domingo, 18 de octubre de 2015

Desaceleración china provoca la mayor fuga de capitales de los últimos 30 años


El siempre creciente flujo de dinero en efectivo que inundó a los mercados emergentes desde mediados de los años 80 podría estar llegando a su fin y arrojar a la economía mundial por el despeñadero. Las políticas que impulsaron la desregulación financiera en los años 80 no tuvieron en cuenta que la promesa del crecimiento continuo -como ofrecía la corriente monetarista- era una falacia. Ahora que se han alcanzado los límites en el crecimiento, la inversión, el comercio y el empleo, y cuando el estancamiento secular parece ser el único horizonte, los flujos de capital se desvanecen. La reversión de estos movimientos financieros por primera vez en tres décadas amenaza con provocar un nuevo foco de desestabilización a la ya inestable economía global.
Desde mediados de los 80 los flujos de capital se convirtieron en el motor de los países emergentes al impulsar cuantiosas inversiones en estos países. La inyección creciente de estos recursos facilitó el desarrollo y ayudó a impulsar la economía y sacar de la pobreza a cientos de millones de personas. Pese a que los resultados no siempre eran del todo favorables, los movimientos de capital adquirieron su propia dinámica y los países fueron eliminando las barreras para que entraran e intervinieran libremente en la economía. Ni la crisis mexicana de 1994 ni la crisis asiática de 1997 lograron menguar la fuerza de los flujos de capital pese a dejar al descubierto sus falencias. La economía se hizo altamente dependiente del capital financiero y esto fue potenciado y llevado a sus límites por la banca.

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