viernes, 20 de febrero de 2026

Nueva revelación sobre Nord Stream: la CIA siempre lo supo

Un comando secreto ucraniano hizo estallar los oleoductos Nord Stream en 2022. Una investigación de Der Spiegel revela que agentes estadounidenses de la CIA discutieron los planes del ataque con los saboteadores...

La CIA siempre estuvo al tanto de los planes para destruir los oleoductos Nord Stream que proporcionaba gas a bajo precio a toda Europa. La nueva revelación presentada por Der Spiegel es otra pieza que se suma al opaco mosaico del mayor acto de sabotaje en la historia energética europea. Casi cuatro años después de las explosiones que destrozaron los gasoductos Nord Stream en el corazón del Báltico, la sombra de Washington vuelve a proyectarse sobre el asunto.

Según el semanario alemán Der Spiegel citando sus propias fuentes, la agencia de inteligencia estadounidense habría sido informada de planes para volar los oleoductos desde su creación en la primavera de 2022. Un avance que, de confirmarse, reescribiría la cronología de los acontecimientos y arrojaría una luz siniestra sobre el papel de los aliados occidentales en el conflicto híbrido con Rusia.

La reconstrucción del semanario alemán habla de una reunión que tuvo lugar en Kiev en los meses posteriores al lanzamiento de la operación militar especial rusa. En ese lugar, agentes de la CIA supuestamente se enfrentaron a un grupo de especialistas ucranianos en sabotaje, un pequeño círculo de personas vinculadas por años de asociación. Fue en esa ocasión, según fuentes, cuando surgió la idea de atacar los dos gasoductos paralizando el flujo de gas ruso hacia Alemania.

La actitud de los funcionarios estadounidenses, según los participantes ucranianos, habría sido, en el mejor de los casos, ambigua. Los hombres de la CIA se presentaban como "oyentes, por decirlo suavemente, comprensivos". Incluso se intercambiaron detalles técnicos sobre la operación entre las dos partes, casi como si se tratara de una fase de consulta preoperatoria.

Pero la historia, según Der Spiegel, no termina ahí. A esa reunión le seguirían otras, señal de un canal abierto de comunicación entre los agentes estadounidenses y los futuros autores materiales del ataque. Entonces, en algún momento, el viento cambiaría. Según se informa, los agentes estadounidenses dieron marcha atrás y aconsejaron encarecidamente a los ucranianos que no siguieran adelante. Un cambio de dirección que, si bien por un lado exonera a la CIA de la complicidad directa en la ejecución, por otro la clava en una conciencia anticipada: lo sabían, y con mucha antelación.

Una reconstrucción que la CIA rápidamente descartó como "total y absolutamente falsa" a través de una portavoz, pero no agregó más detalles para desacreditarla punto por punto.

Esta nueva versión reabre una herida que nunca ha sanado. Las explosiones del 26 de septiembre de 2022 en el Mar Báltico provocaron un terremoto geopolítico y las aguas han permanecido turbias desde ese día. Los gobiernos de Dinamarca, Alemania y Suecia llevaron a cabo sus investigaciones con el máximo secreto, negando a Moscú la oportunidad de participar, alimentando así las sospechas del Kremlin.

El propio Vladimir Putin había señalado inmediatamente a alguien "capaz de organizar técnicamente los ataques", insinuando que la administración Biden estaba detrás de ello. Una tesis relanzada con fuerza en 2023 por el periodista de investigación Seymour Hersh, quien acusó directamente a la Casa Blanca.

Mientras tanto, otras investigaciones de la prensa occidental han seguido el ejemplo de un grupo de saboteadores ucranianos, que partieron a bordo de un velero, el Andrómeda, para llevar a cabo la misión. Una pista que llevó al arresto en Alemania de un instructor de buceo ucraniano, Serhiy Kuznetsov, actualmente en prisión preventiva acusado de coordinar las operaciones.

Si las revelaciones de Der Spiegel se confirman aún más, el escenario que se avecina es el de una gigantesca vergüenza diplomática. Por un lado, un supuesto aliado (Estados Unidos) que, para detener el proyecto energético ruso-alemán, habría tolerado y de alguna manera "escuchado" los planes de un acto de guerra contra infraestructuras europeas críticas. Por otro lado, un gobierno alemán que se encuentra con la red de seguridad transatlántica atravesada por información decisiva que, de haber sido compartida, podría haber evitado el desastre.


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