sábado, 13 de junio de 2026

Ante la barbarie imperialista, la resistencia justa de los pueblos

Muchos hombres y mujeres valiosos han caído en esta lucha frente a los arrogantes del mal. Los enemigos del género humano jamás comprenderán que quienes aman la libertad de sus pueblos, no conocen la palabra rendición, pero que tampoco tienen miedo al martirio.

Dax Toscano Segovia, Al Mayadeen

“En verdad, Dios ama a quienes combaten por su causa en filas apretadas, como un firme edificio”
(Sagrado Corán, 61:4)”
La humanidad se enfrenta a uno de sus períodos más oscuros, comparable con el dolor y sufrimiento vividos bajo la época del nazifascismo.

A lo largo de la historia han surgido sujetos crueles que han llevado adelante las acciones más inhumanas con el propósito de mantener sometidos a pueblos a los que han saqueado, explotado y esclavizado para su provecho.

Leopoldo II de Bélgica convirtió al Congo en su reserva personal, adueñándose no solo de territorios y recursos, sino de hombres y mujeres negras a quienes sometió a las más brutales torturas, dictaminando cortarles los pies, las manos, los brazos y las orejas si desobedecían o no cumplían las órdenes del amo blanco, mientras otros, cuya cifra se desconoce aún, fueron asesinados.

En el siglo XX destacan por su maldad nombres como los del emperador japonés Hirohito, responsable directo de los crímenes cometidos por sus soldados contra el pueblo chino, el déspota filipino Ferdinand Marcos y su esposa Imelda que establecieron un régimen tiránico y corrupto en su propio país o el primer ministro del Reino Unido, Winston Churchill, conocido como “El carnicero de Bengala”, causante de la muerte de millones de personas en la India.

Entre 1939 y 1945, Hitler y Mussolini condujeron al mundo a la Segunda Guerra Mundial, cometiendo las peores atrocidades en las ciudades y pueblos que invadieron, así como en los campos de concentración que levantaron. No les importó bombardear ciudades enteras, asesinar mujeres y niños, destruir centros culturales e históricos o matar de hambre a las poblaciones que cercaron, como lo hicieron en Leningrado.

La invasión de la Unión Soviética inició el 22 de junio de 1941. La operación llevada adelante por las huestes del “führer”, conocida como “Barbarroja”, tuvo como propósito la esclavización y exterminio de los pueblos soviéticos. Años de sufrimientos tuvo que vivir la población de la URSS antes de la derrota del nazifascismo.

En Argelia, el General Paúl Aussaresses desarrolló una escuela de la tortura para quebrar a los miembros de la resistencia argelina enfrentados contra los colonialistas franceses. La Francia, que pregonaba “Libertad, igualdad y fraternidad”, a mediados del siglo XX continuaba ejerciendo su política de dominio colonial contra varios países africanos a los que despojó de sus riquezas.

El director de cine Gillo Pontecorvo en el filme “La batalla de Argel”, describe crudamente los métodos salvajes de tortura utilizados por los franceses en la nación africana, los cuales posteriormente fueron aplicados por las criminales dictaduras de Pinochet, Videla o Stroessner en el sur del continente latinoamericano.

Idi Amín fue uno de los más pervertidos y atroces dictadores que en el continente africano gobernaron mediante el terror, provocando entre 1971 y 1979 el asesinato de más de 300 mil personas en Uganda.

En Ruanda, en el año 1994, los hutus, enfrentados a los tutsis, asesinaron a un millón de personas, hecho criminal en el que el imperialismo europeo, belga y francés, tuvo directa responsabilidad.

La lista de déspotas, sádicos y criminales que cometieron crímenes contra diversos pueblos es extensa.

Una línea común atraviesa la historia de estos personajes crueles: la dominación colonial, el racismo, el saqueo de recursos, el control absoluto sobre el ser humano.

En 1945 se creó la Organización de la Naciones Unidas (ONU) con el propósito de evitar que la humanidad vuelva a vivir episodios de crueldad, como los que se dieron en la Segunda Guerra Mundial. En ese momento se planteó el establecimiento de un nuevo orden mundial que posibilite la convivencia en paz y en el que los derechos humanos sean respetados universalmente. Lamentablemente, todo aquello no fue más que una quimera.

Bajo el auspicio de esa organización se procedió a la partición del territorio palestino en 1947, lo que permitió a los judíos sionistas crear en 1948 el Estado de “Israel” a partir de la expulsión de los habitantes originarios de sus aldeas y el asesinato de quienes se negaron a irse.

La matanza llevada a cabo en Tantura por grupos paramilitares que luego formaron el ejército israelí, es una de las tantas atrocidades cometidas desde ese entonces por el sionismo contra el pueblo palestino.

Estos hechos dieron inicio a la Nakba o catástrofe que ha vivido Palestina durante 79 años, período en el que su existencia misma ha estado en riesgo, siendo hoy el momento más crítico debido al genocidio llevado a cabo por la entidad israelí, a la que el imperialismo estadounidense y europeo dan todo su apoyo.

La historia oficial, así como todo el aparato mediático, suelen hacer mención, en forma descontextualizada, de los personajes crueles que han gobernado en distintos lugares, omitiendo sus relaciones con las clases dominantes y con las potencias imperialistas que son las que se han servido de esos sujetos para llevar a cabo sus nefandos propósitos.

Al mismo tiempo, silencian las acciones criminales que los mandatarios estadounidenses han llevado adelante, deslindándoles de su responsabilidad en el asesinato de pueblos y la destrucción de países enteros.

Las cadenas de noticias, controladas por el imperialismo y el sionismo, muestran a los presidentes de EEUU como líderes que gozan de la aceptación del pueblo estadounidense que, al unísono, aplaude a sus líderes, sin cuestionar ninguna de sus políticas.

El escritor estadounidense Howard Zinn en su libro “La otra historia de los EEUU”, puso en evidencia que la fábrica de mentiras del aparato de propaganda estadounidense oculta las luchas y rebeldías que dentro de los propios Estados Unidos han ocurrido contra el sistema.

No obstante, la fuerza del aparato propagandístico del imperialismo, así como el alineamiento ideológico de los mercenarios de tinta y micrófono en distintos lugares del mundo, a lo que se suma la persecución y represión contra aquellos que se deciden a criticar a individuos como Donald Trump, ha impedido un cuestionamiento frontal a los mandatarios estadounidenses, mucho menos a hacerles acusaciones o descalificarlos como permanentemente lo hacen con presidentes que no son funcionales al sistema de dominación a los que califican como dictadores, narcotraficantes, corruptos o violadores de derechos humanos.

La realidad pone en evidencia que, al contrario de lo que ocultan los medios, los presidentes estadounidenses han sido responsables del cometimiento de crímenes contra diversos pueblos del mundo, incluido el de los propios Estados Unidos.

Entre 1950 y 1953, Harry Truman arrasó con la parte norte de Corea, territorio sobre el que se lanzaron 635 mil toneladas de bombas. Lo hizo con el apoyo de la ONU, organización que supuestamente había nacido para evitar crímenes de esa naturaleza.

Lo mismo sucedió en Vietnam bajo los mandatos de Dwight Eisenhower, John F. Kennedy, Lyndon Johnson y Richard Nixon, todos responsables directos de los crímenes cometidos por el imperialismo yanqui que utilizó armas químicas y bacteriológicas para de esa manera someter al pueblo vietnamita.

En la década de los 80 del siglo pasado, Ronald Reagan y George Bush dieron todo su apoyo a los gobiernos criminales en Centroamérica, que no solo usaron al ejército y a la policía, sino a escuadrones de la muerte para masacrar campesinos, obreros, intelectuales, estudiantes, religiosos en El Salvador, Guatemala y Honduras.

La administración Reagan hizo negocios con narcotraficantes colombianos para financiar a mercenarios cubanos y antiguos guardias de la dictadura somocista para llevar adelante la guerra sucia contra Nicaragua, país en el que ejecutaron acciones brutales contra su población durante 10 años, para de esa manera socavar el apoyo a la Revolución Sandinista que había derrocado en 1979 al dictador Anastasio Somoza Debayle, amigo de Washigton.

Los corifeos del imperialismo justifican los crímenes perpetrados por las diversas administraciones con todo tipo de artimañas argumentativas. Por su parte, los asalariados de los medios de la desinformación se hacen eco de las mentiras provenientes de EEUU para justificar sus agresiones o simplemente guardan un silencio cómplice frente a las invasiones, robos y saqueos que han cometido en Afganistán, Panamá, Yugoslavia, Irak, Somalia, Libia, Siria, Nigeria o Venezuela.

Millones de muertos han provocado las intervenciones estadounidenses en diversos lugares del mundo, las cuales, además, propiciaron el saqueo cultural y arqueológico de las naciones invadidas, así como la destrucción ecológica debido al uso de armas prohibidas como el fósforo blanco, tal como lo hicieron en Irak.

Pese a todo esto, ningún mandatario estadounidense, ningún secretario de Defensa (hoy Departamento de Guerra) o alto oficial del ejército de ese país, ha sido requerido por la Corte Penal Internacional o por la Corte Internacional de Justicia, lo que pone en evidencia que el ordenamiento jurídico internacional es incapaz de poner freno al accionar belicista de EEUU.
Las violaciones a los derechos humanos cometidas por parte de EEUU están documentadas y los datos son contundentes sobre las atrocidades cometidas a lo largo de la historia.
La matanza en la aldea de My Lai en 1968, llevada a cabo por soldados de la compañía Charlie al mando del teniente William Calley, no fue un caso aislado, ni un crimen perpetrado por individuos enloquecidos. Los militares estadounidenses que violaron, torturaron y asesinaron a 504 personas, entre mujeres, niños y ancianos, para luego quemar la aldea, llevaron adelante esos crímenes como parte de la política de exterminio del enemigo diseñada en los laboratorios de guerra de Washington, enseñada en los cuarteles militares para formar a los soldados que irían a combatir en Vietnam.

Stanley Kubrick, en “La Chaqueta Metálica”, escenifica la degradación moral de los soldados estadounidenses dentro de sus cuarteles con el propósito de deshumanizarlos de tal forma que frente a sus enemigos sean capaces de cometer todo tipo de actos inhumanos. A esto se añade que, bajo los efectos de las drogas que consumían, terminaban convertidos en máquinas para matar.

En la actualidad, nada ha cambiado en lo fundamental. Los crímenes atroces por parte de las fuerzas imperialistas continúan cometiéndose, al tiempo que la maquinaria de la muerte se ha perfeccionado con el uso de tecnología sofisticada entre la que destaca la de la Inteligencia Artificial manejada por empresarios puestos al servicio del sionismo israelí como Peter Thiel y Alex Karp de Palantir.

EEUU también ha hecho uso de empresas militares privadas y de mercenarios para llevar adelante sus ataques contra naciones a las que George W. Bush las calificó en 2002 como “oscuros rincones del mundo”, las cuales, según el aparato de propaganda estadounidense, han puesto en peligro la seguridad de la potencia imperialista.

En Afganistán e Irak, los mercenarios de Blackwater, cuyo fundador fue el exNavy SEAL, Erick Prince, cometieron una infinidad de crímenes contra la población civil en esos países como la matanza en la plaza Nizour en Bagdad, donde fueron asesinadas 17 personas desarmadas, entre ellas dos niños. Trump indultó a los responsables de esos asesinatos en el año 2020.

Por supuesto, el ejército estadounidense no se libra de responsabilidad. El 5 de abril de 2010 el mundo observaba las imágenes de un helicóptero Apache disparar a un grupo de personas en Bagdad en 2007. Ninguna de ellas era un combatiente. Eran civiles, entre los que se encontraban dos periodistas de la agencia Reuters.

El video fue dado a conocer con el nombre de “Asesinato Colateral” por la organización Wikileaks, fundada por Julian Assange, a quien los Estados Unidos y sus aliados persiguieron por defender la libertad de expresión e información, así como por haber dado a conocer el papel de ese país y de la CIA en la ejecución de actos de corrupción, espionaje y crímenes en diversos lugares del mundo.

Piratas, filibusteros, mercenarios y soldados regulares de los EEUU, desde el siglo XIX hasta la presente fecha, han llevado adelante invasiones militares, robo de recursos, secuestro de personas, magnicidios, atentados terroristas, torturas, asesinatos.

Cada acto ejecutado responde a los lineamientos establecidos por el imperialismo estadounidense en sus políticas de seguridad, las cuales han sido delineadas para controlar el mundo mediante el chantaje económico, la intervención militar y el dominio político.

La utilización de la propaganda, la guerra sicológica y, actualmente, la guerra cognitiva, son los recursos de los que se vale para ganar partidarios entre la población que, confundida, sometida, manipulada o entregada a la ideología fabricada por el imperialismo, termina justificando cada uno de sus crímenes.

En la invasión a Irak en el año 2003, el recurso propagandístico fue de suma importancia para justificar la agresión militar y el robo de recursos. Colin Powell, secretario de Estado de EEUU, mostraba en la ONU un frasco pequeño que supuestamente contenía ántrax para acusar al otrora aliado del imperio, Sadam Hussein, de estar produciendo armas químicas para atacar a su país.

En 1990 la joven kuwaití de 15 años, Nayirah Nasir Al-Sabah, hija del embajador de ese país en EEUU, dio un testimonio falso ante una comisión del Senado estadounidense, en el que afirmó, en medio de un mar de lágrimas teatralizado a la perfección, que los soldados iraquíes habían desconectado las incubadoras de bebés en un hospital de su país y que habían sacado a los recién nacidos de las mismas, para dejarlos morir en el suelo.

Nada de lo dicho por ella fue verdad. Detrás de su falso testimonio no solo estuvo la CIA, sino una de las más grandes empresas de relaciones públicas de EEUU, la Hill & Knowlton, encargada de preparar adecuadamente a la muchacha para que adulterara la realidad.

El uso de la mentira ha sido constante por parte de Estados Unidos y sus aliados para llevar adelante sus intervenciones militares o la de los grupos creados por ellos para combatir a los países y gobiernos que no se alinean con su política. Así lo hicieron contra Libia, cuando estuvo gobernada por Muamar el Gadafi o contra Siria, bajo el mandato de Bashar al-Assad.

A Siria la sometieron a una guerra de desgaste desde 2011 hasta diciembre de 2024 en que las fuerzas comandadas por el terrorista Al Golani, con respaldo de Washington e “Israel”, tomaron el control del país.

Contra el gobierno de Bashar al-Ássad se desplegó todo el aparato de propaganda no solo estadounidense, sino inglés, para socavar a nivel internacional la imagen del mandatario sirio que tuvo que enfrentar a los terroristas de Daesh, organización criminal creada por EEUU e Inglaterra, con apoyo del sionismo israelí, la cual destruyó gran parte del país, llegando a echar abajo obras arquitectónicas antiguas, patrimonio cultural de la humanidad, mientras violaban mujeres y decapitaban a sus prisioneros, en espectáculos grotescos para amedrentar a las poblaciones.

Pese al despliegue de todos los mecanismos para engañar y manipular la mente de las personas, los crímenes cometidos por el imperialismo no han podido ser ocultados permanentemente, al tiempo que muchas voces de intelectuales, cineastas, periodistas, incluso de los propios Estados Unidos, han expuesto ante el mundo lo que ha hecho en los lugares donde han entrado con sus tropas.

En noviembre de 2005, el periódico Washington Post publicó una investigación que reveló la existencia de cárceles secretas de la CIA, ubicadas en ocho países, conocidas como “lugares negros”.

En el año 2002, W. Bush ordenó el establecimiento de una prisión en la base de Guantánamo, ubicada en territorio de Cuba, donde fueron trasladadas varias personas de distintas nacionalidades detenidas en Afganistán, Irak, Pakistán y Jordania. Todas ellas fueron llevadas en aviones militares estadounidenses C-17 Globemaster y C-141 Starlifter, hacia ese siniestro lugar en el Caribe, lejos de sus países y de sus familias. En las cárceles clandestinas de la CIA y en Guantánamo se cometieron todo tipo de abusos y violación de los derechos humanos contra ciudadanos a los que se les mantuvo detenidos en calidad de combatientes enemigos, sin habérseles establecidos cargos y manteniéndoles encerrados en forma indefinida, sometiéndoles a brutales torturas físicas y sicológicas.

Tras los atentados del 11 de septiembre de 2001, que según varias investigaciones, entre las que sobresalen la del periodista francés Tierry Meyssan en su libro “La Gran Impostura” y la del cineasta y documentalista estadounidense Michael Moore con su trabajo documental “Fahrenheit 9/11”, habrían sido el resultado de un auto atentado perpetrado por el aparato militar estadounidense, en colaboración con el Mosad israelí, W. Bush ordenó llevar adelante la guerra contra “60 lugares oscuros del mundo”, entre los que también incluía a Cuba.

Al mandatario estadounidense, que había permanecido indiferente a los informes de inteligencia que le presentaron antes del 11 de septiembre, los mismos que señalaban la posibilidad de que se cometa un atentado en EEUU, los ataques contra el World Trade Center le sirvieron para justificar la intervención militar en diversos países, detenciones ilegales (secuestros, en realidad) y la aplicación de torturas que, por supuesto, los militares de Estados Unidos no solo que ya la venían aplicando, sino enseñando a oficiales de otros países en la llamada Escuela de las Américas.

La técnica cruel del “ahogamiento simulado” o “submarino” fue autorizado por el presidente Bush para obtener información de parte de los detenidos a los que se acusó de ser terroristas de Al Qaeda, organización liderada en ese entonces por Osama Bin Laden, un antiguo aliado de los Estados Unidos en la lucha contra los soviéticos en Afganistán, cuando la CIA ayudó a los muyahidines que, más adelante, formarían el movimiento de los talibanes.

En la cárcel de Abu Ghraib, la soldado Lynndie England posaba sonriente ante los cuerpos torturados de los cautivos que el ejército invasor estadounidense había encerrado con el pretexto de luchar contra el terrorismo en Irak.

Vejaciones sexuales, amedrentamiento físico y psicológico, uso de perros para atacar a los recluidos que mostraban signos de haber sido golpeados en sus cuerpos que, además, estaban embadurnados de heces, fueron las pruebas que el mundo entero pudo observar gracias a la filtración de fotografías tomadas por los mismos torturadores estadounidenses para vanagloriarse de sus actos criminales, tal como lo hacían las SS en la Segunda Guerra Mundial.

Nada cambió en la era de Barack Obama, aun cuando muchos ciudadanos habían depositado sus esperanzas en el primer presidente negro de los Estados Unidos, a quien veían como un hombre decente, dispuesto a conducir a la nación por un camino distinto.

La realidad siempre se encarga de demostrar la naturaleza agresiva del imperialismo y sus representantes. El 20 de octubre de 2011, Hillary Clinton, en ese entonces secretaria de Estado de EEUU, festejaba, de la manera más grotesca, el asesinato de Muammar Gaddafi en manos de un grupo de miembros del Consejo Nacional de Transición libio, respaldado militar y económicamente por el imperialismo, luego de haberlo golpeado y sodomizado. “Veni, vidi, vici”, dijo Hillary Clinton, mientras mostraba una sonrisa burlona para celebrar el crimen.

El gobierno de Obama armó y financió a los terroristas que destruyeron Siria, mientras a nivel interno, el mandatario estadounidense, al que apodaron el “deportador en jefe”, expulsaba a millones de migrantes, muchos de los que en su momento vieron en él a un benefactor.

Ya lo decía el Che: “En el imperialismo no hay que confiar ni un tantito así, nada”.

Llegado a la presidencia de EEUU por segunda ocasión, Donald Trump, que asumió el mandato el 20 de enero de 2025, mostró al mundo el verdadero rostro del imperialismo yanqui.

Tras el mandato de Joe Biden, un viejo senil, con una conducta moral cuestionable, al que no se le puede exonerar de ninguna responsabilidad en los crímenes cometidos por EEUU junto al sionismo israelí contra el pueblo palestino, Trump, que lo acusó de ser un blandengue, se lanzó con furia a atacar a todos los países, organizaciones, líderes y mandatarios no alienados con sus políticas y las de sus socios de la entidad genocida de "Israel".

En la nueva era Trump, las caretas del imperialismo se han desmoronado. De creerse los dueños del mundo, han pasado a una etapa en la que, por encima del ordenamiento jurídico internacional y de los principios contenidos en la Carta de las Naciones Unidas, asesinan personas, invaden países, saquean recursos, asfixian economías para hacer realidad esa ilusión de tener el control absoluto del planeta. Ya ni siquiera guardan las apariencias, como otrora lo hacían, al tiempo que se han vuelto más cínicos y mentirosos.

Los rostros más sobresalientes de esta segunda etapa trumpista son los del secretario de Estado Marco Rubio y el secretario de Guerra Pete Hegseth. Estos dos personajes son la expresión clara de la brutalidad, la ineptitud y la desvergüenza que caracteriza a la administración Trump en la cual, personajes de poca monta como Pam Bondi, fiscal general de los EEUU o Kristi Noem, Enviada Especial de EEUU para la Iniciativa “Escudo de las Américas”, también cumplen un papel en este proceso a través del cual quieren extender su dominio por el mundo entero.

Donal Trump cree que es el ungido. En su red Truth Social, el pedófilo Trump publicó el 13 de abril de 2026 una imagen hecha con Inteligencia Artificial en la que él se representaba como si fuera Jesús, “El Salvador”.

Los asesores de Trump han elaborado un documento doctrinario de 33 páginas en el que se expone la política del mandatario estadounidense, no solo sobre el continente americano, sino sobre el mundo entero, la misma que hace referencia al control político, económico y militar del hemisferio occidental con el propósito de detener el avance de Rusia y China en el mundo.

El corolario Trump de la doctrina Monroe, conocido como “Donroe”, tuvo su culmen el 3 de enero de 2026 con el ataque militar llevado contra la República Bolivariana de Venezuela, que culminó con el secuestro del presidente Nicolás Maduro y de la primera combatiente, Cilia Flores, quienes fueron trasladados a los EEUU para ponerlos a las órdenes de la justicia de ese país donde se los solicitaba por un sinnúmero de acusaciones falsas, entre ellas la de que Maduro era el líder del inexistente “Cartel de los Soles”. A partir de ese funesto día, en el que 110 personas fueron asesinadas, entre ellas 32 combatientes cubanos que ofrendaron su vida para salvaguardar la del presidente Nicolás Maduro, Venezuela ha sido convertida en un protectorado estadounidense del cual se están llevando el petróleo, el oro y otros minerales, como el mismo Trump se ha jactado en declaraciones realizadas en diversos momentos, llegando a afirmar que con el petróleo venezolano extraído ha pagado 25 veces la guerra que desató contra la República Islámica de Irán el pasado 28 de febrero de 2026.

Previo a la invasión a la patria de Bolívar, la administración estadounidense, que había inventado la historia de los vínculos del presidente Nicolás Maduro con el narcotráfico y de responsabilizarlo del envío de drogas a EEUU, decidió llevar adelante en el mar Caribe la destrucción de lanchas y el asesinato de personas a las que, sin prueba alguna y para justificar su acción criminal, se les acusó de traficar sustancias ilícitas.

Pino Arlacchi, exdirector ejecutivo de la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, desmintió las acusaciones realizadas por el gobierno de Trump, demostrando que menos del cinco por ciento del tráfico mundial de drogas transita por Venezuela, mientras que más del 70 por ciento de esas sustancias que son llevadas a 28 países del mundo, salen de los puertos ecuatorianos, cuyo gobierno es aliado de EEUU y en el que hay presencia de agentes de inteligencia y soldados estadounidenses.

Pese a esto, Trump, Rubio y Hegseth, continuaron con los bombardeos ilegales contra las embarcaciones en las cuales, según varias denuncias, habrían estado pescadores inocentes que fueron asesinados por los misiles estadounidenses. Incluso, si en dichas naves hubiesen estado traficantes de drogas, la armada de los EEUU, que tiene las condiciones tecnológicas para poder interceptarlas y capturar a los presuntos narcotraficantes, cometió el delito de asesinato y la violación de principios jurídicos internacionales.

Lo cierto es que el gobierno de EEUU utilizó el tema de las denominadas narcolanchas como un justificativo para la invasión a Venezuela, todo aquello acompañado de una poderosa campaña de propaganda negativa y estigmatización contra el presidente Nicolás Maduro, en la que las grandes transnacionales de la comunicación desempeñaron un papel determinante.

Logrado su objetivo, el ataque contra las supuestas embarcaciones cargadas de droga en el Caribe, prácticamente se ha detenido, mientras que en la zona del Pacífico se bombardean lanchas y se detienen ilegalmente a pescadores, en una continuación de los crímenes de Estados Unidos en América Latina, sin que ningún organismo internacional ponga freno a las arbitrariedades y crímenes del imperialismo.

En Ecuador, el Comité Permanente por la Defensa de los Derechos Humanos denunció que, a mediados del mes de abril de 2026, militares estadounidenses hundieron en aguas ecuatorianas, cerca de las Islas Galápagos, las embarcaciones “Don Maca” y “La Negra Francisca” provenientes de la comunidad de pescadores artesanales San Mateo, en Manta, al tiempo que los tripulantes fueron detenidos y torturados. En enero de 2026 sucedió un caso similar con la embarcación “Fiorella”, con el agravante que 8 de sus tripulantes hasta el día de hoy se hallan desaparecidos.

El orden jurídico internacional ha muerto. La ONU, en la práctica, no tiene capacidad alguna para hacer frente a estos crímenes. Lo paradójico es que este organismo, incapaz de detener el accionar criminal de EEUU e “Israel”, ha pretendido obligar a quienes ejercen el legítimo derecho a la resistencia y a la defensa a que cesen sus acciones contra esos países y sus socios, pese a que son responsables de un sinnúmero de atrocidades.

Así, el secretario general de la ONU, Antonio Guterres, en reiteradas ocasiones ha condenado las acciones legítimas llevadas adelante por el movimiento Hamas contra el sionismo israelí en Palestina ocupada, mientras el Consejo de Seguridad de dicho organismo internacional ha condenado los ataques de Irán, realizados en legítima defensa, contra los países del Golfo en los que se albergan bases estadounidenses desde las cuales se lanzan ataques contra la República Islámica.

Este modelo impuesto, que decide quien vive o muere de acuerdo a los intereses del imperialismo y el sionismo, basado en el comportamiento matonil de sus líderes políticos y militares, sustentado aún en la mentira, el engaño y la manipulación, se ha vuelto tan descarado y cínico que no tiene vergüenza alguna de, con total obscenidad, exponer abiertamente sus intenciones criminales.

Donald Trump declaró en varias ocasiones estar dispuesto a asesinar al líder político y espiritual de la República Islámica de Irán, Sayyed Ali khamenei, hecho que lo materializó el 28 de febrero de 2026 en medio de una burda declaración en la que se refirió al líder Supremo de Irán como “uno de los hombres más malvados de la historia”, expresión ofensiva del pedófilo insolente que ese mismo día relevaba de responsabilidad a su ejército criminal que había disparado, en dos ocasiones, misiles Tomahawk contra la escuela de Shajareh Tayyebeh en Minab, provocando el martirio de más de 170 niñas, al tiempo que en Lamerd, en la provincia meridional de Fars, dos misiles de ataque de precisión (PrSM), cargados cada uno de 180 mil perdigones de tungsteno, impactaban en el Complejo Deportivo Shahid Naimi, provocando destrucción y la muerte de niñas que entrenaban en el equipo de voleibol.

Este mismo sujeto, ante la impotencia de no poder derrotar militarmente a Irán, amenazó el 7 de abril de 2026 con acabar con la nación persa: “Esta noche morirá toda una civilización, para no volver jamás”, publicó en su red social. Previo a este mensaje, Trump había advertido que destruiría toda la infraestructura eléctrica y petrolera de Irán, así como todos sus puentes.

Este monstruo, pervertido y desequilibrado como Calígula, el tercer emperador romano, cruel y execrable como Hitler, el líder del Tercer Reich, también ha lanzado sus amenazas contra Cuba, a la vez que ha dispuesto un sinnúmero de medidas para asfixiarla económicamente.

Nada importa a este inestable personaje. Su propósito, que también es el de la mafia cubano americana de Miami, representada por Marco Rubio, es provocar el colapso de la Isla y, de esa manera, presentarse como su salvador con una “intervención” militar.

La comunidad internacional permanece impávida frente a los ataques que la administración Trump lleva contra Cuba y ninguna medida se ha adoptado para frenar las acciones criminales de EEUU, las cuales han provocado afectaciones en sectores claves de la economía e industria cubana, lo cual se refleja en problemas en la vida cotidiana de los ciudadanos de la isla enfrentados a apagones permanentes, falta de alimentos, de medicinas, agudización del problema del transporte, suspensión de actividades académicas, dificultades en el funcionamiento de hospitales, entre tantos otros.

Trump, el gran emperador, dispone a sus vasallos como los mandatarios Milei de Argentina, Noboa de Ecuador o Kast de Chile, llevar adelante una política de ataques constantes contra Cuba y su liderazgo político, para aislar en el escenario internacional a la Patria de José Martí. Todos estos ataques lo hacen en nombre de la defensa de la democracia, concepto enarbolado por personajes que han sido enemigos de los procesos democráticos, subordinados a los intereses de EEUU y del sionismo israelí, abiertos defensores y admiradores de dictadores y criminales como Pinochet y Netanyahu.

Donald Trump y Marco Rubio, con total desfachatez hablan en nombre de la libertad y la democracia. En Honduras amenazaron con una intervención si su candidato Nasry “Tito” Asfura no ganaba las elecciones. El proceso de transformación social iniciado por Xiomara Castro se vio frustrado por la intervención estadounidense y la consumación de un fraude electoral que puso en tercer lugar a la candidata que más posibilidades de triunfo tenía, la oficialista Rixi Moncada.

El 28 de noviembre de 2025, dos días antes de la elección presidencial, Trump anunció el indultó del expresidente hondureño, Juan Orlando Hernández, sentenciado por un juez federal de la ciudad de Nueva York a 45 años de cárcel por el delito de narcotráfico. El 2 de diciembre de 2025, Trump concedía el perdón total a un narcotraficante, para luego secuestrar el 3 de diciembre de 2026 al presidente venezolano Nicolás Maduro, acusándolo de ser líder de un cartel de la droga, sin prueba alguna. La hipocresía del imperialismo queda siempre desnudada.

La publicación de 37 audios por el Canal Red del exmandatario hondureño, expusieron la puesta en marcha de una operación mediática para atacar al presidente de Colombia, Gustavo Petro y a la presidenta de México, Claudia Sheinbaum operación que habría contado con el respaldo del presidente argentino, Javier Milei y del primer ministro de la entidad criminal sionista de "Israel", Benjamín Netanyahu, involucrado además en la liberación de Juan Orlando Hernández.

En Colombia, tanto el sionismo, como el gobierno de EEUU han intervenido directamente para que el fascista Abelardo de la Espriella gane las elecciones.

De igual manera, la derecha latinoamericana está confabulada con ese propósito, obedeciendo las órdenes de Trump. El presidente ecuatoriano Daniel Noboa, un títere de Washington, en forma descarada ha maniobrado en favor de Espriella, un conocido abogado de narco paramilitares que se jacta públicamente de haber matado gatos por diversión, con voladores que los hacían explotar.

Las máscaras han caído finalmente. El imperialismo y el sionismo han mostrado su verdadero rostro, que es el de la arrogancia. Este hecho, que pudiera parecer nocivo para los pueblos en el mundo entero, realmente resultado positivo porque al ver directamente la faz de la maldad, solo quienes se identifican ideológicamente con ellos, continuarán respaldándolos.

La crueldad del imperialismo estadounidense y, por supuesto, del sionismo, no son más que un síntoma de su decadencia, expresada en su desprecio por todo lo humano.

Pero ni el imperialismo, ni el sionismo, caerán por sí solos, a pesar de la descomposición en la que se encuentran. La historia demuestra que solo los pueblos que luchan y se levantan contra el opresor serán libres, aún cuando las circunstancias sean adversas como lo demuestran Irán, Yemen, las resistencias en Palestina y Líbano y la firmeza de Cuba revolucionaria.

Muchos hombres y mujeres valiosos han caído en esta lucha frente a los arrogantes del mal. Los enemigos del género humano jamás comprenderán que quienes aman la libertad de sus pueblos, no conocen la palabra rendición, pero que tampoco tienen miedo al martirio.

Para el islam chiita, entregar la vida por una causa justa, no es más que un pequeño sacrificio para acercarse a Dios, cumplido con honor y valentía como lo hiciera siglos atrás el imam Hussain ibn Alí en la batalla de Karbalá, para enfrentar al tirano Yazid.

Junto a Hussain, también cabalga el espíritu del Che cuando dijo: “En cualquier lugar que nos sorprenda la muerte, bienvenida sea, siempre que ese, nuestro grito de guerra, haya llegado hasta un oído receptivo, y otra mano se tienda para empuñar nuestras armas, y otros hombres se apresten a entonar los cantos luctuosos con tableteo de ametralladoras y nuevos gritos de guerra y de victoria.”

Los arrogantes del mal tienen sus días contados. Como expresó el Sayyed Mojtaba Khamenei: “muerte a EEUU” y “muerte a 'Israel'” serán la consigna de los oprimidos del mundo.



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