jueves, 25 de junio de 2026

Por favor siglo XXI, bobos, no existe el “pueblo judío”, existe la religión judía

Concebir que existe un “pueblo judío”, convierte nuestro tiempo histórico en retrógrado y salvaje

Susana Khalil, Al Mayadeen

Liberemos al siglo XXI, no renunciando al pensamiento, por ejemplo, cuando nos embuten la ilustrativa estafa moral y científica del “pueblo judío”, para justificar la barbarie, el salvajismo colonial en Palestina y al resto del mundo árabe-persa.

Eunucos de la academia e intelectuales, no existe el “pueblo judío”, no existe Santa Klaus, no existe la Caperucita Roja, no existe Blanca Nieves. Existió el actor Christopher Reeve más no Superman.

Al catecismo académico e intelectual, no existe el “pueblo judío”, no existe el pueblo musulmán, no existe el pueblo cristiano, no existe el pueblo ateo, no existe el pueblo homosexual. Es un quiebre miserable tener que explicar esto hoy en el siglo XXI. Explicar esto no a los dogmáticos religiosos sino al recinto racional, científico y libre pensante, he allí la desgracia y desdicha humana.

La corrupción es humana; históricamente, es desde los valores humanos donde se fragua también la inhumanidad. En los tiempos de los valores humanos teocráticos, el sentido humano giraba en torno a Dios. Dios, era la belleza humana y desde allí también se engendró mucha inhumanidad. Con el advenimiento del secularismo como valor humano, digno y valioso, la ciencia y el raciocinio no escapan, no se salvan de la corrupción.

Hoy, hablar de “pueblo judío” es dar mayor interés a lo estético que a lo analítico y científico. Amén del temor y las amenazas. Si bien hoy Palestina es visible, existe una parálisis académica e intelectual; es una parálisis que se manifiesta desde una creatividad y mucho envoltorio que expresan la tragedia del pueblo nativo palestino, pero no manifiestan dos elementos: La liberación de toda Palestina y por lo tanto el fin del anacronismo eurocéntrico colonial fraudulentamente denominado “Israel”, ya que es un colonialismo y además los judíos no son un pueblo. Si no hay conciencia de estos dos elementos, estamos perdidos y somos parte del crimen. Siglo XXI, por lo menos incorpora, incluye en el ágora del debate, del análisis, de la investigación, qué son los judíos: ¿un pueblo o una religión? Deja que respondan los creativos fascistas-sionistas, ­­­­“somos sui generis, somos hermafroditas” y toda su estafa eurocéntrica, nazi-colonial, desde el secuestro estrangulador a la ciencia. Sacerdocio académico e intelectual. Analistas, periodistas, activistas, feministas, políticos, sindicalistas, estudiantes, artistas, deportistas, sexo diversidad, ecologistas, la Divina Comedia de Dante Alighieri, es una obra literaria hermosa pero no es un documento científico. La biblia, el Corán, la Torá no son documentos científicos. Sí pertenecen al ancestro de lo que hoy es el universo árabe-semita, manipulado por el eurocentrismo sionista colonial.

I.

En grandes líneas somos elocuentes, hay claridad y madurez cuando se trata de criticar, condenar desde la honestidad hechos retrógrados y criminales. Se es brillante, ilustre condenar el rancio fascismo de las religiones.

Hoy, en nuestro siglo XXI, el anacronismo eurocéntrico colonial fraudulentamente denominado “Israel”, prevalece una estructurada ineptitud, no solo en los sectores fanáticos evangélicos, sino también en el seno de la misma academia, es decir, desde el recinto de la ciencia, esto es lo más perturbador, lo más lúgubre.

Atención, lo absurdo, lo ridículo, lo insensato es vital, vital para la criminalidad.

En 1890 algunas ciudades de Estados Unidos y Europa prohibieron a las mujeres conducir bicicletas; esta prohibición no solo fue apoyada por la iglesia sino también fue sustentada por la academia médica. Desde el recinto de la ciencia médica se mintió, se fabricó una falsa enfermedad, trastornos de consecuencias negativas cuando la mujer conduce una bicicleta. Son cientos de miles de ridiculeces pero que son claves, vitales y perfectas, no para la ridiculez sino a través de ella para materializar la injusticia y el crimen. La ridiculez, lo absurdo e imbécil cobra vida.

Más reciente en 1967, cuando la estadounidense Katherine Switzer quería participar en el querido Maratón de Boston, la Federación Médica de Boston había levantado un diagnóstico en la que sostenía que trotar era dañino para la salud del género femenino. Es el caso o el equivalente de hoy en la academia e intelectualidad cuando se habla de “pueblo judío”… No hay diferencia.

II.

Hoy en el siglo XXI, creer y sentir que la religión judía es un pueblo, aparte de ser una mentira, es ridículo, pero una ridiculez necesaria, ya que sirve como manto de encanto a la inmundicia colonial en Palestina.

Concebir que existe un “pueblo judío”, convierte nuestro tiempo histórico en retrógrado y salvaje. Esto, aparte de ser errático, es tarado, imbécil, bobo, gafo, es oscurantismo, es insensato, es corrupto, es un aromático engaño; le estético camufla lo analítico y científico. Aquí existe una cómoda renuncia a pensar, sí, a pensar. Heidegger decía que lo propio de ser humano es pensar, a eso renunció el nazi Rudolf Eichmann. Para Hannah Arendh esa renuncia es la clave para el crimen.

Desde 1948 han dopado en hacer creer, sentir y desde una grata, cómoda y aromática ignorancia, desde una estructurada ignorancia, desde una articulada ignorancia desde incluso una glamurosa ignorancia, que existe un “pueblo judío”, cuando en realidad es la religión judía.

Insisto y resisto, quiero ser hija de mi tiempo histórico, creer que la religión judía es el pueblo judío, es un eurocentrismo, es insoportablemente retrógrado, es brutalidad, es lo atrasado, es retardatario.

Hoy, en nuestro tiempo histórico, hablar de la liberación del pueblo nativo semita palestino contra el anacronismo eurocéntrico colonial, fraudulentamente denominado “Israel” es el tabú de nuestro tiempo.

El sacerdocio académico-intelectual, ese púlpito intocable, esa vaca sagrada es la neo-inquisición de nuestro tiempo presente.

Mi manifiesto es que no existe el “pueblo judío”, que el pueblo nativo palestino debe ser liberado y que el anacronismo eurocéntrico colonial y expansionista fraudulentamente denominado “Israel” debe ser abolido. Así como en mi amada Venezuela fue abolido el colonialismo español, con la diferencia que España sí es un pueblo y no una religión.


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