martes, 26 de enero de 2016

Ensayo sobre la ceguera de Davos


José Blanco, La Jornada

El Foro de Davos 2016 se llamó El dominio de la cuarta revolución industrial. Decires de los ciegos:

Según el CEO (chief executive officer) de Autodesk, Carl Bass, la fábrica del futuro tendrá sólo dos empleados: un hombre y un perro. El hombre estará ahí para alimentar al perro. El perro va a estar allí para impedir al hombre tocar el equipo. Imagine un robot capaz de tratar a los pacientes de ébola o la limpieza de los residuos nucleares.

En uno de los primeros paneles de la semana, el CEO de Microsoft, Satya Nadella, dijo a los participantes: Parto de un lugar de optimismo y esperanza.

Una cita citable: La cuarta revolución industrial está todavía en estado naciente. Pero con el paso rápido del cambio y la interrupción de los negocios y la sociedad, el tiempo para unirse es ahora. Una más: André Kudelski, presidente y CEO de Grupo Kudelski: Cualquier ingeniero experto puede tomar el control a distancia de cualquier cosa conectada. La sociedad aún no se ha dado cuenta de los escenarios increíbles que esta capacidad crea.

Robert J. Shiller, premio Nobel de Economía 2013, profesor de economía de la Universidad de Yale, expresó con urgencia: No se puede esperar hasta que una casa se queme para comprar un seguro contra incendios. No podemos esperar hasta que haya dislocaciones masivas en nuestra sociedad para prepararse para la cuarta revolución industrial.

También hubo menos estridencia: un informe del foro lanzado al comienzo de la reunión prevé que para 2020, cinco millones de puestos de trabajo se perderán como resultado de los cambios tecnológicos. El vicepresidente estadounidense, Joe Biden: Creo que, en conjunto, estas transformaciones son cambios para el bien. Pero vienen con peligro real, y nos obligan a ser proactivos. Porque, ¿cómo hará el trabajador del almacén que utilizaba para enviar su orden, o el vendedor que solía contratar, para ganarse la vida, cuando él o ella ya no es necesario en esa empresa?

Los participantes Carl Benedikt Frey y Michael A. Osborne estiman que 47 por ciento de los empleos en EEUU están en riesgo debido a la informatización. Esta tendencia no es sólo un fenómeno centrado en el mundo occidental; según David Rotman, menos personas trabajan en la fabricación actual que en 1997, gracias en parte a la automatización. Foxconn anunció en agosto de 2012 que iban a introducir un millón de robots dentro en tres años para remplazar el trabajo humano.

Klaus Schwab, fundador del foro, fue sensiblemente más cauto. Inició su intervención con estas palabras: Estamos al borde de una revolución tecnológica que fundamentalmente va a alterar nuestra forma de vivir, trabajar y relacionarnos. En su escala, el alcance y la complejidad, la transformación será diferente de todo el género humano ha experimentado antes. Todavía no sabemos exactamente cómo va a desarrollarse, pero una cosa es clara: la respuesta a la misma debe ser integrada e integral, involucrando a todos los actores de la política mundial, de los sectores público y privado a la academia y la sociedad civil.

El profesor Shiller tiene conciencia del escenario y urge a darse prisa. Si hay dislocaciones sociales masivas ¿qué quiere hacer? ¿Fumigarlas inmaculadamente?

En el pasado reciente, los banqueros eran los dueños de Davos. Ahora lo son las empresas tecnológicas. Son el futuro. Entre banqueros y esta clase de tecnólogos hemos de vivir.

En otros escenarios se habla de los hechos. Mientras desde la ceguera se hablaba de cómo la tecnología lo resolverá todo, muchos de los participantes de Davos perdían miles de millones en la bolsa. Las dudas en torno al declive chino aparece como una explicación, pero no es la única: las previsiones de crecimiento se ven progresivamente rebajadas para todos; los países emergentes tienen que lidiar con una creciente desconfianza de los inversores y las divisas aparecen como el próximo punto de conflicto entre las economías. En 2016 el crecimiento será modesto y desigual. Hay un moderado optimismo, pero los riesgos son significativos, dijo hace unos días la directora del FMI. Pero los inversionistas desconfían de esos mensajes que ya suenan forzados y la prueba es que exigen más interés por prestar dinero a corto plazo que en un horizonte de 10 años, en lo que se llama una curva invertida de los tipos de interés, es uno de los indicadores que suelen anticipar una recesión.

George Soros, en un foro económico en Sri Lanka, afirmó que la situación actual de China le recuerda mucho a la de 2008. Además asegura que su situación podría transmitirse al resto del mundo mediante la devaluación del renminbi. Soros podría ser de los que algo ven: cree que podríamos caer nuevamente en un 2008, cuando es el caso que nunca hemos salido de él.

El BRICS prácticamente ya no existe.

Entretanto las desigualdades sociales siguen creciendo. El economista Vincenç Navarro ha escrito el lado complementario de la investigación de Piketty, pues es imposible entender la evolución de las rentas del capital sin entender la evolución de las rentas del trabajo. Las dos están íntimamente relacionadas, ya que el crecimiento desmesurado de las rentas del capital en los últimos años se ha llevado a cabo a costa del descenso de las rentas del trabajo. La evidencia de ello es abrumadora, clara y potente. Nos ocuparemos de la investigación de Navarro.

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