Una mirada no convencional al modelo económico neoliberal, las fallas del mercado y la geopolítica de la globalización
martes, 1 de abril de 2025
Ucrania: Seguridad, minerales y Unión Europea
Nahia Sanzo, Slavyamgrad
“Zelensky insta a Estados Unidos y Europa a responder a los ataques nocturnos con drones de Rusia”, afirmaba ayer la propaganda oficial ucraniana, que intentando dar un toque de excepcionalidad a algo que ocurre a diario -y no solo en el lado ucraniano, sino también en el ruso-, destacaba que “solo anoche, Ucrania se enfrentó a 172 drones de ataque, incluidos más de 100 Shaheds”. Según Zelensky, que hace tan solo tres días utilizó el argumento de que Putin no será presidente de Rusia por mucho más tiempo -ya que morirá pronto o terminará su último mandato- como argumento contra la negociación, “los ataques no solo tienen como objetivo Ucrania sino los esfuerzos mundiales para poner fin a la guerra”. Los ataques ucranianos contra, por ejemplo, la estación de bombeo de Suya, no han de ser tenidos en cuenta ni como obstáculo a la paz ni como incumplimiento del compromiso mutuo de no atacar infraestructuras energéticas. Ucrania, por supuesto, insiste en que ha sido Rusia quien ha hecho estallar la estación de bombeo para desacreditar al ejército ucraniano, una más de la larga lista de once años de acusaciones de autobombardeos rusos. En los últimos días, Zelensky ha afirmado también que es Putin quien tiene miedo y quien no tendría nada que aportar en unas negociaciones de paz. El presidente ucraniano ha señalado también que estaría dispuesto a negociar con Rusia, aunque no con Vladimir Putin. Ucrania nunca ha revocado el decreto con el que Zelensky prohibió negociar con el presidente ruso y a juzgar por sus declaraciones aún no ha renunciado al sueño de provocar un cambio de régimen en la Federación Rusa.
Ni las redadas en Belgorod, la formación de grupos de partisanos neonazis rusos para liberar Rusia, la invasión de Kursk o los constantes ataques con drones han conseguido desestabilizar internamente la Federación Rusa, por lo que, como es habitual, Kiev apela a sus socios. “Esperamos una respuesta seria. Estamos trabajando para lograrla. Se necesita urgentemente una respuesta contundente, sobre todo de Estados Unidos, de Europa y de todos los que han apostado por la diplomacia en el mundo. Hay que obligar a Rusia a la paz”, afirmó Zelensky, que ha demonizado todas y cada una de las iniciativas de paz -la de Lula da Silva, la chinobrasileña y la de los países africanos, además de cualquier declaración favorable a negociar directamente con Rusia- a excepción de aquella a la que no puede negarse, la de Estados Unidos.
La insistencia de Washington en la necesidad de paz ha provocado un cambio radical en el discurso ucraniano, que ha pasado de estar íntegramente centrado en la necesidad de seguir luchando hasta recuperar su integridad territorial a resaltar la necesidad de paz y aceptar que posiblemente haya una pérdida temporal de territorios. En términos más tangibles, ya que la definición de paz en el discurso ucraniano sigue siendo equivalente a victoria, Ucrania se vio obligada a aceptar una propuesta de alto el fuego que era contraria a la que había defendido hasta ese mismo día. Lo hizo bajo presión de Estados Unidos, que días antes había mostrado sus cartas a la hora de obligar a Ucrania a aceptar sus condiciones interrumpiendo el suministro de armamento e inteligencia en un momento en el que las tropas de Zelensky estaban a punto de ser derrotadas en Kursk. Con esa actuación, Estados Unidos dejaba claro que no le temblaría el pulso a la hora de aplicar lo que el plan Kellogg-Fleitz proponía para Ucrania, vincular el suministro de asistencia militar a la aceptación de una negociación. Esa realidad ha hecho de Zelensky el principal pacifista e incluso ha obligado a la Unión Europea, último de los actores participantes en girar hacia la paz, a modificar su discurso.
La Unión Europea, Ucrania y la capacidad de Estados Unidos de imponer su voluntad son también las protagonistas del último episodio de la saga de la negociación del acuerdo de minerales. En el punto cuatro del Plan de Victoria de Zelensky, Ucrania proponía poner a disposición de sus aliados sus recursos naturales como una forma de ampliar vínculos y obtener un beneficio común. Desde su publicación, quedó claro que esta medida, nacida a raíz de las palabras de Lindsey Graham, que afirmó que Ucrania se asienta sobre trillones de dólares en riquezas minerales, buscaba llamar la atención de Donald Trump y conseguir que se interesara por el conflicto. El cebo económico de las tierras raras y otros minerales estratégicos -cuyas reservas son más que cuestionables, sin explotar y una parte en territorio bajo control ruso- funcionó mejor de lo esperado y Trump se entusiasmó el pasado febrero con la idea de obtener esos recursos.
Para disgusto de Ucrania, eso sí, no se trataba de otorgar un escudo económico al país, una colaboración de beneficio mutuo o una forma de conseguir que Estados Unidos ofreciera a Kiev garantías de seguridad más allá de la guerra sino de recuperar la inversión realizada. En su primer formato, Washington aspiraba a obtener de Ucrania cinco veces la cantidad empleada en asistencia militar, humanitaria y financiera desde 2022. Esa financiación, que no se había producido en forma de crédito sino que Ucrania entendía que era a fondo perdido, asciende a alrededor de 100.000 millones, una cantidad inferior a la aportada por la Unión Europea y notablemente más modesta que los 500.000 que pretendía recuperar Donald Trump en un primer momento o los 350.000 que se mencionaron tras la primera negociación.
Ese borrador, que Zelensky y Trump tenían que firmar el 28 de febrero tras aquella reunión que derivó en la expulsión de la delegación ucraniana de la Casa Blanca, contenía una mención a las garantías de seguridad en su artículo 10. En él, Estados Unidos apoyaba el derecho de Ucrania a obtener garantías de seguridad después de la guerra. Aunque Washington no se comprometía de ninguna manera a participar, la mera mención a la cuestión de la seguridad fue visto por Kiev como una clara victoria. El borrador no era, en aquel momento, más que un marco en el que restaba por negociar toda la letra pequeña. Por ejemplo, el documento hablaba de un fondo común al que Ucrania aportaría el 50% de los ingresos de los futuros proyectos de extracción de minerales, pero no se detallaba ni cuál sería la participación de cada una de las partes en el fondo o cómo se repartirían las ganancias. A ojos de Ucrania, si esa parte aún tenía que negociarse, lo mismo podía hacerse con el artículo 10.
Esa contradicción entre la opinión de las partes hizo imposible la firma del acuerdo el 28 de febrero y es el origen del nuevo borrador, cuya recepción se confirmó el viernes, un día después de que sus contenidos fueran filtrados a la prensa por un diputado ucraniano y de que Financial Times publicara íntegramente el documento. “Oficialmente, y esto es importante, la parte ucraniana -es decir, el Gabinete de Ministros de Ucrania y mi Oficina- ha recibido hoy oficialmente una nota con un borrador o propuestas de Estados Unidos”, afirmó el viernes a la prensa Volodymyr Zelensky. La viceprimera ministra y ministra de Economía “Yuliia Svyrydenko está en contacto directo con el Secretario del Tesoro estadounidense, Bessent, pero es necesario comparar si se trata del mismo acuerdo”, añadió el presidente ucraniano. En aquel momento, publicado el documento, que podía ser fácilmente comparado con el borrador que iba a firmarse hace un mes, podían ya constatarse diferencias fundamentales. “Le hice algunas preguntas”, afirmó Zelensky sobre su conversación con Svyrydenko, “dijo que es muy difícil hacer comentarios porque se trata de un documento completamente diferente, con muchas disposiciones nuevas que no se habían discutido antes, así como algunos aspectos que ya habían sido rechazados por ambas partes”.
El cambio salta a la vista y no es preciso un análisis en profundidad para comprenderlo. Por su extensión, insistencia en las definiciones y atención al detalle, es evidente que este no es un marco de acuerdo en el que queda por negociar la letra pequeña, sino la redacción de un documento final en el que Estados Unidos espera que Ucrania no pueda modificar nada. El documento presenta una mayoría con capacidad de veto en el consejo que regiría el fondo, determina que Ucrania tendrá que entregar el 50% de sus extracciones futuras -pero no solo de proyectos futuros, sino también de los actuales, públicos y privados, en cualquier parte del territorio- y será Estados Unidos, cuya aportación son los 100.000 millones de dólares ya entregados a Ucrania en forma de asistencia, quien obtenga beneficios de forma prioritaria. “Sin embargo, a juzgar por la reacción de los legisladores y funcionarios ucranianos, es poco probable que se apruebe rápidamente. El nuevo proyecto de acuerdo, según un alto funcionario, parece como si «Ucrania hubiera estado en la guerra con Estados Unidos, hubiera perdido, hubiera sido capturada y ahora tuviera que pagar reparaciones de por vida»”, escribía el sábado The Washington Post, que cree improbable la firma rápida por parte de Ucrania de un acuerdo cuyos términos son inaceptables y, en algunos casos, incluso inviables.
En febrero, las quejas ucranianas se dirigieron en dos direcciones: la cantidad que Estados Unidos exigía como compensación a la asistencia militar aportada y el hecho de que no hubiera un compromiso de garantías de seguridad futuras. En otras palabras, Trump hablaba en pasado y Zelensky en futuro. Estados Unidos pretendía recuperar la inversión realizada mientras que Ucrania esperaba comprar presencia militar futura. Lo ocurrido en la Casa Blanca el 28 de febrero no ha favorecido la causa ucraniana, sino que ha endurecido aún más la posición estadounidense, que ahora intenta imponer unos términos aún más duros.
También ahora, los reproches ucranianos incluyen dos quejas: las garantías de seguridad y lo exagerado de los términos. En su versión inicial, Zelensky se aferró a una mención genérica a la cuestión de la seguridad con la esperanza de poder negociar la participación estadounidense en ellas. En los términos actuales del documento, no existe ya tal posibilidad. Estados Unidos deja claro que el acuerdo de extracción de minerales, en realidad un expolio que hace de Ucrania una colonia extractivista, no tiene nada que ver con las garantías de seguridad que son el objetivo principal de Volodymyr Zelensky a día de hoy. Como hace dos meses, Ucrania tampoco osa denunciar los excesos de lo que exige Washington. Quizá como forma intermedia entre dar un rotundo no por respuesta y aceptar el marco como punto de partida de una negociación, Ucrania ha preferido salir por la tangente e implicar a la Unión Europea, principal defensora de la causa ucraniana de forma incondicional. El problema no es que Estados Unidos quiera apropiarse de la mitad de los recursos naturales ucranianos presentes y futuros, ni siquiera que con eso no vaya a ofrecer garantías de seguridad, sino la posibilidad de que los términos puedan poner en peligro el proceso de adhesión a la Unión Europea. “La Constitución de Ucrania establece claramente que nuestro rumbo es hacia la UE … Hay reformas muy importantes y los pasos correspondientes”, afirmó Zelensky el viernes ante los medios. “No se puede aceptar nada que pueda poner en peligro la adhesión de Ucrania a la UE”, insistió. El problema no es el expolio, el problema es que pueda poner en peligro la adhesión a la Unión Europea.
“La Comisión Europea realizará una evaluación del texto, que otorgaría un trato preferente a las empresas estadounidenses, cuando haya un «acuerdo concreto con letras negras sobre blanco», señaló el viernes Paula Pinho, portavoz jefe de la Comisión”, explicaba ayer Político. “Un acuerdo de este tipo habría que estudiarlo desde la perspectiva de las relaciones entre Ucrania y la UE y, sobre todo, en función de las negociaciones de adhesión”, añadió Pinho. El problema no es el saqueo de los recursos que deberían contribuir al crecimiento y a la recuperación del país tras la guerra, sino quién tendrá preferencia en ello. Nuevamente, al igual que en la cuestión de la negociación con Rusia, Ucrania ha conseguido colocarse entre la espada y la pared tratando de equilibrar las posiciones de sus dos principales aliados y proveedores.
Publicado por
mamvas
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12:49 a.m.
Tags:
Estados Unidos,
Recursos minerales,
Rusia,
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