Nancy Fraser ha ampliado nuestra comprensión del funcionamiento del capitalismo y de las razones por las que depende de múltiples formas de dominación. Su teoría muestra que las luchas feministas, ecologistas y antirracistas están necesariamente vinculadas a la política anticapitalista
M. Ivković y Z. Zarić, Jacobin
El trabajo de Nancy Fraser ha ejercido una influencia considerable sobre la política anticapitalista de las últimas dos décadas. Algunas de sus ideas sobre la relación entre «redistribución» y «reconocimiento», o sobre la «alianza peligrosa» del feminismo liberal y el antirracismo con las agendas económicas neoliberales, trascendieron los círculos académicos de izquierda y pasaron a formar parte del vocabulario del activismo político.
Esto es precisamente lo que aspira a conseguir la tradición de la teoría crítica en la que Fraser se inscribe: ofrecer recursos para la autoclarificación de las luchas políticas progresistas. En un sentido más amplio, Fraser ha elaborado una teorización singular del capitalismo que responde de manera novedosa a algunas de las cuestiones más urgentes de la estrategia política anticapitalista.
Su teoría del capitalismo evolucionó gradualmente a lo largo de los años. Ese recorrido —orientado por problemas, pragmático y dialógico— hacia una explicación sistemática del capitalismo puede leerse como un modelo del modo en que un intelectual comprometido debería llegar a una «gran teoría» de la sociedad.

