados y las instituciones financieras internacionales para evitar un default. El problema es que las posibilidades de que los países restauren el orden en sus finanzas por medio de políticas de austeridad, tienden a hacer insostenible la gobernabilidad de los países. La misión urgente de las políticas internacionales es prever el daño potencial que se puede producir y tomar medidas para evitar que este daño se propague a todo el mundo.
Vía | Daily Mail , Financial Times
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10:25 p.m.
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Joseph Stiglitz: "La austeridad conduce al desastre"
En esta entrevista publicada en Le Monde, el economista Joseph Stiglitz y Premio Nobel 2001, señala que Europa, con sus planes de ajuste presupuestario, despidos y austeridad, va en la dirección equivocada:
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Para Stiglitz, el Fondo de Estabilidad se debió haber creado mucho antes para contar con recursos a los que echar mano en el período de las vacas flacas. Pero como nunca hubo una regulación decidida y consistente, sólo se confió en la omnipotencia de los mercados. El Fondo de Estabilización establecido hace apenas 15 días, implica que Europa ha detectado la necesidad de la solidaridad, de la empatía. Este principio de solidaridad es lo que ha marcado la diferencia entre Estados Unidos y Europa, según Stiglitz. Cuando un Estado se ve en dificultades, el gobierno central de Washington lo socorre. Europa no tiene un gobierno central y justamente esas disputas intestinas son las que bloquean los posibles avances.
Para Stiglitz, es la falta de solidaridad la que ha puesto en peligro el proyecto europeo, y de ahí que los países miembros de la Unión Europea requieran una mayor cohesión. Muchas autoridades basan sus juicios en los resultados del mercado, y según esa lógica, los países que salen mal han sido irresponsables y hay que dejar que se valgan por sí mismos. Sin embargo, los datos reales dicen otra cosa. Stiglitz señala:
Para Stiglitz, el riesgo del euro está al interior de Europa y no fuera. Y está en el alto desempleo juvenil que hay en Grecia (30%), España (44%) y Portugal (40%). Si las movilizaciones sociales consiguen su objetivo de desestabilizar a los gobiernos, puede llegar un momento en el cual los respectivos gobiernos se pregunten seriamente si vale la pena seguir el plan impuesto por el Fondo Monetario Internacional y Bruselas. Como es plenamente esperable, Stiglitz también se manifiesta contrario a la aplicación de políticas de esencia monetarista: no resuelven el problema de fondo que es el empleo.
Al adoptar la moneda única, los países miembros de la zona euro cedieron dos instrumentos de política que son fundamentales: el tipo de cambio y las tasas de interés. Por tanto no tienen cómo adaptarse a situaciones de crisis. Sobre todo porque Bruselas no ha ido lo suficientemente lejos en la regulación de los mercados. Y la Unión Europea no hizo planes en este sentido. Ahora, en cambio, quiere un plan coordinado de austeridad. Si este plan continúa, Europa va directo al desastre. Sabemos, a partir de la Gran Depresión de 1930, que esto es lo que no debe hacerse.
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Para Stiglitz, el Fondo de Estabilidad se debió haber creado mucho antes para contar con recursos a los que echar mano en el período de las vacas flacas. Pero como nunca hubo una regulación decidida y consistente, sólo se confió en la omnipotencia de los mercados. El Fondo de Estabilización establecido hace apenas 15 días, implica que Europa ha detectado la necesidad de la solidaridad, de la empatía. Este principio de solidaridad es lo que ha marcado la diferencia entre Estados Unidos y Europa, según Stiglitz. Cuando un Estado se ve en dificultades, el gobierno central de Washington lo socorre. Europa no tiene un gobierno central y justamente esas disputas intestinas son las que bloquean los posibles avances.
Para Stiglitz, es la falta de solidaridad la que ha puesto en peligro el proyecto europeo, y de ahí que los países miembros de la Unión Europea requieran una mayor cohesión. Muchas autoridades basan sus juicios en los resultados del mercado, y según esa lógica, los países que salen mal han sido irresponsables y hay que dejar que se valgan por sí mismos. Sin embargo, los datos reales dicen otra cosa. Stiglitz señala:
El déficit estructural del actual gobierno griego es menor al 4%. Porsupuesto que el gobierno anterior, ayudado por Goldman Sachs, creó una fosa mayor. Y ha sido la crisis global la que ha destapado esta situación.
España tenía excedentes antes de la crisis por tanto el gobierno no puede ser acusado de falta de disciplina. Es cierto que España debió ser más prudente y prevenir la formación de la burbuja inmobiliaria. Pero ahí estaban los euros que la permitieron, a tasas de interés bajísimas a las que España nunca hubiera tenido acceso sin la moneda única. Lo que se requiere hoy es crecimiento para impulsar la inversión, y no planes de freno a la economía.
Para Stiglitz, el riesgo del euro está al interior de Europa y no fuera. Y está en el alto desempleo juvenil que hay en Grecia (30%), España (44%) y Portugal (40%). Si las movilizaciones sociales consiguen su objetivo de desestabilizar a los gobiernos, puede llegar un momento en el cual los respectivos gobiernos se pregunten seriamente si vale la pena seguir el plan impuesto por el Fondo Monetario Internacional y Bruselas. Como es plenamente esperable, Stiglitz también se manifiesta contrario a la aplicación de políticas de esencia monetarista: no resuelven el problema de fondo que es el empleo.
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8:51 p.m.
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