jueves, 21 de octubre de 2010

Guerra de divisas acentúa los desequilibrios del comercio mundial

La guerra de divisas, que amenaza la reactivación mundial y cuya artillería aumenta día a día, enfrenta a países ricos y emergentes con acusaciones cruzadas de manipulación monetaria, haciendo caso omiso de la cooperación internacional surgida tras el estallido de la crisis económica y financiera. A medida que los márgenes de maniobra presupuestarios y monetarios clásicos para sostener la reactivación son reducidos, varios países recurren al arma de los tipos cambiarios.

La depreciación de una moneda, e incluso directamente su devaluación, permite impulsar las exportaciones y empujar así la economía. El principal problema de esta política es que se lleva a cabo en detrimento de los socios comerciales y acentúa los desequilibrios del comercio mundial, exactamente lo contrario de lo que preconiza el G-20 de potencias industrializadas y grandes países emergentes. En este contexto, el yuan se presenta como la principal fuente de conflicto, ya que Estados Unidos y Europa acusan desde hace años a China de mantener su moneda a un nivel artificialmente bajo.

Según Washington, las autoridades chinas frenan la apreciación del yuan comprando divisas extranjeras. China tenía al 30 de junio pasado las reservas de divisas más grandes del mundo, con cerca del 30 por ciento del total, es decir unos 2 mil 447 billones de dólares. La moneda china se ha apreciado un 3 por ciento respecto del dólar desde mediados de junio, cuando China anunció que dejaba flotar un poco más libremente su moneda. China no es la única acusada y las denuncias van y vienen de un continente a otro. Así, para Pekín, los estadunidenses convierten el yuan en chivo expiatorio de sus dificultades económicas.

Estados Unidos y Europa también critican el intervencionismo de otros países, como Brasil, que busca obstaculizar la apreciación de su moneda, el real. Japón, que intervino a mediados de septiembre para hacer bajar el yen, acusa a Corea del Sur de buscar contener al won. Y Europa sospecha que Washington está satisfecho de la baja del dólar, ya que estimula las exportaciones estadunidenses en un momento en el que su reactivación tiene dificultades.

La raíz fundamental de esta guerra de divisas es que la Reserva Federal estadunidense hace funcionar la máquina de imprimir billetes, ya que esta medida inunda de liquidez el sistema financiero. Esta política monetaria, acompañada de tasas de interés bajas en Estados Unidos, contribuye a la debilidad actual del dólar. Esta debilidad se acrecienta con los movimiento de capitales, que actualmente se dirige hacia los países emergentes a raíz de los mejores rendimientos de sus bonos. Estas operaciones son principalmente especulativas, y contribuyen a impulsar al alza ciertas monedas regionales, con excepción del yuan, que está anclado al dólar. Por ello, Brasil, Tailandia o Corea del Sur, han tomado medidas para intentar desacelerar el ingreso de capitales.

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