Lo que ha ocurrido en Venezuela es una clara manifestación de unilateralismo y política de poder que exige nuestra atención colectiva y nuestra condena inequívoca.
Zhang Weiwei, Geopolitika
El profesor Zhang Weiwei ha sido invitado a hablar en la Mesa Redonda de Emergencia organizada por el movimiento LaRouche. La siguiente transcripción se deriva de sus comentarios en el diálogo, celebrado el lunes 12 de enero a las 10:00 a. m. (hora del este):
Hoy asistimos a esta mesa redonda de emergencia para condenar en los términos más enérgicos posibles el acto atroz perpetrado por la administración Trump contra Venezuela: el arresto arbitrario del presidente Maduro. Este acto descarado constituye una violación flagrante del derecho internacional, una grave violación de la soberanía nacional y la integridad territorial de Venezuela, y un peligroso precedente que erosiona los cimientos mismos del orden internacional de posguerra basado en la Carta de las Naciones Unidas.
Estados Unidos tiene un largo y vergonzoso historial de intervenciones militares unilaterales: desde Irak hasta Libia y Panamá, la lista es interminable, y cada una de estas imprudentes aventuras no ha traído más que caos, sufrimiento humano e inestabilidad prolongada a los países y pueblos de estos países.
Esta última provocación ha suscitado la condena mundial. China ha denunciado la acción de Estados Unidos, que constituye una grave violación del derecho internacional y una flagrante usurpación de los derechos inherentes de Venezuela, incluida su soberanía inquebrantable sobre todos sus recursos naturales y actividades económicas. China apoya firmemente al Gobierno y al pueblo de Venezuela en la salvaguardia de su soberanía, seguridad y derechos e intereses legítimos, y apoya a los países de la región en la defensa del estatus de América Latina y el Caribe como zona de paz.
También es necesario situar la acción de Estados Unidos en un contexto geopolítico más amplio, ya que refleja la estrategia de seguridad estadounidense recientemente revisada. Rompiendo con la costosa búsqueda de la hegemonía mundial, la Administración Trump abraza ahora lo que se conoce como la Doctrina Monroe, que busca expandir la influencia de Estados Unidos sobre el hemisferio occidental, tal y como lo define arbitrariamente Donald Trump, desde Venezuela hasta Panamá, Groenlandia y más allá.
Sin embargo, en mi opinión, esta ley es también extremadamente miope y resultará contraproducente. Ya ha infligido un grave daño al poder blando de Estados Unidos, a su sistema de alianzas y a los cimientos mismos del llamado «orden internacional basado en normas». También sirve como una llamada de atención para los aliados de Estados Unidos. Durante años, se unieron a Estados Unidos en la aplicación de una política exterior denominada «basada en valores», utilizando la intervención humanitaria como excusa para orquestar revoluciones de color en muchos Estados soberanos y causando un sufrimiento incalculable a muchos pueblos del mundo, en flagrante violación de la Carta de las Naciones Unidas.
Condenamos rotundamente tanto el descarado desprecio de la Carta de las Naciones Unidas por parte de la Administración Trump como la práctica occidental de larga data de librar guerras contra otras naciones bajo diversos pretextos grandilocuentes.
El sistema jurídico internacional basado en la Carta de las Naciones Unidas constituye un hito histórico en la salvaguardia de la paz y el desarrollo mundiales, forjado a partir de las amargas lecciones de las dos guerras mundiales que se cobraron la vida de decenas de millones de personas. Es responsabilidad de todas las naciones esforzarse colectivamente por mantener el orden internacional de la posguerra sustentado en la Carta de las Naciones Unidas y rechazar con firmeza cualquier intento de erosionar sus cimientos, ya sean las acciones descaradas al estilo Trump, el llamado modelo liberal occidental de intervenciones militares con diversas excusas o el peligroso resurgimiento del militarismo japonés, una fuerza que causó estragos incalculables en China y en muchos otros países asiáticos.
El 6 de enero, el Gobierno chino anunció una prohibición total de la exportación de todos los artículos de doble uso a Japón, un aliado clave de Estados Unidos en Asia. Esto abarca todos los bienes, tecnologías y servicios que podrían desviarse para fines militares. China nunca tolerará el resurgimiento del militarismo japonés, independientemente de las excusas que se utilicen o del apoyo externo que se obtenga. Nuestra postura se basa en un compromiso inquebrantable con la defensa de la Carta de las Naciones Unidas y el orden internacional de posguerra basado en dicha Carta.
Esta prohibición general también puede ser una advertencia a Estados Unidos: cualquier medida que perjudique los intereses legítimos de China, ya sea en Venezuela o en otras partes del mundo, provocará una respuesta contundente por parte de China.

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