lunes, 15 de febrero de 2010

Para Krugman, el eurodesastre lo explica la arrogancia del euro

Para el economista Paul Krugman, si España fuera un Estado norteamericano en vez de un país europeo, su situación económica no sería "tan mala". La culpa de los problemas por los que atraviesa Europa fue "la arrogante creencia" de que el continente podría trabajar con una moneda única.

En un artículo publicado por Krugman en The New York Times, The Making of a Euromess, Krugman establece similitudes entre la situación de Florida y España y cree que, si el país fuera un Estado norteamericano, los costos y los precios no se habrían disparado tanto.
"Florida, que entre otras cosas fue capaz de atraer libremente trabajadores de otros estados y mantener los costos laborales bajos, nunca padeció nada parecido a la inflación española. España hubiera recibido más apoyo automático en la crisis", explica.

En este sentido, recalca que España, antes de la crisis, aparecía como un modelo fiscal, con una deuda por debajo del 43% del PIB en 2007, comparada con el 66% de Alemania, una regulación bancaria ejemplar y superávits presupuestarios. "Pero con sus buenas temperaturas y sus playas, España era la Florida de Europa y, tal como Florida, experimentó un gran 'boom' inmobiliario".

La verdadera historia del 'eurodesastre' no radica en el libertinaje de los políticos, sino en la arrogancia de las élites, especialmente las élites políticas que empujaron a Europa a adoptar la moneda única antes de que el continente estuviera preparado para este experimento".

Ha sido la inflexibilidad del euro, y no el déficit, lo que ha agravado la crisis en España y otros países europeos. Más aún cuando hubo gobiernos irresponsables que se dejaron seducir por la tentación de la moneda única, y políticos que actuaron con arrogancia al pensar que Europa estaba preparada para ello.

La Breve Historia de "Casi Todo"



Este es un sorprendente trabajo de animación hecho a mano que en apenas tres minutos resume determinados hitos trágicos y cómicos de la historia. Las relaciones con Mel Brooks (La loca historia del mundo) o Monthy Python, saltan a la vista. Y aunque la idea de la evolución inicial no es del todo correcta, la idea de un mundo salvaje donde el pez grande se come al pez chico, está en la base de la codicia que originó la actual crisis global. Merece verse.

No tengo claro al autor, pero al parecer se trata de Esquimal desplazado: http://www.youtube.com/watch?v=gNYZH9kuaYM


viernes, 12 de febrero de 2010

Cómo enfrentarse al desequilibrio económico global

Las propuestas de Barack Obama están destinadas a limitar el tamaño de los bancos de Wall Street, pero el gobernador del Banco de Inglaterra afirma que es necesario tomar medidas audaces para impedir otra crisis financiera.
Este artículo lo escribio Larry Elliot para The Guardian, y fue publicado en español en Sin Permiso


El mundo de postguerra se edificó sobre tres principios esenciales. El primero es que los gobiernos debían mostrarse activos en su economía nacional a fin de promover el crecimiento. El segundo era que debían cooperar internacionalmente para garantizar que fuera compatible la estrategia de cada uno de ellos. El tercero, que a menos que el capital en general y el sector financiero en particular estuvieran controlados, se demostraría casi imposible alcanzar los dos primeros objetivos.

Poco a poco estamos volviendo a algo parecido a la visión mundial de la Edad de Oro. Ya no hay un Telón de Acero que deje fuera del mercado a miles de millones de personas. Y se reconoce, de un modo que en absoluto podían percibir los planificadores de la política de las décadas de 1950 o 60, que se produce una inherente tensión entre el crecimiento y el medio ambiente. La oportunidad perdida en Copenhague en diciembre pasado constituye un saludable aviso contrario a dar por hecho que los gobiernos "lo captan". Lo captan poco a poco, pero todavía tienen que llegar a ver la foto completa.

El anuncio hecho la semana pasada por Barack Obama fue una indicación más del rumbo que lleva el viaje. Dicho con sencillez, la Casa Blanca quiere limitar tanto el alcance como el volumen de la banca de Wall Street. El momento escogido se vio condicionado por la victoria republicana en Massachusetts, pero las reformas, propuestas por Paul Volcker, están destinadas a retrasar el reloj a aquellos días en que los bancos veían como tarea esencial por su parte canalizar el ahorro a la inversión, en lugar de jugar en los mercados con el dinero de sus clientes.

Pero hay cosas a las que objetar en las propuestas de Obama. La administración tiene que dar cuerpo a lo que intenta hacer para limitar las reestructuraciones en el seno de la industria de servicios financieros y, en potencia, hay una laguna importante en la buena disposición de permitir que los bancos continúen con el comercio de propiedad si beneficia a sus clientes. A diferencia de la Ley Glass-Steagall de 1933, la norma de Volcker no establece una rápida y tajante división entre las operaciones comerciales de la banca y sus actividades más especulativas, ni parece garantizar tampoco que los bancos no utilicen la fortaleza de la banca comercial para asegurarse una posición dominante en los mercados de capital. Hay un amplio margen para que Wall Street despliegue su considerable poder como grupo de presión a fin de aguar –y quizás incluso de hacer descarrillar– el paquete de reformas.

Pero quienes se oponen a las propuestas de la Casa Blanca deben andarse con cuidado, porque las justificaciones de las reformas no se basan sólo en lo que sería bueno para la economía sino en lo que es correcto. Al asumir que podía enriquecerse a costa del contribuyente, Wall Street ha perdido la poca autoridad moral que alguna vez haya podido tener. Las primas extra [“bonuses”] en un momento en el que el desempleo norteamericano se cifra en un 10% lo han convertido en una cuestión moral, que es la razón por la cual Roosevelt tuvo pocas dificultades a la hora de leerle la cartilla a los bancos en la década de 1930. Les resultará muy difícil a la banca mantener que sus actividades benefician a todo el mundo y no sólo a ellos mismos. La gente ya no se lo traga, y por una buena razón: que es falso.

Dicho esto, la reforma de los bancos es sólo la mitad del cuento, puesto que, como hizo notar Mervyn King [gobernador del Banco de Inglaterra] la semana pasada, todavía queda por resolver la cuestión de qué hacer con los desequilibrios de la economía global. Durante un cierto periodo, la conmoción causada por el derrumbe financiero de 2007 y 2008 condujo a superávits más reducidos para las grandes naciones exportadoras y déficits menores en el caso de las naciones importadoras. En los últimos meses, sin embargo, los desequilibrios han vuelto a empeorar una vez más.

El gobernador del Banco de Inglaterra tiene sin duda razón cuando afirma que la acción urgente adoptada por los bancos centrales y ministros de economía –tasas de interés más bajas, ajustes cuantitativos [imprimir moneda y ponerla en circulación]– son el equivalente tan solo de poner "una enorme tirita encima de las heridas". Tiene también razón al afirmar que harán falta acciones igualmente audaces para impedir la reaparición de la crisis, puesto que en la década de los 90 y los primeros años posteriores al 2000, se vio la incapacidad para enfrentarse a las consecuencias de la globalización.

Esto se convertirá, en realidad, en algo más apremiante, antes que menos, en el caso de que se abra paso la reforma radical de las finanzas globales. En los días anteriores al crac, la banca internacional actuaba como elemento de absorción de las conmociones producidas por los desequilibrios globales, tomando los excedentes de las grandes naciones exportadoras, como China y Japón, y reciclándolos en las economías de las naciones deficitarias, como los Estados Unidos y Gran Bretaña. Las finanzas suministraron el cableado –si bien un cableado defectuoso– del sistema económico global.

King lo expresa del siguiente modo: "El modelo de países pobres que ahorran mucho y países ricos que piden prestado no era sostenible...los flujos masivos de capital de los recién llegados a los mercados financieros internacionales impulsaron a la baja los tipos de interés y animaron a correr riesgos a una escala extraordinaria. Los bancos aumentaron sus balances y se crearon nuevos instrumentos para satisfacer la búsqueda de rendimientos”.

"En los cinco años anteriores a 2007, casi se triplicaron los balances de los mayores bancos del Reino Unido. La acumulación de riesgos llegó a amenazar la estabilidad del conjunto del sistema financiero. Los flujos de capital proporcionaron el combustible al que el sistema financiero inadecuadamente diseñado y regulado del mundo desarrollado prendió después fuego causando tormentoso incendio del que fuimos todos pasto".

Todo lo cual suscita dos preguntas. ¿Por qué los responsables de los bancos centrales, King incluido, no hicieron algo en ese momento, elevando los intereses a un nivel que podría haber impedido la creación de las burbujas de activos. Albert Edwards, analista de la Société Générale, se muestra mordaz respecto a la laxa política monetaria de la Reserva Federal y el Banco de Inglaterra durante los años de la burbuja. Haciendo uso de la llamada regla de Taylor, modelo que estima el nivel adecuado de las tasas de interés dependiendo del margen que hay entre la inflación real y el objetivo de inflación, y el del producto interior bruto real comparado con el PIB potencial, tasas que estaban demasiado bajas en los EE.UU. entre 2002 y 2006, creando condiciones fértiles para el auge inmobiliario.

Los bancos centrales, tal como lo ve Edwards, son en buena medida responsables de la crisis y han sido cómplices en la redistribución de la renta de las clases medias a los muy ricos. Sea esto verdad o no, desde luego la crisis ha puesto punto final a la idea de que entregar la política monetaria a los bancos independientes garantiza necesariamente un mejor resultado. Puestos a ello, los tecnócratas son tan capaces de pifiarla como los políticos.

La segunda cuestión es aún más importante, y vuelve a la inacabada labor de la conferencia de Bretton Woods en 1944, a saber, cómo alcanzar un acuerdo a escala global que se enfrente a los desequilibrios. Una debilidad fundamental de Bretton Woods consistía en que todo el peso del ajuste recaía enteramente sobre las naciones deudoras; esos países que mantienen déficits comerciales tenían que tomar medidas para frenar las importaciones, pero no había exigencia a las naciones acreedoras de que estimularan las exportaciones. El problema es aún más difícil de resolver hoy en día, no sólo porque ningún arreglo internacional entrañaría un acuerdo con bastantes más países sino porque no hay forma evidente de ejercer presión sobre la principal nación acreedora –China– para que tome medidas políticas.

En teoría, la solución es sencilla. China debería aceptar una revalorización significativa al alza del renminbi, que hiciera sus exportaciones significativamente más caras. Debería instalar un sistema de seguridad social más generoso de manera que los consumidores tengan que ahorrar menos en atención sanitaria y educación.

Acaso el nuevo foro de gestión económica global –el G-20– pueda encontrar una solución al problema que dejó perplejo a Keynes en 1944. Si no puede, las naciones deudoras se verán forzadas a enfrentarse a un descarnado dilema: o sacudidas financieras con carácter semipermanente o proteccionismo, tal y como admiten ya muchos analistas de la City con visión de futuro.

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NOTA T.: John B. Taylor, de la Universidad de Stanford, propuso a las autoridades monetarias en 1993 una regla de política que les ayudaría a estabilizar la producción real alrededor de una meta y a controlar la inflación. Su regla de política se apoya en una tasa de interés nominal que, cuando el PIB real y la tasa de inflación exceden su objetivo, se incrementa para generar un aumento de la tasa de interés real y así reducir la demanda agregada. Al revés, si la inflación y el PIB real caen por debajo del objetivo, recomienda recortar la tasa de interés nominal para aumentar la demanda agregada por la vía de un aumento de la tasa de interés real. Así, según Taylor, la tasa de interés nominal de corto plazo debería ser una función creciente de la tasa de inflación y de la producción real para objetivos dados en ambas variables. La experiencia previa de Taylor como analista en la consultora neoyorquina Townsend-Greenspan, entonces presidida por Alan Greenspan, le permitió conocer a fondo los mercados monetarios.

Traducción para www.sinpermiso.info: Lucas Antón
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Aquí JaN: Es interesante constatar que la regla de Taylor no dice nada sobre el tema del empleo. Esto es así, porque todos los modelos de espíritu neoclásico asumen la existencia perenne del pleno empleo. Para los modelos que se basan en la esencia neoclásica no existe esa cosa llamada desempleo pues solo hay desempleo voluntario. Por eso discrepo de la regla de Taylor, así como de gran parte de los dogmas de la política monetaria. Para más información sugiero revisar artículos como ¿Quien ganó con el control de la inflación?, o El adiós a la contrarrevolución monetarista, entre otros.

jueves, 11 de febrero de 2010

Ultraviolencia a vista de todos


Este video muestra la brutal pelea entre dos jóvenes de 15 años en una parada de autobús en Seattle, Estados Unidos. La pelea es a combos y patadas y una de las jóvenes propina seis patadas en la cabeza a la otra que yace en el suelo. La noticia ha impactado tanto por la brutalidad de la violencia juvenil, como por el hecho de que los guardias de seguridad permanecieron impávidos sin detener la violencia. Como vemos, el mundo está cada día más enfermo y enajenado.


El peso de la deuda: 1999-2010

(clickad para ampliar)

Sin duda que el peso de la deuda pública se está convirtiendo en un cancer social que puede reducir los programas públicos de salud, educación y seguridad ciudadana. La gráfica para el período 1999-2010, muestra (en rojo) la deuda pública como porcentaje del PIB para algunos países de la Zona euro, como Alemania, Bélgica, Irlanda, España, Portugal y Grecia, así como para Estados Unidos, el Reino Unido y Japón, el país más complicado de todos al tener una deuda pública en torno a 200% del PIB.

El área azul para el mismo período (1999-2010) corresponde a los puntos porcentuales de no pago que han alcanzado los países, siendo el más alto el de Grecia, con 4%.

Vía | The Wall Street Journal

Hoy tengo un sueño

Today, I Have a Dream from Wiland Pinsdorf on Vimeo.


Así como en agosto de 1963, en las gradas del Lincoln Memorial, Martin Luther King pronunció un emotivo y trascendental discurso sobre la igualdad y el respeto entre los hombres (discurso que cuelgo a continuación y cuyo texto lo puedes encontrar aquí: Tengo un sueño), hoy la humanidad debe recuperar esa fuerza y luchar por el respeto al medio ambiente y el consumo responsable que mantenga los equilibrios ecológicos y sustentables en el tiempo. Es un sueño perfectamente posible que se puede alcanzar con la participación generosa de todos, tal como el sueño que hace casi medio siglo inyectó a la humanidad la valentía de Martin Luther King, que siempre es bueno recordar.

Exposición de la banca presiona por rescate a Grecia

La crisis de crédito provocó astronómicas pérdidas en los bancos y el consiguiente rescate del sistema financiero por parte de los Estados. Ahora se plantea algo parecido con la crisis de la deuda griega, ya que la exposición de las entidades a los bonos de los diferentes países de la Eurozona podría acarrear enormes pérdidas en caso de default o contagio masivo. De ahí la necesidad del rescate, porque con el permiso del euro, que es parte central en el asunto, los bancos y el sistema financiero son el corazón de la economía.

El rescate no tendría nada de altruista porque los gobiernos europeos quieren evitar un impago que castigaría duramente a sus ya debilitados bancos, máxime en un momento en el que lo peor de la crisis de crédito parece haber pasado. En caso de problemas, las entidades financieras volverían a restringir el crédito en sus respectivos países ahogando de nuevo la incipiente recuperación.

La escasa credibilidad de Davos

Vicenç Navarro, Publico.es

Un mensaje que se está promoviendo ampliamente en medios liberales es que la economía española es escasamente eficiente y muy poco competitiva, y ello como resultado de las supuestas rigideces de su mercado de trabajo y del excesivo gasto público. Uno de los centros que han promovido más este mensaje es el Foro Económico Mundial que se celebra en Davos, citado frecuentemente como el Vaticano del pensamiento liberal. Uno de sus informes, Global Competitiveness Report 2009-2010 (en el que analiza la competitividad de los países del mundo), sitúa a España en términos muy desfavorables, por debajo de países del tercer e incluso del cuarto mundo. Y como era de esperar, el coordinador del estudio, Xavier Sala i Martín, ha sido ampliamente entrevistado por los medios de información de mayor difusión del país (la mayoría de los cuales son de persuasión liberal), proveyendo las cajas de resonancia a tal mensaje.

Un análisis riguroso de tal informe cuestiona, sin embargo, la validez del estudio, así como sus conclusiones. En primer lugar, el estudio no se basa, en su mayoría, en un análisis que utilice datos objetivos sobre los cuales construir el informe y alcanzar sus conclusiones. El estudio es primordialmente una encuesta de opinión en la que, en cada país, se pregunta a una institución próxima al mundo empresarial (con orientación liberal, en la mayoría de países) su opinión sobre una serie de preguntas que incluyen: “¿Cómo valora la percepción popular sobre el comportamiento ético de los políticos en su país?”, “¿cómo valora la contratación y el despido de trabajadores en su país?” o “¿cómo valora la disponibilidad de nuevas tecnologías?”, entre muchas otras. La institución que responde a aquella pregunta pone un número en una escala, sin que exista, sin embargo, una homologación en el criterio que guíe las respuestas. De esta manera, se abre el estudio a toda una serie de subjetividades. En algunos países, la institución que responde a las preguntas es muy crítica sobre la situación en su propio país, mientras que en otros lo es muy poco. Esta subjetividad, sin intento de homologación de criterios, es lo que caracteriza el estudio.

Esto lleva a resultados que son, como mínimo, sorprendentes (para expresarlo de una manera amable). Así, en la pregunta que se hace sobre corrupción en un país (“¿es práctica generalizada que se den fondos públicos a compañías o individuos como consecuencia de la corrupción?”), una dictadura como Qatar (que se ha convertido en el paraíso del mundo empresarial) aparece como uno de los países menos corruptos del mundo (en aquel país, la distribución de los recursos petrolíferos la hace el Gobierno entre miembros de la familia real), muy por encima de España. No hay duda de que hay corrupción en España. Pero poner una dictadura medieval como modelo de honestidad es poco creíble.

Otra valoración sorprendente es que Omán, otra dictadura feudal del Medio Oriente, sueño del mundo empresarial por la enorme riqueza petrolífera y por tener una fuerza de trabajo (la mayoría inmigrante) sin ningún derecho laboral, aparece como uno de los países que (según el contestador del cuestionario en aquel país) goza de mayor confianza popular respecto al comportamiento ético de sus políticos, muy por encima de un país democrático como España. Por lo visto, confianza popular quiere decir, para el que contesta la pregunta, confianza empresarial. En cuanto a “cómo considera usted la contratación y despido de los trabajadores”, España aparece a la cola, muy por debajo de Senegal. España, por cierto, se encuentra al mismo nivel que Senegal en el capítulo de “disponibilidad de nuevas tecnologías”.

En todos estos casos, lo único que muestra el informe es que la institución española (IESE, el centro de estudios empresariales que ha respondido por parte de España) es más crítica hacia su propio país que la institución de Senegal (Centre de Recherches Economiques Appliquées, Universidad de Dakar) o que la de Omán (The International Research Foundation) o que la de Qatar (Qatari Businessmen Association). Pero en ningún caso aportan datos que puedan compararse y que permitan llegar a conclusiones.

Me parece muy bien que las instituciones a las cuales se les pida su opinión sobre la situación en su país la den. Nada censurable en ello. IESE contestó acentuando el aspecto crítico y me parece muy bien. Pero me parece muy mal, y refleja una enorme falta de rigor (que da pie a todo tipo de manipulación), que el equipo coordinador ponga todas estas respuestas juntas, se amalgamen en un indicador y se produzca entonces una lista de países según su nivel de competitividad. En realidad, lo único que puede deducirse del informe Davos es que la agencia de Senegal que llena el cuestionario es menos crítica hacia su país de lo que es IESE hacia España. El informe mide distintos niveles de subjetividad. Pero nada más. Construir toda una serie de conclusiones sobre ello es no sólo frívolo, sino profundamente erróneo. Lo cual es fácilmente demostrable cuando se contrasta con datos objetivos. En el capítulo dedicado a la educación, cuando el informe Davos analiza la calidad educativa (en materias como matemáticas o ciencias), España aparece de nuevo a la cola (nº 99) junto con Kirguizistán. Pero el informe PISA, mucho más imparcial que el informe Davos, al basarse en datos objetivos, muestra que Kirguizistán tiene el conocimiento en matemáticas y ciencias más bajo de la lista de países analizados, mientras que España está ligeramente por debajo del promedio de los países de la OCDE, el grupo de países más ricos del mundo. Es en base a este tipo de estudios que la cultura liberal de Davos está presentando una visión de España deliberadamente negativa a fin de presionar al Gobierno español para que haga los cambios que ella desea.
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Vicenç Navarro es catedrático de Políticas Públicas en la Universidad Pompeu Fabra y profesor de Políticas Públicas de The Johns Hopkins University

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