domingo, 3 de noviembre de 2019

Para Thomas Piketty la desigualdad es ideológica y política

En "Capital e ideología", el economista francés derriba las narrativas del liberalismo
Las desigualdades jamás son “naturales” sino edificadas por una ideología que crea las categorías divisorias: mercado, salarios, capital, deuda, entre otras, sostiene el economista francés


Eduardo Febbro, Pagina12

El liberalismo volverá a temblar sobre sus raíces teológicas y un ejército de evangelizadores liberal-populistas saldrá otra vez con capa y espada a demoler la impecable demostración sobre la semilla de las desigualdades que el economista francés Thomas Piketty publica en estos días en Francia. Se trata de Capital e Ideología, el segundo libro que Piketty publica luego del monumental éxito que tuvo su primer trabajo, El Capital en el Siglo XXI, del cual circularon en el mundo más de dos millones y medio de ejemplares. Como el anterior, el nuevo libro del economista francés no preserva espacios, sino que los extiende. Son 1.200 páginas cuyo postulado central consiste en demostrar que “la desigualdad es ideológica y política” y no “económica o tecnológica”, que las desigualdades jamás son “naturales” sino edificadas por una ideología que crea las categorías divisorias: mercado, salarios, capital, deuda, trabajadores más o menos capacitados, cotizaciones bursátiles, paraísos fiscales, ricos, pobres, clérigo, nobleza, competencia nacional o internacional.

”Se trata de construcciones sociales e históricas que dependen íntegramente del sistema legal, fiscal, educativo y político que se elige implementar y de las categorías que se crean”. Piketty derriba dos de los mitos más arraigados de la derecha: el primero postula que las desigualdades se explican en muchos casos por causas “naturales”: el segundo recurre a la existencia histórica de supuestas “leyes fundamentales”. En ningún caso. Thomas Piketty ofrece en esta mastodóntica investigación una mirada nueva sobre el proceso de la desigualdad, así como una historia con perfil mundial de las desigualdades y las ideologías que las promueven.

sábado, 2 de noviembre de 2019

Felipe Portales: Los mitos de la democracia en Chile

"Solo entre 1958 y 1973 Chile tuvo un sistema electoral plenamente democrático", afirma el Historiador y Sociólogo


Felipe Portales, Rebelión

El célebre escritor danés Hans Christian Andersen (1805-1875) no estuvo nunca en Chile y, muy probablemente, nunca supo mayor cosa de nuestro país. Sin embargo, en su famoso cuento “El rey desnudo” parecería que describe con extrema agudeza la historia política chilena, y particularmente la forma distorsionada conque los mismos chilenos la percibimos. Sin duda que el mayor de los errores lo tenemos respecto de nuestra autoconciencia democrática. Así, nos creemos con una historia independiente plenamente democrática, pese a que durante el siglo XIX era el presidente de la República -a través del control fáctico del sistema electoral- quien designaba a la generalidad de los parlamentarios y a su sucesor en el cargo. Y a eso le llamábamos democracia.

Luego -entre 1891 y 1958- el voto popular se distorsionaba profundamente a través del cohecho urbano y del acarreo de los inquilinos en los campos. Todo ello era posible dado que eran los mismos partidos quienes se encargaban ¡de producir las cédulas de votación! Y, naturalmente, este cohecho era funcional a los partidos de derecha representantes de los sectores sociales poseedores de la riqueza. Y para qué hablar de los latifundistas (que con excepción de radicales del sur del Bío-Bío, producto del despojo de los mapuches) eran también generalmente conservadores y liberales. Posteriormente, desde 1990 -hasta la fecha de término de 2021- ha existido un sistema binominal que ha sobrerrepresentado antidemocráticamente a la segunda mayoría, esto es, a la derecha. Solo entre 1958 y 1973, luego del establecimiento de la cédula única electoral, hemos tenido un sistema electoral plenamente democrático.

viernes, 1 de noviembre de 2019

Chile, y la insatisfacción de la "democracia" capitalista


Agustin Squella Narducci

La democracia es una forma de gobierno para la que no soplan hoy buenos vientos en el planeta, y la causa está en que las tres dimensiones de la democracia moderna —ser representativa, participativa y deliberativa— se han ido debilitando a la vista de todos. Los representantes, más preocupados de sus carreras políticas personales que de otra cosa, no representan adecuadamente y algunos hasta se corrompen; la participación va a la baja, estimulada por la inscripción automática y el voto voluntario, cuyo mensaje no pudo ser más frívolo: “No se molesten en inscribirse y tampoco se molesten en ir a votar el día de las elecciones”, y en cuanto a la deliberación, ella se ha vuelto pobre, muy pobre, hasta el extremo de que el razonamiento y el lenguaje de la dirigencia política resultan por momentos insalubres.

La democracia es tanto un ideal como una realidad. Está por un lado la democracia ideal, en la que sus reglas se combinan con la máxima intensidad y extensión, y están, por el otro, las democracias reales o históricas que conocemos y que se acercan más o menos a la democracia ideal. Esa dualidad de la democracia es la que permite comparar a las democracias reales con la ideal y ranquearlas según su posición relativa por lo que respecta al ideal. En el índice que hace dos años dio a conocer “The Economist”, Chile no figuró entre las democracias en forma, sino entre las defectuosas, y si ese dato nos pasó entonces inadvertido, ahora es el momento de poner atención y preguntarnos por qué “defectuosa” una democracia que empezó a recuperarse en 1988; o sea, hace más de 30 años.

jueves, 31 de octubre de 2019

La guerra de Sebastián Piñera y su gobierno en Chile


Marcos Roitman Rosenmann, Público

Mientras el pueblo chileno se desangra y sus recursos se venden al mejor postor, Sebastián Piñera declara que el país está en guerra “contra un enemigo implacable, que no respeta a nadie ni a nada, que está dispuesto a usar la violencia y la delincuencia sin ningún límite”. Empresario de la generación pinochetista, realizó su fortuna en tiempos de la dictadura. Su hermano José, quien ocupó las carteras de Trabajo, Previsión Social y Minería con Pinochet, fue su mentor y escudo. La dictadura fue el espacio donde creció al amparo de los crímenes de lesa humanidad. Su condición de hermanísimo era suficiente. Sebastián no desaprovechó la ocasión. Defraudó, robó y acumuló capital gracias al negocio de las tarjetas de crédito, convirtiéndose en uno de los hombres más ricos de Chile. Mientras tanto, José, el ministro, privatizó la seguridad social, liberalizaba el mercado laboral y creaba el sistema privado de pensiones, para regocijo de bancos y financieras. Reconocido como gurú de las pensiones privadas, el gobierno de José Maria Aznar lo llamó, prestando sus servicios al Partido Popular. Sin empacho, en colaboración con Alejandro Weinstein, patrocinado por la CEOE y el Círculo de empresarios, publico el recetario: Una propuesta de reforma del sistema de pensiones en España. Manuel de culto de la derecha española. Tampoco perdió el tiempo en Chile, redactando en 2005, el libelo contra el gobierno constitucional de Salvador Allende: Una casa dividida, como la violencia política destruyó la democracia en Chile. Sus recomendaciones finales han marcado el quehacer de su aplicado hermano: “ He escrito este ensayo como una contribución a la causa de que nunca más se quiebre la democracia en Chile, para lo cual estimo imprescindible conocer las razones que la destruyeron y concordar hacia el futuro tres principios fundamentales para una convivencia pacífica: a) bajo ninguna circunstancia, con ninguna justificación, y en ninguna forma, un grupo debe propugnar, y mucho menos iniciar, la violencia como mecanismo de cambio económico, social o político bajo un régimen democrático, b) iniciada la violencia por algún sector, ella debe ser atajada de inmediato por el gobierno de ese momento, dentro de la ley pero aplicando toda la fuerza de la ley, y c) el rechazo a los que propician y ejercen la violencia, y el apoyo al gobierno que la combate con mano firme, debe contar con el apoyo unánime y decidido de la sociedad política y sociedad civil.”

miércoles, 30 de octubre de 2019

La explicación económica de la revuelta en Chile


Umberto Mazzei, Alai

Un amigo me cuenta que en la OCDE están perplejos sobre lo que sucede en Chile y que tratan de contradecir la realidad distribuyendo datos sobre las cifras macroeconómicas de Chile porque Chile es un alumno modelo de la escuela neoliberal desde la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990) y en efecto el crecimiento económico de Chile como país es indudable y hoy día es uno de los países más ricos de América Latina. Quienes no entienden el descontento es que no han leído a Sismondi.

La escuela neoliberal de Chicago es sólo la última proyección de la doctrina que David Ricardo, quien distorsionó los principios casi naturalistas de Adam Smith. Para asombro de algunos izquierdistas poco leídos. El descubrimiento más importante de Adam Smith es que la fuente de la riqueza no es el oro (mercantilismo) ni la tierra (fisiócratas). ¡Smith encuentra la fuente de la riqueza en el trabajo!

Ricardo (era agente de aduanas) aboga por derogar las Corn Laws que protegían la producción inglesa y abrir las puertas a la importación de trigo barato (ruso y polaco) para abaratar el precio del pan; no para favorecer a los trabajadores, sino para favorecer a los patrones, porque con eso el costo de la subsistencia baja y se pueden reducir los salarios, para aumentar el beneficio que la producción deja a la clase patronal. Ese es más o menos el razonamiento original de Ricardo que lo lleva a abogar por el libre comercio y la ausencia de injerencia del gobierno en la economía.

martes, 29 de octubre de 2019

Chile quiere una Asamblea Constituyente


María García Arenales, Sin Permiso

La manifestación del viernes pasado fue considerada la mayor desde el fin de la dictadura chilena; organizaciones sociales se unen para exigir una Asamblea Constituyente en Chile.

Para poder entender por qué miles de personas, principalmente jóvenes, protestan en las calles de Chile desde el 6 de octubre basta con escuchar una breve conversación telefónica entre la primera dama del país, Cecilia Morel, y una amiga.
“Adelantaron el toque de queda porque se supo que la estrategia es romper toda la cadena de abastecimiento [...] intentaron quemar un hospital y tomarse el aeropuerto, o sea, estamos absolutamente sobrepasados. Es como una invasión extranjera, alienígena, no sé cómo se dice, y no tenemos las herramientas para combatirla. Por favor, mantengamos nosotros la calma, llamemos a la gente de buena voluntad, aprovechen de racionar la comida, y vamos a tener que disminuir nuestros privilegios y compartir con los demás”
, dijo la esposa del presidente Sebastián Piñera.

Se trata de un audio de Whatsapp, de menos de un minuto de duración, que fue filtrado en la tarde del domingo. Más tarde, el martes, Morel lamentó en Twitter su “desacierto” y dijo que al sentirse “sobrepasada por las circunstancias hizo que su estado de ánimo personal pareciera el de un estado general de gobierno”. En esa misma red social añadió que Chile no está para más divisiones e instó a que todos los actores de la sociedad trabajen por “disminuir la desigualdad y ser más humildes”.

Pero lejos de calmar los ánimos, las palabras de la primera dama sólo generaron polémica y añadieron más leña al fuego. Porque no se trata de un simple desacierto, ni de una invasión alienígena, como indicó Morel, sino de una auténtica desconexión entre las élites políticas y empresariales chilenas y el resto de la población, los sectores populares.

lunes, 28 de octubre de 2019

Revuelta popular en Chile


Karol Morales, Viento Sur

Tal como se ha difundido ampliamente, el alza de la tarifa del metro –el principal medio de transporte público en la capital– sumado a las insultantes declaraciones de los ministros de gobierno en torno a las necesidades sociales fueron la gota que colmó el vaso de la sociedad chilena. Con ella comenzaron las manifestaciones hace más de una semana en las calles de varias ciudades del país.

"No son 30 pesos, son 30 años." Así reza uno de los múltiples virales compartidos en las redes sociales, en referencia a los 30 pesos de aumento del pasaje de metro versus los 30 años de “transición a la democracia”, pactada en el plebiscito de reforma a la Constitución de 1989 entre los partidos políticos (todos menos el Partido Comunista, por entonces todavía ilegalizado) y el régimen militar. Es precisamente esa democracia pactada, tutelada y amarrada a los pilares dictatoriales consagrados en la Constitución pinochetista aún vigente en el país la causa del enorme malestar contenido, que ahora explota con una fuerza inusitada.

La superexplotación de la fuerza de trabajo, con bajos salarios sostenidos por la negación de la negociación colectiva sectorial y el derecho a huelga efectiva; la privatización de los recursos naturales y el caso único en el mundo en que el agua es un bien privado; la inexistencia de un sistema de seguridad social que se expresa en la administración privada y lucrativa de los ahorros individuales para pensiones vía las Administradoras de Fondos de Pensiones (Afp); el desmantelamiento de la educación pública y la enorme deuda educativa para acceder a la educación superior son algunos de esos pilares dictatoriales sostenidos y profundizados por los gobiernos del duopolio (las dos principales fuerzas políticas de Chile: derecha y ex-concertación o centro-izquierda) que dan como resultado un Chile con índices macroeconómicos que lo sitúan en el club de los países de altos ingresos, pero con una enorme y dolorosa desigualdad.

Chile, la revuelta popular que tardó 20 años en estallar


Alfredo Jalife-Rahme, La Jornada

Se puede discutir si la revuelta chilena debió haber ocurrido hace 20 años –pronosticada por el economista del MIT y funcionario del FMI Rudiger Dornbusch, quien decretó otra década perdida para Latinoamérica, incluyendo Chile (https://bit.ly/31BaOsc)– o hace cinco años (https://bit.ly/35T9jJr) cuando aduje que el estallido del mito chileno era inevitable (https://bit.ly/2JilnKg).

Rudiger Dornbusch colocó en forma despectiva a Chile hace 20 años –con todo y el experimento de los Chicago Boys que Milton Friedman catalogó de milagro– como un restaurante de quinta.

Dornbusch fue maestro de dos fracasados secretarios de Hacienda itamitas: Pedro Aspe y su pupilo Luis Videgaray encargado de la ignominiosa reforma energética en México y quienes, por lo visto, no le hicieron caso a su maestro en Boston debido a su adicción al pernicioso modelo neoliberal que hoy hace agua por doquier.

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