miércoles, 18 de marzo de 2015

Cuando se termina el súperciclo petrolero

Alejandro Nadal, La Jornada

Cada vez que un frente frío proveniente del Ártico avanza hacia el sur, mucha gente ve la prueba de que aquello del calentamiento global es un mito. Y algo parecido sucede con el desplome del precio internacional de petróleo. ¿Qué no es eso una prueba fehaciente de que aquello del cénit de la producción petrolera es otro mito?

En efecto, desde hace varios lustros se anuncia la llegada del cénit de la producción de petróleo. El fenómeno fue descrito a partir de una idea sencilla: el desarrollo de un yacimiento de petróleo sigue una curva que al principio es ascendente hasta alcanzar un máximo y después comienza a declinar a medida que la extracción de cada barril se hace más cara y la rentabilidad se anula. Si eso sucede en cualquier yacimiento, también sucederá con la producción mundial. A partir de diversos indicadores muchos análisis consideran que ya se alcanzó desde hace unos años el pico de la producción petrolera mundial.

En la idea ingenua sobre la operación de cualquier mercado, el fenómeno del cénit del petróleo debiera verse acompañado de un incremento de precios del petróleo. Sin embargo, desde el otoño de 2014 la economía mundial es testigo de un desplome del precio del petróleo. ¿No debiéramos estar presenciando al contrario, un aumento sostenido de dicho precio?

Durante el periodo 2011-2014 el precio internacional del crudo se mantuvo relativamente estable en una franja de entre 100 y 118 dólares por barril (para el petróleo tipo Brent, el referente en Europa). Muchos esperaban ver un incremento de precios que llevaría las cotizaciones por arriba de 180 dólares por barril. Pero hoy el precio se ha desplomado por debajo de los 45 dólares y se espera que permanezca en niveles cercanos durante varios meses (sino es que uno o dos años). ¿Qué es lo que está pasando?

El primer factor que es necesario considerar es que la demanda mundial de crudo ha sufrido una fuerte contracción. La economía europea permanece en un trance recesivo y eso se traduce en su débil demanda de petróleo. Las economías en Asia, especialmente Japón, han perdido dinamismo y, el gran motor de la economía china ha dejado de crecer al ritmo vertiginoso que venía mostrando desde los años noventa. De hecho, China ha inaugurado una nueva fase en la que sus tasas de crecimiento no rebasarán 7 por ciento. Aunque para la economía europea ese desempeño se antoja milagroso, para el gigante asiático es una reducción espectacular en el ritmo de expansión si lo comparamos con los últimos tres lustros.

Frente a este panorama sobresale una economía que es presentada sistemáticamente como en plena recuperación: Estados Unidos. Es cierto que su desempeño contrasta con el de la gran mayoría de las economías europeas, pero eso no es un gran signo de buen funcionamiento (sobre todo si tomamos en cuenta que Estados Unidos es una economía en la que las tasas de interés permanecen al nivel más bajo posible).

La otra parte de la historia es que existe un exceso de oferta de petróleo. Pero ¿no contradice esto el tema del cénit de la explotación petrolera? No, porque el exceso de oferta proviene de la producción de fuentes no convencionales: fractura hidráulica y arenas bituminosas (sobe todo en la provincia de Alberta, Canadá). Lo más notable en este sentido es la producción por fractura hidráulica que en Estados Unidos pasó de medio millón de barriles diarios en 2009 a 4 millones en 2014.

El exceso de oferta comenzó a afectar los precios en la segunda mitad de 2014 en buena medida porque la demanda de petróleo en Alemania y en China comenzó a debilitarse. Ante la caída del precio del crudo (de 115 dólares/barril a 80 dólares en unos meses de 2014), la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) decidió no hacer nada para detener el desplome de precios hasta su nivel actual.

Mucho se especula sobre los motivos de Arabia Saudita, principal actor en la OPEP, para mantener su nivel de producción. La razón es evidente: mantener una guerra de precios dirigida, fundamentalmente, en contra de los productores de petróleo por medio de fractura hidráulica de Estados Unidos. Por cierto, nadie pregunta por qué no recortan su producción los operadores estadunidenses. Y la respuesta es sencilla: porque no pueden hacerlo sin afectar su capacidad de pagar las altas cargas financieras que están detrás del auge del fracking.

En otras palabras, la caída en el precio del petróleo está más relacionada con una guerra de precios estándar que con una pretendida abundancia de petróleo. Conclusión: la tesis del cénit del crudo es válida, pero se aplica a la producción de los llamados yacimientos convencionales.

Por cierto, la próxima vez que llegue un agudo frente frío a las latitudes sureñas, recuerde usted que es muy probable que eso esté relacionado con un persistente aumento de temperaturas promedio en el Ártico. Así que si alguno insiste en pensar que no hay tal cosa como el calentamiento global, será bueno decírselo a los osos polares para tranquilizarlos.

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