Los planes expansionistas de Estados Unidos y su deseo maníaco de redibujar el mapa del mundo plantean una amenaza a todos los Estados libres y soberanos, y la única garantía de protección es la resistencia resuelta a ese crecimiento
Alexander Tuboltsev, Al Mayadeen
En una etapa de crisis e inminente declive, las potencias hegemónicas a lo largo de la historia han entrado con frecuencia en una fase de fuerte escalada de su agresiva expansión.
En mi opinión, uno de los ejemplos más ilustrativos de esto es el Imperio español en la segunda mitad del siglo XVII . El decrépito imperio colonial experimentaba enormes problemas en los ámbitos de la economía, el presupuesto estatal, la industria y la gestión administrativa. Al mismo tiempo, el país se involucraba activamente en nuevos conflictos y perseguía su expansión territorial. Fue a finales del siglo XVII que el imperio español colonizó violentamente las Islas Marianas (incluida Guam), provocó una guerra naval con Brandeburgo en el Mar del Norte, continuó la ocupación de territorios en Centroamérica (al norte de la actual Guatemala) y participó en el conflicto con Francia.
¿Cómo terminó este brusco estallido de expansión? El resultado fue un declive. Ante la crisis de la deuda, la inflación, el bajo desarrollo industrial y los enormes gastos militares, España perdió su condición de potencia hegemónica.
Consideremos el siguiente ejemplo histórico: Dinamarca. En la segunda mitad del siglo XVIII, este país expandió drásticamente su influencia en el extranjero, estableciendo colonias en las Islas Nicobar (además, Dinamarca también tenía colonias en la costa del Golfo de Guinea y las Islas Vírgenes).
