martes, 3 de enero de 2017

Las tragedias de Siria señalan el fin de las revoluciones árabes


Robert Fisk, Sin Permiso

Al igual que la catastrófica invasión anglo-estadounidense de Irak puso fin a las épicas aventuras militares occidentales en el Medio Oriente, la tragedia de Siria es una garantía de que no habrá más revoluciones árabes. Han bastado sólo trece años de carnicerías - 2003-2016 - para realinear el equilibrio de poder político en la región. Rusia e Irán y los musulmanes chiítas de la región están decidiendo su futuro; Bashar al-Assad no puede cantar victoria, pero está ganando.

"Alepo debe ser tomada rápidamente - antes de que caiga Mosul ", me anunció un comandante sirio con una sonrisa en cuartel general del ejército en Damasco. Y lo hizo, apenas un mes después. Había - y siguen habiendo – pequeños Alepos por toda Siria en los que el gobierno y sus oponentes armados "yihadistas" están jugando a "buenos" y "malos", dependiendo de quién esté sitiando a quién. Cuando las milicias sunitas terminen con el asedio de pequeños pueblos chiítas como Faour, los civiles acudirán en masa a las posiciones del gobierno. Se informa de ello como si fuera una disputa local un poco incomprensible.

Sin embargo, cuando las fuerzas del régimen asaltaron el este de Alepo, en gran parte del mundo se lamentó como un crimen de guerra. Me he cansado de repetir que, sí, que ambos bandos cometen crímenes de guerra, y que las fuerzas de Assad no son unos ingenuos cadetes militares - aunque en estos días, tenemos que recordar que los Comandos británicos de la 42 Royal Marine tampoco actuaron escrupulosamente en Afganistán. Pero la historia de Alepo todavía está siendo re-elaborada como una vieja leyenda, los valientes defensores, pero en gran medida "yihadistas", disfrazados de anodinos "rebeldes", sus oponentes comparados con los asesinos serbios de Milosevic o los pilotos de Saddam que lanzaron las bombas de gas tóxico.

Todo esto terminará pronto. Rusia se dio cuenta de que Obama y los lacrimosos liberales de Europa no estaban dispuestos a exigir hasta sus últimas consecuencias la caída de Bashar al- Assad - quién, a diferencia del aliado ucraniano de Putin en Kiev, no huyó - y se quedó a dirigir su ejército. The Economist se burló de los soldados sirios porque supuestamente no podían marcar el paso cuando Moscú organizó un desfile militar en su base aéreo sirio. Pero no hay que desfilar como la Wehrmacht para ganar batallas. El Ejército Sirio Árabe - su nombre real, que utilizan cada vez más, por lo que veo, los charlatanes habituales que se presentan como "expertos" en los canales por satélite - presume que ha luchado de forma simultánea en 80 frentes contra Isis, Nusrah y diversos ejércitos "yihadistas" (así como contra hombres del Ejército Sirio Libre que habían desertado de sus filas). Lo cual, teniendo en cuenta los meandros de las líneas del frente, es probablemente cierto, pero tal vez no sea un balance militar del que estar muy orgullosos. Una cosa es recuperar Palmyra de Isis, y otra muy distinta perderlo de nuevo frente al mismo enemigo en medio de la batalla de Alepo Este.

Los soldados sirios tienen una gran simpatía por sus aliados libaneses de Hezbollah - que suelen aparecer en el campo de batalla mejor armados que los propios sirios - pero están menos enamorados de los "asesores" iraníes que supuestamente saben mucho sobre la guerra abierta. He presenciado como un oficial iraní llamaba "estúpido" a un general sirio - en este caso, el iraní probablemente tenía razón - pero los oficiales sirios son mucho más experimentados y están más curtidos que la Guardia Revolucionaria de Teherán, que ha sufrido - junto con su aliados afganos e iraquíes chiíes - muchas más bajas que las que habían previsto.

Así que después de casi cinco años de batalla, el ejército sirio está todavía en acción. Las fuerzas de Nusrah e Isis que rodean al sector gubernamental de la ciudad siria oriental de Deir ez-Zour serán casi seguro su próximo objetivo - después de retomar Palmyra, pero mucho antes de lanzarse contra la capital Isis, Raqqa, que probablemente será retomada por los aliados kurdos de EE UU. Y lo más probable es que sea el ejército sirio el que tenga que reconstruir la nueva Siria cuando la guerra termina. Sin duda, decidirá el futuro del país.

Eso no significa la caída de Bashar al-Assad. Ni entre sus oponentes oficiales ni sus mortales enemigos yihadistas ni la oposición política corrupta y corrompida en Turquía hay alguien capaz de desafiarle. Incluso si tuviesen éxito, con toda seguridad las mismas cárceles y mazmorras estarían en funcionamiento en Siria en 24 horas para encerrar y torturar a la "nueva" oposición al "nuevo" régimen. Además, Vladimir Putin, ha sufrido suficiente humillación después de la segunda captura de Palmyra por Isis - después de que los rusos organizaran un victorioso concierto de la paz en la ciudad romana hace sólo unos meses. Putin no va a permitir la defenestración de Bashar al-Assad.

Curiosamente, los líderes occidentales son pasmosamente conscientes de la naturaleza de la verdadera lucha en Siria, e incluso a que señores de la guerra deben apoyar. Tomemos el ejemplo de la impotencia de François Hollande, que eligió afirmar en las Naciones Unidas en septiembre que Rusia e Irán deben obligar a Assad a hacer la paz, porque de otro modo tendrán que, junto con el régimen, "asumir la responsabilidad de la división y el caos en Siria". Todo esto está muy bien. Sin embargo, sólo dos meses antes, el mismo Hollande estaba exigiendo "medidas eficaces" contra el frente islamista Nusrah – una de las principales fuerzas entre los defensores de Alepo Este, aunque la mayoría de nosotros decidimos no decírselo a nuestros lectores - dado que Isis estaba en retirada y Nusrah se aprovechó de ello. "Eso está fuera de toda duda", comentó Hollande pomposamente sobre el "retroceso" de Isis. Eso fue antes de que retomaran Palmyra los mismos bandidos de Isis.

Pero quizás Hollande y sus aliados europeos - y Washington - están tan embobado con sus propias políticas sirias, débiles y equivocadas (suponiendo siempre que sepan cuáles son), que no se dan cuenta cómo ha cambiado el equilibrio de fuerzas en los campos de batalla. En lugar de indignarse sobre la brutalidad rusa, la crueldad iraní y la mendicidad de Hezbollah, deberían echar un vistazo de cerca al ejército sirio, en su mayoría musulmanes sunítas, que han luchado, desde el principio, contra unos enemigos "yihadistas" mayoritariamente también musulmanes sunitas. Siempre han considerado a Nusrah - nuestros "aliados" en Alepo Este, pagados por nuestros amigos del Golfo y armados por Occidente - más peligroso que Isis. El ejército sirio tiene razón. En esto, al menos, Hollande seguramente debe de estar de acuerdo.

Sin embargo, el poder de la ilusión es más importante para nosotros. Si Occidente no puede re tomar Mosul de Isis, difícilmente podrían haber impedido que los sirios recuperaran el este de Alepo. Pero podrían fácilmente alentar a los medios occidentales a concentrarse en las brutalidades rusas en Alepo en lugar de las terribles bajas infligidas a los aliados de Estados Unidos en Mosul. Los artículos sobre Alepo de estas últimas semanas han sido muy parecidos a los de los corresponsales de guerra británicos en la Primera Guerra Mundial. Y los rusos podrían animar a sus propios medios domesticados para que se concentraran en la victoria de Alepo en lugar de la derrota en Palmyra. En cuanto a Mosul, ha desaparecido misteriosamente de nuestras noticias. Me pregunto por qué.

Y ¿cuántos murieron en Palmyra? Y, para el caso, ¿cuántos eran realmente los asediados en el este de Alepo? ¿Era realmente 250.000? ¿O eran 100.000? Me encontré con una noticia hace unas semanas que daba dos estadísticas globales de víctimas mortales en toda la guerra de Siria: 400.000; luego, unos párrafos más adelante, 500.000. Bueno, ¿cuál es la correcta? Siempre me recuerda el bombardeo nazi de Rotterdam en 1940 cuando los aliados anunciaron que 30.000 civiles habían muerto. Durante años, esta fue la cifra oficial. Luego, después de la guerra, resultó que la cifra real - aunque bastante horrible - era de unos 900, 33 veces menos que la versión oficial. Hace pensar, ¿verdad? sobre las estadísticas de Siria.

Y si no podemos saber ni eso con certeza, ¿qué estamos haciendo interfiriendo en la guerra de Siria? No es que importe mucho. Rusia está de vuelta en Oriente Medio. Irán está asegurando su éje político Teherán-Damasco-Bagdad-Beirut. Y si los árabes del Golfo - o los americanos - quieren pesar de nuevo en la zona, pueden conversar con Putin. O al-Assad.

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