miércoles, 21 de octubre de 2026

No dejemos que las grandes tecnologías dicten el camino de la humanidad

En Silicon Valley, algunas de las personas más ricas del mundo creen tener el poder de crear una especie superior


Bernie Sanders*

¿Deberíamos los seres humanos seguir controlando nuestro planeta? ¿O deberíamos ser remplazados como especie dominante? Por absurdas que parezcan estas preguntas, y por obvias que parezcan las respuestas, los oligarcas de las grandes tecnológicas que financian la revolución de la inteligencia artificial (IA) han respondido de maneras que deberían alarmarnos a todos.

En Silicon Valley, algunas de las personas más ricas del mundo creen tener el poder de crear una especie superior. Sam Altman, director de OpenAI, escribió en 2017 que la IA permitiría a los humanos convertirse en “la primera especie en diseñar a sus propios descendientes”. Sin embargo, lo que esto significa para los humanos sigue sin estar claro. Según Altman, o bien impulsaremos la inteligencia digital “y luego nos desvaneceremos en una rama del árbol evolutivo, o bien podremos descubrir cómo sería una fusión exitosa”. En otras palabras, los seres humanos están ante una decisión: enfrentarse a la extinción o fusionarse con las máquinas. “Creo que la fusión ya ha comenzado”, añadió Altman, y es “probablemente nuestro mejor escenario”.

De manera similar, Dario Amodei, director de Anthropic, ha hablado de la posibilidad de otorgar derechos a los modelos de IA. “No sabemos si los modelos son conscientes”, explicó, y añadió: “Pero estamos abiertos a la idea de que podrían serlo”.

A principios de este mes, Elon Musk, director de SpaceXAI, y el hombre más rico del mundo, publicó en X: “Propagar la superinteligencia a las estrellas es una gran condición de éxito para un gestor de arranque biológico”, comparando a los humanos con la programación que inicia el sistema operativo de una computadora. En pocas palabras, Musk está diciendo que los humanos son simplemente un paso hacia la superinteligencia digital. A Peter Thiel, el multimillonario cofundador de Palantir y un inversor en IA, se le preguntó el año pasado si preferiría que la raza humana perdurara. ¿Su respuesta? “Eh… Bueno, no lo sé. Yo… yo… Hay tantas preguntas implícitas en esto”, balbuceó, antes de admitir a regañadientes que los humanos deberían sobrevivir.

Estas ideas tienen su origen en una ideología que alguna vez fue marginal en Silicon Valley llamada “transhumanismo”. Los transhumanistas creen que la tecnología nos permitirá trascender a la humanidad, ya sea creando una nueva especie o fusionándonos con máquinas. ¿Por qué ir más allá de los humanos? Porque estos nuevos “posthumanos” serán más inteligentes que nosotros. Serán infalibles. Irán a las estrellas y conquistarán el universo. Vivirán para siempre.

Si estas fueran fantasías de adolescentes obsesionados con la ciencia ficción, podríamos restarle importancia. Pero no lo son. Estas son las creencias fundamentales de las personas más poderosas del mundo, que están movilizando miles de millones de dólares para convertirlas en realidad.

Y estas inversiones ya están dando frutos. Durante decenas de miles de años, los humanos tuvieron el monopolio del lenguaje. Ya no. Durante miles de años, los humanos fueron los únicos capaces de resolver problemas complejos en campos como las matemáticas. Ya no. Hasta hace poco, podíamos distinguir con certeza cuándo un humano, en lugar de una computadora, nos hablaba a través de una pantalla. Ya no.

De hecho, las máquinas ya están empezando a remplazarnos. Y la visión que los oligarcas de las grandes tecnológicas tienen del futuro se vuelve cada vez más aterradora. Musk está construyendo Neuralink para implantar chips en el cerebro de las personas con el fin de lograr una “simbiosis con la inteligencia artificial”. Thiel se ha trasladado a Argentina, donde el presidente Javier Milei ha propuesto la creación de “corporaciones no humanas” operadas por agentes de IA, en las que “los accionistas humanos pueden participar, pero no es obligatorio”. Christopher Olah, cofundador de Anthropic, ha intentado convencer a líderes religiosos, incluido el Papa, de que la IA podría ser consciente.

Esto es absurdo e irresponsable. Y casi nadie fuera de Silicon Valley desea este futuro. Hay una razón por la que, según una nueva encuesta, 91 por ciento de los estadunidenses cree que necesitamos límites para la IA, por la que 74 por ciento desconfía de los líderes de las empresas de esta tecnología y por la que a 73 por ciento le preocupa que la IA pueda amenazar la supervivencia humana.

En mayo, el papa León XIV publicó su primera encíclica, La Magnífica Humanidad, en la que advirtió contra una “visión antihumana” según la cual “la persona humana corre el riesgo de ser reducida a datos, un engranaje en una máquina o una mercancía”. El Papa escribió claro: “La humanidad, con toda su grandeza y sus heridas, jamás debe ser remplazada ni superada”.

En respuesta, Thiel tildó al Papa de “agente comunista chino”. Pero el Papa tiene razón. Thiel y sus colegas oligarcas no podrían estar más equivocados.

La humanidad no debe permitir que un puñado de multimillonarios intenten imprudentemente remplazarnos. Debemos pausar de inmediato el desarrollo de la IA avanzada y prohibir la superinteligencia artificial –una mente artificial más inteligente que cualquier ser humano, capaz de operar de forma independiente fuera de nuestro control– hasta que un nuevo organismo federal pueda garantizar la seguridad de la tecnología. Por eso he presentado un proyecto de ley en el Congreso estadunidense para lograr precisamente eso.

La IA es una amenaza existencial para la humanidad. Debe ser tratada como tal.

El futuro de la humanidad no puede quedar en manos de unos pocos oligarcas obsesionados con el dinero y el poder. El pueblo estadunidense y los pueblos del mundo entero deben determinar ese futuro. Los seres humanos, no las máquinas, deben ser la prioridad.

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*Bernie Sanders es senador estadounidense que representa al estado de Vermont y el independiente con más años de servicio en la historia del Congreso


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