viernes, 23 de enero de 2026

Mordiendo la mano que le da de comer


Nahia Sanzo, Slavyangrad

Resuelta, al menos de momento, la cuestión de Groenlandia gracias a una negociación entre Donald Trump y Mark Rutte –es la OTAN la que negocia y no el país afectado ni, por supuesto, el territorio en cuestión-, que ofreció a Washington aún más control en la isla ártica, ayer fue el día en el que el presidente de Estados Unidos presentó su plan para Oriente Medio y el Consejo de Paz con el que aspira a suplantar a las Naciones Unidas. Pese a que el mandato de ese grupo de personas seleccionadas por Donald Trump para crear una franja de Gaza al servicio de sus intereses, la Carta fundacional de esa “organización internacional” no menciona el territorio en ningún momento, posiblemente porque su ambición no es de implantación regional, sino global. La idea de un Consejo de Paz presidido por Donald Trump aparece en el plan de 28 puntos negociado por Steve Witkoff y Kiril Dmitriev y en el de 20 puntos propuesto por Zelensky como base de la resolución de la guerra rusoucraniana, que ayer recuperó parte del protagonismo perdido.

En su discurso de presentación del Consejo de Paz, en el que insistió nuevamente en la falsedad de haber resuelto 8 guerras –entre las que incluye la guerra Israel-Irán, que Estados Unidos y su proxy regional causaron-, Donald Trump anunció estar a punto de lograr la novena resolución, signo de un nuevo empuje diplomático en las negociaciones con Kiev y Moscú. Como Steve Witkoff, que insiste en que la negociación se reduce a un único problema “salvable”, el presidente de Estados Unidos mostró su optimismo a la hora de lograr la resolución de la guerra que “iba a ser la más sencilla”. Sin embargo, en su encuentro de ayer con Zelensky, que como se anunció el día anterior viajó finalmente a Davos al haber conseguido el compromiso de una imagen con Trump, no se produjo ninguna firma. Ni las garantías de seguridad ni el llamado Plan de Prosperidad están aún listos para la firma de los dos presidentes, signo de que ni siquiera la negociación bilateral Estados Unidos-Ucrania está tan cerca de estar lista como se había dado a entender. Menos aún se sabe de la otra parte de la negociación, lo respectivo a las conversaciones Estados Unidos-Rusia, que se produjeron a altas horas de la noche tras la llegada a Moscú del enviado de Trump para Rusia Steve Witkoff y Jared Kushner –el yerno y confidente del presidente, sin ningún puesto oficial- para reunirse a lo largo del día con Vladimir Putin. A juzgar por las palabras de Yuri Ushakov, que insistió en que no habrá «paz duradera» si no se resuelve la cuestión territorial, sigue sin haber entendimiento en esta cuestión clave.

La principal noticia del día la dio Volodymyr Zelensky en una parte del discurso que ha pasado prácticamente desapercibida ante los titulares que dejó el enfadado presidente de Ucrania. Las negociaciones trilaterales entre Estados Unidos, Rusia y Ucrania comenzarán hoy y se prolongarán durante dos días. Aunque es previsible que se trate únicamente de una primera toma de contacto en la que no se produzcan grandes decisiones (aunque quizá sí gestos como un nuevo intercambio de prisioneros o algún alto el fuego parcial, objetivo que se trata de imponer a Rusia para rescatar a Ucrania de la grave situación energética), se trataría de la primera ocasión en la que las tres partes de este proceso diplomático negociaran directamente. Estados Unidos estuvo presente en la apertura del fallido intento ruso de revitalizar el proceso de Estambul el año pasado, pero no hubo negociación política en aquel momento. Los detalles son escasos y no se conoce más que el lugar de la reunión, los Emiratos Árabes Unidos. Las pocas palabras que Zelensky dedicó a lo que sería una noticia relevante indican cierta sensación de contrariedad. “Espero que los Emiratos Árabes sean conscientes de ello”, afirmó en relación a la jornada de reuniones. “Hemos tenido sorpresas del bando americano. Pero, en cualquier caso, iremos allí. Creo que es bueno que haya una reunión trilateral a nivel de técnicos”, añadió el presidente de Ucrania.

Zelensky había llegado a Davos para aprovechar al máximo la ocasión de dirigirse a los grandes poderes del mundo empresarial y político y pareció esforzarse en dejar todos los titulares posibles. Zelensky logró su objetivo y no dejó indiferente a nadie. “Maduro está siendo juzgado en Nueva York… ¿pero Putin no?”, se quejó, apelando nuevamente al secuestro del jefe de Estado de una de las principales potencias nucleares, Vladimir Putin, a quien en su discurso navideño le deseó la muerte. El uso de los recientes conflictos geopolíticos causados por su principal aliado, Estados Unidos, no se limitó a reclamar para Rusia el trato que se ha dado a Venezuela. “Se habló mucho de las protestas en Irán, pero se ahogaron en sangre. El mundo no ha ayudado lo suficiente al pueblo iraní; se ha mantenido al margen”, afirmó Zelensky, incansable a la hora de exigir intervenciones militares de Estados Unidos en territorio de sus enemigos. El objetivo es claro, utilizar las intervenciones extranjeras para aislar y debilitar a Rusia. La pérdida de Venezuela implica, en la visión de Zelensky, perder presencia en el mercado energético, mientras que perder a Irán significaría no tener acceso a materiales como los drones Shahed. En su intento de presentar sus deseos como análisis, Zelensky oculta que los “drones iraníes” se producen en Rusia de forma autónoma y que la principal relación comercial de Rusia es con China, un vínculo que Occidente y Ucrania sueñan con romper. Las aspiraciones intervencionistas de Zelensky no se limitan a los aliados de Rusia. “¿No sería más barato y más fácil simplemente cortarle a Rusia los componentes que necesita para producir misiles, o incluso destruir las fábricas que los producen?”, se preguntó el presidente ucraniano en una nueva apelación a conseguir que sus socios destruyan directamente la industria militar rusa o lo hagan enviando a Kiev el material para conseguirlo.

El centro del discurso de Zelensky fue la utilización de la situación en Groenlandia para uso propio. No molestó a Zelensky que el acuerdo Trump-Rutte sobre Groenlandia se haya producido sin Groenlandia, aunque el “nada sobre Ucrania sin Ucrania” haya sido uno de los lemas del año. Tampoco pareció preocupar al presidente ucraniano la amenaza explícita de Estados Unidos, pero sí quiso utilizar la situación para promocionar a Ucrania como parte integral, o quizá incluso vanguardia, de la familia europea y una pieza imprescindible en la defensa del continente europeo. Zelensky llegó incluso a ofrecer los servicios de Ucrania para hundir los buques de guerra rusos que en la cabeza de Donald Trump navegan libremente alrededor de la isla ártica. Las formas de Zelensky de exigir integración privilegiada en la UE y más asistencia para mantener al inmenso ejército con el que aspira a acometer para Europa el rol que Israel juega para Estados Unidos son interminables.

La principal sorpresa de la intervención de Zelensky fue la dureza con la que se refirió a los países europeos. En este momento de disputa interna dentro del bloque atlantista, el presidente ucraniano demostró con claridad que el realineamiento que ha realizado a nivel interno con el nombramiento de Budanov -un hombre de Estados Unidos que sustituía a Ermak, hombre del Reino Unido- no era una decisión casual. Todos los reproches se dirigieron a los países europeos, una forma de exigirles más ayuda y, a la vez, adular a Donald Trump dándole la razón en la disputa. “Mordiendo la mano que le da de comer”, escribió el académico ucraniano-canadiense Ivan Katchanovski en referencia a las acusaciones de Zelensky, que reprochó a los países europeos no haber entregado a Ucrania los activos rusos retenidos en la UE y no hacer como Estados Unidos y requisar buques de la flota fantasma rusa. Curiosamente, a esa misma hora, Francia anunciaba haber abordado un petrolero ruso en el mar Mediterráneo. Y horas antes, Vladimir Putin había afirmado abiertamente que los fondos rusos retenidos en Estados Unidos pueden ser utilizados para la reconstrucción de Palestina y Ucrania, algo que no puede satisfacer a Zelensky, que aspira a utilizar esos activos para la guerra y no para la paz.

“En lugar de convertirse en una auténtica potencia global, Europa sigue siendo una hermosa pero fragmentada comunidad de pequeñas y medianas potencias. En lugar de asumir la responsabilidad decisiva de defender la libertad en todo el mundo —sobre todo ahora que Estados Unidos se centra en otras esferas—, Europa parece perdida. Algunos intentan convencer al presidente de Estados Unidos de que cambie de rumbo. Pero no cambiará. El presidente Trump ama ser como es. Dice que ama a Europa, pero no escuchará a este tipo de Europa”, reprochó Zelenesky en un duro discurso contra sus principales proveedores, los países europeos, a los que acusó de haberse instalado en “El día de la marmota” y a los que achaca que “no ha cambiado nada”. Nada es llevar prácticamente cuatro años sosteniendo al Estado ucraniano, haciendo posible que Kiev pague sueldos y salarios, acogiendo a la población refugiada que ha huido de la guerra hacia el oeste y ser actualmente la única fuente de financiación continua y estable de las Fuerzas Armadas de Ucrania. Desde hace meses, cuando se agotaron los fondos aprobados por Joe Biden, las armas estadounidenses que siguen fluyendo hacia Ucrania y que son imprescindibles para poder continuar la guerra, corren a cargo de los presupuestos de los países europeos.

Todo es simple en el mundo de Zelensky. La clave de la defensa europea es la integración de Ucrania, frontera exterior de la civilización occidental y principal activo contra el temible enemigo ruso. En ese mundo, Europa necesita unas fuerzas armadas propias, unidas y en las que Ucrania sea parte integral. Solo así puede defenderse el continente frente a la temible Rusia que, sin embargo, es también tremendamente débil.

“Les comparto cifras reales. La estadística real es de 35.000 muertos al mes. 35.000 soldados. El año pasado, este mes, fueron alrededor de 14.000. Rusia no piensa en ello, pero nosotros lo hacemos. Sabemos que movilizan 43.000 al mes, y empiezan a perder 35.000, de estos 43 hay que saber que alrededor de un 10-15% se escapan y hay algunos heridos. Su ejército ha dejado de aumentar, esto es importante, debido a nuestros operadores de drones y tecnología de drones”, afirmó Zelensky aportando unas cifras reales que contradicen incluso las dadas por su propia inteligencia militar, que afirma que el ejército ruso sigue aumentando. La coherencia nunca ha sido una exigencia en esta guerra y, dependiendo de las necesidades de cada momento, las cifras pueden utilizarse tanto para alertar del enorme peligro del aumento del ejército ruso como para exigir un esfuerzo más para derrotar definitivamente a un ejército que mengua. También es curioso el uso de datos sobre deserciones en el bando enemigo teniendo en cuenta que Ucrania se ha visto obligada a clasificar sus cifras para no crear alerta social por su elevado volumen.

“Es fácil recurrir a la crítica a Europa, pero se equivoca”, comentó el editor de defensa de The Economist Shashank Joshi, que recordó que “hace apenas tres días, el Parlamento Europeo aprobó un préstamo de apoyo de 90.000 millones de euros para Ucrania, que parece haber pasado desapercibido para Zelensky. El gasto en defensa de la UE también aumentó un 11% en 2025. La producción de proyectiles ronda los 2 millones al año”. La arrogancia de Zelensky comienza a molestar incluso a sus incondicionales.


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