miércoles, 3 de julio de 2013

La economía brasileña y el flujo de capitales especulativos

Cristian Carrillo, Página 12

La cotización del real continúa en retirada frente al dólar, mientras los principales indicadores de la economía brasileña evidencian signos de deterioro. La moneda del país vecino se depreció en lo que va del año casi un 10 por ciento, al pasar de 2,04 a 2,20 reales por divisa estadounidense, mientras que la economía avanzó apenas en marzo 1,2 contra igual mes de 2012. La salida de divisas de capitales de Brasil es derivada de la corrida de capitales hacia bonos de Estados Unidos ante el fin inminente de las políticas monetarias laxas por parte de la Reserva Federal. La dinámica de ingreso y fuga de divisas en Brasil es favorecida por el relajamiento en las condiciones para la entrada de capitales que el gobierno de Lula aplicó durante la crisis financiera que se desató en 2008, para captar parte de esa liquidez internacional. La respuesta vuelve a ser hoy una política ortodoxa, como la suba en la tasa de interés, que atraerá a nuevos especuladores.

El gobierno brasileño aplicó un paquete de medidas para reducir el impacto de la crisis que atravesaba la economía global. No obstante, la crisis impactó en su moneda, en sus exportaciones, la actividad industrial y el nivel de empleo. La huida de capitales desde las economías emergentes hacia las centrales en busca de refugio en medio de la debacle financiera llevó a una depreciación del real por la dolarización de las grandes compañías extranjeras. Los canales a través de los cuales sufrió el contagio, aunque morigerado por políticas fiscales de estímulo, fue mediante una caída de los precios de los commodities, retracción de la demanda internacional y reducción del flujo de capitales extranjeros.

Para mantener la liquidez y el crédito, el gobierno realizó subastas de monedas, oferta de préstamos en moneda extranjera y exportaciones con reservas del Banco Central de Brasil, que además compró carteras de entidades financieras con dificultades, permitió que bancos públicos adquieran participaciones en aseguradoras, instituciones de seguridad social o empresas. Los bancos en dificultades, además de vender carteras de crédito y los títulos de sus fondos de inversiones, lo hicieron con hipotecas y valores inmobiliarios de renta fija, adelantos y otros préstamos de personas físicas. Dentro de esa batería de medidas financieras, el gobierno relajó sus controles al ingreso de capitales especulativos, reduciendo el encaje –inmovilización de los fondos– del ciento por ciento en títulos públicos al 30 por ciento y 70 por ciento para otros activos financieros.

Los capitales volvieron a ingresar en el mercado brasileño, permitiendo una rápida capitalización. La liquidez emitida por los principales bancos centrales del mundo para rescatar a sus castigadas economías durante ese período fue lo que favoreció la velocidad en la recuperación brasileña en 2019 y 2010. Algunos economistas previeron en esa situación el surgimiento de una nueva burbuja en los precios de los commodities y en Bolsas emergentes que, en ese momento, se presentaban como alternativas rentables tras el crac de Wall Street. Las tasas de interés de referencia en los países centrales se mantuvieron hasta ahora en torno de cero. Sin embargo, las primeras señales de recuperación en los Estados Unidos ofrecen una perspectiva de endurecimiento de la política monetaria expansiva de la Fed y los capitales golondrinas que arribaron a Brasil volvieron a emigrar.

Las políticas implementadas por el gobierno brasileño para aprovechar los flujos de fondos desde el exterior sólo dejaron en evidencia una economía vulnerable a los vaivenes del capital, sea en la forma de inversión extranjera directa (IED) o de capital especulativo de corto plazo, y al comportamiento de las países centrales. Para evitar una mayor depreciación de su moneda –la segunda más afectada en el mundo en el último mes– y controlar la inflación, la administración Rousseff elevó la tasa de interés Selic, que es de referencia para toda la economía brasileña. Es una medida ortodoxa que juega en contra de la recuperación de la actividad fabril y a favor de la especulación financiera. Se suma a esto la decisión de disminuir el impuesto del 6 al 0 por ciento para la compra de títulos públicos brasileños. Otra vez parece aplicar desde lo monetario medidas ortodoxas para captar fondos externos de corto plazo.

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