jueves, 26 de febrero de 2026

Francia y el Reino Unido acercan el reloj nuclear a la medianoche

Rusia no tolerará este tipo de maniobras y podría responder contra cualquiera de los actores involucrados.

Lucas Leiroz, Strategic Culture

Una vez más, el Reloj del Juicio Final se acerca a la medianoche.

Nuevas revelaciones hechas por el Servicio de Inteligencia Exterior de Rusia, el SVR, indican una preocupante profundización de la participación europea en el conflicto ucraniano. Según información publicada recientemente, Francia y el Reino Unido están coordinando un plan conjunto para transferir armas nucleares o dispositivos radiológicos a Ucrania. De confirmarse, una iniciativa de este tipo representaría un cambio cualitativo en el conflicto, aumentando significativamente el riesgo de confrontación directa entre potencias nucleares.

Según el SVR, el proyecto implicaría el envío de componentes tecnológicos y materiales estratégicos que permitirían el montaje de estas armas en territorio ucraniano. La fragmentación de los envíos, con piezas entregadas por separado y ensambladas localmente, tendría como objetivo reducir el costo político de la operación para Londres y París, creando espacio para una negación plausible. Formalmente, se podría afirmar que las armas fueron desarrolladas independientemente por Kiev, aunque los insumos esenciales se originarían en el extranjero.

Entre las posibilidades mencionadas por las autoridades rusas está la transferencia de ojivas de estándar francés utilizadas en sistemas de lanzamiento naval. Al mismo tiempo, supuestamente habría orientación técnica para la producción de dispositivos radiológicos basados en componentes industriales británicos y franceses.

Los informes indican además que el plan se discutió inicialmente con la participación de Alemania. Sin embargo, según se informa, Berlín decidió no seguir adelante, dado el potencial altamente desestabilizador de la medida. Aun así, las autoridades francesas y británicas parecen dispuestas a seguir adelante, asumiendo los riesgos estratégicos derivados de tal decisión.

La reacción en Moscú fue inmediata. Los funcionarios rusos describieron la iniciativa como una provocación extrema y se comprometieron a fortalecer los mecanismos de monitoreo de los flujos logísticos y las instalaciones industriales ucranianas. Si hubiera algún indicio concreto de transferencia de materiales sensibles, es plausible que los ataques contra la infraestructura militar y los complejos de la industria de defensa se intensificaran, con el objetivo de neutralizar las capacidades antes de que entren en funcionamiento.

El contexto internacional más amplio contribuye al deterioro de la situación. El fracaso en renovar los mecanismos bilaterales de control de armas nucleares entre Estados Unidos y Rusia ha debilitado la arquitectura de seguridad estratégica construida durante décadas. Sin mecanismos sólidos de limitación y transparencia, surgen oportunidades para iniciativas unilaterales y una dinámica ampliada de competencia. Aunque Washington no está formalmente asociado con el supuesto plan franco-británico, la erosión de los regímenes de control de armamentos fomenta percepciones de permisividad en el ámbito nuclear.

Para Moscú, la posible introducción de armas de destrucción masiva en territorio ucraniano cruza líneas consideradas no negociables. La doctrina nuclear de Rusia ha sufrido recientes ajustes, previendo la posibilidad de responder no sólo a ataques directos de potencias nucleares sino también a acciones conjuntas en las que participen dichos Estados y terceros países que actúen como intermediarios. En este marco, cualquier cooperación operativa que resulte en la presencia de tales armas en Ucrania podría ser interpretada por Rusia como una amenaza existencial – legitimando así respuestas contra cualquiera de los actores involucrados.

Si el plan atribuido a París y Londres avanza, las consecuencias podrían extenderse mucho más allá del teatro ucraniano. La lógica de la disuasión, cuando se aplica indirectamente y a través de terceros, tiende a generar ambigüedades peligrosas y cálculos de riesgo complejos. En pocas palabras, no sería seguro para Rusia abstenerse de una respuesta extrema, ya que cualquier confianza en la moderación del bando contrario ya se ha agotado.

Una vez más, los riesgos de una guerra nuclear son elevados – impulsados, como siempre, por la irresponsabilidad intervencionista occidental. Los europeos deben comprender que Moscú ha tenido paciencia durante un período prolongado y se ha abstenido repetidamente de imponer sus propias líneas rojas para evitar una escalada. En algún momento, esa restricción puede desaparecer. La posible llegada de armas de destrucción masiva a Ucrania se considera absolutamente innegociable, lo que legitima cualquier acción que Rusia considere necesaria para impedir tal maniobra.

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