Una mirada no convencional al modelo económico neoliberal, las fallas del mercado y la geopolítica de la globalización
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lunes, 11 de mayo de 2026
Descartes y la fundación filosófica del capitalismo moderno
Diego Fusaro, Posmodernia
En la filosofía de Descartes —esta es la vía hermenéutica que nos proponemos explorar— encontramos la primera teorización completa de una filosofía que justifica superestructuralmente las relaciones sociales del nuevo modo de producción en su fase tético-abstracta. La ontología política de Descartes revela claramente cómo su sistema de pensamiento es intrínsecamente la expresión de un «orden político y racional» (Toni Negri) respecto al naciente capitalismo manufacturero y al ascenso de la burguesía. La suya se presenta en muchas líneas, según explicaremos, como una ideología razonable.
Bajo este punto de vista, Descartes puede considerarse, con razón, el fundador, en sede filosófica, de la nueva mirada capitalista sobre el ente. En sufragio de ello, baste recordar que el pensamiento cartesiano ha determinado de inmediato una verdadera y propia hegemonía en la filosofía de la segunda mitad del siglo XVII, abriendo una auténtica aetas (edad) cartesiana. Paradójicamente, la metafísica de Descartes gozó de un éxito increíblemente superior a su física, que era precisamente la parte que él más apreciaba.
De Spinoza a Leibniz, pasando por Malebranche, las categorías metafísicas de Descartes constituyen el marco de referencia para toda discusión filosófica posterior; así, resulta posible afirmar de Descartes, en relación al siglo XVII, lo que Löwith dijo de Hegel respecto al siglo XIX: no existe filosofía que no se mida con él, para defender sus principios o para rechazarlos, para reelaborarlos o para profundizarlos. En términos más generales, Descartes sentó las bases filosóficas que acompañan y justifican la génesis y el desarrollo del capitalismo moderno, desde el Sujeto formal-abstracto hasta la reducción de la verdad a certeza, desde la moral adaptativa hasta el primado de la ciencia sobre la metafísica. Se ha dicho que Descartes pretendía seguir el ritmo del pensamiento que, mediante la aceleración productivista de los procesos de transformación de la naturaleza en el escenario del desarrollo económico industrial del siglo XVII, descubre tener un ritmo propio y debe, eo ipso, aniquilar el precedente marco del saber para constituir uno nuevo, a la altura del tiempo y del nuevo contexto global de relaciones sociales y fuerzas productivas.
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mamvas
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Filosofía Política,
Génesis del Capitalismo
jueves, 27 de noviembre de 2025
Descartes, el «cogito» y la fractura de la modernidad
Daniele D’Innocenzio, Arianna Editrice
Descartes no cometió simplemente un error filosófico, como Antonio Damasio señaló acertadamente en «El error de Descartes», sino que inauguró una ruptura que condenó a la humanidad, la naturaleza y la vida misma al colapso. Al separar la mente del cuerpo y el sujeto del mundo, sentó las bases metafísicas para una civilización construida sobre la dominación, la extracción y la racionalidad desencarnada. El cogito cartesiano, concebido como garantía de certeza, se convirtió en cambio en la semilla de la alienación, desarraigando la moralidad de la teleología, la solidaridad de la comunidad y a los seres humanos de la Tierra viva. Lo que parecía un triunfo de la razón fue, en realidad, el acto que dio inicio a un lento suicidio de la civilización. No se trató de un simple error de lógica, sino de un terremoto. La sacudida cartesiana sigue propagándose hoy en día, en forma de grietas en el planeta, de crisis de sentido, de cuerpos ansiosos que ya no entienden dónde terminan y comienzan los demás.
En el momento en que «da a luz» el «cogito, ergo sum», Descartes rasga un velo que ya no se volverá a coser. La mente y el cuerpo ya no son un único entrelazamiento de carne, deseo y memoria: se convierten en dos sustancias. Una, inmaterial, brillante, sede del pensamiento claro y distinto; la otra, pesada, mecánica, fiable como un reloj e igualmente carente de interioridad. El cuerpo es ahora una «cosa» entre las cosas, un pedazo de naturaleza para perforar, pesar, vender. El bosque se convierte en reserva de madera, el petróleo en un fluido que bombear, las neuronas en circuitos que optimizar: el sujeto, armado de razón, se imagina fuera del mundo como un ingeniero sobre un puente de mando. Pero nadie le ha dicho que el puente flota sobre el océano que pretende dominar.
Publicado por
mamvas
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2:07 a.m.
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Filosofía Política,
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