jueves, 27 de febrero de 2025

Las armas para Ucrania y la dependencia de Estados Unidos


Nahia Sanzo, Slavyangrad

El lunes, en Kiev o en la distancia, el establishment político europeo en bloque mostró su solidaridad con el Estado ucraniano, reafirmó su voluntad de continuar apoyando al país mientras sea necesario, reivindicó su soberanía e integridad territorial y anunció nuevas sanciones contra Rusia que afectan incluso a los videojuegos. Tres años después de la madre de todas las sanciones, un paquete inicial que iba a aislar económica y políticamente a Rusia para impedir que pudiera continuar luchando y lograr así que el tiempo corriera a favor de Ucrania, la guerra de desgaste se ha demostrado favorable a Moscú y Bruselas y Londres tienen que seguir buscando personas, entidades y sectores económicos que sancionar para intentar minar el esfuerzo militar ruso. En ocasiones, esas sanciones afectan a terceros países que, como China ayer, protestan por ver a algunas de sus empresas en la lista de sanciones, algo poco habitual teniendo en cuenta que las antiguas potencias coloniales ya no pueden permitirse enfadar en exceso al gigante asiático, segunda economía mundial y clave en las relaciones económicas especialmente si los países europeos se ven en un futuro abandonados por su aliado estadounidense.

Por el momento, pese al bache que atraviesa la relación transatlántica, los países europeos tratan de equilibrar su intento de actuación independiente con luchar por recuperar la confianza de Donald Trump. Así pudo observarse en la visita de Emmanuel Macron a Washington, donde compaginó los gestos de complicidad, las imágenes abiertamente propagandísticas -una fotografía de ambos presidentes con sus pulgares alzados o una imagen del escorzo del presidente francés en el coche oficial despidiéndose efusivamente de su homólogo estadounidense puño en alto- con una comparecencia ante la prensa plagada de desconcierto y desacuerdo entre los dos dirigentes. Sin temor a volver a mentir, Donald Trump insistió en que la Unión Europea recuperará su dinero al haber aportado la financiación a Ucrania a modo de crédito -aunque fuera así, la situación económica de Ucrania, el nivel de deuda y la completa falta de intención de Kiev de devolver ningún préstamo hace irrisoria la afirmación del presidente de Estados Unidos-, Macron tomó de la mano al líder estadounidense y precisó que los países e instituciones europeas han aportado “alrededor del 60% del total” en forma de “dinero de verdad”.

“Para mí, la secuencia podría ser ésta: primero, negociaciones entre Estados Unidos y Rusia, Estados Unidos y Ucrania… Después, una tregua. Puede lograrse en las próximas semanas… Después, negociaciones sobre garantías de seguridad, territorios e infraestructuras… Después de eso, habrá un acuerdo de paz”, afirmó el presidente francés en una entrevista concedida a Fox News en la que habló de independencia y soberanía de Ucrania, aunque no necesariamente de integridad territorial. Pese a ese matiz, posiblemente porque sus palabras se pronunciaron en el canal favorito de Donald Trump, los países y líderes europeos continúan insistiendo en la idea de la paz justa, que implica, como han afirmado explícitamente varios de los líderes que viajaron el lunes a Kiev, la recuperación de la integridad territorial del Estado según sus fronteras internacionalmente reconocidas.

Esa receta de guerra precisa de acciones más allá de las palabras. En el último año, especialmente desde que el pasado verano comenzó a ser evidente que las posibilidades de retorno de Donald Trump a la Casa Blanca eran elevadas, la administración Biden, el liderazgo de la OTAN y los países de la Unión Europea trabajaron para hacer la guerra de Ucrania a prueba de Trump. En su intento de evitar que el nuevo presidente pudiera abandonar a Ucrania, detener el suministro militar u obligar a Kiev a aceptar un acuerdo con Moscú, los aliados quisieron reforzar al máximo la posición negociadora de Zelensky a base de aumentar el suministro militar y aprobar nuevos paquetes militares que garantizaran la llegada de armamento y munición al frente independientemente de la opinión de la nueva administración de Washington. Las última fase de la campaña y el tiempo de transición, la idea de la paz por medio de la fuerza que el trumpismo utilizó como lema aumentó la confianza de Zelensky y sus aliados europeos, que vieron en ella la continuidad de la actuación de Joe Biden. El discurso de Pete Hegseth, la conversación entre Trump y Putin y la reunión de Riad rompieron con esa dinámica para dejar fuera de juego a los países europeos, que ahora tratan de recomponerse a toda prisa en busca de un plan.

La Unión Europea se encarga ya del mantenimiento del Estado ucraniano y de garantizar que Kiev pueda mantener la asistencia a la población desplazada o el pago de pensiones, pero Estados Unidos es el aliado clave a la hora de mantener a las Fuerzas Armadas de Ucrania y su posibilidad de luchar con garantías. “Si el presidente Trump corta los suministros, Kiev y sus otros aliados tendrán dificultades para cubrir un déficit de equipamiento militar”, escribía ayer The Wall Street Journal en un artículo que analiza qué ocurriría con el esfuerzo militar ucraniano en caso del cese de suministro de Washington. El mismo artículo indica que el suministro bélico de Estados Unidos a Ucrania está garantizado para los próximos meses y recuerda que la administración Biden “envió armas de los arsenales estadounidenses existentes y firmó contratos con la industria de defensa estadounidense para adquirir munición, interceptores de defensa aérea, vehículos y otros materiales. Estas entregas continuarán hasta 2026”. En realidad, la única circunstancia en la que el suministro estadounidense podría verse alterado sería la planteada por Kaja Kallas tras la reunión de Riad, un acuerdo entre Estados Unidos y Rusia que no fuera aceptado por Ucrania y la Unión Europea, algo que rompería la dinámicas de décadas de cooperación entre la Bruselas y Washington, por lo que ha de considerarse improbable.

Sin embargo, incluso en ese caso, según The Wall Street Journal, los países europeos serían capaces de suministrar el armamento necesario para continuar luchando durante un tiempo incluso teniendo en cuenta que el líder de la mayoría Republicana en el Senado ya ha dejado claro que no se perciben ganas por aprobar nuevos paquetes de asistencia militar estadounidense. “Los grandes envíos de armas que la administración Biden envió o contrató en sus últimos meses deberían bastar para permitir a los ucranianos seguir combatiendo al ritmo actual al menos hasta mediados de año, según Celeste Wallander, ex alta funcionaria del Pentágono”, explica el artículo, que afirma que actualmente, Ucrania financia el 55% del equipamiento militar, mientras que la UE aporta el 25% y Estados Unidos el 20%. El medio olvida precisar que una parte importante de ese porcentaje aportado por Ucrania más allá de su producción propia (ampliamente exagerada aunque los medios occidentales continúan dando los datos aportados por Kiev como hechos sin necesidad de verificación) es costeado gracias a las subvenciones de los aliados y que, por lo tanto, depende del acceso al principal mercado de armas, el estadounidense.

Las dificultades de producción y la menor capacidad industrial hacen necesario el acceso a la industria militar estadounidense para continuar el suministro a Ucrania. Como Zelensky ha repetido hasta la saciedad, los países europeos no son capaces por sí solos de surtir a las Fuerzas Armadas de Ucrania del material necesario incluso pese a aumentar la aportación económica. Además de las carencias europeas a la hora de producir, por ejemplo, proyectiles de artillería, “algunos suministros estadounidenses -incluidos los sistemas avanzados de defensa antiaérea, los misiles balísticos tierra-tierra, los sistemas de navegación y la artillería de cohetes de largo alcance- serán prácticamente imposibles de sustituir a corto plazo. Europa simplemente no fabrica suficientes o, en algunos casos, ninguno”. “Aunque en teoría Europa podría igualar a Estados Unidos en gasto, no creo que sea capaz de igualar toda la gama de sistemas de armamento necesarios y, en ciertas categorías críticas, como los interceptores de defensa aérea, habrá rápidamente un problema de cantidad”, afirma el artículo citando a un experto en defensa. En otras palabras, Ucrania no podría seguir luchando con unas garantías mínimas.

La dependencia ucraniana y europea de los suministros estadounidenses no se limita al material que no puede producirse o que se fabrica en cantidades insuficientes. Sin Estados Unidos, Ucrania perdería acceso a misiles de largo alcance y la escasez de sistemas y munición Patriot sería un grave problema para Kiev en su lucha contra los misiles rusos. Sin embargo, hay un detalle más en el que no incide The Wall Street Journal, el hecho de que los países europeos y Ucrania precisan de componentes fabricados por Estados Unidos, sin los que el armamento simplemente no puede utilizarse. De ahí que Emmanuel Macron y Keir Starmer necesitaran el permiso de Joe Biden para dar a Ucrania la aprobación del uso de misiles Scalp y Storm Shadow franceses y británicos en territorio ruso. Estados Unidos no solo es necesario para suministrar suficientes cantidades de munición, armamento como los ATACMS o Patriot, acceso a internet vía Starlink o inteligencia en tiempo real, sino que su permiso es necesario para el uso de otras armas que los países europeos sí podrían seguir suministrando. De ahí lo vacío de la amenaza de Kallas de no aceptar un acuerdo Rusia-Estados Unidos y la necesidad de convencer a Donald Trump de que la única paz aceptable es aquella que se consigue por medio de la guerra.

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