lunes, 2 de noviembre de 2009

Las ideas equivocadas que ayudaron a derribar a la economía mundial


Martin Wolff, el editor económico de Financial Times, señala que la historia vuelve a repetirse y que las obsesivas metas antiinflacionarias y la creencia en los mercados eficientes, resultaron erróneas.

Martin Wolff, Financial Times

¿Cómo cayó la economía mundial en un agujero tan profundo? Se recupera, pero lentamente, y tras una profunda recesión, a pesar de un relajamiento monetario y fiscal sin precedentes. Más aún, ¿cuán probable es que surja una economía equilibrada de esta alimentación a la fuerza? El solo hecho de que estas medidas drásticas hayan sido necesarias es aterrador. Y lo más aterrador de todo es que ésta no es la primera vez en décadas recientes que ha sido necesario guiar la economía mundial a través de un colapso post burbuja.

En su último libro, sucesor de Valuing Wall Street, que apareció a tiempo para ayudar a los lectores alertas a evitar el colapso de 2000, Andrew Smithers, de la londinense Smithers & Co, proporciona una guía invaluable de errores pasados en análisis y política*. Su trabajo ayuda a explicar la burbuja del mercado bursátil en los "90, los errores fiscales de Gordon Brown y los recientes excesos de crédito.


Los grandes puntos del libro son cuatro: primero, los mercados de activos son “imperfectamente eficientes”; segundo, es posible valorizar los mercados; tercero, enormes desviaciones positivas del valor razonable (burbujas) son económicamente devastadoras, en particular si se asocia con aumentos en el crédito y subvaluación de la liquidez, y, finalmente, los bancos centrales deberían intentar pinchar esas burbujas. “Debemos estar preparados para considerar la posibilidad de que recesiones moderadas periódicas sean el precio necesario para evitar las grandes”. Yo no estaba dispuesto a aceptar esta visión. Ya no más.

La hipótesis de los mercados eficientes, que ha tenido un rol dominante en economía financiera, propone que toda la información relevante está en el precio. Los precios entonces se mueven sólo en respuesta a noticias. El movimiento del mercado es un “camino al azar”. Smithers sabe que esta conclusión es empíricamente falsa: los mercados bursátiles exhiben una “correlación serial negativa”. En simple, es probable que los retornos reales de los mercados bursátiles sean más bajos, si han sido altos recientemente, y viceversa. “Los mercados rotan en torno al valor razonable”.

Una objeción estándar es que si los mercados se desvían del valor razonable, deben ofrecer posibilidades de arbitraje. Smithers demuestra que el período de tiempo a lo largo del cual los mercados se desvían es tan largo (décadas) y su movimiento tan impredecible que esta oportunidad no puede explotarse. Un vendedor corto quebrará mucho antes de que llegue el barco del valor. Del mismo modo, alguien que se endeuda para comprar acciones cuando son baratas tiene una excelente probabilidad de perderlo todo antes de que la apuesta pague.

Smithers propone dos mediciones fundamentales de valor: “Q”, o ratio de valuación, que se relaciona con el valor de mercado de las acciones respecto del patrimonio neto de empresas y el ratio precio/utilidad ajustado por ciclos, que relaciona el actual valor de mercado con un promedio móvil de 10 años de las utilidades reales pasadas. Ambas mediciones dan resultados similares. Los gestores profesionales usan muchos otros métodos de valuación, todos falsos. Tal como resalta Smithers: “Las estrategias no válidas suelen pertenecer al mundo de los oficiales de banca de inversión y de los operadores de bolsa que sólo piensan en sus comisiones”.

Los mercados imperfectamente eficientes giran en torno al valor razonable. Puede que se alejen de ese valor, pero al final, fuerzas poderosas los traerán de vuelta. Los árboles no crecen hasta el cielo y los mercados no consiguen un valor infinito. Cuando las acciones lleguen a valores absurdos, inversores dejarán de comprarlas y empezarán a vender. Al final, el valor de las acciones volverá a ponerse en línea con (o bajo) el valor, y las utilidades subyacentes, de las empresas. En el largo plazo, los precios de la vivienda también se relacionan con los ingresos.

Cualquiera interesado en invertir ganará con la lectura de este libro. Entenderá, por ejemplo, porqué la estrategia de “comprar y mantener” impulsada por muchos asesores de pensiones, incluso en la cima de la burbuja del mercado, fue tal catástrofe. El valor importa, como ha dicho Warren Buffett con gran frecuencia.

Mas, para aquellos interesados en política económica, los argumentos de Smithers tienen un significado más amplio. Si los mercados pueden valorarse, es posible decir si están entrando en territorio de burbuja. Más aún, también sabemos que el estallido de una burbuja enorme puede ser económicamente devastador. Esto es particularmente cierto si hay una subida asociada en el crédito. Esta es también la conclusión de un capítulo significativo en el último Panorama Económico Mundial. En circunstancias extremas, la política monetaria pierde su impacto, con el sistema financiero descapitalizado y deudores quebrados. Lo que vemos es lo que Keynes llamó “empujar una cuerda”.

¿Cuáles son las lecciones de política? El Fondo Monetario Internacional concluye, ponderadamente: “La simulación sugiere que usar un instrumento macroprudente diseñado específicamente para moderar los ciclos del mercado de crédito ayudaría a contrarrestar mecanismos aceleradores que inflan el crecimiento del crédito y los precios de los activos. Además, una reacción monetaria fuerte a los signos de recalentamiento o de una burbuja de crédito o de precio de los activos, también podría ser útil”. Smithers sugiere que las autoridades deberían monitorear el precio de las acciones, viviendas y liquidez. Si alguno de estos, y especialmente si los tres, son luces rojas intermitentes, los banqueros centrales deberían responder. Recomienda medidas que eleven los requerimientos de capital de los bancos en bonanza.

Terminó la era en que los bancos centrales podían apuntar a la inflación y asumir que lo que pasaba en los mercados de activos y crédito no era su problema. Los precios de los activos pueden ser valorizados, tienen que serlo. “Ir contra el viento” requiere juicio y siempre será controvertido. Las políticas monetarias y de crédito también perderán su simplicidad. Pero es mejor tener razón en general que estar equivocado con precisión. Las metas de inflación puras y la creencia en los mercados eficientes resultaron erradas. Esas creencias deben ser abandonadas.

*Wall Street Revalued: Imperfect Markets and Inept Central Bankers, Wiley 2009

Enlaces 02/11/2009


- CIT declara la quinta mayor suspensión de pagos en EE UU, Sandro Pozzi. El País
- Qué significa el fin de la recesión, Paul Samuelson
- Histograma del desarrollo económico de Argentina y sus gobiernos, Mr. Trader
- Otra política y otros valores para salir de la crisis, Juan Torres López
- Transparencia, por favor, Martin Hutchinson.
- China va a su aire, Paul Krugman
- Neoliberalismo y desarrollo, la historia de un fracaso anunciado, Pedro Antonio Honrubia Hurtado. Rebelión
- Autochina International Limited, el valor que más sube en USA, BroadMarket.
- Menos es más: Coca Cola Company, Fresh Family Office.




Una nueva igualdad después de la crisis

Eric Hobsbawm, Sin Permiso

“El objetivo de una economía no es el beneficio, sino el bienestar de toda la población. El crecimiento económico no es un fin, sino un medio para dar vida a las sociedades buenas, humanas y justas. No importa como llamamos a los regímenes que buscan esa finalidad. Importa únicamente cómo y con qué prioridades podremos combinar las potencialidades del sector público y del sector privado en nuestras economías mixtas. Esa es la prioridad política más importarte del siglo XXI”

El “Siglo breve”, o XX, fue un período marcado por un conflicto religioso entre ideologías laicas. Por razones más históricas que lógicas, fue dominado por la contraposición de dos modelos económicos – e incluso dos modelos excluyentes entre sí –: el “Socialismo”, identificados con economías centralmente planificadas de tipo soviético, y el “Capitalismo”, que cubría todo el resto.

Esa contraposición, aparentemente fundamental, entre un sistema que ambiciona sacar del medio del camino a las empresas privadas interesadas en las ganancias (el mercado, por ejemplo) y uno que pretendía liberar al mercado de toda restricción oficial o de otro tipo, nunca fue realista. Todas las economías modernas deben combinar público y privado de varios modos y en varios grados, y de hecho hacen eso. Ambas tentativas de vivir a la altura de esa lógica totalmente binaria, de esas definiciones de “capitalismo” y “socialismo”, fallaron. Las economías de tipo soviético y las organizaciones y gestiones estatales no sobrevivieron a los años ´80. El “fundamentalismo de mercado” anglo-norteamericano quebró en 2008, en el momento de su apogeo. El siglo XXI tendrá que reconsiderar, por lo tanto, sus propios problemas en términos mucho más realistas.

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¿Cómo influyó todo eso sobre los países que en el pasado eran devotos del modelo “socialista”? Bajo el socialismo, se encontraron con a imposibilidad de reformar sus sistemas administrativos de planeamiento estatal, incluso cuando sus técnicos y sus economistas fueran plenamente conscientes de sus principales carencias. Los sistemas – no competitivos a nivel internacional – fueron capaces de sobrevivir hasta que quedaron completamente aislados del resto de la economía mundial.

Ese aislamiento, por lo tanto, no pudo ser mantenido en el tiempo, y cuando el socialismo fue abandonado – sea inmediatamente de la caída de los regímenes políticos como en Europa Oriental, sea por el propio régimen, como en China o en Vietnam – sin ningún preaviso, ellos se encontraron inmersos en aquello que para muchos parecía ser la única alternativa disponible: el capitalismo globalizado, en su forma entonces predominante de capitalismo de libre mercado.

Las consecuencias directas en Europa fueron catastróficas. Los países de la ex Unión Soviética todavía no han superado sus repercusiones. China, para su suerte, escogió un modelo capitalista diferente al del neoliberalismo anglo-norteamericano, prefiriendo el modelo mucho más dirigista de las “economías tigres” o de asalto de Asia oriental, pero abrió el camino para su “gigantesco salto hacia adelante” con muy poca preocupación y consideración por las implicaciones sociales y humanas.

Ese período está casi a nuestras espaldas, así como el del predominio global del liberalismo económico extremo de matriz anglo-norteamericana, incluso cuando no sepamos cuales cambios implicará la crisis mundial en curso – la más grave desde los años 30 - cuando los impresionantes acontecimientos de los últimos dos años consiguieran superarse. Una cosa, en efecto, es desde ya muy clara: está en curso una alternancia de enormes proporciones de las viejas economías del Atlántico Norte al Sur del planeta y principalmente al Asia oriental.

En estas circunstancias, los ex Estados soviéticos (incluyendo aquellos todavía gobernados por partidos comunistas) están teniendo que enfrentar problemas y perspectivas muy diferentes. Excluyendo de entrada las divergencias de alineamiento político, diré solamente que la mayor parte de ellos continúan relativamente frágiles. En Europa, algunos están asimilando el modelo social capitalista de Europa occidental, aunque tengan una renta media per cápita considerablemente inferior. En la Unión Europea, también es probable prever el surgimiento de una doble economía. Rusia, recuperada en cierta medida de la catástrofe de los años ´90, está casi reducida a un país exportador, poderoso pero vulnerable, de productos primarios y de energías y fue hasta ahora incapaz de reconstruir una base económica mejor equilibrada.

Las reacciones contras los excesos de la era neoliberal llevaron a un retorno, parcial, a formas de capitalismo estatal acompañadas por una especie de regresión a algunos aspectos de la herencia soviética. Claramente, la simple “imitación de Occidente” dejó de ser una opción posible. Ese fenómeno todavía es más evidente en China, que desenvolvió con considerable éxito un capitalismo pos-comunista propio, a tal punto que, en el futuro, puede también ocurrir que los historiadores puedan ver en ese país el verdadero salvador de la economía capitalista mundial en la crisis en la que nos encontramos actualmente. En síntesis, no es más posible creer en una única forma global de capitalismo o de pos-capitalismo.

En todo caso, delinear la economía del mañana es tal vez la parte menos relevante de nuestras preocupaciones futuras. La diferencia crucial entre los sistemas económicos no reside en su estructura, sino más bien en sus prioridades sociales y morales, y éstas deberían ilustrar dos de sus aspectos de fundamental importancia a ese propósito.

Lo primero es que el fin del Comunismo comportó la desaparición repentina de valores, hábitos y prácticas sociales que habían marcado la vida de generaciones enteras, no sólo en los regímenes comunistas en sentido estricto, sino también los del pasado pre comunista que, bajo esos regímenes, en buena parte se habían protegido. Debemos reconocer cuan profundos y graves fueron el shock y la desgracia en términos humanos que fueron padecidos como consecuencia de ese brusco e inesperado terremoto social. Inevitablemente, serán necesarias varias décadas antes de que las sociedades pos-comunistas encuentren en la nueva era una estabilidad en su “modus vivendi”, y algunas consecuencias de esa desagregación social, de la corrupción, de la criminalidad institucionalizada podrían exigir todavía mucho más tiempo para ser derrotadas.

El segundo aspecto es que tanto la política occidental del neoliberalismo, como las políticas pos-comunistas que ella inspiró, subordinaron propositivamente el bienestar y la justicia social a la tiranía del Producto Interior Bruto (PIB): el mayor crecimiento económico posible, deliberadamente inequitativo. Haciendo esto, ellos minaron – y en los ex países comunistas hasta destruyeron – los sistemas de asistencia social, de bienestar, los valores y las finalidades de los servicios públicos. Todo ello no constituye una premisa de la cual partir, sea para el “capitalismo europeo con rostro humano” de las décadas posteriores a 1945, sea para satisfactorios sistemas mixtos pos-comunistas.

El objetivo de una economía no es el beneficio, sino el bienestar de toda la población. El crecimiento económico no es un fin, sino un medio para dar vida a las sociedades buenas, humanas y justas. No importa como llamamos a los regímenes que buscan esa finalidad. Importa únicamente cómo y con qué prioridades podremos combinar las potencialidades del sector público y del sector privado en nuestras economías mixtas. Esa es la prioridad política más importarte del siglo XXI.

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Eric Hobsbawm es el decano de la historiografía marxista británica. Uno de sus últimos libros es un volumen de memorias autobiográficas: Años interesantes, Barcelona, Critica, 2003.
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Traducción para www.sinpermiso.info: Carlos Abel Suárez

CIT Group, la nueva quiebra de Estados Unidos


Aunque la quiebra de la financiera CIT Group, especializada en créditos a estudiantes y pequeñas empresas (lineas de factoring y franquicias), se convierte en la quinta mayor bancarrota de Estados Unidos, se estima que no tendrá un mayor impacto. Pese a ser la quinta en magnitud tras Lehman Brothers, Washington Mutual, Worldcom y General Motors, su protección de bancarrota le significará seguir operando y otorgando crédito a las pequeñas empresas. La operación ha significado echar por tierra los 2,3 mil millones de dólares que el gobierno invirtió para evitar su colapso prematuro. Pero CIT Group cuenta con 71 mil millones de dólares en activos y podrá seguir operando con un plan de reorganización que reducirá su deuda.

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sábado, 31 de octubre de 2009

La economía mundial tiene su propia noche de brujas



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Mikhail Gorbachev:"El muro de Berlín tenía que caer, pero el mundo de hoy no es más justo"


Veinte años después de que el vergonzoso símbolo de la división de un pueblo fuera derribado, el capitalismo ultra liberal necesita su propia Perestroika

Esta es una reflexión de uno de los principales protagonistas de aquellos sucesos, que salió publicada ayer en The Guardian

Mikhail Gorbachev, The Guardian. Traducción propia

Han pasado veinte años desde la caída del muro de Berlín, uno de los vergonzosos símbolos de la guerra fría y de la peligrosa división del mundo en bloques opuestos y antagónicos. Hoy podemos volver la mirada a esos acontecimientos y hacer un balance en el tono menos emocional y más racional que permiten las dos décadas transcurridas.

La primera observación que debe hacerse es que el optimista anuncio del "fin de la historia" no se ha producido, aunque muchos afirmaban que era inminente. Tampoco se ha producido lo que muchos de los políticos de mi generación creían sinceramente y en lo cual confiaban: que con el fin de la guerra fría la humanidad podría olvidar lo absurdo de la carrera de armamentos, los peligrosos conflictos regionales y las estériles disputas ideológicas, para entrar en un siglo de oro de la seguridad colectiva, en el uso racional de los recursos materiales, en el fin de la pobreza y la desigualdad, recuperando una vida de armonía con la naturaleza.

Misterios del 11-S

Este video documental narra lo ocurrido el 11 de septiembre de 2001 desde un prisma bastante diferente a las versiones oficiales. Con argumentos y pruebas contundentes se muestra que las torres gemelas fueron demolidas con explosivos en una operación programada. Dura 104 minutos y está subtitulado. Imperdible.

Un ataque de bandera falsa

Este es Loose Change, en su versión final de 89 minutos:


Para complementos adicionales sugiero algunas lecturas:

- Algo sobre los mitos y mentiras del 11-S.

- Videos censurados sobre el 11-S, aquí es posible ver el ataque al Pentágono y la demolición de la torres gemelas.

- La CIA y el Mossad planearon el 11-S.

Groucho Marx, la bolsa y el Crash de 1929



Esta es una pequeña joya escrita por Groucho Marx tras el crash de 1929.. no tiene desperdicio y hay que leerlo completo. Cualquier semejanza con lo vivido 80 años después, es accidental. Dejo con ustedes a:

Groucho Marx

Muy pronto un negocio mucho más atractivo que el teatral atrajo mi atención y la del país. Era un asuntillo llamado mercadeo de valores. Lo conocí por primera vez hacia 1926. Constituyó una sorpresa agradable descubrir que era un negociante muy astuto. O por lo menos eso parecía, porque todo lo que compraba aumentaba de valor. No tenía asesor financiero. ¿Quien lo necesitaba? Podías cerrar los ojos, apoyar el dedo en cualquier punto del enorme tablero mural y la acci6n que acababas de comprar empezaba inmediatamente a subir. Nunca obtuve beneficios. Parecía absurdo vender una acción a 30 cuando se sabía que dentro del año doblaría o triplicaría su valor.

Mi sueldo semanal en Los Cuatro Cocos era de unos dos mil, pero esto era calderilla en comparación con la pasta que ganaba te6ricamente en Wall Street. Disfrutaba trabajando en la revista pero el salario me interesaba muy poco. Aceptaba de todo el mundo confidencias sobre el mercado de valores. Ahora cuesta creerlo pero incidentes como el que sigue eran corrientes en aquellos días.

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