jueves, 23 de noviembre de 2023

La guerra de Israel contra los hospitales Palestinos

Israel está desarrollando una campaña para hacer Gaza (aún más) inhabitable. Esta campaña incluye la destrucción de todos sus hospitales. El mensaje enviado por Israel es evidente: Nadie está a salvo; si os quedáis, moriréis

Chris Hedges

Israel no está atacando los hospitales de Gaza porque sean “centros de mando de Hamás”. Israel está sistemática y deliberadamente destrozando la infraestructura médica de Gaza como parte de la campaña de tierra quemada cuyo objetivo es hacer Gaza inhabitable e intensificar la crisis humanitaria. Pretende obligar a 2,3 millones de palestinos a cruzar al otro lado de la frontera con Egipto, de donde nunca regresarán.

Israel ha destruido el hospital de Al Shifa, ya casi vacío, en la ciudad de Gaza. El Hospital Indonesio de Beit Lahia es el próximo. Israel está desplegando tanques y blindados de transporte de tropas alrededor de este hospital y ha disparado contra el edificio matando a doce personas.

La estrategia es conocida. Lanzan panfletos sobre el hospital diciendo a la gente que lo abandonen porque es una base para las “acciones terroristas de Hamás”. Tanques y proyectiles de artillería arrancan partes de las paredes del hospital. Los misiles israelíes hacen estallar las ambulancias. Cortan la electricidad y el agua. Los suministros médicos están bloqueados. No hay analgésicos, antibióticos ni oxígeno. Los más vulnerables, los bebés prematuros en incubadoras y los enfermos graves, mueren. Los soldados israelíes asaltan el hospital y obligan a todos a salir a punta de pistola.

Esto es lo que ocurrió en el hospital Al Shifa. Esto es lo que ocurrió en el hospital infantil Al Rantisi. Esto es lo que ocurrió en el principal hospital psiquiátrico de Gaza. Esto es lo que ocurrió en el hospital Nasser. Esto es lo que ocurrió en los demás hospitales que Israel ha destruido. Y esto es lo que ocurrirá en los pocos hospitales que quedan.

Israel ha paralizado 21 de los 35 hospitales de Gaza, incluido el único hospital oncológico existente. Los que siguen funcionando sufren una grave escasez de medicamentos y suministros básicos. Los hospitales están siendo eliminados uno a uno. Pronto no quedará ningún centro sanitario. Esto no es fortuito: ha sido planeado.

Decenas de miles de aterrorizados palestinos expulsados de sus hogares por Israel que han visto sus casas convertidas en escombros buscan refugio de los incesantes bombardeos acampando en el recinto o los alrededores de los hospitales de Gaza. Tienen la esperanza de que los centros médicos se libren de las bombas israelíes. Si Israel respetara las Convenciones de Ginebra, estarían haciendo lo correcto. Pero Israel no está librando una guerra; está cometiendo un genocidio. Y el objetivo de un genocidio es eliminar a una población y todo lo que sustenta a esa población.

En una señal funesta de que Israel se volverá contra los palestinos de Cisjordania una vez que haya acabado de arrasar Gaza, vehículos blindados han rodeado al menos cuatro hospitales de Cisjordania. El Hospital Ibn Sina ha sido asaltado por soldados israelíes junto con el Hospital de Jerusalén Este.

El Estado colonial de colonos de Israel se fundó sobre mentiras. Se sustenta en mentiras. Y ahora, cuando está firmemente decidido a llevar a cabo la peor matanza y limpieza étnica de palestinos desde la Nakba o «catástrofe» de 1948, en la que 750.000 palestinos fueron víctimas de una limpieza étnica y unas 50 masacres a manos de milicias judías, vomita un absurdo grotesco tras otro. Habla de los palestinos como una masa deshumanizada. No hay madres, padres, hijos, profesores, médicos, abogados, cocineros, poetas, taxistas o tenderos. Los palestinos, en el léxico israelí, son un único virus que debe ser erradicado.

En este video, escolares israelíes cantan una bonita canción*: “Aniquilaremos a todos” en Gaza.

Las Juventudes Hitlerianas solían cantar canciones como esa sobre los judíos.

Quienes se embarcan en proyectos de masacres mienten para evitar desmoralizar a sus propias poblaciones, para adormecer a las víctimas haciéndoles creer que no serán exterminadas todas y para evitar que intervengan fuerzas exteriores. Los nazis afirmaban que los judíos empaquetados en trenes y enviados a los campos de exterminio estaban en destacamentos de trabajo y disponían de buena atención médica y alimentación adecuada. En cuanto a los enfermos y ancianos, eran atendidos en centros de descanso. Los nazis incluso crearon un campo simulado para el «reasentamiento» de los judíos «en el Este», Theresienstadt, donde organismos internacionales como la Cruz Roja podían ver el trato humano que recibían los judíos, a pesar de que millones de ellos estaban siendo exterminados.

Al menos 664.000 armenios (y posiblemente la cifra se eleva hasta 1,2 millones) fueron masacrados o murieron por frío, enfermedad y hambre durante el genocidio llevado a cabo por el Imperio Otomano desde la primavera de 1915 hasta el otoño de 1916. El genocidio armenio fue tan público como el genocidio de Gaza. Las misiones consulares europeas y estadounidense ofrecieron informes detallados de la campaña para limpiar étnicamente de armenios a Turquía.

En su intento por ocultar el genocidio, el gobierno otomano prohibió a los extranjeros tomar fotografías de los cadáveres que llenaban las calles. Israel también ha bloqueado la entrada de prensa extranjera en Gaza, permitiendo apenas un puñado de visitas breves y cuidadosamente organizadas por el ejército israelí. Israel corta periódicamente los servicios telefónicos y de Internet. Al menos 43 periodistas y trabajadores de los medios de comunicación palestinos han muerto a manos de Israel desde la incursión de Hamás en Israel el 7 de octubre, muchos de ellos, sin duda, objetivo de las fuerzas israelíes.

Los armenios, como los palestinos, fueron sacados a la fuerza de sus hogares, tiroteados y privados de alimentos y agua. Los deportados armenios tuvieron que emprender una Marcha de la Muerte hacia el desierto de Siria, donde decenas de miles fueron tiroteados o murieron de hambre, cólera, malaria, disentería y gripe. Israel está obligando a 1,1 millones de gazatíes a desplazarse al sur de la Franja y les está bombardeando mientras huyen. Estos refugiados, como los armenios, carecen de comida, agua, combustible e instalaciones sanitarias. Pronto sucumbirán a las epidemias de enfermedades infecciosas.

Talat Bajá, el dirigente de facto del Imperio Otomano, declaró al embajador estadounidense, Henry Morgenthau el 2 de agosto de 1915 (en palabras que replican la postura de Israel) que “nuestra política armenia es absolutamente fija y nada puede cambiarla. No quedarán armenios en ningún lugar de Anatolia. Pueden vivir en el desierto, pero en ninguna otra parte».

Cuanto más continúa el genocidio, más absurdas se vuelven las mentiras.

Hay mentiras israelíes verdaderamente enormes. Israel insiste en que la destrucción de Gaza y la matanza gratuita de miles de palestinos es un esfuerzo dirigido a deshacerse de Hamás y no una campaña para reducir Gaza a un montón de escombros, llevar a cabo asesinatos en masa y limpiar étnicamente a los palestinos.

Y hay otras mentiras israelíes más pequeñas. Cuarenta bebés decapitados. El hospital Al-Shifa es un “centro de mando de Hamás”. Un calendario en árabe en la pared de un hospital, según el portavoz del ejército israelí, contralmirante Daniel Hagari, es «una lista de milicianos, donde cada terrorista escribe su nombre y tiene su propio turno vigilando a la gente que estaba aquí». Un actor israelí disfrazado de enfermero y que habla un árabe muy acentuado afirma ser médico palestino y haber visto a Hamás utilizar a civiles como escudos humanos. Dice que miembros de Hamás «atacaron el hospital Al Shifa» y robaron «el combustible y los medicamentos». Los militantes palestinos, y no los tanques israelíes, según Israel, son los responsables del bombardeo del Hospital Al Shifa. Israel atacó un coche lleno de «terroristas» en el sur de Líbano, «terroristas» que resultaron ser tres niñas, su madre y su abuela. La explosión en el Hospital Al Ahli fue el resultado de un cohete errante disparado por los palestinos, una afirmación cuestionada por The New York Times cuando desacreditó el vídeo basándose en el análisis de su marca de tiempo. Israel afirmó que «respondió a la petición del director del Hospital Shifa de permitir la evacuación de los ciudadanos gazatíes que se refugiaban en el hospital y que deseaban dirigirse al paso humanitario de la Franja de Gaza a través de un corredor seguro», una afirmación que Mohammed Zaqout, director general de hospitales en Gaza, calificó de «falsa», añadiendo que «nos obligaron a salir a punta de pistola». El teniente coronel israelí Jonathan Conricus, en un vídeo puesto en la picota por la BBC, muestra a los espectadores un escaso alijo de armas automáticas en un vídeo promocional que aumenta mágicamente una vez que llegan los reporteros extranjeros para una visita guiada. El propio ejército lo borró más tarde.

Las mentiras se incorporarán a los libros de texto israelíes. Los políticos, historiadores y periodistas israelíes las repetirán. Las mentiras se contarán en la televisión israelí y en películas y libros israelíes. Los israelíes son víctimas eternas. Los palestinos son el mal absoluto. No hubo genocidio. Turquía, un siglo después, sigue negando lo que les ocurrió a los armenios.

Israel, con el apoyo incondicional de la Administración Biden, continuará borrando a golpe de bombas todos los sistemas que sostienen la vida en Gaza: hospitales, escuelas, centrales eléctricas, instalaciones de tratamiento de aguas, fábricas, granjas, edificios de apartamentos, casas. Entonces pretenderá, como los asesinos de genocidios pasados, que todo eso nunca ocurrió. En tiempos de guerra, la gente cree lo que quiere creer. Las mentiras satisfacen un hambre en el público israelí que considera el conflicto como una lucha binaria entre “los hijos de la luz y los hijos de la oscuridad”. Las mentiras son un modo de evitar la rendición de cuentas, las responsabilidades, porque si Israel se niega a reconocer la realidad no está obligado a responder a la realidad. Las mentiras crean una disonancia cognitiva, en la que los hechos se convierten en ficción y la ficción se convierte en verdad. Las mentiras hacen que sea imposible cualquier discusión sobre genocidio o reconciliación.

Israel, con el apoyo incondicional de la Administración Biden, continuará borrando a golpe de bombas todos los sistemas que sostienen la vida en Gaza: hospitales, escuelas, centrales eléctricas, instalaciones de tratamiento de aguas, fábricas, granjas, edificios de apartamentos, casas. Entonces pretenderá, como los asesinos de genocidios pasados, que todo eso nunca ocurrió.

Las mentiras utilizadas por Israel para eximirse de responsabilidad corroerán la sociedad israelí. Corroerán su vida moral, religiosa, cívica, intelectual y política. Las mentiras elevarán a los criminales de guerra a la categoría de héroes y demonizarán a quienes tengan conciencia. El genocidio de Israel, al igual que los asesinatos en masa de 1965 en Indonesia, será mitificado, como una batalla épica contra las fuerzas del mal y la barbarie, al igual que mitificamos el genocidio de los nativos americanos y convertimos en héroes a nuestros colonos y a nuestras unidades de caballería asesina. Los asesinos de la guerra de Indonesia contra el comunismo son aclamados en los mítines como salvadores. Se les entrevista sobre las «heroicas» batallas que libraron hace casi seis décadas. Israel hará lo mismo. Se deformará a sí mismo. Celebrará sus crímenes. Convertirá el mal en bien. Existirá dentro de un mito construido por él mismo. La verdad, como en todos los despotismos, será desterrada. Israel, un monstruo para los palestinos, será un monstruo para sí mismo.

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