Diego Fusaro, filosofico.net
Leí con sincera curiosidad y gran interés un reciente debate en línea entre Andrea Zhok y Emiliano Brancaccio, dos académicos de gran prestigio que han publicado libros de gran importancia y profundidad. La controversia gira en torno al concepto de soberanía nacional, abordado desde la perspectiva del marxismo, con el que ambos intérpretes se identifican, si bien de maneras muy diferentes. Dado que Marx y Lenin, como es bien sabido, no escribieron un texto dedicado a la cuestión de la soberanía nacional en sentido estricto, debemos partir de su marco conceptual, sí, pero intentando actualizar su pensamiento, evitando el dogmatismo y las referencias innecesarias a afirmaciones sin fundamento. Brancaccio tiene toda la razón al afirmar que el concepto de soberanía y, más generalmente, de «soberanía», es hoy prerrogativa de la derecha reaccionaria y ultracapitalista. Pero Zhok acierta al subrayar que esto no implica descartar el concepto; al contrario, debe recuperarse desde una perspectiva marxista.
El programa de investigación de Marx nos enseña a evitar la lógica del intelecto abstracto y la rigidez de las categorías suprahistóricas. Desde esta perspectiva, enmarcado en las relaciones de poder y la realidad histórica contemporánea, el concepto de soberanía, también conocido genéricamente como soberanismo, indica el principio de defender la soberanía nacional frente a la dinámica de un capitalismo global que, mediante procesos de supranacionalización, aspira a eliminar las últimas limitaciones ligadas a la soberanía popular y capaces de resistir el poder económico del mercado global. Es cierto que la soberanía nacional hoy parece ser un mero instrumento de propaganda, invocado tanto por la derecha reaccionaria y capitalista como por ese marxismo que —Costanzo Preve ante todo— la concibe como una fortaleza de resistencia democrática y social contra los mecanismos del mercado global. Si la soberanía nacional es un instrumento de propaganda estructuralmente ambivalente, debe desarrollarse inequívocamente en el sentido indicado por Preve, es decir, en el sentido marxista de un socialismo democrático en el que la soberanía popular se realiza a través de la soberanía del Estado-nación.
Por el contrario, el cosmopolitismo que celebra la aniquilación de las soberanías nacionales no es en absoluto una voz mediática, sino que simplemente apunta a la dominación del capital global, libre de las limitaciones de los Estados-nación soberanos y, por lo tanto, de las soberanías populares. Quien pretenda descartar la idea misma de soberanía nacional, presentándola como una simple regurgitación de la derecha reaccionaria, termina allanando el camino para el avance del capitalismo global, descartando una categoría fundamental, quizás la más fundamental, para desarrollar una estrategia revolucionaria de oposición al capitalismo global. Lo digo aún más directo y sencillo: el Estado nacional soberano puede y, en nuestra opinión, debe ser democrático y socialista; la economía de mercado global jamás podrá serlo estructuralmente. Por lo tanto, quienes liquidan la soberanía nacional del Estado ya están aceptando, voluntaria o involuntariamente, el plan de dominación capitalista global sin resistencia posible. Además, la historia del siglo XX nos enseña que las únicas formas de socialismo que han existido se organizaron como Estados nacionales soberanos y antiimperialistas, desde Cuba hasta la Unión Soviética.

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