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miércoles, 30 de septiembre de 2026

Cuando los monstruos caminan entre nosotros


Henry Giroux, Counter Punch
Tenemos muchos monstruos que destruir.

–George Seferis

Pero, ¿cómo puede alguien decir la verdad sobre el fascismo si no está dispuesto a denunciarlo abiertamente, a menos que esté dispuesto a alzar la voz contra el capitalismo, que es lo que lo engendra?

–Bertolt Brecht

Hace más de cuatro décadas, el compositor e intelectual griego Manos Hadjidakis lanzó una advertencia que hoy se lee menos como una reflexión sobre el fascismo y más como una profecía de nuestro tiempo. El mayor peligro, sugirió, surge cuando nos acostumbramos al monstruo, cuando su presencia ya no escandaliza la conciencia y su violencia comienza a integrarse en la rutina diaria. La tolerancia no disminuye al monstruo; multiplica las condiciones que le permiten prosperar, fortaleciendo su presencia en la vida pública hasta que la propia monstruosidad adquiere la autoridad para gobernar. En este caso, el colapso de la conciencia es inseparable de la disociación entre «creencia y juicio, convicción y acción».

Hemos llegado a ese momento.

Los monstruos ya no se esconden en las sombras. Ocupan oficinas presidenciales y ministerios, comandan ejércitos y fuerzas policiales, controlan plataformas digitales, dominan las pantallas de televisión, administran fronteras, construyen centros de detención y transforman el sufrimiento ajeno en teatro político. Su discurso de purificación racial, deportación masiva, exterminio, venganza y descarte ya no produce la indignación que antes generaba . La crueldad se exhibe como fortaleza. La humillación se convierte en entretenimiento. El espectáculo del sufrimiento se transforma en fuente de placer político. Lo que debería ser insoportable se vuelve familiar; lo que debería provocar resistencia se integra en la rutina diaria.

viernes, 3 de abril de 2026

Neoliberalismo totalitario.
¿Qué hacer?

El peor error es subestimar la capacidad del neoliberalismo para penetrar las almas. Pero también es un error sobreestimar su fuerza. El neoliberalismo ha dado lugar hoy a un régimen de guerra permanente. Una versión autoritaria y de seguridad: evidentemente controvertida y discutible

Laura Bazzicalupo, Sinistra in Rete

¿Qué significa liberalismo totalitario? ¡Parece una paradoja! Y pretendemos disolverla: porque en el liberalismo la vocación totalitaria está implícita y en el neoliberalismo se construye conscientemente desde el principio.

¿Por qué hablamos de totalitarismo?

Decimos que una política es totalitaria cuando penetra más allá de la institución política en toda la vida social. Cuando lo suma en una sola forma de vida, excluyendo cualquiera límite y cualquiera alternativa. El liberalismo es una criatura esquiva y ambigua.

Aprovecha un logro básico de la cultura política moderna: la libertad. Pero la curva hacia una interpretación desigual e individualista: en marcado contraste con la lógica democrática de igualdad y solidaridad, el “egaliberté”. Yo añadiría que si bien la democracia es explícitamente política (ya que la igualdad debe serlo construido políticamente), se supone que la libertad de la narrativa liberal es natural y oculta lo que siempre ha sido su objetivo político. Como todas las ideologías, apoya un proyecto político y lo oculta, despolitizándolo.

Su proyecto político preciso y constante es liberar a la economía (capitalista) de cualquier contrapeso: intervención soberana, reivindicaciones obreras, intereses organizados, restricciones democráticas, luchas sindicales o personas que quieran otro tipo de vida. Eliminar los obstáculos a las operaciones de capital y liberarlas de conflictos. Y liberarse del conflicto es precisamente totalitarismo.

Añadamos inmediatamente que los demás objetivos de la doctrina son subordinados: por ejemplo, el libre comercio se deja de lado en circunstancias en que se vuelve desfavorable. El Estado mínimo: es mínimo en las políticas de bienestar, pero fuerte, muy fuerte, en la imposición de la lógica del mercado y del orden social.

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