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martes, 13 de julio de 2021

Un Chile posneoliberal, feminista y plurinacional

Alvaro Ramis, Rebelión

El 4 de julio sesionaron por primeva vez los 155 miembros de la Convención Constituyente que redactará la nueva Carta Magna de Chile. En una decisión que refleja el espíritu de los nuevos tiempos, la mapuche Elisa Loncon fue escogida presidenta de la Convención. Como analiza Álvaro Ramis en esta nota, la conformación de la Convención refleja un Chile muy distinto de aquel que nació con el retorno de la democracia.

Un total de 155 representantes para la Convención Constituyente fueron elegidos en mayo pasado bajo un sistema de paridad de género, 78 hombres y 77 mujeres. De ellos, 138 mediante el sistema electoral D’Hont (proporcional moderado), en representación de 28 distritos. Otros 17 fueron electos en representación de los pueblos originarios, distribuyéndose siete cupos para el pueblo mapuche; dos para el aymara y uno para pueblos quechua, chango, atacameño o lickanantay, diaguita, colla, rapanui, kawashkar y yagán.

Aunque la participación electoral se mantuvo baja, alcanzado el 43% del padrón electoral, los resultados reflejaron una nueva correlación de fuerzas políticas y, sobre todo, unas claras prioridades programáticas que recorren el amplio campo de las demandas sociales acumuladas en estas tres décadas. El temor a que el “Acuerdo por la Paz y la Nueva Constitución”, concordado por el Congreso en noviembre de 2019, sólo hubiera sido un medio de contención del proceso de movilizaciones abierto el 19 de octubre de 2019 ha quedado refutado por la contundencia de los resultados. Incluso la barrera más polémica incluida en ese pacto, la necesidad de un quórum de dos tercios para adoptar cualquier decisión al interior de la Convención Constituyente (CC), ha quedado en segundo plano ya que la derecha no ha logrado los 52 constituyentes que le hubieran permitido alcanzar el poder de veto. Un breve análisis de la conformación de la Convención a partir de los resultados electorales permite proponer algunas consideraciones y escenarios posibles en el proceso que se inicia.

miércoles, 19 de mayo de 2021

Chile: transformar la convención constituyente en la tumba del neoliberalismo

Marcos Roitman Rosenmann, La Jornada

El futuro no está diseñado. Como sucedió con el triunfo de la Unidad Popular y Salvador Allende, ni los más optimistas pensaban en una derrota tan aplastante de la derecha. El desconcierto en sus filas equivale al sufrido la noche del 4 de septiembre de 1970. Nada que celebrar, miedo y mucho que conspirar. Sus convencionistas no alcanzan el tercio necesario para imponer su ruta. La debacle se proyecta en las elecciones a gobernadores, alcaldes y concejales. Pero hay que estar alertas, la derecha no duerme, ni se desanima, sólo cambia su hoja de ruta. La abstención supera 60 por ciento en todas las elecciones. En ese contexto, la emergencia de pactos espurios, presiones y ruidos de sables pueden convertirse en noticias permanentes, buscando un cortocircuito en los trabajos de la convención.

La derecha se juega mucho y, ya sabemos, cuando pierden elecciones se dan a la tarea de conspirar para recuperar su poder. Sedición golpista y renuncia al discurso democrático. Debemos recordar que la convocatoria a la convención fue arrancada por la fuerza, producto de la rebelión popular que tiene movilizado a Chile desde el 18 de octubre de 2019 y se proyecta hasta nuestros días. Igualmente, es un aviso para los acólitos del proyecto de gobernabilidad neoliberal. Sus defensores no tardaron en reaccionar. El 15 de noviembre de 2019 firmaron el pacto por la paz y una nueva constitución, y en diciembre avalaron una reforma constitucional para garantizar la continuidad del modelo. En este amaño, participaron todos los partidos políticos, salvo el PCCH y el partido Humanista.

martes, 29 de octubre de 2019

Chile quiere una Asamblea Constituyente


María García Arenales, Sin Permiso

La manifestación del viernes pasado fue considerada la mayor desde el fin de la dictadura chilena; organizaciones sociales se unen para exigir una Asamblea Constituyente en Chile.

Para poder entender por qué miles de personas, principalmente jóvenes, protestan en las calles de Chile desde el 6 de octubre basta con escuchar una breve conversación telefónica entre la primera dama del país, Cecilia Morel, y una amiga.
“Adelantaron el toque de queda porque se supo que la estrategia es romper toda la cadena de abastecimiento [...] intentaron quemar un hospital y tomarse el aeropuerto, o sea, estamos absolutamente sobrepasados. Es como una invasión extranjera, alienígena, no sé cómo se dice, y no tenemos las herramientas para combatirla. Por favor, mantengamos nosotros la calma, llamemos a la gente de buena voluntad, aprovechen de racionar la comida, y vamos a tener que disminuir nuestros privilegios y compartir con los demás”
, dijo la esposa del presidente Sebastián Piñera.

Se trata de un audio de Whatsapp, de menos de un minuto de duración, que fue filtrado en la tarde del domingo. Más tarde, el martes, Morel lamentó en Twitter su “desacierto” y dijo que al sentirse “sobrepasada por las circunstancias hizo que su estado de ánimo personal pareciera el de un estado general de gobierno”. En esa misma red social añadió que Chile no está para más divisiones e instó a que todos los actores de la sociedad trabajen por “disminuir la desigualdad y ser más humildes”.

Pero lejos de calmar los ánimos, las palabras de la primera dama sólo generaron polémica y añadieron más leña al fuego. Porque no se trata de un simple desacierto, ni de una invasión alienígena, como indicó Morel, sino de una auténtica desconexión entre las élites políticas y empresariales chilenas y el resto de la población, los sectores populares.

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