Nahia Sanzo, Slavyangrad
“Hemos hablado con el equipo estadounidense sobre la vía económica, en concreto, la reconstrucción. Quiero agradecer al secretario Bessent, a Jared Kushner y a Larry Fink, de BlackRock, por su enfoque constructivo. Un principio importante que todos compartimos es que, para que la reconstrucción sea de alta calidad y el crecimiento económico tras esta guerra sea real, las garantías de seguridad genuinas deben ser la base. Cuando hay seguridad, todo lo demás es posible”, afirmó Volodymyyr Zelensky en su videomensaje diario a la nación el 10 de diciembre. Si a ello se le añade un comentario realizado la última semana de 2025 en una entrevista concedida a Fox News, en la que el presidente ucraniano afirmaba que Rusia podía olvidarse de su “oferta” de apoyar la reconstrucción de Ucrania vendiéndole “energía barata”, se puede obtener la lógica de gran parte del planteamiento de Kiev para la recuperación económica del país en caso de alto el fuego.
Las palabras de Zelensky indican la prioridad de lograr un acuerdo con Estados Unidos para obtener garantías de seguridad de Washington. Pese a las dudas sobre la fiabilidad de Estados Unidos como socio teniendo en cuenta que hace apenas unos días amenazaba la integridad territorial de uno de sus aliados, Ucrania no concibe el compromiso de seguridad que espera de sus aliados sin la participación directa de Estados Unidos. Ese acuerdo, y no uno con Rusia, es la base sobre la que Kiev quiere construir su futuro como país integrado política y militarmente –sea de facto o de iure con la adhesión a la OTAN- en la familia europea. Ayer, el presidente ucraniano afirmó que el acuerdo entre Estados Unidos y Ucrania está listo “al 100%”, a la espera únicamente de que Washington elija una fecha y un lugar para su firma. La pataleta de Zelensky, con su anuncio de ignorar el Foro de Davos debido a que no iba a producirse la ratificación de ningún acuerdo, indica que Ucrania espera una gran ceremonia con la que presentar a su población un tratado con el que argumentar que el futuro del país está garantizado y marcar un antes y un después en la historia política, económica y militar de Ucrania. La completa ausencia de prisa por parte de Estados Unidos en la firma de estos acuerdos, tanto las garantías de seguridad como el plan de prosperidad, indica que, al contrario que Ucrania, que espera esos acuerdos como prerrequisito para llegar a un acuerdo con Rusia, para Washington la parte central es lograr un entendimiento con Moscú para resolver la cuestión militar y posteriormente ratificar sus acuerdos de económicos y de seguridad con Bankova y el Kremlin.
Para Zelensky, seguridad y reconstrucción son parte de un mismo acuerdo en el que el elemento central es la participación de Estados Unidos. De esa forma, son igual de relevantes las figuras de Scott Bessent, Secretario del Teosoro de Estados Unidos, Jared Kushner, yerno de Donald Trump y gran empresario dedicado fundamentalmente a la construcción o Larry Fink, CEO de BlackRock, sociedad de “gestión de activos y servicios financieros”, es decir, un fondo buitre. El aparato estatal de la principal potencia económica mundial, la oligarquía dedicada a la construcción y el gran capital son los tres sectores a los que Zelensky apela desde su llegada al poder en busca de un paquete de reconstrucción que equipara al Plan Marshall que Estados Unidos puso en marcha para lograr la recuperación de sus aliados –y proxis- europeos tras la Segunda Guerra Mundial. La lógica de Zelensky es la misma que la de aquel momento, cuando se veía a los aliados continentales como base necesaria para el enfrentamiento con Moscú. Garantizar su viabilidad era necesario para comprar la paz social y evitar el ascenso de sentimientos, movimientos o partidos considerados afines al enemigo soviético. Ahora, desde el punto de vista de nueva guerra fría que el presidente ucraniano aspira a consolidar, Ucrania sería ese Estado de la primera línea de un frente mucho más complicado al tratarse de un conflicto militar abierto que muy probablemente acabará con unas fronteras que sean únicamente de facto. Tecnócrata en lo político y libertarian al estilo Javier Milei en lo económico, Zelensky siempre ha optado por la desregulación, eliminación de cualquier resquicio restante del Estado social que Ucrania heredó de la Unión Soviética y privatización de cualquier empresa pública que pudiera reportar beneficios a la potente oligarquía nacional o, preferiblemente, al gran capital occidental, cuya presencia ha sido considerada un escudo de seguridad desde la invasión rusa. Así ha podido comprobarse en la celebración anual de las conferencias de reconstrucción en las que Ucrania ha priorizado la colaboración público-privada en la que los Estados aliados se hicieran cargo de las inversiones y las grandes empresas privadas, a poder ser estadounidenses, se llevaran los beneficios. Todo ello presentando a la población una imagen muy similar a la que Jared Kushner mostró en sus diapositivas de la Gaza del futuro, en la que rascacielos modernos cubrían la costa del mar Mediterráneo y prometían empleos de calidad a la población local que, eso sí, tendrá que residir en zonas alejadas, ya que los lugares privilegiados estarán destinados al sector turístico o empresarial. La utopía tecnolibertaria que plantean Zelensky o Fedorov ahora no es diferente a la que falsamente prometía el exministro de Infraestructuras Omelyan, que aspiraba a construir el hyperloop de Elon Musk que el multimillonario estadounidense abandonó al considerar inviable.
Un artículo publicado por The New York Times la semana pasada detalla la visión de Ucrania, su insistencia en dejar en manos de este fondo buitre la futura planificación de la estructura económica del futuro y los problemas que está causando. El principal reto al que se ha enfrentado Ucrania no es el hecho de que esta colaboración actual, que BlackRock está realizando pro-bono esté produciéndose sin el más mínimo aspecto democrático, sino la sensación de los países europeos de que van a quedar excluidos. Nada es gratis, menos aún el trabajo de varios años de fondos que se han hecho célebres por su ferocidad. Es evidente que BlackRock espera recuperar los costes adquiridos estos años en los que ha trabajado gratis para Ucrania. Como recuerda The New York Times, “los principales negociadores del presidente han sido promotores inmobiliarios: su amigo multimillonario Steve Witkoff y el yerno de Trump, Jared Kushner. El director de BlackRock, Larry Fink, se ha sentado junto a Kushner en las conversaciones con los líderes ucranianos”. La Ucrania que se está diseñando para el futuro no estará hecha a partir de las necesidades de la población sino de los intereses de quienes la están planificando y gestionando. En ese juego, la ausencia de la Unión Europea no se limita a las negociaciones políticas, sino que se extiende a las económicas. “La participación en las negociaciones de una empresa privada cuyo principal objetivo es maximizar los beneficios económicos ha reforzado la preocupación de que la administración Trump considere la reconstrucción de Ucrania como una oportunidad para que el Gobierno y las empresas estadounidenses obtengan beneficios, en lugar de considerarla principalmente una cuestión humanitaria o de seguridad”, afirma el artículo, que no menciona que la preocupación europea no es solo moral sino fundamentalmente económica. Tanto la oligarquía ucraniana como las grandes empresas europeas aspiran a sacar tajada de la futura reconstrucción de Ucrania.
“La participación de BlackRock en Ucrania se remonta al otoño de 2022, cuando Kiev comenzó a imaginar un futuro posguerra tras expulsar a las tropas rusas de amplias zonas del territorio. En septiembre de ese año, Andrew Forrest, un magnate minero australiano, presentó a Zelensky al director ejecutivo de BlackRock, el señor Fink. Ambos discutieron cómo la empresa podría asesorar a Kiev en la creación de un fondo de reconstrucción. Semanas más tarde, ambas partes firmaron un memorando de entendimiento que formalizaba la colaboración. Según el acuerdo, al que tuvo acceso The Times, la división de consultoría de BlackRock ayudaría a diseñar la estructura y la gobernanza del fondo, y lo presentaría a posibles inversores”, recuerda el artículo, que explica que la empresa se comprometió a un plan según el cual prometía recaudar entre 50 y 80.000 millones de dólares que un año después se limitaron a 30-50.000 para finalmente archivar el plan, completamente fracasado.
La idea de BlackRock sigue siendo la misma, esa lógica público-privada de “obtener dinero de los gobiernos y las instituciones financieras, y aprovecharlo para atraer varias veces más en capital de préstamos privados, dijo Oleksandr Gryban, ex viceministro de Economía de Ucrania que trabajó en el fondo. El dinero público serviría como capital inicial, absorbiendo las primeras pérdidas y actuando como un mecanismo de reducción del riesgo para atraer a los inversores privados recelosos de invertir dinero en Ucrania”. Aunque el optimista plan ucraniano presenta las inversiones públicas como limitadas a aquellos sectores no comerciales -educación, sanidad, etc.- y da por hecho que los aspectos de mayor lucro potencial contarán con inversión privada, BlackRock matiza ligeramente esa postura. “El enfoque se hace eco de las propuestas originales de BlackRock. Las presentaciones de diapositivas de la empresa esbozaban varios fondos específicos para cada sector con el fin de financiar proyectos utilizando una combinación de fondos públicos y privados. La energía, las infraestructuras, la agricultura, la industria manufacturera y las tecnologías de la información figuraban como sectores prioritarios. Una diapositiva de abril de 2024 identificaba nueve posibles proyectos de inversión, entre ellos el desarrollo de parques eólicos y yacimientos de litio, por un total de 1100 millones de dólares”, escribe The New York Times según el informe de la propia BlackRock, que espera disponer de dinero público incluso en aquellos sectores en los que las empresas esperan grandes beneficios.
El plan anunciado por Zelensky al presentar su plan de 20 puntos para la resolución de la guerra incluía la creación de un “Fondo Ucraniano de Desarrollo”, la misma terminología utilizada por el fondo original de BlackRock, confirmación de que el plan sigue siendo el mismo y que tendrá la misma lógica. Según el Gobierno ucraniano, la prioridad serían sectores “de gran crecimiento” como tecnología, data centers e inteligencia artificial, aspectos en los que, según The New York Times, la Casa Blanca busca “tratos que han beneficiado a miembros de la administración Trump”. Y BlackRock no está lejos de encontrarse en esa categoría. Según el artículo, “BlackRock podría beneficiarse de la recuperación como propietaria de Global Infrastructure Partners, uno de los mayores financiadores mundiales de proyectos de construcción de aeropuertos, puentes y túneles. El año pasado, Global Infrastructure Partners intervino para ayudar a la administración Trump comprando dos puertos en Panamá a una empresa de Hong Kong que se había convertido en el centro de las tensiones entre Panamá y Trump”. Pase lo que pase en las negocaiciones de paz, algunos actores ya saben que serán ellos quienes ganarán la guerra.
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Ver también:
- Desastre en servicios públicos en Ucrania mientras se juega el destino del país
Dmitri Kovalevich. 24/01/2026 - Mordiendo la mano que le da de comer
Nahia Sanzo. 23/01/2026 - Las mentiras descubiertas de la CIA sobre Ucrania y Rusia… ¿intencionadas o simplemente un trolling de Sy Hersh?
Larry C. Johnson. 23/01/2026 - Ucrania se defiende con dinero que Europa no tiene
Ian Proud. 19/01/2026 - La balanza entre el Imperio y el mundo emergente se juega en Irán
Andrés Piqueras. 18/01/2026 - El régimen ucraniano muestra cómo es el servilismo ante el imperialismo occidental
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Evgueni Vertlib. 13/01/2026

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