miércoles, 1 de junio de 2016

Obama sitia a Rusia y Putin teme la guerra nuclear


En su reciente visita estratégica a Grecia (https://goo.gl/fb3oXM) –tanto por el festejo milenario de la Iglesia ortodoxa rusa en Monte Athos, montaña que consideran sagrada, como para romper el aislamiento occidental–, el zar Vlady Putin alarmó al evaluar la delicada situación global, debido a la escalada de la OTAN –que colocó su ominoso escudo misilístico en la periferia inmediata de Rusia– y a la guerra geofinanciera que libran Wall Street y la City contra Moscú.

El portal europeo DeDefensa.org expone otras manifestaciones agresivas y de provocación de la OTAN y EEUU a lo largo de la frontera rusa: maniobras de la alianza atlántica, alrededor de 10 mil hombres, con por lo menos 4 mil soldados estadounidenses, en los países bálticos; un contingente de soldados checos desplegados en la frontera rusa; un centenar de hombres, pero una medida simbólica que embarca (sic) a la República Checa en la coalición antirrusa en el seno de la OTAN, con el avasallamiento del ministro checo de Defensa, totalmente adquirido por EEUU (http://goo.gl/CdmynT).

Muy sarcástico el portal europeo, comenta que tales lastimosos países de Europa oriental poseían más soberanía (sic), más derecho a opinar, cuando eran miembros en el Pacto de Varsovia, que hoy en la OTAN.

Martin Koller, experto checo, afirma de manera perturbadora: “Estoy convencido de que una guerra contra Rusia (…), inesperada y preventiva, es el objetivo de EEUU, que busca acceder a la hegemonía mundial. La mayoría de las bases militares estadounidenses están instaladas de tal manera que tienen como objetivo a Rusia y a China, y al mismo tiempo protegen los recursos petroleros en Medio Oriente (https://goo.gl/nzaAmB)”.

La amenaza del desencadenamiento de una guerra nuclear se ha incrementado, por lo que Martin Koller aconseja a los habitantes de Europa oriental relajarse, abrir una botella de buen vino y esperar humildemente la muerte, cuando los sobrevivientes envidiarán a los fallecidos.

La próxima guerra nuclear entre la OTAN/EEUU, juzga Martin Koller, impactará mayormente a Ucrania, los países Bálticos, Noruega, Polonia, Gran Bretaña, Alemania, Holanda y Bélgica, ya que la mayoría de las bases de la OTAN están desplegadas en esos países.

Martin Koller no tomó en cuenta la reciente advertencia de Putin a Rumania, que colocó el sistema misilístico de la OTAN/EEUU y se encuentra ya en la mira de la respuesta nuclear rusa. ¿Por qué busca Europa su extinción atómica?

China no se queda callada con los tambores de guerra de la ofensiva de la OTAN/EEUU: “Los cada vez más frecuentes movimientos militares del tío Sam sólo escalan las tensiones en el mar del Sur de China (http://goo.gl/lgaJR5)”.

Pekín respondió de forma sarcástica a las declaraciones bélicas de Ashton Carter, secretario del Pentágono –quien afirma que China corre el riesgo de crear una gran muralla de autoaislamiento– : “No nos interesa jugar un papel en un film de Hollywood dirigido por los militares de EEUU (https://goo.gl/EVMcPf)”.

Llama la atención que Putin haya comentado durante su estancia en Grecia, miembro de la OTAN, que las intensas tensiones son tanto militares como geofinancieras.

Sergey Glaziev, economista cercano al Kremlin, aduce que Rusia debe prepararse, en medio del agotamiento de la Pax Americana, para una guerra híbrida, más que para una gran clásica guerra militar, como sucedió con la orquestación de EEUU y Arabia Saudita para colapsar el precio del petróleo en 1985 y que, en última instancia, llevó a la implosión financiera de la URSS y a su ulterior balcanización.

A mi juicio, el liderazgo ruso, condensado en el grupo gobernante de San Petersburgo, ha perdido la inocencia e indecencia de Gorbachov y Yeltsin, y ahora ha entendido que EEUU, sea quien gobierne la Casa Blanca, busca su perdición eterna.

Alastair Crooke, ex espía británico y director de Conflicts Forum (con sede en Beirut), comenta que “el tipo de guerra geofinanciera a la que Sergey Glaziev se refiere no es nada novedosa (http://goo.gl/iGaTCZ)”, y rememora que Carroll Quigley, anterior profesor de Harvard/Princeton y de la Escuela del Servicio Exterior en la Universidad Georgetown y ex consultor del Pentágono –sin contar su intimidad con los banqueros Rockefeller, además de haber sido mentor del ex presidente Bill Clinton–, escribió “cómo opera el establishment angloestadunidense y su sistema monetario”, en su libro épico de 1964: Tragedia y esperanza (http://goo.gl/riurJa)”, que versa sobre la creación de “un sistema mundial de control financiero… capaz de dominar el sistema político de cada país y la economía del mundo entero”.

Los “bancos centrales del mundo, que actúan en acuerdos secretos (…), buscaban dominar a los gobiernos mediante su capacidad de controlar los préstamos del Tesoro, de manipular (sic) los intercambios de divisas”, y estaban controlados por los bancos de inversiones, con el fin de controlar el crédito y la oferta monetaria.

Ya habrá tiempo de ahondar sobre las confesiones de Carroll Quigley, quien escribió conocer las operaciones de esta red (sic) porque lo estudió durante 20 años y le fue permitido durante dos años, a inicios de los años 60, examinar sus documentos secretos (sic).

Seguramente que en Moscú y Pekín ya leyeron profundamente los alcances de la guerra geofinanciera que advirtió Carroll Quigley hace más de medio siglo.

Desde el punto de vista académico, siempre me ha intrigado la guerra geofinanciera y sus derivaciones, que son mucho más letales que el lanzamiento de las bombas nucleares de uranio 235 y plutonio de EEUU en Hiroshima y Nagasaki (http://goo.gl/8dy7Iq).

Alastair Crooke acaba de alertar que Putin está siendo orillado a abandonar su abordaje conciliatorio con Occidente para prepararse para una guerra.

En forma muy sintética, el ex espía británico comenta que “Rusia enfrenta una amenaza militar real (sic) de la OTAN y una híbrida guerra geofinanciera (http://goo.gl/3sz66h)”.

La tesis nodal de Alastair Crooke es la existencia de dos polos extremos de poder en Rusia, entre quienes ha maniobrado hasta ahora el zar Vlady Putin.

El primer polo es el conocido de la “tolerancia de Putin al Consenso de Washington (http://goo.gl/Jfl86J) y a sus adherentes en el banco central ruso y en otros puestos económicos relevantes”, entre quienes destaca el premier Dmitri Medvedev.

El otro polo nacionalista se encuentra a disgusto con el apaciguamiento de Putin y es encabezado por el general Alexander Bastrykin, mandamás del Comité de Investigación de Rusia (algo así como un súper procurador general), quien fustiga que Rusia está mal preparada para enfrentar una nueva guerra, sea doméstica o foránea, y que la economía se encuentra dañada. Peor aún, según el general: Rusia está mal preparada para soportar una guerra geofinanciera, cuando Occidente se está preparando para una guerra contra Rusia, mientras el liderazgo ruso no parece estar alerta del peligro que enfrenta el país.

Putin no puede claudicar, como hicieron sus cándidos antecesores Gorbachov y Yeltsin. El humillado complejo militar ruso, ultranacionalista, no lo dejaría. Eso explica, quizá, la visita estratégica de Putin a Grecia.

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