jueves, 4 de junio de 2009

Cuba pierde condición de paria y vuelve a la OEA

Después de 47 años, Cuba pierde su codición de paria y vuelve a la Organización de Estados Americanos, OEA. Los delegados de los países miembros de la OEA ratificaron por aclamación la decisión adoptada por los cancilleres del grupo de trabajo especial sobre derogar la suspensión de la isla como miembro de este organismo, aprobada en 1962.

La ministra de Relaciones Exteriores de Honduras, Patricia Rodas, que preside la sesión de la XXXIX Asamblea General de la OEA, pidió la ratificación de esa decisión por parte de los delegados, que procedieron a hacerlo por unanimidad.

"Que la resolución sexta adoptada el 31 de enero de 1962, mediante la cual se excluyó al gobierno de Cuba de su participación en el sistema interamericano queda sin efecto en la Organización de Estados Americanos ", declaró Rodas en medio de aplausos. El ministro de Relaciones Exteriores de Ecuador, Fander Falconí, anunció en declaraciones a los periodistas la decisión adoptada hoy por consenso.

"Muchos de nosotros no habíamos nacido en ese momento y lo que está haciendo esta generación es básicamente enmendar la historia y aquí tenemos un reto de construir una historia distinta", añadió Falconí.

La decisión fue adoptada hoy después de que en la víspera los cancilleres de un grupo especial designado para tratar la cuestión permanecieran reunidos durante más de seis horas sin alcanzar ningún consenso.

Las posturas enfrentadas eran las de quienes propugnaban una derogación de la suspensión, sin condiciones, y otra que lo hacía mencionando la necesidad de que Cuba asumiera los compromisos de democracia y defensa de los derechos humanos adoptados por los demás países miembros de la organización.

miércoles, 3 de junio de 2009

Vuelven a alzarse las fronteras


Aunque los canadienses tenían la muy fundada ilusión de que las relaciones con los estadounidenses se harían más cálidas tras la llegada del nuevo inquilino a la Casa Blanca, lo cierto es que la crisis las ha enfriado. En las fronteras de Quebec, Vermont o Derby Line, es muy normal ver numerosos controles exigiendo pasaportes y revisando vehículos.
La agradable informalidad previa a los hechos del 11-S (sólo se exigía cédula de identidad para cruzar la frontera) tuvo un rápido fin tras los atentados a las Twin Towers y ahora con la crisis parecen intensificarse. Esto ha llevado a un fuerte declive del comercio de bienes intrafronterizo que llegaba a los 1.600 millones de dólares diarios.
Los canadienses saben que una situación de relajamiento fronterizo como la existente antes del 11-S será imposible. Pero esperan que la frontera no sea una barrera que debilite el comercio entre las ciudades vecinas. Como vemos, aunque hace 20 años cayeron importantes muros, hoy vuelven a alzarse las fronteras comerciales.

Cómo alimentar a todo el mundo


Louise Fresco nos muestra por qué podemos celebrar los avances en la producción masiva y la gran fabricación de pan en los supermercados. Pero señala que también hay que dejar un espacio para las pequeñas panaderías y la producción artesanal. No todo puede ser producción masiva y los pequeños productores deben aportar con su creatividad. Esta es una tarea fundamental a desarrollar en todo ámbito (industria del cuero, metalurgica, madera) para enfrentar el tema del empleo en todo el mundo. Es una tarea crucial y a la cual habrá que prestar atención en todo ámbito.

Las grandes compañías hicieron sucumbir a las pequeñas fábricas que aportaban sus productos y empleaban mano de obra que cada vez se hizo más especializada. Ahora que sucumben las grandes compañías y reciben grandes ayudas del Estado. ¿se ayudará a las pequeñas a reorgnizarse? Las pequeñas nunca recibieron ayuda cuando fueron barridas por las grandes.

En esta interesante charla, Louise Fresco nos plantea la importancia de dar espacio a los pequeños emprendedores. Con ellos se puede alimentar al mundo. Son reflexiones de largo alcance hacia la sostenibilidad del planeta.
Más información sobre Louise Fresco

Bernanke llama a reducir el déficit fiscal

El presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke, ha pedido hoy al Congreso que se comprometa a reducir el déficit de casi 2 billones de dólares generado por los cuantiosos fondos destinados a combatir la crisis, advirtiedo que:
"A menos que demostremos un fuerte compromiso con la sostenibilidad fiscal a largo plazo, no tendremos ni estabilidad financiera ni crecimiento económico sano"

Bernanke habló en el Congreso para ofrecer su diagnóstico de la coyuntura económica del país, dominada recientemente por la crisis del automóvil y señales incipientes de reactivación. Sus declaraciones surgen en momentos de una creciente preocupación sobre el abultado endeudamiento de EEUU tanto dentro como fuera del país.
"El mantener la confianza de los mercados financieros requiere que comencemos a planificar para restaurar el equilibrio fiscal", señaló Bernanke, dado que la Casa Blanca prevé que el déficit presupuestario alcance los 1,8 billones de dólares este año, una cifra más de cuatro veces superior al dato récord registrado el año pasado.

La recesión por la que atraviesa el país ha agravado las cuentas públicas debido a los menores ingresos fiscales y al mayor gasto del Gobierno, que ha destinado miles de millones de dólares al rescate del sector financiero. Bernanke señaló que esa intervención pública era "necesaria y apropiada" para hacer frente a la peor crisis financiera desde 1930, a pesar de haber agravado el déficit del país.

El fuerte endeudamiento de Estados Unidos ha contribuido a alimentar el temor en los mercados a un posible recorte de la calificación máxima triple A de la deuda soberana del país, lo que ha presionado el dólar a la baja en los mercados internacionales.

La Casa Blanca aseguró a finales de mayo no estar preocupada ante esa posibilidad e insiste en que el objetivo del presidente de EEUU, Barack Obama, es impulsar un plan de recuperación que cree puestos de trabajo y reactive la economía. Aun así, la nueva Administración reconoce que a medio y largo plazo es necesario resolver el problema fiscal del país.

Bernanke llama a reducir el déficit pero no plantea medidas. La única medida salvadora y que puede aliviar la presión sobre el déficit es un aumento programado de las tasas impositivas. Las medidas propuestas por Bush de la reducción de impuestos terminaron haciendo un gran daño a toda la economía. Revertir esas políoticas ahora puede ser parte de una solición. Pero quizá sea demasiado tarde.

Michael Moore: Adiós General Motors

Por Michael Moore

Escribo esto en la mañana del fin de la otrora poderosa General Motors. Al mediodía, el presidente de Estados Unidos lo hará oficial: General Motors, como la conocemos, ha terminado. Sentado aquí en la ciudad natal de GM, Flint, Michigan, estoy rodeado de amigos y familiares llenos de ansiedad por lo que pasará con ellos y con la ciudad.

Cuarenta por ciento de los hogares y negocios de la localidad han sido abandonados. Imagine el lector lo que sería vivir en una ciudad donde casi todas las demás casas estuvieran vacías. ¿Cuál sería su estado de ánimo?

Es una triste ironía que la compañía que inventó la obsolescencia planeada –la decisión de construir automóviles que se cayeran en pedazos en unos cuantos años para que el cliente tuviera que comprar otro coche– ahora se haya vuelto obsoleta. Se negó a fabricar los automóviles que el público quería, que tuvieran gran rendimiento de gasolina, que fueran lo más seguros posible y extremadamente cómodos de manejar. Ah, y que no comenzaran a desmoronarse en unos años.

GM se empeñó en combatir las reglamentaciones ambientales y de seguridad. Sus ejecutivos desdeñaban con arrogancia los inferiores autos japoneses y alemanes, los cuales llegarían a ser el patrón oro de los compradores de coches. Y estaba empecinada en castigar a su fuerza de trabajo sindicalizada, despidiendo a miles de trabajadores por ninguna otra razón que mejorar el estado de resultados a corto plazo de la corporación. De 1980 en adelante, cuando reportaba utilidades sin precedente, trasladó incontables puestos de trabajo a México y otros lugares, con lo que destruyó la vida de decenas de miles de esforzados estadunidenses. La patente estupidez de esta política radicaba en que, al eliminar el ingreso de tantas familias de clase media, ¿quién creían que iba a poder comprar sus automóviles? La historia registrará este yerro en la misma forma en que hoy recuerda a los franceses que construyeron la Línea Maginot o a los romanos que envenenaron inadvertidamente su sistema de agua al incorporar plomo letal a sus tuberías.

Aquí estamos, pues, en el lecho de muerte de General Motors. El cuerpo de la empresa aún no está frío y descubro que me siento rebosante de –me atrevo a decir– júbilo. No es el júbilo de la venganza contra una corporación que arruinó mi ciudad natal, que dejó sin hogar a la gente con la que crecí y le trajo miseria, divorcios, alcoholismo, desamparo, debilidad física y mental y drogadicción. Tampoco, obviamente, me alegra saber que otros 21 mil trabajadores de GM recibirán la noticia de que también ellos se han quedado sin empleo. Pero ustedes y nosotros y el resto de los estadunidenses ¡ahora somos dueños de una empresa automotriz!

Lo sé, lo sé... ¿quién diablos quiere manejar una fábrica de autos? ¿Quién de nosotros quiere que 50 mil millones de dólares de nuestros impuestos se arrojen al agujero de ratas que será este nuevo intento de rescate de GM? Digámoslo con claridad: la única forma de salvar a la empresa es darle muerte.

Sin embargo, salvar nuestra preciosa infraestructura industrial es otra cosa, y debemos darle máxima prioridad. Si dejamos que cierren y desmantelen nuestras plantas, lamentaremos amargamente su desaparición cuando caigamos en cuenta de que esas fábricas podrían haber construido los sistemas de energía alternativa que necesitamos con desesperación. Y cuando reparemos en que la mejor forma de transportarnos es con ferrovías ligeras, trenes balas y autobuses más limpios, ¿cómo podremos construirlos si permitimos que desaparezca nuestra capacidad industrial y su fuerza de trabajo capacitada?

Así pues, ahora que el gobierno federal y el tribunal de quiebras reorganizan a General Motors, he aquí el plan que pido al presidente Barack Obama que ponga en práctica para bien de los trabajadores, de las comunidades de GM y de la nación en su conjunto. Hace 20 años, cuando hice Roger & Me, traté de advertir a la gente sobre lo que le esperaba a General Motors. Si la estructura del poder y la tecnocracia hubiera escuchado, tal vez mucho de esto se habría podido evitar. Con base en mi trayectoria, solicito que se preste honrada y sincera consideración a las sugerencias siguientes:

1. Así como hizo el presidente Roosevelt después del ataque a Pearl Harbor, Obama debe decir a la nación que estamos en guerra y que debemos convertir de inmediato nuestras fábricas de automóviles en instalaciones que construyan vehículos de transporte en masa y dispositivos de energía alternativa. En 1942, en Flint, en cuestión de meses GM detuvo toda la producción de autos y de inmediato usó las líneas de producción para construir aviones, tanques y ametralladoras. La conversión se realizó en un abrir y cerrar de ojos. Todo el mundo participó. Los fascistas fueron derrotados.

Ahora estamos en una guerra diferente, la que hemos emprendido contra el ecosistema, guiados por nuestros líderes. Esta guerra tiene dos frentes. Uno tiene su cuartel general en Detroit. Los productos construidos en las fábricas de GM, Ford y Chrysler son algunas de las mayores armas de destrucción en masa, causantes del calentamiento global y del derretimiento de nuestros casquetes polares. Puede que esos objetos que llamamos carros sean divertidos de manejar, pero son como un millón de dagas en el corazón de la madre naturaleza. Continuar construyéndolos sólo conducirá a la ruina de nuestra especie y de gran parte del planeta.

El otro frente en esta guerra ha sido abierto por las compañías petroleras contra ustedes y yo. Están dedicadas a esquilmarnos todo lo que pueden, y han sido irrefrenables vendedoras de la finita cantidad de petróleo que se ubica bajo la superficie de la tierra. Saben que la están chupando hasta dejarla seca. Y como los magnates madereros de principios del siglo XX, a quienes les importaban un cacahuate las generaciones futuras y arrasaban con cuanto bosque cayera en sus manos, estos barones del petróleo no dirán al público lo que saben que es verdad: que queda sólo crudo utilizable para unas cuantas décadas más en el planeta. Y conforme los días finales del petróleo se acercan, prepárense para ver a algunas personas muy desesperadas, dispuestas a matar o morir por un litro de gasolina.

El presidente Obama, ahora que ha asumido el control de GM, necesita convertir de inmediato las fábricas a los nuevos usos necesarios.

2. No pongan otros 30 mil millones de dólares en las arcas de GM para fabricar automóviles. Usen ese dinero para mantener empleada a la actual fuerza de trabajo –y a la mayoría de los que han sido despedidos– para que pueda construir los nuevos modos de transporte del siglo XXI. Que el trabajo de conversión empiece ahora mismo.

3. Anuncien que en los próximos cinco años tendremos trenes balas cruzando el país. Japón celebra este año el aniversario 45 de su primer tren bala; ahora tiene docenas. Velocidad promedio: 265 kilómetros por hora. Tiempo de demora promedio: 30 segundos. Ellos llevan ya casi cinco décadas con esos trenes de alta velocidad... ¡y nosotros no tenemos uno solo! Es criminal que ya exista la tecnología para ir de Nueva York a Los Ángeles en 17 horas, y que no la hayamos usado. Contratemos a los desempleados para que construyan las nuevas vías de alta velocidad por todo el país. De Chicago a Detroit en menos de dos horas. De Miami a Washington en menos de siete. De Denver a Dallas en cinco y media. Se puede hacer, y hacerse ya.

4. Emprendan un programa para poner líneas de tren ligero masivo en todas nuestras ciudades grandes y medianas. Construyan esos trenes en las fábricas de GM. Y contraten pobladores locales en todas partes para instalar y operar este sistema.

5. Para los habitantes de zonas rurales que no sean atendidos por los trenes, que las plantas de GM produzcan autobuses limpios y eficientes en el uso de energía.

6. Por el momento, que algunas fábricas construyan vehículos híbridos o eléctricos (y baterías). Llevará algunos años que la gente se acostumbre a las nuevas formas de transporte, así que si vamos a tener automóviles, que sean más amables. Podemos construirlos el mes próximo (no le crean a quien les diga que llevaría años reacondicionar esas fábricas: no es cierto).

7. Transformen algunas de las fábricas vacías de GM en instalaciones que construyan molinos de viento, paneles solares y otros medios de energía alternativa. Ahora mismo necesitamos decenas de millones de paneles. Y existe una fuerza de trabajo capacitada y dispuesta que puede construirlos.

8. Concedan incentivos fiscales a quienes se transporten en automóvil híbrido o en autobús o tren. También, créditos para quienes conviertan su hogar a energía alternativa.

9. Para contribuir a sufragar esto, impongan un gravamen de dos dólares por cada litro de gasolina. Esto impulsará a las personas a cambiar hacia autos ahorradores de energía o a utilizar las nuevas líneas de tren que las antiguas empresas automotrices han construido para ellas.

Bueno, es un principio. Por favor, por favor, no salven a GM para que una versión más pequeña de ella no haga otra cosa que construir Chevys o Cadillacs. Eso no es solución a largo plazo. No tiren dinero bueno en una compañía cuyo tubo de escape funciona mal y llena el auto de un olor extraño. Este año se cumple un siglo de que los fundadores de General Motors convencieron al mundo de renunciar a sus caballos, sus sillas y sus carruajes para probar un nuevo modo de transporte. Ahora es tiempo de que digamos adiós al motor de combustión interna. Parece habernos servido bien durante largo rato. Disfrutamos los restaurantes de servicio en el auto. Nos divertimos en el asiento delantero y también en el trasero. Vimos películas en grandes pantallas al aire libre, fuimos a las carreras en pistas de todo el país, y echamos nuestra primera ojeada al Pacífico desde la ventanilla por la autopista costera. Y ahora, ya acabó. Es un nuevo día y un nuevo siglo. El presidente –y el sindicato de trabajadores automotrices– deben aprovechar el momento y crear una gran jarra de limonada con este limón* tan amargo y triste.

Ayer, la última persona sobreviviente del desastre del Titanic pasó a mejor vida. Escapó a una muerte segura esa noche y vivió otros 97 años. Del mismo modo, podemos sobrevivir a nuestro Titanic en todos los Flints, Michigan, de este país. Sesenta por ciento de GM es nuestro. Creo que podemos darle un mejor empleo.

* En lenguaje informal, los estadunidenses llaman lemon a cualquier objeto inservible, por ejemplo un automóvil (T.)

Traducción: Jorge Anaya

Los chinos se quedan con el Hummer


El consorcio automovilístico estadounidense General Motors ha alcanzado un principio de acuerdo con la empresa de maquinaria china Sichuan Tengzhong Heavy Industrial Machinery Company para la venta de su filial de todoterrenos Hummer, según informa The New York Times. Sin embargo, esta operación, a pesar de que Sichuan Tengzhong es una empresa privada, requiere la aprobación por parte del Gobierno de China, que mantiene el derecho de veto ante cualquier intención de compra fuera del país por parte de una empresa china.

El anuncio del comprador de Hummer se produce después de que se diera a conocer un acuerdo para la venta de esta firma de todoterrenos, aunque no se especificaron los detalles del nuevo inversor ni del montante de la operación. No obstante, diferentes analistas estiman que la venta de Hummer podría cerrarse por algo menos de 500 millones de dólares (352 millones de euros al cambio actual).

Sichuan Tengzhong se dedica a la producción de maquinaria para la construcción de carreteras, puentes y de mantenimiento, entre otros aspectos. Sin embargo, la compra de Hummer podría servir para introducirse en el negocio de camiones pesados.

El consorcio automovilístico que preside Fritz Henderson señaló que la venta de Hummer permitirá mantener 3.000 puestos de trabajo en Estados Unidos y la continuidad de 153 concesionarios. Asimismo, esta operación servirá para mantener la sede central de la compañía en este país. La venta de Hummer, que General Motors espera cerrar a finales del tercer trimestre del año, se enmarca en el plan de reestructuración de la empresa, que ayer presentó la solicitud de suspensión de pagos ante el Tribunal de Quiebras de Nueva York.

martes, 2 de junio de 2009

Desempleo sigue afectando a economías europeas

El desempleo continúa extendiéndose en la zona euro, donde ya afecta al 9,2% de la población activa. Según información facilitada por la oficina estadística comunitaria (Eurostat), en abril la tasa de desempleo aumentó tres décimas en los países de la moneda única (1,9 puntos si se compara con abril de 2008) y dos en el conjunto de los Veintisiete (1,8 puntos más que un año antes).

En el último año, 4,653 millones de personas han perdido su empleo en la UE (556.000 sólo en abril), de los que 3,1 millones están en el área del euro (donde el paro subió en abril en 396.000 personas). De esta manera, el desempleo afecta ya a 21 millones de personas en los veintisiete países y, de ellos, 14,6 millones corresponden a los países de la moneda única.

España, con una tasa de paro del 18,1%, volvió a ser, un mes más, el Estado miembro con más desempleo. Le siguen Letonia (17,4%), Lituania (16,8%) y Estonia (13,9%). Estos tres países bálticos son donde más rápidamente está aumentando el desempleo, tanto en términos mensuales como interanuales. Por el contrario, los países que, a pesar de la crisis, siguen teniendo un paro más reducido son Holanda (3%), Austria (4,2%) y Chipre (5,4%).

De las grandes economías para las que hay información actualizada, en Francia la desocupación se situó en abril en 8,9% y en Alemania en 7,7%. En ambos casos una décima más que en marzo.

Casi, casi como el Imperio Romano


En un artículo que escribí en marzo del año pasado hablaba de Harold Bloom y cómo este intelectual y gran crítico literario comparaba la crisis que se nos venía encima con la caída del Imperio Romano.
Era una época en que aún la prensa, los gobiernos y muchos economistas la negaban, pese a que ya llevábamos ocho meses anunciándola. A la luz de las imágenes de este clip, entendemos claramente a que se refería Harold Bloom. Un país que no sólo se enfermó y endeudó por salir a matar iraquíes, sino por un nivel de descomunal derroche digno de una película de Cecil B. DeMille. Las imágenes, forman parte de la serie pueblos fantasmas.

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