sábado, 24 de enero de 2026

Desastre en servicios públicos en Ucrania mientras se juega el destino del país

Ucrania enfrenta una crisis humanitaria y de infraestructura cada vez más profunda a medida que los cortes de energía en todo el país, las temperaturas gélidas y el colapso económico exponen los costos crecientes de una estrategia de guerra impulsada por las prioridades occidentales y sostenida a expensas de los ucranianos comunes.

Dmitri Kovalevich, Al Mayadeen

En la segunda quincena de enero de 2026, las ciudades más grandes de Ucrania —Kiev, Odesa, Dnipropetrovsk, Járkov— y otras sufrieron apagones totales. En algunas, no hubo electricidad, calefacción ni agua corriente durante más de una semana. Todas las ciudades se calentaban con modernos sistemas de calefacción central, que databan de la época de la Ucrania soviética y la Unión Soviética. Con el frío (-20 °C) que se prolongó durante casi dos semanas en todo el país, las tuberías de calefacción y de alcantarillado reventaron, incluso en el edificio del Ministerio de Energía en Kiev.

Entre 100 mil y 150 mil habitantes de Kiev cuyas tuberías han reventado se quedarán sin calefacción este invierno, informa Oleg Popenko, presidente de la Unión Ucraniana de Consumidores de Servicios Públicos, según informa el 16 de enero en Telegram el servicio de noticias online Strana.ua.

Los residentes de Kiev se calientan en sus apartamentos con velas, bombonas de gas y estufas de gasolina. En Kiev, Járkov y Odesa, los supermercados donde se podía comprar comida están cerrando. Donde las tiendas siguen abiertas, los precios de los alimentos se disparan. La gente bloquea las carreteras, exigiendo electricidad durante al menos unas horas al día. Sin embargo, la situación general parece ser nada menos que un colapso del sistema eléctrico en las ciudades y regiones afectadas.

Una de las razones de los colapsos, como se detalla en informes previos de este autor a Al Mayadeen English, es el robo a gran escala que se ha producido durante años de fondos de ayuda occidental destinados a mantener las fuentes de energía. Estos fondos estaban destinados a construir estructuras de protección alrededor de las instalaciones de producción y transmisión de energía.

A finales del año pasado, las agencias anticorrupción en Ucrania comenzaron a denunciar este tipo de esquemas a gran escala, de los cuales muchos allegados al presidente ucraniano Volodymyr Zelensky se han beneficiado generosamente. Muchos de los acusados han logrado huir a "Israel" desde entonces.

El legislador Alexei Goncharenko, un ultranacionalista prooccidental leal al expresidente Petro Poroshenko (2014-2019), se ha pronunciado en la legislatura ucraniana sobre la crisis energética, según informó Politnavigator en Telegram el 16 de enero. "Aquí no ocurre nada bueno, ni con la guerra, ni con el suministro de energía, ni para la paz. Bueno, no estamos hablando de paz por ahora, pero ¿qué hay de las negociaciones? El gobierno guarda un silencio absoluto. Mientras tanto, Miami se calienta a 23 grados Celsius y "Tel Aviv" a 17 grados Celsius. Muchos amigos de Zelensky residen allí, mientras que aquí en Ucrania, la ciudadanía lucha por sobrevivir con temperaturas de dos dígitos bajo cero".

Muchos analistas ucranianos citan otra razón para el desastre social que se está produciendo en el país: la llamada guerra por la infraestructura energética que Zelensky libra contra Rusia desde 2025, como parte de lo que su administración denomina "acciones asimétricas". Sin embargo, Ucrania, bajo el mando de Zelensky, es un Estado mucho más débil que Rusia y no puede librar una guerra de este tipo en igualdad de condiciones. Son los aliados occidentales de Kiev quienes han aconsejado a Ucrania que emprenda dicha guerra, con el pretexto de reducir las ganancias rusas provenientes de la venta de petróleo.

Según sus absurdas afirmaciones, los ataques contra la producción y los ingresos de combustibles fósiles de Rusia provocarían una disminución de ambos, dejando a Rusia sin fondos suficientes para responder a la agresión de Ucrania y sus aliados imperialistas occidentales.

Kiev ha llevado a cabo varios ataques contra petroleros rusos en el Mar Negro y contra refinerías de petróleo rusas. Fue tras estos repetidos ataques, y no antes, que Rusia inició ataques sistemáticos de represalia, paralizando la infraestructura energética de Ucrania. Indirectamente, los ucranianos comunes se convirtieron en rehenes de una guerra librada por corporaciones occidentales para redistribuir las ventas y los flujos de petróleo y gas natural en los mercados mundiales mediante la reducción de la capacidad rusa. Otra cara de esta guerra se exhibe ahora ante el mundo en la agresión estadounidense contra Venezuela, que incluye el secuestro del presidente del país el 3 de enero y las incautaciones, casi piratas, de petroleros que transportaban petróleo venezolano.

Zelensky fue advertido en 2025 sobre las graves consecuencias de librar una guerra de infraestructuras con Rusia. Pero en otoño de 2025 se tomó la decisión de seguir adelante. La oficina presidencial aparentemente confía en que podrá resistir la presión de la dura reacción pública a sus acciones y continuar con calma su estrategia de guerra prolongada sin concesiones.

Sin embargo, los analistas advierten de nuevos problemas, ya que la crítica situación del suministro energético no solo provoca apagones, sino que también afecta a la economía del país y provoca nuevas crisis, según comentó el canal de Telegram de la oposición ucraniana, "Resident", el 15 de enero.

Allí escribieron: "Los analistas advierten de nuevos problemas, ya que la crítica situación del sector energético no solo provoca apagones, sino que también afecta a la economía del país y provoca nuevas crisis. Es simplemente imposible ahora restaurar la red de producción y distribución de energía, ya que esto requerirá reparaciones importantes para las que no hay recursos financieros ni tiempo. Se necesita una nueva estrategia energética, pero por ahora el gobierno simplemente tranquiliza a los ucranianos y les aconseja que mantengan la calma".

Lo que quieren los ucranianos

Los políticos occidentales, especialmente en la Unión Europea y el Reino Unido, siguiendo el ejemplo de Zelensky, suelen hablar en nombre de los ucranianos. Pretenden saber qué condiciones aceptarán o no los ucranianos para lograr el fin de la guerra. Pero ¿cómo pueden saberlo? En Ucrania, en tiempos de guerra, no hay referendos ni elecciones, y las encuestas son simplemente poco fiables. Los ciudadanos viven bajo un régimen autoritario propio de la guerra y no se sienten seguros al expresar sus opiniones. Esto ha sido así al menos desde la escalada de amenazas y provocaciones contra Rusia, que se intensificó a finales de 2021.

Las constantes retiradas del ejército ucraniano en las líneas del frente bajo la implacable aplanadora del ejército ruso, el terror del reclutamiento militar forzoso y la convivencia en hogares sin calefacción ni electricidad causan una depresión generalizada entre la población. También generan un gran resentimiento contra Zelensky y su administración, a quienes se culpa de obligar a la población a soportar lo insoportable.

Incluso los medios de comunicación occidentales se ven obligados a reconocerlo. Ante los ataques contra la infraestructura energética de Ucrania, muchos ucranianos creen que la región del Donbas, mayoritariamente rusohablante y leal a Rusia, debería cederse a la Federación Rusa para poner fin a la guerra y los bombardeos, escribe el New York Times el 15 de enero. El periódico cita al abogado de Kiev, Vladimir Dorodko, quien afirma que "muchos en Ucrania están cansados". Según él, "las dificultades están llevando a algunos a argumentar que la guerra debería terminar incluso a costa de grandes sacrificios, como concesiones territoriales".

El exministro de Asuntos Exteriores de Ucrania, Dmytro Kuleba (2020-2024), cree que los ucranianos están dispuestos a aceptar concesiones territoriales para poner fin a la guerra. "Una cosa es lo que todos ven en los índices de audiencia y las encuestas de opinión. Otra muy distinta es lo que dicen en la calle y en sus cocinas", informa Strana el 12 de enero.

La legisladora Anna Skorokhod ha expresado su indignación por el deterioro de la situación en el país, según informa Poliltnavigator el 16 de enero. "La gente siente un profundo odio por todo lo que está sucediendo. Cada día comienza con negatividad. La gente está muy enfadada y cansada. Ayer escuché a un desconocido decir: 'No me importa bajo qué bandera viva, siempre y cuando mi familia pueda vivir en paz'", reconoce.

Skorokhod fue elegida para la Rada (legislatura) en abril de 2019 como parte del partido/equipo de Zelensky. Fue expulsada del partido seis meses después por votar en contra de los proyectos de ley para liberalizar el mercado de tierras de Ucrania y desmantelar el monopolio de Naftogaz sobre la industria del gas natural.

O Zelensky o millones de ucranianos

Como escribió Strana el 16 de enero, Zelensky afirma no estar dispuesto a hacer concesiones en las conversaciones de paz con Rusia. Esto fue confirmado en una declaración reciente de Donald Trump, según la publicación, quien incluso llegó a acusar retóricamente a Zelensky de obstaculizar el proceso de paz. Todas las señales de la Oficina del Presidente, indican que tiene la intención de continuar la lucha, y cree que su frente militar no colapsará, que la industria energética y la población resistirán de alguna manera hasta el final del invierno, y que una catrástrofe de Rusia está "a la vuelta de la esquina" debido al peso de las sanciones occidentales, los ataques ucranianos a instalaciones petroleras y otros problemas.

El exasesor de la oficina de Zelensky, Alexei Arestovich (diciembre de 2020-enero de 2023), afirma que solo un cambio rápido en la política exterior de Ucrania puede salvar al país de una derrota rotunda. Según él, Zelensky no puede cambiar de rumbo porque es rehén de la política establecida. "Es seguro afirmar que la continuación del proyecto de política exterior antirrusa y la interna de etnonacionalismo monocultural dejarán a Ucrania en ruinas y conducirán no solo a una derrota militar, sino también a una derrota histórica. A corto plazo, de cinco a siete años, creo que el Estado ucraniano [el etnonacionalista que adquirió tras la caída de la Ucrania soviética en 1991] estará acabado", predice Arestovich.

Vasily Volga, exempresario y legislador, y más recientemente líder (en el exilio) de la Unión de Fuerzas de Izquierda, cree que el agravamiento de la crisis se debe a que Zelensky intenta sobrevivir a toda costa y, por lo tanto, se aferra al poder y a la continuación del rumbo bélico. "Creo que se aferrará al poder con uñas y dientes, hasta el final. Cuando le arranquen los dientes, usará sus garras, cueste lo que cueste. No se irá hasta el final. La dimisión es cada día menos probable", afirma Volga, convencido de que Zelensky está destinado a sufrir graves consecuencias personales a manos de quienes aún luchan por su gobierno.

El 14 de enero, Alexander Dubinsky, legislador del partido de Zelensky de 2019 a 2021 y encarcelado desde noviembre de 2023 acusado de traición, también escribió que, para Zelensky, continuar la guerra es una garantía de su seguridad personal. "Hará todo lo posible por interrumpir cualquier negociación. Parece obvio que si esto requiriere atacar las instalaciones nucleares rusas, lo haría. Desde los primeros días de su presidencia, Zelensky se rodeó de amigos incompetentes pero muy codiciosos que comenzaron a saquear el país frenéticamente. Existe una enorme cantidad de información comprometedora sobre él en manos de todos los servicios de inteligencia occidentales".

Todo esto, sin embargo, no significa que los imperialistas occidentales no intenten colocar a un nuevo belicista en el lugar de Zelensky. El problema con la guerra actual no es solo la rapidez con la que el ejército ruso parece dispuesto a capturar la ciudad de Zaporizhia (la quinta ciudad más grande de Ucrania). Es que el principal problema para Rusia no es la captura de territorio, sino la creación de un sistema de seguridad común, que fue interrumpido por Occidente tras la caída de la URSS.

La guerra actual en Ucrania ha durado más que la guerra de la Alemania nazi contra la Ucrania soviética, de junio de 1941 a octubre de 1944 (1418 días). Las autoridades rusas han insistido repetidamente en que las causas fundamentales del conflicto actual deben resolverse en cualquier acuerdo de paz. Para ellas, una de las principales causas es la amenaza de una mayor expansión de la OTAN que incluya a Ucrania.

Como para burlarse de las preocupaciones rusas, los risibles "planes de paz" de los partidarios de Kiev en la Unión Europea mencionan constantemente "garantías de seguridad" para Ucrania mediante la introducción de tropas francesas o británicas en suelo ucraniano. Esto, afirman, debe formar parte de un acuerdo de paz. Esta postura es un recordatorio constante de la renuencia de la UE a poner fin a la guerra y de su descabellado objetivo de establecer bases militares británicas, a cualquier precio, en nuestro suelo ucraniano.


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