Nahia Sanzo, Slavyangrad
Pocas figuras de fama internacional se han manifestado a favor de Ucrania con el fervor que lo ha hecho estos años Sean Penn. El actor, que llegó a regalar una estatuilla de Oscar a Volodymyr Zelensky, ha vuelto a mostrar esta semana su fanatismo belicista. “La guerra en Ucrania podría haber terminado en una semana si Estados Unidos hubiera aportado defensa aérea, capacidades de largo alcance, etc. Y todos los ucranianos necesitan salvar a sus bebés, a sus hijos e hijas, que también quieren vivir. Ellos son nosotros y les estamos fallando. Esto aumenta la probabilidad de que se produzcan grandes guerras. Si dejamos que Ucrania caiga, nos veremos envueltos en ello. Todo es posible”, afirmó, adhiriéndose a la versión más simplista e infantil de la guerra. “Al principio, mucha gente me criticó por lo de Ucrania, diciendo: «Si la situación se agrava, los rusos van a utilizar un arma nuclear». Eso es posible en cualquier momento, basta con que haya armas nucleares sin control, por no hablar de que lo haga un Estado, o de que Pakistán venda algo a alguien”, añadió para incluir una versión de la conspiración nuclear que tanto gusta a Donald Trump y para finalmente sentenciar que “estoy aquí, en los Estados Unidos de América. Y me encanta, me encanta el sueño que representa. Pero, la verdad, nos estamos cagando encima”.
Es probable que no hayan sido sus grandes conocimientos sobre la realidad de la guerra sino su militancia proucraniana lo que ha dado al actor estadounidense un papel en un thriller que actualmente se rueda en Croacia y que tiene como telón de fondo el conflicto rusoucraniano. Como se congratuló esta semana United 24 -que se presenta como una “iniciativa del presidente de Ucrania, Volodymyr Zelensky” y se define como “la principal plataforma para recaudar donaciones caritativas de apoyo a Ucrania”-, “Adrien Brody y Sean Penn protagonizan un nuevo thriller político sobre el sabotaje del Nord Stream. El rodaje de Snake Island, dirigida por Doug Liman, está teniendo lugar actualmente en Zagreb”.
Este rodaje es el último giro de un guion con diferentes puntos de inflexión y que parece haber descarrilado en el último acto. Tal y como se presentaron los hechos en septiembre de 2022, con un detonante en forma de explosión submarina, todo debía apuntar a Moscú y terminar con un clímax en el que Ucrania derrotara a Rusia, que quedaría aislada económicamente del resto de Europa y, de rodillas, tendría que pedir perdón a sus enemigos, que vivirían felices para siempre. El segundo acto se complicó con una serie de obstáculos que, poco a poco, fueron desentrañando una trama que no era rusa, sino ucraniana y que se encamina a un final que, dependiendo de cómo se desarrollen los acontecimientos, todavía puede ser épico.
El post de United24, una cuenta oficial del Estado ucraniano es lo más cercano que se ha producido a una reivindicación de los hechos, que dependiendo del posicionamiento, se perciben como un acto épico en defensa de la integridad territorial y soberanía de Ucrania o un ejemplo de terrorismo internacional. Porque lo que el 26 de septiembre era inaceptable, un ataque contra las infraestructuras críticas de Alemania, poco a poco se ha convertido en algo ampliamente justificado y que ha dado lugar incluso a un libro en el que se edulcora un acto con graves consecuencias económicas y ecológicas en el mar Báltico como una trama épica que se justifica por la realidad bélica y la necesidad de minar la economía rusa. En este juego, en el que el autor del libro, Bojan Pancevski, ha podido entrevistar a los y las participantes en la trama, se enaltece también el papel de la única mujer participante, de la que a nivel mediático se ha llegado a hablar prácticamente como de una Mata Hari y de quien se ha dicho también que quienes dirigieron la trama valoraron presentar como una actriz porno a modo tapadera en caso de ser detectados por alguna autoridad.
“El Nord Stream II fue volado por un grupo de agentes de inteligencia ucranianos al que Pancevski denomina «la Startup». La mayoría de ellos prestaban servicio en los Servicios de Seguridad de Ucrania (SBU), aunque algunos también habían estado en el GUR (Dirección General de Inteligencia). Los líderes de «The Startup», «el General» y «el Coronel», eran agentes secretos famosos y exitosos que fueron despedidos por Zelensky por motivos políticos en 2020 y 2021. El comandante en jefe Valery Zaluzhny también apoyó la Operación Diameter, haciendo todo lo posible por mantenerla en secreto ante el presidente”, resumía la semana pasada Peter Korotaev en su blog Events in Ukraine, que sin ninguna dificultad ha logrado identificar tanto al General como al Coronel, dos personas perfectamente conocidas y reconocibles. El Coronel es Roman Chervinsky, veterano del SBU, que a lo largo de esta última década se ha jactado, por ejemplo, de haber cometido el asesinato de Alexander Zajarchenko. Aunque pasó tiempo en prisión por su enfrentamiento con Andriy Ermak, Chervinsky es hoy un hombre libre al que nadie va a exigir explicaciones. El General es Vasyl Burba, que entre 2016 y 2020 ocupó el puesto de jefe del GUR, la inteligencia militar de Ucrania.
Las escasas informaciones que han dado los medios sobre el rodaje de la película que narrará, sin duda en tono épico, lo ocurrido en el mar Báltico en septiembre de 2022 no han aclarado si Penn y Brody encarnarán a esas dos figuras o si interpretarán a alguno de los buceadores -complicado en el caso de Sean Penn por motivos de edad- o incluso a Valery Zaluzhny y Volodymyr Zelensky, ambos perfectos conocedores de la trama para hacer explotar el gasoducto copropiedad de Alemania y la Federación Rusa.
Tanto el libro de Pancevski, que ha tenido un acceso a fuentes que solo puede haberse producido con el permiso del Estado ucraniano, como el discurso mediático apuntan a que el objetivo no es exculpar a Ucrania, sino únicamente a Zelensky y, quizá, a Zaluzhny. En este guion, el único tono discordante lo juega Alemania, cuyo poder político calla, luego otorga, mientras que el judicial continúa en solitario con un caso en el que hay ya un extraditado, Serhii Kuznetsov, que niega su participación, pero cuya defensa se basa en la teoría del soldado que cumplía órdenes. Al igual que Polonia, que negó a Alemania la extradición de Volodymyr Zhuravlev, el abogado de Kuznetsov insiste en que las explosiones han de entenderse como un acto que forma parte de la guerra, una más de las medidas económicas justificadas por la situación militar.
Solas en el intento de resolver un caso en el que políticamente no interesa ahondar, las autoridades alemanas siguen superando los obstáculos del que parece el tercer acto de este guion sin sentido. Quienes en septiembre de 2022 miraban a Moscú exigiendo respuestas y prometiendo castigo, ahora guardan silencio al haber comprendido que el agresor no era un enemigo sino un aliado. Y quien se vio más perjudicado, Alemania, lucha en un tira y afloja entre unas autoridades judiciales que persiguen a los participantes, perfectamente identificados a estas alturas, y las políticas, que preferirían cerrar el caso sin que ningún país hubiera garantizado la extradición de los acusados.
El toque cómico llegó ayer, cuando se conoció más información sobre la última detención, la de Volodymyr Zhuravlev. “Segundo sospechoso en el caso de Nord Stream detenido. Evitó la extradición dos veces en el pasado, pero esta vez es diferente”, escribió el miércoles Pancevski en referencia a Zhuravlev. El exsoldado ucraniano huyó de Polonia en un vehículo de la embajada de Ucrania sin que las autoridades hicieran nada para impedirlo. Zhuravlev fue finalmente detenido a su regreso a Polonia, pero las autoridades judiciales denegaron la extradición al considerar que el acto era algo justificado. Convencido de que Croacia actuará de la misma manera que Polonia o simplemente con sensación de impunidad absoluta, Volodymyr Zhuravlev había viajado al país balcánico para participar en el rodaje de la película de Sean Penn y Adrien Brody. Fue así como las autoridades judiciales alemanas detectaron la presencia de Zhuravlev en Croacia, país del que esperan que actúe, no como Polonia, sino como Italia, que sí atendió la petición alemana de detención y extradición de uno de los sospechosos del atentado contra el Nord Stream. El thriller de espías se aproxima a un tercer acto de película judicial y en el que solo falta saber si será en forma de drama o de farsa.

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