La existencia de razones estadounidenses para la retirada no invalida el hecho de que las fuerzas opuestas a la presencia de Estados Unidos trabajaban para lograr el mismo resultado. Por lo tanto, la pregunta crucial ahora es: ¿Quién es el mayor ganador, política y estratégicamente?
Laila Nicolás, Al Mayadeen
Con la culminación de la salida de las fuerzas de Estados Unidos de Irak, se cierra un capítulo que se prolongó durante más de dos décadas de presencia militar estadounidense en el país. Pero la salida de las fuerzas no significa necesariamente un retroceso de la influencia de EEUU en Irak. Una cosa es la retirada militar y otra, la influencia.
En la práctica, Estados Unidos no abandona completamente Iraken el sentido político o económico, y todavía posee importantes herramientas de influencia adquiridas mediante los acuerdos que suscribió con el Estado iraquí, de las relaciones económicas y de sus relaciones con las instituciones estatales, además de una influencia diplomática que no está necesariamente vinculada a la presencia de fuerzas militares sobre el terreno.
La retirada militar plantea una pregunta fundamental: ¿es lo que estamos presenciando hoy exactamente el proceso del que habló el exsecretario general de Hizbullah, Sayyed Hassan Nasrallah, después del asesinato del general Qassem Suleimani y de Abu Mahdi Al Muhandis a comienzos de 2020?
El 5 de enero de 2020, pocos días después de la operación de asesinato en el aeropuerto de Bagdad, Sayyed Nasrallah declaró claramente que la verdadera respuesta al asesinato no consistía en atacar a civiles estadounidenses ni en una respuesta militar limitada, sino en "expulsar a las fuerzas de Estados Unidos de Irak y de la región".
Sayyed Nasrallah fue aún más lejos cuando afirmó que lo "mínimo" como respuesta al asesinato era poner fin a la presencia militar norteamericana en Irak. Añadió que los estadounidenses descubrirían que "perdieron Irak después de matar a Suleimani y a Al Muhandis, cuando su objetivo al asesinarlos era exactamente el contrario".
La importancia del discurso de 2020 radica en que trasladó la confrontación del nivel de la respuesta militar directa al nivel de la disputa por la propia legitimidad de la presencia estadounidense, y convirtió el debate sobre la presencia estadounidense en una cuestión de soberanía y legitimidad política en Irak.
Inmediatamente después del asesinato, la cuestión de la presencia estadounidense se convirtió en un eje fundamental de la vida política iraquí, y el Parlamento de esa nación votó una resolución que pedía poner fin a la presencia de fuerzas extranjeras en el país, mientras las bases estadounidenses estuvieron sometidas a una presión política y de seguridad constante durante los años posteriores, hasta llegar a la firma de los acuerdos que desembocaron hoy en la retirada militar de Irak.
Objetivamente, puede decirse que la retirada estadounidense de Irak de hoy es el resultado de varios factores complejos, entre ellos el cambio en la estrategia global de Washington
Desde hace años, Estados Unidos se dirige hacia una reducción de su implicación militar directa en Medio Oriente y a una concentración en la competencia con China y con las grandes potencias.
Las sucesivas administraciones estadounidenses también adoptaron la idea de poner fin a las "guerras largas" que agotaron los recursos de la nación norteña durante décadas.
Partiendo de la visión estadounidense de la región, de los avances tecnológicos y de las presiones sobre las bases militares, resulta difícil contemplar la retirada de Irak al margen de la retirada que la precedió en Siria, ya que ambos acontecimientos parecen formar parte de un proceso estratégico más amplio basado en la reducción de la presencia militar estadounidense directa, en un contexto de aumento del coste de proteger a las fuerzas y bases de Estados Unidos y de incremento de los riesgos asociados a su presencia.
Irak y Siria no fueron dos escenarios separados, sino que durante años constituyeron un espacio operativo interconectado cuyo objetivo era combatir a las organizaciones extremistas, vigilar los corredores fronterizos e influir en los equilibrios de poder regionales.
Sin embargo, la existencia de razones estadounidenses para la retirada no elimina el hecho de que las fuerzas contrarias a la presencia estadounidense trabajaron para alcanzar el mismo resultado. Por ello, la pregunta importante en este momento es: ¿quién es el mayor beneficiario político y estratégico?
En el plano interno, puede decirse que las facciones iraquíes que levantaron el lema de expulsar a los estadounidenses se consideran ganadoras política y moralmente. Estas fuerzas libraron una larga batalla bajo este lema precisamente, y consideran que la salida de las fuerzas estadounidenses representa la consecución de un objetivo por el que trabajaron durante muchos años.
A nivel regional, resulta difícil ignorar que el desarrollo actual coincide con uno de los objetivos estratégicos que Irán persiguió desde 2003: poner fin a la presencia militar estadounidense permanente en sus fronteras occidentales.
Por ello, varios analistas occidentales reconocen que la retirada elimina una fuerza que constituía un elemento de equilibrio frente a la influencia iraní dentro de Irak.
En conclusión, lo más probable es que siga vigente en Irak la "coexistencia" de las influencias estadounidense e iraní. Ya se considere la retirada como resultado de las presiones de las fuerzas contrarias a la presencia estadounidense o como fruto de un cambio en las prioridades estratégicas estadounidenses, queda un hecho difícil de ignorar: seis años después del asesinato de Qassem Suleimani y de Abu Mahdi Al Muhandis, las fuerzas estadounidenses salieron de Irak.
En cuanto al juicio definitivo sobre quiénes ganaron y quiénes perdieron, no lo determinará el propio momento de la retirada, sino la forma que adopte Irak en los próximos años. Si el Estado iraquí logra aprovechar la retirada para reforzar su soberanía, construir sus instituciones y evitar convertirse en un escenario de conflicto permanente, Irak será el mayor beneficiario de este momento histórico. Pero si la retirada conduce a vacíos de seguridad o a un mayor desequilibrio en los equilibrios internos, el logro de soberanía puede transformarse en nuevos desafíos.

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