domingo, 13 de septiembre de 2009

Crisis global: los riesgos de la euforia tras la pesadilla


A un año del estallido de la burbuja financiera, la visión optimista afirma que la recesión mundial ha concluido y lo peor ya pasó. Pero poco se hizo para evitar que se repita

Marcelo Cantelmi, Clarin

Todo es agua alrededor del barco que yace inclinado y con la mitad de su estructura clavada como una estaca en el lecho del mar. Hay peces aquí y allá y un tiburón con dientes que parecen armar sonrisas. La voz del capitán a cargo del calamitoso transporte suena de pronto con alegre tono dirigiéndose a los pasajeros: "estamos encantados de informar que hemos tocado fondo". El nombre del barco no es Titanic, sino "global economy".

La viñeta publicada por The Economist es un editorial en imágenes sencillas sobre la ambigüedad que reina en el planeta respecto de dónde estamos realmente, un año después del estallido de la crisis financiera global. El ahora conocido como "15-S", un eco exagerado del 11-S de los atentados en Nueva York y Washington, refiere al lunes negro cuando el 15 de setiembre de 2008 el gigantesco Lehman Brothers comunicó que iba a la quiebra. Y el gobierno de George Bush, atrapado en su propio caos, no supo reaccionar.

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Es sabido lo que ocurrió luego. Un torrente de dinero incalculable, y cuyo futuro impacto inflacionario forma parte de los fantasmas que ningún analista quiere corporizar, fue bombeado al sistema desde las capitales financieras en un desesperado intento para evitar la repetición de ese quebranto. El desastre generó una espectacular destrucción de dinero, empresas, bancos y también de empleos en una escala que no se veía desde los años '30.

Pero si aquello fue visible, lo que hoy no se sabe es que pese al abismo abierto por los aprendices de brujo del sistema financiero global, no existe nada que impida que la crisis se repita. No hay herramientas en los talleres de los Estados. The International Herald Tribune recordaba hace poco que Henry Paulson, el ex ministro de Economía de EE.UU. a quien lo sorprendió la inundación en el cargo, había teorizado en severo tono que para sostener la percepción de que algunas instituciones son demasiados grandes para caer "necesitamos mejorar las herramientas de que disponemos para organizar y resolver las fallas en grandes instituciones". Paulson dijo todo eso en julio de 2008. Y, por cierto, no pasó de la retórica. Dos meses después lo tapó a él también el agua.

Lo que es aún peor, instituciones como JP Morgan, que también estuvo en la fiesta de disfraces y arma el índice de riesgo soberano, han difundido investigaciones que alertan contra las consecuencias que una mayor regulación causaría en el negocio de la banca de inversión. El reporte, que comenzó a ser conocido desde el pasado miércoles 9 anticipa una baja de las ganancias de los bancos de inversión de un 15 al 11% para 2011; en otras palabras, parte de la cuota de liquidez que no generarían en sus mercados si no tienen libertad para moverse. Otro ejemplo de este mundo distorsionado es que nada se ha hecho (muy poco, es nada) para frenar los bonos y regalos que reciben los ejecutivos, un tema que, dicen, estará en la agenda de la cumbre del G-20 del 24 y 25 próximos en Pittsburgh. Lo dicho es, con todo su feo aspecto, solo una parte de la historia. La otra es el debate sobre si vamos despertando de la pesadilla. Los optimistas afirman que la recesión ha concluido en el primer mundo y parte del segundo.

Ese movimiento es discutido por algunos economistas como el Nobel Paul Krugman que dicen que, en realidad lo que sucede no es que se volvió a ganar sino que se dejó de perder debido al fenomenal achicamiento de la economía. Pero quien más ha encendido luces rojas es el hombre que anticipó esta crisis, Nouriel Roubini. Afectos a la sopa de letras que caracteriza a la economía, estos especialistas sostienen que en lugar de una V, es decir una caída que golpea en el fondo como aquel barco y luego se dispara hacia las alturas, lo que podría haber es una W. Y lo que ahora sucede, sostiene Roubini, sería solo la primera parte de la letra, es decir que otra crisis, quizá más profunda, está a las puertas.

La gran cuestión no es solo la ausencia de mayor regulación para controlar el riesgo, sino qué tipo de impulso se da a los mercados, expresión que no sólo define a los bancos y sus creativos. En Asia, donde circunstancialmente se encuentra este cronista, se reivindica la fortaleza de la decisión China, que parece ya convertida en la mayor economía de la región por encima del atribulado Japón, de inyectar más de 600 mil millones de dólares en créditos para estimular la actividad económica, no la financiera, dicho de otro modo, el puro consumo. China tiene algunas ventajas: sus bancos son controlados por el Estado y cuenta con un mercado de consumo no explorado, gigantesco. Pero su economía muestra una fuerte volatilidad que genera dudas entre los inversionistas, también dudosos respecto a qué sucederá en Japón tras la caída del poder de los ultraliberales que gobernaron medio siglo.

Crueldades de la recesión. El esfuerzo para irrigar el consumo y no la especulación llega a puntos notables en casos como el de Suecia, cuyo Banco Central decidió cobrarles y no premiar al resto de las entidades para recibir sus depósitos. Entre 2001 y 2006 el Banco de Japón emitió dinero para que la banca privada lo gerencie en créditos para el consumo. Pero en lugar de eso lo guardaron. Es una trampa de liquidez que los suecos intentan esterilizar de un modo tan original y que es un ejemplo que merecería ser estudiado en estas orillas.

Por último, el tema del desempleo. En ningún informe figura y cuando lo hace es en términos temibles. El aumento de la desocupación es geométrico. El "beige book" de la FED, que resume los datos de sus 12 dependencias en todo el país, realza que EE.UU. está saliendo muy suavemente de la crisis. Es la buena noticia. Pero la mala es que las condiciones laborales en todos los sitios se mantienen muy débiles y "aumenta el empleo temporal". Es un drama que recibe discreta atención y poca prensa. Algo que se va ocultando bajo el felpudo hasta que de tan enorme ya no se pueda abrir la puerta ni para escapar.

El dolar financia la especulación mundial


Aunque se ataca desde diversos frentes a la especulación financiera, ésta se despliega abiertamente ante los ojos de gobiernos y autoridades monetarias. La forma que adquiere este fenómeno, que comienza a sacar roncha, tiene el eufemístico nombre de “carry trade”, suerte de acarreo de divisas que en el cada vez más abierto mercado de capitales, busca el diferencial de ganancias socavando la estabilidad del mercado de bienes.

La mecánica consiste en pedir prestado donde las tasas de interés son más bajas, como el caso de Japón, Estados Unidos o el Reino Unido, e invertir en los mercados donde las tasas de interés son más elevadas, como Brasil, Australia o Nueva Zelanda. Este hecho provoca la apreciación de la moneda local frente al dólar, en una espiral creciente que no hace más que aumentar los peligros de una nueva burbuja. Parte de la apreciación del real brasileño durante los últimos años, ha sido provocada por la inundación de dólares que llegan buscando el spread o diferencial de tasas de interés, operaciones que al estar respaldadas por los bancos centrales, están exentas de riesgo.

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sábado, 12 de septiembre de 2009

120 bancos han quebrado en Estados Unidos desde el inicio de la crisis


Un total de 120 bancos han quebrado en Estados Unidos desde el inicio de la crisis, a mediados de 2007. Sólo este año las quiebras bancarias llegan a 92. Lo que comenzó con tres tímidas quiebras bancarias el 2007, ha cundido como un reguero de pólvora: 25 quiebras el año pasado y la cifra estimada para este año se empina al centenar.

Los bancos Corus Bank, de Chicago, el Lacey de Washington y el Brickwell Community Bank, de Minnesota, cerraron sus puertas ayer con un costo para la Fed de 1.700 millones de dólares.

La crisis económica sigue cobrando víctimas y no hay un solo día en que Wall Street no sea sacudido por el mal que pesa sobre el sistema bancario de Estados Unidos. La semana pasada cerraron bancos en Missouri, Illinois, Iowa y Arizona. Para los próximos meses se esperan nuevas caídas, en gran parte por el fuerte descenso en los precios de la vivienda y el alto nivel de desempleo que se sitúa en los puntos más altos desde 1980.

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viernes, 11 de septiembre de 2009

Japón corrige a la baja datos del segundo trimestre


Una corrección a la baja ha experimentado la economía japonesa tras sincerar los datos del segundo trimestre de 2009. Inicialmente, las autoridades habían señalado que la economía había crecido 3,7% en el trimestre comprendido entre abril y junio. Sin embargo, los nuevos datos señalan que el crecimiento fue de sólo 2,3%. Esto demuestra que la recuperación de la segunda economía del planeta acusa una frágil recuperación.

Algunos de estos datos señalan que la caída en la inversión de capital fue de 4,8% en vez del 4,3% anunciado previamente. Las exportaciones japonesas crecieron un 6,4%, una décima más de lo inicialmente previsto, mientras que el descenso de los inventarios fue de 0,8%, mayor al 0,5% anunciado en agosto. El gasto de los consumidores, que supone el 55% del PIB de la segunda economía del mundo, aumentó un 0,7% en el trimestre anterior, una décima menos de lo estimado previamente.


En todo caso, Japón logró en el segundo trimestre del año salir de su recesión más profunda desde el fin de la II Guerra Mundial, que se prolongó durante los doce meses anteriores, en gran parte al repunte de las exportaciones y los planes de estímulo del Gobierno. La revisión a la baja del PIB es un jarro de agua fría para el futuro Gobierno de Yukio Hatoyama, líder del Partido Democrático (PD), que asumirá el poder el próximo miércoles con una política más a la izquierda que la que ha mantenido el PLD, ligado durante décadas al tejido empresarial nipón.

Este es un nuevo signo de que la recuperación de la economía japonesa podría no estar consolidada y no ser sostenible, como alertan muchos analistas. Estos magros datos se unen a otros correspondientes al mes de julio que dan cuenta de una crucial ralentización de la actividad económica.

A modo de ejemplo, el desempleo se situó en el 5,7% oficial, su mayor índice desde el final de la II Guerra Mundial (aunque se estima que el desempleo real alcanza el 12,2%). La deflación alcanzó el récord del 2,2%, el consumo de los hogares cayó un 2% y las exportaciones se redujeron el 37,6%, aspecto preocupante para una economía que se apoya en sus ventas al exterior. La producción industrial, después de cuatro meses de aumentos considerables, subió en julio sólo el 1,9% respecto al mes anterior, pero descendió un 22,9 por ciento si se tiene en cuenta el mismo período de 2008.

Esta misma semana se supo que los pedidos de maquinaria cayeron un 9,3% en julio respecto al mes anterior, su nivel más bajo desde abril de 1987. A pesar de los indicios de recuperación de los mercados extranjeros, las pérdidas o las caídas del beneficio neto de las empresas japonesas en el segundo trimestre del año las han obligado a limitar sus inversiones. Los pedidos de maquinaria se consideran un indicador del gasto de capital de las empresas japonesas para los seis meses siguientes. Por eso el todavía ministro de Economía, Yoshimasa Hayashi, estimó que "todavía hay nubes" sobre una economía japonesa que hace frente a una "prueba crucial", para hablar de recuperación.

EE.UU. tiene 40 millones de pobres


Al menos 40 millones de estadounidenses son pobres y 46,3 millones más no cuentan con un seguro médico. Así lo indicó el último dato de la Oficina del Censo de Estados Unidos que registra el mayor índice de pobreza en todo la historia de esta nación norteamericana. El organismo señaló que para el 2008 un 13,2 por ciento de la población estadounidense, entre ellos afroamericanos y latinoamericanos, cayó en pobreza como consecuencia de la fuerte recesión económica de Estados Unidos.

El informe de la Oficina de Censo se dio a conocer tras el consenso que se ha generado entre la Casa Blanca y el Congreso de EE.UU., para la aprobación de la reforma del sistema de salud.

Estados Unidos cuenta con una población de más de 300 millones de habitantes, que viven actualmente una crisis económica que ha generado falta de vivienda, desempleo y un gran número de estadounidense sin plan médico-asistencial, pues las personas que perdieron sus trabajos se quedaron sin fondos para pagar sus seguros médicos.


En esta nación una persona es considerada pobre si su ingreso anual está por debajo de los 11 mil dólares y en el caso de una familia si es inferior a los 22 mil dólares. La presidenta del Comité Económico Conjunto del Congreso, Carolyn Maloney dijo tras los datos suministrados por la Oficina de Censo que esto representa la "década perdida" de Estados Unidos por las fallidas políticas económicas de la administración Bush.
"Las consecuencias de no hacer nada son graves y en lo que se refiere a nuestra economía, hay demasiado en juego", advirtió Maloney.

Por otra parte, el presidente de Estados Unidos, Barack Obama dijo, en el discurso que ofreció a un grupo de enfermeras cerca de la Casa Blanca, que el informe de la Oficina de Censo demuestra la urgencia "impostergable" de reformar el sistema de salud de la nación.

"En los últimos doce meses, se calcula que las filas de personas sin seguro ha aumentado en casi seis millones de personas, es decir, 17 mil hombres y mujeres cada día", dijo Obama al tiempo que pidió a los miembros de la Asociación de Enfermeros Americanos (ANA) su ayuda para impulsar la reforma.

Francia plantea suprimir billete de 500 euros



Francia se propone eliminar los billetes de 500 euros como una medida para presionar a los paraísos fiscales y frenar el blanqueo de dinero. Esta es una de las 30 medidas que continúa el plan de cerrar el cerco a los paraísos fiscales de acuerdo a lo anunciado en la cumbre del G-20 de Londres del pasado 2 de abril. Esto demuestra que la rigurosa agenda trazada en dicho evento, y que significó el término del Consenso de Washington se está cumpliendo en forma progresiva.

Disminuye mortalidad infantil


Un informe dado a conocer por la Unicef señala que la tasa de mortalidad infantil ha disminuído en forma importante desde 1990. El número de menores de cinco años muertos por cada mil nacidos vivos se redujo de 90 en 1990 a 65 el año 2008, lo que representa una disminución superior al 25%.

Según la Unicef, el número de muertes ha descendido de 12,5 millones en 1990, a 8,8 millones el año pasado, el nivel más bajo desde qye comenzaron los registros en 1960. Las mejoras más significativas se encuentran en América Latina y la ex Unión Soviética, donde las tasas de mortalidad se han reducido a la mitad. El progreso del Africa subsahariana, que ahora representa más del 50% de las muertes, ha sido más lento, pero en Niger, Malawi, Mozambique y Etiopía se han visto reducciones significativas de más de 100 por 1.000 nacidos vivos desde 1990.


El informe señala que a pesar de grandes mejoras en la prevención de la malaria, una de las tres principales causas de muerte, mucho más que hay que hacer para tratar las otras dos causas, la neumonía y la diarrea.

vía | The Economist

La gran transformación desde los años ochenta hasta la crisis actual


Eric Toussaint, CADTM

Después de la segunda guerra mundial, en el Norte las décadas de los cincuenta y sesenta estuvieron marcadas por un fuerte crecimiento económico (años llamados los «Treinta gloriosos») que permitió a los trabajadores conquistar, por la lucha, importantes avances sociales, como un aumento neto del nivel de vida, la consolidación del sistema de seguridad social, mejora de los servicios públicos, en especial la educación y la sanidad, etc. El Estado procedió también a efectuar numerosas nacionalizaciones, lo que reforzó su poder de intervención económica. Las poblaciones se beneficiaron mucho, más que antes, de la riqueza creada en el nivel nacional, mientras aumentaba la parte correspondiente a los salarios en la renta del país.

Al mismo tiempo, en el Sur, mientras los países latinoamericanos se encontraban en una fase de rápida industrialización, se proclamaba —al menos oficialmente— la independencia de la mayor parte de los países africanos y asiáticos. Algunos de ellos trataron de conseguir una autonomía política y económica real (unos, como la India, Indonesia y Egipto, respetando el sistema capitalista, mientras otros, como China, Vietnam y Cuba, rompiendo con éste), pero la gran mayoría de los nuevos países independientes estaban, y siguen estando, sometidos a la autoridad de una gran potencia, a menudo la antigua metrópoli.

La deuda es uno de los factores más poderosos de este sometimiento, pues en el momento en que la administración y el ejército de los países colonizadores abandonaban físicamente el país que conquistaba su independencia, los gobiernos de los nuevos Estados eran incitados a endeudarse masivamente. Los acreedores aparentaban ignorar la malversación —aunque incluso la alentaban—que las clases dirigentes locales hacían de los fondos recibidos. Los países del Sur, cada vez más endeudados, debían aumentar continuamente su producción para la exportación, y obtener así las divisas necesarias para el reembolso de la deuda. Actuando de este modo, comenzó entre ellos una competencia para poner en el mercado bienes primarios (algodón, café, cacao, bananas, azúcar, cacahuete y otras oleaginosas, minerales...) que la economía de los países del Norte necesitaba. Esta superproducción sería dramática para la evolución del precio de estos bienes, tanto más cuando los países del Norte sufrieron, a partir de 1973, la primer gran recesión después de la segunda guerra mundial.

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