El Tribunal Constitucional declaró viciado el préstamo de 400 millones de dólares otorgado por el BID al Transantiago, lo que pone en jaque a Cortázar y Velasco por negar la verdad a los chilenos. Negar, por ejemplo, que la promesa de un negocio de varios millones de dólares en el cual se tentaron empresarios como Andrés Navarro resultó un fiasco porque siempre miraron el volumen de la torta: 6 mil millones de dólares, pero sin ver la estructura de costos asociada (combustibles, sueldos, mantención, logística, equipamiento, infraestructura urbana, etc). Y sin decir que muchos, como Navarro -financista de la campaña de Lagos-, nunca hicieron su pega.
La –desde hoy- catástrofe nacional se ha llevado y se llevará a varios de los ministros de Bachelet que poco tuvieron que ver con la gestión, el diseño y la implementación de este burdo y mediocre plan de envergadura pública. Porque nadie fue capaz de resolver y enfrentar el dilema y el gobierno cayó en la trampa de la testarudez y la prepotencia política en una operación que terminó transformando para mal la convivencia de todos los santiaguinos.
Hasta antes de la calamidad, cuando un pasajero subía “por la puerta trasera” pagaba su pasaje haciendo circular las monedas hacia el chofer. Hoy, esa costumbre se perdió dando cuenta del deterioro en el nivel evolutivo, del retorno al saqueo y al pillaje que proviene desde el mismo seno de la estructura política, convertida en trinchera y en artilugio descalificatorio bajo las actitudes matonescas de Vidal, Pizarro o Escalona, dueños absolutos de la verdad y conocedores de la quintaesencia de lo que es el bienestar ciudadano. Ahora la trinchera se convierte en catástrofe nacional. Chile tiene su propio Katrina o Gustav, sólo que inventados por la naturaleza de la mala clase política chilena. Una clase política que como expresa el Juez Guzmán es "sesgada, limitada, fanática y excluyente"
El fracaso del transantiago
La pesadilla del Transantiago