El rápido desarrollo de la inteligencia artificial ha intensificado el debate internacional sobre su regulación
Mario Patrón, La Jornada
Desde el pasado fin de semana, el debate en torno a los potenciales riesgos de la inteligencia artificial volvió a agitarse tras una serie de declaraciones que advirtieron de la necesidad de desacelerar los ritmos de desarrollo de esta tecnología.
Destacaron especialmente las declaraciones de un ex investigador de Anthropic, Jacob Coxon, y del propio CEO de dicha compañía, Dario Amodei, que coincidieron en referir casos en los que la IA ha traspasado las fronteras del control y supervisión humanas; ello encendió una vez más las alarmas y ha motivado la conversación pública sobre el debido cuidado y regulación de los avances tecnológicos desde una perspectiva de derechos humanos.
En dicho sentido se manifestó Volker Türk, alto comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, quien instó a las empresas y gobiernos a llevar a cabo acciones urgentes para la regulación de la IA, debido a los riesgos sin precedentes que supone para la humanidad. Asimismo, lamentó que actualmente dependamos de un puñado de grandes empresas para tomar decisiones acertadas en la materia.
La importancia y trascendencia del debate no es menor, ciertamente estamos frente a un cambio de paradigma tecnológico ante el cual se requiere tiempo para construir y establecer, tanto límites y regulaciones técnicas, como grandes marcos éticos que delimiten el propósito y sentido del desarrollo de esta herramienta tecnológica. Otros líderes y colaboradores importantes de distintas empresas se sumaron los días pasados al llamado a frenar el desarrollo de la IA, hasta en tanto no se tenga una mejor evaluación de los riesgos identificados; sin embargo, esta advertencia se vio de inmediato contrariada por el interés político y económico de controlar el mercado global en la materia y sus efectos geopolíticos, como lo dejó ver Donald Trump con sus declaraciones sobre el tema.
